Archive for the ‘El libro en la pizarra’ Category

El riesgo de ser humano

Friday, August 27th, 2010

GH descubre en el cuarto de la criada una cucaracha. La aplasta contra la puerta, la toma entre sus manos y la devora. “Con estos pocos elementos, Lispector compone un libro lleno de misterio y de raras intensidades, un clásico del siglo XX”. Gonzalo Aguilar prologa La pasión según GH para la edición de Cuenco de Plata.

Por Gonzalo Aguilar.

la pasión segun ghLa historia que cuenta La pasión según G. H. de Clarice Lispector es sencilla y pobre en peripecias: una mujer de un barrio acomodado de Río de Janeiro descubre en su  departamento, en el cuarto de la criada, una cucaracha. Sin querer, G. H. (nunca sabremos el nombre completo de la narradora y protagonista) aplasta a la cucaracha con una puerta, la toma entre sus manos y la devora. El hecho desencadena las cavilaciones escritas de la protagonista que cuenta lo que le sucedió como un viaje inmóvil hacia la pulsación de la vida. Con estos pocos elementos, Clarice compone un libro lleno de misterio y de raras intensidades, un clásico del siglo XX.

La pasión según G. H. es la quinta novela de Clarice Lispector y fue publicada en 1964, el mismo año en el que los militares dieron el golpe que inició una dictadura de veinte años. Para ese entonces, Clarice comenzaba a perfilarse como una de las escritoras más importantes de la literatura brasileña. Sus cuatro novelas anteriores (Cerca del corazón salvaje de 1943, La araña de 1946, La ciudad sitiada de 1949 y La manzana en la oscuridad de 1961) habían corrido una suerte diversa con la crítica y con el público, pero su retorno a Brasil, en 1959, después de quince años de residencia en el extranjero (Clarice estaba casada con un diplomático), alentó la reedición de Cerca del corazón salvaje, La araña y La ciudad sitiada. En 1960, su libro de cuentos Lazos de familia alcanzó un público más amplio y, según Benedito Nunes, abrió una nueva fase en la recepción de su obra[1]. Aunque Clarice escribió La pasión según G. H. en momentos de una gran crisis personal y familiar, siempre dijo que era el libro que había escrito con más alegría[2].

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Sobre Juan Emar

Friday, August 20th, 2010

César Aira presenta a Juan Emar en el prólogo de Diez (Ed. Mansalva, 2010)

Por César Aira.

juan emar diezÁlvaro Yáñez Bianchi (1893-1964) adoptó en su juventud el seudónimo burlón de “Juan Emar” (del francés j’en ai marre, “estoy harto”) para firmar los combativos artículos sobre arte que publicó entre 1923 y 1925 en La Nación. El periódico era propiedad de su padre, Eliodoro Yáñez, prominente hombre público (fue Senador, Ministro de Relaciones Exteriores y Asesor de Estado), y editó La Nación entre 1917 y 1927. Su hijo, único varón sobreviviente entre varias hermanas, pasó casi toda su vida en Francia, en París primero, después en Cannes. En Chile, después de la adolescencia, estuvo en tres ocasiones, por pocos años, y fue entonces cuando escribió el grueso de su obra. Su primer regreso, a los treinta años, duró apenas dos. Llegaba entonces, en febrero de 1923, con entusiasmo de promotor de las vanguardias artísticas europeas, y con un grupo de pintores amigos (entre ellos Camilo Mori y Luis Vargas Rosas) creó un grupo, que llamaron “Montparnasse”, para difundir las nuevas corrientes. En octubre presentaban una exposición, y a partir de entonces empezaron a aparecer las “Notas de arte” en La Nación, quincenales primero, después semanales. La campaña duró hasta 1925, cuando Emar volvía a París, con el cargo de Secretario de la Legación Chilena en Francia, que ejerció hasta 1927 y fue el único empleo formal que tuvo en su vida.

