Foucault como una obra de arte

23-06-2009 | ,

Por Luis Diego Fernández.

foucault

“Foucault es Nietzsche 100 años después”, dijo Tomás Abraham. Y es cierto.

El 25 de junio de 1984 Paul Michel Foucault -hijo de una burguesa familia católica de Poitiers- muere en París. En el hospital de La Salpétriére. Irónicamente, el establecimiento que había analizado brillantemente en la Historia de la locura. 25 años luego de su muerte muchas cosas se han dicho o escrito. Tal vez la constatación más evidente hoy -que las pasiones se han aquietado- sea que debemos estudiar el pensamiento de Michel Foucault. Su vigencia es radiante y radical -sólo basta ver el auge de la filosofía biopolítica italiana, todos herederos de su matriz de análisis. Y aún queda mucho Foucault por descubrir: de los 13 cursos de que dictó en el College de France solo han visto la luz 8; es decir, restan todavía 5 tomos por leer.

Quizá el mejor ejercicio para pensar a Foucault sea replicar su método en la Historia de la locura o el Nacimiento de la Clínica: pensar lo mismo desde lo otro. El “afuera” de la razón. O bien como se postula en Las palabras y las cosas -algo así como “La crítica de razón pura” del siglo XX-: viendo las condiciones de posibilidad de su existencia.

foucault

En principio, debemos decir lo que no fue Foucault: 1) Foucault no fue de izquierda -pese a una breve afiliación al PC parisino, esto queda claro-, 2) Foucault no fue ni un téorico del poder, ni un historiador, ni un sociólogo, 3) Foucault no pensó “el poder”, 4) Foucault no fue un “posmoderno. Foucault fue moda o divulgación (periodistica), pero ya no lo es. Foucault fue apropiado por la “teoría literaria” y por los “estudios de género”, pero ya no lo es. Resulta que Foucault, y hoy lo podemos ver claramente, fue, básicamente, un filósofo, y uno bien clásico. Un filósofo, al modo de los estoicos o epicúreos -y esto lo definió claramente su gran amigo Paul Veyne. Foucault siempre adscribió al proyecto inaugurado por Immanuel Kant -algo que queda registrado en el artículo del Diccionario de filósofos que el propio pensador escribió bajo seudónimo. Esto eso es un principio ilustrado, moderno: el estudio de las condiciones de posibilidad de conocimiento, en su caso, en el marco de una analítica de la finitud. Por otro lado, Foucault, contrariamente a lo que se cree, fue un filósofo de la subjetividad. El apotegma de la “muerte del hombre” lanzado en Las palabras y las cosas es la continuidad de la “muerte de Dios” nietzscheana. Pero esa “muerte” era la piedra de toque para pensar otra subjetividad, ya liberada del sueño antropológico de la modernidad. Foucault no fue un filósofo sistemático en sentido estricto, pero si observamos toda su obra linealmente podemos ver claramente dos períodos muy nítidos: 1) de 1954 a 1969, lo que se conoce como la fase arqueológica, 2) de 1969 a 1984, el período genealógico -que también puede desdoblarse en un tercer período final ético. Ambos con largas pausas en el medio. Tres períodos, tres libros centrales: Las palabras y las cosas (1966), Vigilar y castigar (1975), Historia de la sexualidad (1976-1984). Tres períodos, tres temas: 1) saber, 2) poder, 3) placer. A grandes rasgos, si en un su fase inicial Foucault desgrana lúcidamente el saber a través de los sistemas de enunciados -el archivo-, en la segunda, vemos la ligazón de ese saber -”verdad” histórica- en relación con la genealogía del poder, pero un poder productivo, un poder multipolar, que crece de abajo hacia arriba, un poder micro. Bien lejos de la lectura freudo/marxista del poder represivo y en manos de unos pocos. Será el propio filósofo quien nos diga que la lectura sistemática de Nietzsche lo despertó del “sueño dogmático” de las 3 H: Hegel, Husserl y Heidegger. Algo muy propio de la zeitgeist parisina.

