Agustín Fernández Mallo es autor de las novelas del Nocilla Project (editadas por Alfaguara) que funcionaron como piedra fundacional de la generación actual de jóvenes escritores españoles. “Antes se creaba desde el conocimiento y hoy se crea desde la información”, dice.
Por P.Z.
La Nocilla es una pasta de cacao y avellanas que creó una empresa española inspirándose en la Nutella italiana a fines de la década del ‘60. Venía en un vaso de 140 gramos, la campaña publicitaria se basaba en el eslogan “Nocilla, ¡que merendilla!” y consiguió ubicarse como un producto representativo de los chicos de aquellos años. El derrotero comercial hizo que la marca cambiara de manos unas cuantas veces, pero siempre estuvo ligada a la infancia.
“Nocilla, ¡que merendilla! Nocilla, ¡qué merendilla! Nocilla, ¡qué merendilla!” Los gritos desarticulados se repiten durante dos minutos, el tiempo estipulado que debe durar una canción de todo grupo punk que se precie. Una tarde Agustín Fernández Mallo escuchó esa canción de Siniestro Total mientras veía la foto de un árbol que tenía zapatos en lugar de frutos. El recuerdo de la infancia, la música y la foto monstruosa -aquello que no está en su propia naturaleza- se fusionaron en un todo que derivó en Nocilla Project: una trilogía compuesta por las novelas Nocilla dream, Nocilla experience y Nocilla Lab.
Las novelas desarrollan el género de la “docuficción” y llevan un registro casi obsesivo de las diferentes experiencias por las que atraviesa el escritor durante el día. Para Fernández Mallo, el escritor ya no es aquel que se encierra en su torre de marfil sino el que consigue hilar poéticamente todas las informaciones cotidianas que lo atraviesan.
