En 1932 volvió por segunda vez a Chile, llamado por su padre, que murió ese año. Entonces, y por cinco años, Emar escribió y publicó toda su obra visible. En junio de 1935 aparecían, editados a su costa tres libros, dos breves, Ayer y Un Año, y uno más largo, Miltín 1934. Al mismo tiempo que éstos había escrito casi todos los cuentos que aparecieron en 1937 en un volumen con el título Diez. El silencio de la crítica y la indiferencia del público fueron totales, y bastante inexplicables dada la índole tan sorprendente de los textos.

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Un hombre vivo en la ciudad de la muerte

Friday, August 13th, 2010

Necrópolis, considerada desde hace décadas una de las obras maestras de la literatura del Holocausto, es un libro excepcional que logra combinar el absoluto del horror –siempre aquí y ahora, presente y ardiente, eterno ante Dios– con las complejidades de la historia, de la relatividad de las situaciones y de los límites de la inteligencia y la comprensión humanas”, Claudio Magris prologa la novela de Boris Pahor en la edición de Editorial Anagrama.

Por Claudio Magris.

necrópolisDurante una visita al campo de concentración de Natzsweiler-Struthof, en el cual muchos antes se había encontrado cara a cara con el horror y la aberración más inconcebible de nuestra historia, Boris Pahor observa a un carpintero que sustituye -en el campo que ahora se ha convertido en un lugar de memoria y de peregrinaje para ex-deportados como él y para turistas con un alma más o menos consciente de todo aquello que están viendo- algunas tablas podridas de un barracón donde hacía tiempo vivieron (si en tal caso es lícito usar este verbo) prisioneros. «Mi alma», escribe, «rechazaba las piezas blancas que rodeaban las tablas de madera ennegrecidas, derrubiadas y gastadas. No era el color lo que me molestaba, porque sabía que el hombre iba a pintar las partes nuevas e igualarlas con las viejas; simplemente, no podía soportar que se añadiesen aquellas piezas de madera cruda, recién tallada. Era como si quisieran injertar el tejido descompuesto a las células vivas y plenas de savia, como si alguien quisiera añadir una pierna blanca a las momias aplastadas y ennegrecidas. Estaba convecido de que la degradación debía de quedar intacta. Pero ahora estas piezas añadidas ya no se notan, el mal ha fagocitado las células nuevas y las ha impregnado de su savia podrida».

En esta precisa descripción de un detalle, ya de por sí marginal, se encuentra la fuerza de este libro. La mirada micrológica del autor atrapa lo esencial -el horror difícilmente expresable- desde partículas aparentemente insignificantes y coloca cada cosa, aunque sea mínima, dentro de una perspectiva global, dentro de la totalidad de la vida y de los procesos naturales y históricos. La tranquilidad de la descripción es la fuerza para no sucumbir al mal inaudito ni dejarse envolver; es una tranquilidad que pone en contacto con mayor fuerza cada grito con «el abismo del mal con la que fue castigada nuestra fe en la dignidad humana y en la libertad de nuestras decisiones personales».

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Los amantes

Friday, August 6th, 2010

Charlie Parker, el personaje creado por John Connolly, presenta así la investigación que realiza en la novela Los amantes.

Por John Connolly.

A menudo la verdad es un instrumento de agresión atroz.
Es posible mentir, incluso asesinar, en nombre de la verdad.
Problems of Neurosis,Alfred Adler (1870-1937)

los amantesMe digo que esto no es una investigación. Es a otros a quienes hay que investigar, no a mi familia, ni a mí. Ahondaré en la vida de desconocidos y sacaré a la luz sus secretos y sus mentiras, a veces por dinero y a veces porque ésa es la única manera de enterrar los viejos fantasmas, pero no deseo escarbar así en lo que siempre he creído acerca de mis padres. Ya no están en este mundo. Dejémoslos en paz.

Pero quedan demasiadas preguntas sin respuesta, demasiadas inconsistencias en la narración de sus vidas, un relato iniciado por ellos y proseguido por otros. Ya no puedo abstenerme de examinarlo.

