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La crítica como un acto de amor

19-06-2009 | ,

Entrevista a Guillermo Belcore
por P.Z.

“La semana pasada leí El viaje al Río de la Plata de Ulrico Schmidt. Estuvo 20 años en América, subió con Irala, fundó Asunción del Paraguay, buscó el país de las Amazonas, después volvió a Alemania y murió en su cama. La primera crónica de la Argentina es este libro. Pensaba que este es un libro para hacer una novela histórica. ¿A quién se lo darías? Alguien que esté tres años investigando. Yo estuve pensando toda la semana: se lo daría a Bruzzone. Tiene un gran talento. Ponelo en el reportaje así lo lee y se lo encargamos.”

Guillermo Belcore desde hace 10 años reseña libros para La Prensa y desde hace poco menos de dos viene compilando esas lecturas en el blog La biblioteca de Asterion. Borgiano confeso –ya desde la elección del nombre para el blog–, seguidor de Steiner y Rest, suscribe con pasión a que la lectura es un acto de amor.

guillermo belcore

Nos conocimos durante la presentación de La novela luminosa de Levrero, y sobre Levrero –casi sin darme tiempo a que prenda el grabador– comienza a hablar:

– Levrero era uno de los mil baches que tenía. Me llevé La novela luminosa en vacaciones, lo leí en Tafí del Valle. Yo creo que la gran belleza del libro, lo sublime del libro es cómo te transmite las experiencias espirituales. Ahí encontré una confirmación de lo que entiendo por crítica literaria, lo que Borges llamaba el misterio de la emoción estética. Cómo determinadas escrituras te generan un sentimiento de lo sublime, lo que Levrero llama la experiencia luminosa. Algunos lo pueden encontrar en la cocina, otros lo pueden encontrar en la música, otros lo pueden encontrar en sus experiencias sexuales, otros en el teatro, en el cine. Yo creo que lo encuentro en la literatura. Trato de transmitir eso: qué mecanismos usó este autor como para producirme un impacto. Incluso un impacto que podría ser hasta desagradable. Un impacto en cualquier sentido. Lo más triste es un libro que no te produce un impacto, lo cual indica que también la lectura es un acto de amor.

¿Por qué?

Si lo pensás al revés, el amor es convertir una persona en una obra de arte, algo que para vos sea único, irrepetible, valiosísimo. La lectura te lleva a producir eso, ese sentimiento, esa cosa que sentís en el cuerpo cuando encontrás una descripción bellísima. Alguien que comparte ese amor por la lectura lo puede llegar a entender. Encontrar una ganga en una librería de viejo, descubrir un autor que no conocías.

¿El amor parte de la escritura o es una actitud del lector?

Es un doble juego. Es la comprensión a través de la emoción. El misterio de la emoción estética es la base de la crítica borgiana y Borges lo toma de los autores clásicos. Es el tipo de crítica literaria que me gusta. Y en una época donde se ha privilegiado el abordaje de los libros desde otra disciplina, me parece que hay un espacio como para volver a eso.

Los lectores del blog y el diario –porque en definitiva lo que hago es recobrar lo que he hecho en La Prensa en los últimos 10 años– dirán si es una apuesta válida o no. En El Ser y la Nada de Sartre, que es un libro que intenté leer varias veces, hay una frase bellísima que creo que le da sentido a todo el libro: “el prójimo guarda un secreto: el secreto de lo que soy”. Uno en definitiva es lo que ven los demás. El blog es lo que ven los demás. Personalmente estoy muy feliz, porque es algo que lo hago con una pasión y un amor muy grande.

El blog me ha permitido reencontrarme con el amor por los libros, pero fui un bookalcoholic toda mi vida. Como La Prensa no sube la crítica literaria a internet –sí lo hace La Capital de Mar del Plata, estamos en el mismo grupo– un amigo me decía “tenés 250 críticas literarias, hacete un blog”. Lo hice y a partir de ahí, los dos o tres libros que comento en La Prensa por semana los vuelco al blog. Después tengo otros libros que entre los intersticios de los que me dan los voy leyendo.

Lo bueno de hacer los libros que me da La Prensa es que no me centro en los libros que me gustan. Entonces me puedo cruzar con algunas cosas que no las compraría y no las leería nunca si no fuera porque me las encarga el diario. Lo malo es que me pierdo de leer libros… El otro día leía que otra de las ventajas de los libros buenos es que te impide disfrutar los libros malos. Si yo lo hiciera esto por mi cuenta, todos los libros serían buenos, muy buenos, excelentes. Pero el hecho de que sean por encargo me parece que le da mayor variedad.

