Natalia Moret habla de su primera novela, Un publicista en apuros. “Cuando se trata de descifrar quiénes somos y qué vamos a hacer con nuestra vida todos somos un poco detectivesâ€, dice.
Por Javier Sinay. Fotos: Sophie Starzenski.

Hubo una época de vacas flacas en la que el señor Moret, el padre de una niña de ojos azules llamada Natalia, conducÃa un taxi para ganarse la vida. En esa época hubo una noche especial: la noche en la que subió un viejo de traje y de palabras suaves. El taxista lo miró bien y comprobó que era quien creÃa: Jorge Luis Borges. El taxista, que era un gran lector, se emocionó. Y le dio charla. En algún momento, Borges le preguntó de dónde era y, al enterarse que era de Avellaneda, le cantó el tango “Barracas al surâ€. Cuando terminó de cantar, el taxista le contó que su hija era chiquita pero ya escribÃa y le pidió un consejo para ella. “Siempre dele librosâ€, le dijo el gran escritor. “Que lea. Que lea mucho. Y si le da un libro y ella no quiere terminarlo, dele otro, pero nunca la obligue a terminar un libro que la aburreâ€. Y al taxista se le erizó la piel.
“No sé cuánto le debe mi novela a Borges. Me encantarÃa pensar que al menos algo, pero mi formación como escritora le debe muchÃsimo a ese consejo que me dio Borges, porque no hay un dÃa en que olvide que lo peor que puede hacer un libro es aburrir al lectorâ€, dice esa niña, Natalia Moret, que hoy, con más de treinta años, se ha convertido en la autora de una de las novelas más sorprendentes del año, Un publicista en apuros, editada por Mondadori.
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