Mi padre, William Parker, Will para los amigos, murió cuando yo tenía casi dieciséis años. Era agente de policía en la comisaría del Distrito Noveno, en el Lower East Side de Nueva York, amado por su esposa, y fiel a ella, con un hijo al que adoraba y quien a su vez lo adoraba a él. Decidió seguir de uniforme, sin aspirar al ascenso, porque se conformaba con servir en las calles como policía de a pie. No tenía secretos, o al menos ninguno tan horrendo como para que él, o las personas cercanas a él, pudiera sufrir algún daño irreparable si salía a la luz. Llevaba una vida de pueblo, una existencia normal y corriente, o tan corriente como era posible considerando que sus ciclos diarios venían determinados por los turnos de guardia, los asesinatos, los robos y la drogadicción, y por los abusos de los fuertes y crueles sobre los débiles e indefensos. Sus defectos eran menores; sus pecados, veniales.

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Una historia desagradable

Friday, July 30th, 2010

La editorial La Compañía acompaña su edición de Una historia desagradable, con el posfacio de Luisa Borovsky. “En la desagradable historia que Dostoievski relata, subyace una pregunta: ¿cuál es el destino de Rusia?”, dice.

Por Luisa Borovsky

una historia desagradableUna historia desagradable apareció por primera vez en 1862 en Tiempo, la revista que Fiodor Dostoievski y su hermano Mijail habían fundado un año antes, en aquella misma época en que, en palabras del autor, “con fuerza tan incontenible y con impulso tan ingenuo y conmovedor, nuestra querida patria comenzaba a renacer y todos sus valientes hijos anhelaban nuevos destinos y esperanzas”.

En efecto, Rusia renacía después de los treinta años de gobierno autocrático de Nicolás I. La derrota ante Francia y el Reino Unido -aliados del Imperio Otomano- en la Guerra de Crimea había marcado el fin de un ciclo. Para conservar su posición de potencia europea, el imperio zarista debía realizar profundas reformas. Era prioritario emancipar a los siervos, liberar de los castigos corporales a las clases que pagaban tributo, suprimir la censura que pesaba sobre la prensa, desarrollar la industria.

El poeta Vasili Zhukovski, contemporáneo de Pushkin y tutor del heredero al trono, había sembrado en él ideas humanistas con la intención de convertirlo en un monarca ilustrado. En 1855 Alejandro II fue coronado. Los partidarios de las reformas vieron en el nuevo zar al gobernante liberal, capaz de dar respuesta a las expectativas de la intelectualidad idealista de la década de 1840, que tan nítidamente reflejaran Ivan Turgueniev en Rudin y Alexandr Herzen en ¿Quién es el culpable?

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Sangre, monstruos y vampiros durante el segundo gobierno de Rosas

Friday, July 23rd, 2010

En su tarea como historiador, Gabo Ferro se ocupó por cómo la Generación del ‘37 llamaba vampiro a Rosas: “Me resultaba interesante ver una figura de vampiro antes del que tenemos en nuestro imaginario”. Agradecemos a la Editorial Marea que nos cedió el prólogo de José Emilio Burucúa al primer libro de Gabo: Barbarie y civilización. Sangre, monstruos y vampiros durante el segundo gobierno de Rosas.

Por José Emilio Burucúa.

barbarie y civilizaciónDesde la década de 1971-80, tras el tembladeral en el que ingresaron las ciencias sociales a partir de la crítica foucaultiana a las ideas fundamentales del sujeto histórico, de evolución progresiva de las sociedades modernas y de relato unificado, temporalmente continuo, de la historia humana, las cuestiones culturales volvieron a ocupar el centro de la escena historiográfica como no se veía desde los tiempos de Burckhardt o, más tarde, de Huizinga. Las relaciones económicas de explotación, las relaciones sociales de sometimiento y rebeldía, las relaciones de poder exigían ser analizadas en los términos en los que el discurso y las representaciones las habían hecho patentes a los actores de cada lugar y momento históricos, pues había quedado demostrado que, de otra manera, al dejar la dimensión de lo cultural (es decir, del lenguaje, de las constelaciones imaginarias, de los sistemas de ideas y creencias) para el final de la investigación, los historiadores proyectábamos escandalosamente nuestras propias categorías mentales y nuestros propios dilemas sobre la comprensión de un pasado que debía de ser rigurosamente analizado y comprendido como un tiempo ajeno, un tiempo de otros hombres distintos a nosotros. El feminismo, los estudios poscoloniales y los estudios queer fueron el producto de esa revolución historiográfica, pero también sus grandes impulsores a partir de mediados de la década del los 80.