Cuando calificás a los libros, ¿cómo es tu lectura?

La calificación no sale en el diario. Lo pongo generalmente debajo de donde dice “publicado en…”

Vos hablabas de que en la lectura le estás poniendo una carga de amor. Hay un amor que nace de la lectura, pero después calificás al libro.

Hay parámetros objetivos. La crítica basada en el yo, si bien es arbitraria porque es un yo que se expresa, no es caprichosa. Los cinco parámetros que Harold Bloom da de eficacia estética son insuperables: sabiduría, exuberancia en la dicción, dominio de la metáfora, original y poder cognitivo –profundidad psicológica–. Esos son parámetros objetivos con los que podés valorar una obra. Yo lo hago porque me parece que la crítica en los diarios era demasiado complaciente y a uno como lector lo dejaba en ascuas: ¿tengo que comprar el libro o no? A partir de esa falencia me animé a hacerlo. Sé que es algo muy irritativo. Y los escritores que me han injuriado lo hicieron sólo por eso. Quizá si la crítica viniera pelada como sale en el diario no generaría tanta animadversión.

¿A qué creés que se deba?

No todo el mundo encaja bien una crítica. Samuel Johnson decía que un libro es una suerte desafío que uno lanza al mundo y todo el mundo tiene derecho de dar su opinión. Sobre todo fundamentarla. Pero me parece que la crítica complaciente ha malacostumbrado a algunos escritores. Quizá tenga que ver con la inseguridad, con sentirse víctima de una injusticia. Siempre que subo una crítica adversa trato de agregarle un link a alguien que dé un punto de vista distinto del mío. ¡El tema es que a veces no hay!

El escritor permite que el lector diga “me gusta” o “no me gusta”. Pero con el crítico es más duro.

Yo creo que soy un lector, en definitiva. ¿Qué es un crítico? Yo soy periodista. Pero cuando hablamos del crítico, ¿de qué hablamos? Por lo general la crítica en los diarios es muy complaciente. Somos pocos, nos conocemos todos. Fogwill lo llama “La sociedad del socorro mutuo”, porque hoy por mí y mañana por ti. Yo tengo la ventaja de que no conozco a nadie, no frecuento nada porque el mismo hecho de trabajar una relación personal te condiciona el momento de evaluar un libro. No por una mera cuestión de honestidad o deshonestidad. Por una mera cuestión de empatía. Si se genera una corriente de amistad intelectual con una persona, cómo le decís por escrito que esa obra te decepcionó. Hay que tener unos cojones muy grandes.

Tal vez la amistad lleva a que uno interprete más allá de lo que dice el libro.

En el fondo es una cuestión de honestidad con el lector. En este famoso ensayo de Guillermo Martínez que sale a replicarle a Tabarovski, cita un caso sin dar nombres de un diario donde la crítica del libro de una autora la hizo la mejor amiga. Qué distanciamiento puede haber.

Hasta dónde llega la crítica en un diario: ¿es una crítica, una reseña, una mención? ¿El periodista tiene el derecho y la obligación de decir si un libro es bueno o es malo?

Yo entiendo la crítica como un conjunto de apreciaciones servidas con la mayor erudición posible. Lo que hablábamos recién del misterio de la eficacia estética. Este libro me gustó por esto o por esto otro. Después el lector verá si ese crítico o ese reseñista –como quieras llamarlo, porque en definitiva es una cuestión semántica–, me merece confianza o no. A mí Quintín me merece confianza. No leí el libro de Pola Oloixarac por lo que leí ahí y en Hacia el bicentenario. Me parece que están las mejores críticas del libro. Porque yo le di un criterio de autoridad al crítico. El lector es el que decide si este tipo le da la suficiente confianza o autoridad –no moral, porque es estética– como para aceptar esa recomendación o esa sugerencia. A mí me gusta mucho Rodrigo Fresan, cuando él sugiere un libro me provoca una inquietud. Cuando a mí me dijo P. que para él después de la madre estaba Levrero: lo tengo que leer.

Pero en un punto decís que la crítica tiene que tener cierta erudición, pero con esto que te dijo P. discuto la cuestión de la erudición: fue una recomendación visceral.

Pero me lo dijo un editor, reconozco una autoridad. Esas recomendaciones viscerales están fundadas en un gusto para la lectura.

Más allá de eso, ¿qué nivel de erudición tengo que alcanzar para poder leer un libro?

