Foto: P.
El nombre
Cuando llega el solsticio de invierno se hace la Asamblea de los Nombres. A todos los que tiene más o menos diez solsticios, cinco de verano y cinco de invierno, se les pone nombre y se los destina definitivamente a una Brigada, en la que permanecen para siempre. Alguno, caso raro, consigue cambiar.
Los tontos, débiles o muy rebeldes van a parar a Voluntarios Dos, para que no duren. Los que tienen enemigos, a Recreación Dos; los que cuentan con un propietario, o son adquiridos por alguien importante, pueden zafar de esas brigadas y van a Comando o Recreación Uno. Al resto, la mayoría, se los asigna a Servicios. Allí estaba la vieja Goro.
Cuando Plop iba a cumplir once solsticios se hizo una Asamblea.
Los nombres se votan. El propietario y el Comisario General pueden sugerir.Cuando le llegó el turno, el Comisario miró a la vieja Goro.
–Plop -dijo ella sin dudar.
-¿Cómo? -dijo el comisario.
-Plop -repitió.
-¿Por qué? -preguntó ante el asombro general.
-Es el ruido que hizo al caer en el barro, cuando nació -y volvió a mirar al suelo.
A él la carcajada le retumbó en la cabeza. Se paró de un salto, miró para abajo y dijo en voz muy alta:
-Me llamo Plop. Y pertenezco a Servicios Dos.
Rafael Pinedo, Plop (Interzona, 2004).