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Jarkowski presenta a Gálvez y a Nacha

Friday, July 2nd, 2010

Eterna Cadencia Editora reedita Nacha Regules de Manuel Gálvez con este prólogo de Aníbal Jarkowski.

Por Anibal Jarkowski

nacha regulesEn Amigos y maestros de mi juventud, primer volumen de los cuatro que componen sus Recuerdos de la vida literaria, Manuel Gálvez escribió que “estaba destinado a ser novelista”. La realización de ese destino, sin embargo, no fue temprana, sino que sólo al cumplir treinta años Gálvez entendió que “ya estaba maduro para mi obra de novelista”.

Tampoco se trató de un comienzo impulsivo. Antes de empezar a escribir su primera novela se preparó estudiando “concienzudamente la técnica novelística” y trazando “un vasto plan” con el que imaginaba “describir, a volumen por año, la sociedad argentina de mi tiempo”.

Se trataba, en efecto, de un plan tan extenso como original para la literatura argentina, ya que “abarcaba unas veinte novelas, agrupadas en trilogías”. En su desmesura, esas ficciones debían representar “la vida provinciana, la vida porteña y el campo; el mundo político, intelectual y social; los negocios, las oficinas y la existencia obrera en la urbe; el heroísmo, tanto en la guerra con el extranjero como en la lucha contra el indio y la naturaleza, y algo más”.

Semejante plan, por cierto, tenía prestigiosos antecedentes en la literatura europea que Gálvez había estudiado a conciencia, y pretendía remedar, tardíamente, la representación entera de una sociedad a través de la estética realista, como lo habían hecho Balzac, Pérez Galdós, Baroja y, primordialmente, Zola, ya que Gálvez se había impresionado ante “la formidable reconstrucción del maestro, que comprende toda, o casi toda, la sociedad francesa”.

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Las genealogías de Margo Glantz

Friday, June 25th, 2010

El prólogo de Margo Glantz a Las genealogías (Ed. Bajo la luna). Dice Esperanza López Parada en Babelia: «A la manera de un palimpsesto de la carne, de una autobiografía de los otros, Margo Glantz rastrea las huellas borradas de los que ya no están y restaura olvidos significativos para seguir el hilo de aquello que éramos antes de empezar a ser.»

Por Margo Glantz.

las genealogíasTodos, seamos nobles o no, tenemos nuestras genealogías. Yo desciendo del Génesis, no por soberbia sino por necesidad. Mis padres nacieron en una Ucrania judía, muy diferente a la de ahora y mucho más diferente aún del México en que nací, este México, Distrito Federal, donde tuve la suerte de ver la vida entre los gritos de los marchantes de La Merced, esos marchantes a quienes mi madre miraba asombrada, vestida totalmente de blanco.

A mí no puede acusárseme, como a Isaac Bábel, de preciosismo o de biblismo, pues a diferencia de él (y de mi padre) no estudié ni el hebreo ni la Biblia ni el Talmud (porque no nací en Rusia y porque no soy varón) y sin embargo muchas veces me confundo pensando como Jeremías y evitando como Jonás los gritos de la ballena. Como Juana de Arco oigo voces pero ni soy doncella ni quiero morir en la hoguera aunque me sienta atraída por ese colorido chillón (y bello) que Shklóvski le reprochaba a Bábel cuando aún no eran viejos y que ahora recuerda con nostalgia que sí lo es (Shklóvski, porque Bábel murió en un campo de concentración en Siberia el 14 de marzo de 1941).

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El oficio de las viñetas

Friday, June 18th, 2010

El oficio de las viñetas nos propone una aventura tan extraordinaria como su propio objeto de estudio: reconstruir el campo de producción de la historieta argentina como un espacio que revela una serie de tensiones entre el arte, el oficio y la cultura de masas. Agradecemos a la autora el habernos cedido el prólogo del libro.