A mí me pasa lo mismo que vos, yo sé adónde vas: qué autoridad intelectual tiene uno a la hora de valorar una obra. Es algo que se me plantea permanentemente. Bueno, el hecho de ser un lector y de tener una relación de amor con la lectura. El jardín donde se bifurcan todos los senderos es el gusto. A mí no me gusta Aira. Es el mejor escritor argentino, pero me parece que el sacrificio de su talento por una teoría literaria no es algo que me llegue. Pero nadie puede llegar a discutir a Aira. Ahí está el gusto.

Creo que vos tenés todo el derecho de expresar tu desagrado ante lo escatológico, por ejemplo. ¿Por qué el mal gusto tiene que tener valor literario? Se puede hacer desde el otro punto de vista: ¿por qué no? Es rico y muy lindo ese debate. A mí como lector el más gusto no me parece un valor literario. Me parece que Oliverio Coelho, que es un escritor talentosísimo, está malogrando su escritura por esa apuesta. Queda cautivo a un procedimiento y quizás no explora otros que pueden ser mucho más ricos y mucho más fecundos para un talento como el de él, que es indiscutible.

La estética es por sí mismo un valor que merece admiración. Yo puedo admirar a una persona por sus procedimientos estéticos. No necesito que tenga un compromiso político o que sea un hombre de su tiempo. Un autor que tiene dominio de la metáfora me parece admirable en sí mismo. En eso sigo a Rest y sobre todo a George Steiner. Mi modelo de crítico literario es Steiner. Lo que demuestran Rest y Steiner es que la crítica literaria no sólo es un discurso parasitario, sino que puede tener un valor estético comparable a la obra en sí mismo. El comentario de un libro es una actividad secundaria, es el señor de un séquito, en definitiva la figura es el escritor. Pero estos autores han demostrado que la crítica literaria puede ser tan valiosa como la ficción en sí misma, como el ensayo en sí mismo. Es un modelo que me gustaría alcanzar, un ideal.

¿Leés mucha crítica?

Leo todos los diarios. Por el hecho de trabajar en un diario, los leo todos. Pero me parece que lo más interesante en crítica literaria pasa por los blogs. Los blogs te dan un tipo de material que en los diarios ya no encontrás. Por ejemplo yo no había podido ir a la charla de Junot Díaz en la Rural y en Hablando del Asunto la reprodujeron entera. Eso serían cuatro páginas en un diario: qué diario te va a dar eso. Eso lo encontrás en los blogs

¿Gente que se dedica a la literatura por el sólo de amar la literatura?

Y que se gana la vida de otra manera. Encontrá el sustento en otro lado y desarrollá tu vocación y tu amor por la literatura en un blog.

La idea que se desprende de eso es que podés asumir un riesgo cuando no ponés en juego tu laburo.

Sí. Yo soy editor de Economía e Internacional. Es obvio que todos estamos condicionados por la lucha por la subsistencia. Negarlo sería… Es lo que le pasa a los escritores. Ojalá pudieran dedicarse a escribir. Hay un libro de Yaan Martel, La vida de Pi, donde el autor cuenta que pasó tres años investigando cómo es la interacción entre los humanos y los animales en los zoológicos y cómo es la supervivencia en altamar, para contar la historia de un chico que sobrevive en altamar. Lo que quiero decir que este señor hijo de diplomáticos y que recibió un subsidio de la generosa Canadá pudo hacer eso porque tenía las necesidades básicas satisfechas.

Ojalá tengamos más escritores que puedan dedicarse exclusivamente a escribir. Pero me parece que al no tener un sustento asegurado hay una presión muy fuerte de publicar en Argentina y eso hace que se publiquen cosas que deberían tener un proceso de maduración mayor. Fijate el caso de Samanta Schweblin que es una cuentista extraordinaria: Maximiliano Tomas comentaba con razón en Perfil que quizá esa calidad es tributaria de la larga maduración a la obra. Publicó solamente 2 libros, 7 años entre uno y otro. No es frecuente en Argentina. De todos modos eso no garantiza que salga una buena obra porque, en definitiva, cuál es la Santísima Trinidad de la creación literaria: libertad, talento y esfuerzo. Pero bueno sería que los escritores se dedicaran solamente a escribir, nosotros como lectores estaríamos agradecidos.

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One Response to “La crítica como un acto de amor”

  1. Matías F. says:

    El señor Belcore tiene un parecido tremendo al Capitán Ahab de Gregory Peck.

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