Por Luis Diego Fernández
Iniciar una columna de manera autobiográfica no suele ser muy feliz, y quizá sea visto como un ejercicio de autoindulgencia. Pero es lo que haré -después de todo, la filosofía es un ejercicio sobre la experiencia propia.
Producto de mi reciente viaje al país del norte -New York y California- mi mente se disparó hacia los conceptos forjados por la tradición de los Estados Unidos. Por ello voy a escribir sobre filosofía norteamericana.
Lo primero es lo siguiente: si hay algo intrínseco en la filosofía made in USA es al pragmatismo y el anarquismo -como ausencia de fundamento, arché. Estados Unidos, a diferencia de Europa, nació ex-nihilo -de la nada misma. Comencemos por el principio. Los primeros pensadores cuyo nombre verdaderamente les calza fueron Ralph Waldo Emerson y Henry David Thoreau -sí, ambos con dos nombres, no soy el único-. Pensadores del siglo XIX, sus libros -Hombres representativos de Emerson y Walden o la vida en los bosques de Thoreau- forjaron algo así como el core o la “esencia” del concepto americano, esto es: el individuo en primer lugar. Un anarco-liberalismo que con el tiempo derivó en el libertarismo o el anarcocapitalismo -que otros pensadores contemporáneos como Robert Nozick desarrollaron. Emerson y Thoreau dieron forma a lo que se llamaría el movimiento Transcendentalista. Movimiento que creía firmemente en la relación del individuo -y su comunidad- con la naturaleza. Suerte de panteísmo que se embebía de algunas lecturas de Nietzsche y Spinoza, el trascendentalismo partía de la idea de los grandes hombres -las personalidades forjadoras de su propia vida como obra de arte, por caso Napoleón-. Esta idea dará origen al tan mentado selfmademen norteamericano, el entrepreneur (emprendedor). Una segunda escala, que va desde fines del siglo XIX hasta entrado el XX, es la escuela pragmatista. Opus que tiene en William James (hermano de Henry, el escritor) y en Charles Sanders Peirce (uno de los fundadores de la semiótica) a sus nombres más destacados -luego llegarían Richard Rorty o Hillary Putnam. El pragmatismo es la filosofía americana en su esplendor: el rechazo de toda forma de verdad absoluta y la creencia en que toda idea sobre el mundo sería, entonces, provisional y sujeta a verificación. El pragmatismo es una forma de empirismo -heredero de la escuela inglesa de Hume. Sólo cree en la percepción. Ya entrados en el siglo XX podemos tomar por diferentes caminos: los años 50’s nos traen al movimiento beatnik. La literatura de Jack Kerouac -En el camino-, Allen Ginsberg -Aullido- y William Burroughs -El almuerzo desnudo- abreva en las ideas de Thoreau y Whitman. Y se conforma esa idea del camino como la ruta hacia la contracultura de los 60’s. Luego: el hippismo, los movimientos pro derechos (negros, gays, feministas), la experimentación lisérgica -de Timothy Leary-, el cyberpunk -de William Gibson y Bruce Sterling- y la cultura hacker del Silicon Valley.
Si tuviera que caracterizar al pensamiento norteamericano -al cual, debo admitir, admiro- diría que tiene las siguientes características nítidas: 1) el individuo como principio atómico de la realidad, 2) el espíritu emprendedor 3) el anarquismo liberal 4) la creencia en la construcción de la vida propia como obra de arte, 5) la mirada puesta en el futuro y no en el pasado.