Por Laura Vázquez.

el oficio de las viñetasEn la Argentina, cuando se habla del mercado editorial de historietas, aparece en el centro de los debates un “núcleo duro” ligado a una trama de significados comunes: la  defensa de una industria nacional y la referencia a “un tiempo dorado y mejor”. Los estudios que tuvieron a la historieta como objeto no escaparon a esta construcción mítica de una “edad de oro nacional” en la cual podrían advertirse las bondades de una industria cultural que permitió la inclusión y ascenso de las clases populares. Este dato histórico ligado al contexto sociopolítico del país  y a las coyunturas internacionales fue central para que las investigaciones produjeran una periodización fundida al crecimiento cuantitativo del mercado editorial y al proyecto de una industria pujante y nacional.

La preocupación por las narrativas dibujadas partió de una mirada integradora de los fenómenos masivos en un  marco de ampliación de los estudios en comunicación y cultura. De allí que la conformación de un área dedicada al estudio de la cultura de masas en las décadas del sesenta y setenta fue clave para que se constituya un espacio de reflexión sobre la historieta. En este marco, pueden advertirse tres tendencias generales enmarcadas en  la primera semiología, el periodismo cultural y la crítica ideológica.

La primera línea representada por la revista Lenguajes y los artículos de Oscar Steimberg recoge la impronta de los estudios pioneros de Oscar Masotta realizados durante el último tramo de la década del sesenta. Entre 1969 y 1977 Steimberg produce una serie de textos sobre historietas con el objetivo de explicitar las condiciones de producción, circulación y recepción de los mensajes. La crítica se enmarca en uno de los intereses centrales de Lenguajes: analizar producciones ficcionales y masivas para dar cuenta de los modos de significación social.

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El sufrimiento como opción

Friday, June 11th, 2010

“El dolor es inevitable, pero el sufrimiento es opcional, depende de uno”. Agradecemos a Tusquets Editores por cedernos el prefacio de Haruki Murakami a su libro de memorias De qué hablo cuando hablo de correr.

por Haruki Murakami.

de qué habloLa existencia de una máxima que dice que un auténtico caballero nunca habla de las damas con las que ha roto, ni de los impuestos que ha pagado es…, es una mentira como una catedral. De hecho, acabo de inventármela. Disculpen. Pero, si de veras existiera una máxima como ésta, tal vez otra de las condiciones para ser un auténtico caballero sería la de no hablar nunca de los métodos que utiliza para conservar su salud. En efecto, los caballeros de verdad no suelen prodigar charlas en público sobre este tema. Al menos así me lo parece a mí.

Por supuesto, como todos saben, yo no soy un auténtico caballero, de modo que estas cosas tampoco me preocupan en exceso, pero, aun así, escribir un libro como éste me causa cierto apuro. Y lo siento si esto suena a excusa, pero, aunque este libro trate sobre el hecho de correr, no trata sobre métodos para la conservación de la salud. No pretendo aquí promocionar ideas del tipo: «Venga, salgamos todos a correr cada día y llevemos una vida saludable». Como mucho, me limitaré unas veces a reflexionar y otras a preguntarme sobre lo que ha supuesto para mí, como persona, el hecho de correr habitualmente.

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El prólogo a El artista

Friday, June 4th, 2010

“Obra conjunta nada complaciente”, dice Luis Chitarroni. Alberto Laiseca recorrió el camino inverso al acostumbrado al realizar la adaptación libre de la película El artista, dirigida por Gastón Duprat y Mariano Cohn sobre guión de Andrés Duprat. Cierra el conjunto León Ferrari que escribe el epílogo y el propio Chitarroni que se asoma desde el prólogo.

Por Luis Chitarroni.

el artistaLas dudas sobre el arte contemporáneo no suelen ventilarse en un libro ni en un film. “Ventilarse”, verbo demasiado aéreo, parece una exageración, pero uno necesita oxígeno para empezar el prólogo de un libro tan especial como El artista, que más que un autor solicita un elenco. Además, si las dudas deben participar de cualquier trama o plan, es necesario que algo las convoque. Hablo de algo, una palabra con reputación de vaguedad, sin mucha esperanza. Hablo de esperanza, una palabra de otro contexto, con optimismo un tanto penoso.