Es curioso que los mejores intérpretes del pensamiento y la cultura norteamericana fueran franceses: desde Alexis de Tocqueville hasta Jean François Revel y Guy Sorman -en la tradición liberal- o bien desde el cúmulo posestructural, como los casos de Michel Foucault y Gilles Deleuze -fascinados con California- a la figura cuasi pop de Jacques Derrida. Es menester decirlo: Francia siempre envidió secretamente a Estados Unidos. Francia sabe que el pedestal que París tenía como la ciudad luz en el siglo XIX le fue quitado por New York a comienzos del siglo XX -y aún lo mantiene. Quizá la obsesión francesa sea, de alguna manera, el disparador para pensar la lógica cultural y económica que forja Estados Unidos. Félix Guattari -coautor de grandes libros de filosofía contemporánea junto a Gilles Deleuze- escribió que tenía más fe en el potencial revolucionario del capitalismo que en otras formas de organización económica. Joseph Schumpeter -economista liberal de la escuela austríaca- hablaba de la “destrucción creativa” del capitalismo. Y sí. Eso son los Estados Unidos: amigos del fuego, la ruta y la improvisación. Como decía Jack Kerouac: “The only people for me are the mad ones, the ones who never yawn or say commonplace thing, but burn, burn, burn, like fabulous yellow roman candles”. Sí: arder. Un pensamiento que te quema, y no volvés a ser el mismo.
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mirá, sí, son grossos, qué duda hay si a través de la tele, internet, su literatura (que digamos, es lo mejor del siglo XX -de los beats por Salinger a Pallahniuk), su CINE y todo. Pero creo que los puntos merecen un poco más de pureza: su individualismo atómico es conformismo egoista, el espíritu emprendedor es paranoia al leviathan, el anarquismo liberal es imperialismo atomico -ahora si- o en el mejor de los casos murió con Thoreau quien está hoy mucho más vivo en los enemigos del imperio que en sus fundadores, y tal vez la puesta en el futuro sea necesaria para mantener el capitalismo o la esquizofrenia. Ahora sí, catartizados los fantasmas, qué increible la communitas suspendida del imperio starbucks, aint it?!. buen post mao.
Me impresiona tanta fascinación por una filosofía tan pedorra como el pragmatismo.
1) El individuo como principio atómico de la realidad: esto es el legado moderno más decadente. Por otro lado, este principio entra en contradicción con lo que vos proponés que ellos proponen, la idea de que no hay un fundamento, un arkhé.
En esta idea se hace patente una concepción del invididuo super potente que todo lo puede fundamentar. Es complicado sostener eso en la post-modernidad.
2) El espíritu emprendedor: es un valor un tanto extraño, sobre todo postulado en estos términos. Si me dijeras, no sé, la potenciación, estaría de acuerdo. Pero el espíritu emprendedor, conjugado con ese sujeto-fundamento, es medio complicado. Tiene mucho que ver, quizás toda la filosofía pragmatista lo tenga, con una concepción muy calculadora del sujeto. Volvemos a lo mismo del punto 1; lo pregunto sinceramente: ¿creemos en un sujeto tan capaz de tanto? ¿y el acontecimiento? ¿y lo que se fuga, lo que se escapa?
3) El anarquismo liberal: mismo problema al cual le sumo la pregunta: ¿libertad? ¿de qué libertad hablamos? De nuevo la vuelta al proyecto moderno, y de nuevo la crítica post moderna: no somos libres, estamos muy condicionados por ciertas fuerzas que nos exceden. Esto tampoco es una defensa del determinismo a ultranza, pero sí creo que hay ciertos condicionamientos, sociales y políticos, sobre todo políticos.
4) La creencia en la construcción de la vida propia como obra de arte: bien, la creación artísita, punto a favor.
5) La mirada puesta en el futuro y no en el pasado: esto es porque los muy panchos creen que pueden crear de la nada. ¿Y la herencia? ¿Estos chicos nacen de un repollo o qué? La creatio ex nihilo es muy complicada: uno opera con lo que tiene, desde donde está, en la época en la que vive, etc, etc, etc.
Finalmente y más allá de las críticas puntuales, yo preguntaría qué consecuencias éticas y políticas tiene la filosofía pragmática, cuál es su efectualidad.
Celebro que no crean en una verdad absoluta, osea, reconozco el valor del pragmatismo como respuesta al positivimo lógico. En ese sentido, si se quedaran en el ámbito de lo científico, hasta diría que son copados.
(Ojo, estoy hablando de los filósofos pragmáticos; todo lo concerniente a la literatura y a los movimientos políticos de liberación sexual o a favor de las minorías gays, negras, etc de los que hablás me parece genial).
Hoy está virtualmente muy al alcance de la mano la cultura del emprendedurismo. Dan testimonio de esta cultura: los cursos y/o materias (aún)optativas que se dan incluso en Universidades Públicas; una “literatura” entre cuyos títulos destaco: “Cómo cambiar el mundo: los emprendedores sociales y el poder de las nuevas ideas”, de David Bornstein; y otro testimonio sustancial del emprendedurismo son la inmensa cantidad de datos en su referencia que existe en Internet. Finalmente, en una época de crisis como la actual se impone casi ennoblecida la cultura del emprendedurismo, y aparece unida de la forma más acusada con el principio de “educación para el trabajo”, principio educativo siempre imperfecto y que devela (¿lo hace?) la codicia y cobardía de la integración social.
Ahora, si enumeré un tanto estas cosas fue para inventariar lo que creo es una forma y una actitud en la que damos-el-salto-para-no-dar-cuenta de las condiciones sobre las que tomamos carrera. Luis, creo que un ejemplo en el que podrías ahondar y ayudarnos a comprender “filosofía norteamericana” se da en el libro de ARAVIND ADIGA, “Tigre Blanco”, o, si quieres, transcribo los fragmentos del diálogo dio el autor en una entrevista concedida a la revista Ñ:
“(…)”
Ñ: “Unos pobres muy pobres pero que se compran libros tipo “Cómo hacerse millonario en tres meses” o “Monte su propia empresa…”
Aravind Adiga: Los más espabilados luchan por pasar a engrosar las filas de la clase media, empujados por el discurso oficial acerca de la nueva India como potencia económica mundial. Las autoridades nos bombardean diciendo que en el mundo globalizado la pujanza empresarial de India, gracias a sus miles y miles de empresas subcontratadas por otras de Estados Unidos o Gran Bretaña, solucionará todos los problemas. El mensaje –por televisión, Internet, radio y prensa– es: Si usted quiere, puede hacerse rico. No hay más que viajar un poco por India para darse cuenta de lo absurdo de ese discurso, y de todas las situaciones disparatadas que se generan.
(…)
Ñ: “¿Es verdad que los libros de autoayuda empresarial son los best-sellers de la India?
A. A.: “¡Sí! Todo el sistema anima a convertirse en empresario exitoso y te dicen que si no eres millonario es que no te has esforzado lo suficiente. Para los pobres, no es más que una ilusión, algo muy frustrante cuando se dan cuenta de que ellos no pueden llegar ahí, porque no tienen una educación, porque no hablan inglés… Por eso mi personaje está obsesionado con hablarlo. ” (Revista Ñ, Sábado 6 Dic.)
Pero esta es una interpelación que hago, Luis, y que sólo consigo gracias a tu texto, porque es hora de develar la experiencia de lo que incluso nace ex-nihilo, de revelar la nada no en el pensamiento abstracto de la nada, esto es, en la pura enunciación de una “tradición”, enunciación que de alguna manera pierde la experiencia del nacimiento ex-nihilo en pro de una “filosofía made in…”, y hace que nosotros caigamos en el peligoso conocimiento ad hoc, en vez de en la sabiduría. No se reduce esto a exponer lo historial de esta filosofía, sino de contemplar el saber en el presente, en nuestro presente, su contemporaneidad… Entonces, de develar aún lo infame antes de decaer en la nada, para no andar exorbitantes y desgarrados ante el nihilismo.
Muy interesante tu aporte, David.
Gracias, L.