El artista abre una ranura que permite ver -no sólo sospechar- el espectáculo sombrío, a veces sórdido, del arte contemporáneo cuando acontece sin que lo contemplemos. Mejor dicho, cuando lo contemplamos sin que el filo de ese cinismo asociado a la madurez o a la usura de los artistas corte abruptamente la ilusión narrativa, esa suspensión ventajosa, necesaria para que las historias sigan aconteciendo y contándose (sin que éste sea su único mérito, ni el mayor).

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En el volcán

Friday, May 28th, 2010

Rodrigo Fresán presentó la colección Roja & Negra de Mondadori con la novela El poder del perro de Don Winslow. Desde el prólogo, Fresán la define como la “Gran Novela Americana del Narcotráfico”.

Por Rodrigo Fresán.

el poder del perroUno. De todos los posibles subgéneros de la literatura, uno de los más intensos e interesantes es, sin duda, la novela mexicana escrita por extranjeros.

México posiblemente sea el país más y mejor visitado por los escritores de afuera. Y las razones para que esto sea así son tan obvias como misteriosas: por un lado, México limita con Estados Unidos y funciona como frontera mágica donde todo cambia en tan pocos metros.

México como el perfecto punto de fuga o puerta de entrada para personajes que necesitan encontrarse pero, antes, inevitablemente, perderse. Y no olvidar nunca esa sórdida y casi última fotografía de Francis Scott Fitzgerald vestido de charro turístico en Tijuana o a Terry Lennox cambiando de rostro y de nombre allá abajo al final de El largo adiós de Raymond Chandler.

En este sentido, México ofrece todo lo necesario para el drama y la tragedia y, también, la comedia enloquecida. Y por allí, cruzando esa frontera que es geográfica pero también existencial y mística, pasaron o se quedaron para siempre –por citar apenas unos pocos– los antihéroes de La serpiente emplumada de D. H. Lawrence, Serenata de James M. Cain, El poder y la gloria de Graham Greene, Bajo el volcán de Malcolm Lowry, Children of Light de Robert Stone, La última oportunidad de Richard Ford, Todos los hermosos caballos de Cormac McCarthy, Atticus de Ron Hansen, Lejos de Veracruz de Enrique Vila-Matas y Los detectives salvajes de Roberto Bolaño; sin por eso olvidar la sombra perdida de Ambrose Bierce y los innumerables perseguidores de la epifanía beatnik ayudados por cantidades importantes de mezcal y peyote mientras se canta a los gritos “La bamba” o “La cucaracha”.

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La antorcha y la Primera Guerra Mundial

Friday, April 30th, 2010

Libros del Zorzal, que ya festeja sus diez años de vida, acaba de publicar el clásico En esta gran época: de cómo la prensa liberal engendera una guerra mundial, de Karl Krauss. Aquí acercamos el estudio preliminar de M.G. Burello.

Karl Kraus y La antorcha

en esta gran epocaEn 1896 volvía a encenderse, cerca de Atenas, la antorcha olímpica; aunque ya incubaba una catástrofe, el fin-de-siècle europeo se quería moderno, elegante, y cosmopolita. Tres años después, un actor aficionado y cronista frustrado por voluntad propia se hartaba del medio periodístico local, con el que venía colaborando a regañadientes, y encendía otra antorcha en su amada Viena: la revista Die Fackel (’La antorcha’), una publicación inclasificable e idiosincrásica, que alardeaba de su carácter sui generis tanto en el aspecto externo como en el interno. El personaje en cuestión era Karl Kraus (1874-1936), que además de ser el director de la revista, era el redactor casi único (a partir de diciembre de 1911, en efecto, todo lo escribió él), y en un gesto de independencia radical, también terminó siendo el dueño de su propia editorial. La periodicidad trimestral anunciada inicialmente en la tapa fue cambiando, y en rigor rara vez se cumplió, oscilando entre momentos de extrema productividad y pausas de largo silencio, en general producto de que este tornadizo editor, como buen intelectual público y polémico que era, estaba ocupado con otras faenas afines (compilaciones, recitaciones, conferencias, traducciones), o simplemente deprimido. De hecho, los largos paréntesis sostenidos en 1914, ante el estallido de la guerra, y en 1933, ante la toma del gobierno germánico por parte de Hitler, constituyeron dos grandes instancias de lo que en alemán se conoce como ’silencio elocuente’.

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Mi Hemingway personal

Friday, April 23rd, 2010

Una evocación de Gabriel García Márquez -de la manera en que Gabriel García Marquez sabe hacerlo- sobre Ernest Hemingway. Agradecemos a Lumen la gentileza de cedernos este texto.

Por Gabriel García Márquez.

cuentos hemingwayLo reconocí de pronto, paseando con su esposa, Mary Welsh, por el bulevar de Saint Michel, en París, un día de la lluviosa primavera de 1957. Caminaba por la acera opuesta en dirección del jardín de Luxemburgo, y llevaba unos pantalones de vaquero muy usados, una camisa de cuadros escoceses y una gorra de pelotero. Lo único que no parecía suyo eran los lentes de armadura metálica, redondos y minúsculos, que le daban un aire de abuelo prematuro. Había cumplido cincuenta y nueve años, y era enorme y demasiado visible, pero no daba la impresión de fortaleza brutal que sin duda él hubiera deseado, porque tenía las caderas estrechas y las piernas un poco escuálidas sobre sus bastos. Parecía tan vivo entre los puestos de libros usados y el torrente juvenil de la Sorbona que era imposible imaginarse que le faltaban apenas cuatro años para morir.

Por una fracción de segundo -como me ha ocurrido siempre- me encontré dividido entre mis dos oficios rivales. No sabía si hacerle una entrevista de prensa o solo atravesar la avenida para expresarle mi admiración sin reserva. Para ambos propósitos, sin embargo, había el mismo inconveniente grande: yo hablaba desde entonces el mismo inglés rudimentario que seguí hablando siempre, y no estaba muy seguro de su español de torero. De modo que no hice ninguna de las dos cosas que hubieran podido estropear aquel instante, sino que me puse las manos en bocina, como Tarzán en la selva, y grité de una acera a la otra: «Maeeeestro». Ernest Hemingway comprendió que no podía haber otro maestro entre la muchedumbre de estudiantes, y se volvió con la mano en alto, y me gritó en castellano con una voz un tanto pueril: «Adioooós, amigo». Fue la única vez que lo vi.

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Hiperconectividad

Friday, April 16th, 2010

La antología Hablar de mí (Lengua de Trapo) tiene selección y prólogo a cargo de Juan Terranova.

Por Juan Terranova.

1

hablar de míNada se pierde. Todo se transforma. Y se conecta. Sabemos todo. Estamos en todas partes. Pero no somos todo. Somos una célula pasando información a otra célula. Una porción delimitada y perdida en el reticulado del mundo. Vivimos en un archipiélago de cables y radiaciones. Un mar salado con redes de camalotes digitales. D’ambrosio lo sabe. Nos escribimos de noche. Él leyó alguna de mis novelas. Yo sé que se dedica a la filosofía alemana. Comentamos los hechos del día. Somos amigos. Cada tanto nos vemos. Pero preferimos los mensajes instantáneos. Nos escribimos correos. Hoy me dijo que estuvo revisando su cuenta de mail. El servicio gratuito que utiliza almacena todo. No necesita borrar nada. Le pregunto qué encontró. «Mi vida y mucha pereza», me contesta.

2

Todo se digitaliza. La música. Las películas. Los libros. Los archivos. El dinero. Las propiedades. La energía nuclear. El amor. El sexo. El optimismo. El pesimismo. La épica. La picaresca. La lucha de clases. Resulta placentero y un poco vertiginoso. Ya no es necesario esperar a que se haga de día para nada. Podemos vivir de noche.Operar en la bolsa de Tokio desde Buenos Aires contando unos y ceros. A D’ambrosio las metáforas biológicas lo incomodan. Frases como «la memoria ram es una hidra de siete cabezas» o «el monitor es el útero materno» le suenan cursis. Para nosotros el monitor es un imán eléctrico, un condensador de energía, un dínamo. Apoyás la cabeza en la pantalla y te da amnesia. Cada tanto, sin embargo, necesitamos el contraste y salimos a la calle.

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