La vida de Foucault fue una obra de arte. Como Sócrates, vivió una vida filosófica: con una coherencia bella, con coraje y hegemonikon. Consecuente con el principio que expuso en El uso de los placeres y La inquietud de sí, son célebres las anecdotas que se repasan en sus tres biografías más importantes -Didier Eribon, David Macey, James Miller: su dandismo, el Jaguar que manejaba en Suecia, sus experiencias sadomasoquistas en los saunas gay de California, el ácido en el Death Valley en 1975, su curiosidad por el budismo zen, su apasionamiento por la revolución iraní de Khomeini, sus batallas dialécticas con Jean Paul Sartre -”el representaba todo lo que yo odiaba”-, su amistad con Gilles Deleuze, su elegancia, su hedonismo, su derrumbe final a causa del SIDA. Pero más allá de las instancias biográficas, la distancia nos va a otorgar más plenitud para leer y colocarlo en el gran banquete de los filósofos como un clásico de la historia de la filosofía.

Es evidente: Michel Foucault fue, junto a Martin Heidegger y Ludwig Wittgenstein, el filósofo más grande del siglo XX. Y su legado sólo tenía un misión: hacernos más libres, mostrarnos que las cosas, las relaciones, nuestra identidad, es producto de determinadas circunstancias que siempre se pueden modificar, resistir desde “dentro”. Y moldear nuestra existencia como marcas en la arena.

Bookmark and Share

Tags: ,

8 Responses to “Foucault como una obra de arte”

  1. Tomás says:

    Excelente crítica de este pensador normalmente encasillado en algún punto de la enumeración propuesta al principio del post.

  2. [...] post de Diego Fernández: Foucault como una obra de arte [...]

  3. Fernando C. says:

    Un filósofo que citan en todas partes, y que pocos leen. Pero un genio. Saludos :)

  4. Agustin says:

    Veo que tiene pasajes similares este artículo al que publicaste en diario Perfil (http://www.diarioperfil.com.ar/edimp/0377/articulo.php?art=15367&ed=0377).
    Quiero puntualizar, como psicoanalista -mención y declaración en la que invoco una autoridad sobre el saber analítico, indefectiblemente- que Michel Foucault tiene una deuda gigante con Sigmund Freud. Una deuda no reconocida. Sin dudas esto da para armar un congreso que ponga el acento exclusivamente sobre este punto. Pero bueno, no será ahora ni acá eso. De modo que sólo dos frases tuyas de este artículo de Perfil respecto de las propuestas de Foucault lo demuestran contundentemente:

    <>
    <>

    Sigmund Freud medio siglo antes que Foucault, creando la posibilidad de que un Foucault exista -y con esto no digo que Foucault se lo deba todo al psicoanálisis-, Freud estableció el concepto de pulsión donde si se algo inaugura allí no es otra cosa que esta inesencialidad del sujeto. Y Freud también es quien, al crear el discurso psicoanalítico, creó una ética: La ética del psicoanálisis, título de un seminario crucial de Jacques Lacan. Allí Lacan, el autor fundamental crucial y aparte de todo autor -en el sentido que le dio Foucault a este término- del siglo XX que haya re-flexionado al sujeto, después y junto con Freud, claro, allí Lacan, dijo: “De lo único que se puede ser culpable, es de haber cedido en el deseo”. Con esto despejó la ética del psicoanálisis, la propuesta que el discurso psicoanalítico trajo al mundo: NO CEDER EN EL DESEO, esto es, no atender a otro deseo, a otra normativa diría Foucault o sus lecturas, a otro que al propio. Así, Freud estuvo antes que Foucault y permitió su existencia, sin que, repito, éste se reduzca a aquél.
    Los psicoanalistas tenemos aún mucho por trabajar sobre la obra de Foucault. La excelente obra de Néstor Braunstein “El goce. Un concepto lacaniano” contiene un capítulo que te recomiendo para revisar lo “anti-psicoanalítico” que Foucault dijo que fue o le hicieron decir, no importa. Sí importa que en vida no reconoció las deudas intelectuales. Sí importa que trabajemos sobre su obra, tanto filósofos como psicoanalistas.

    El capítulo es el 3.5 “Freud (Lacan) o Foucault”, página 159, Siglo XXI, Buenos Aires, 2006, Séptima edición aumentada, revisada y actualizada por el autor.

    Saludos

  5. Agustin says:

    La inesencialidad es la “esencia” del hombre

    El desafío al que nos llevó Foucault fue aspirar a una “normativa” que parta de los individuos y que no aspire a “normalizarlos”

    ——————————————————-
    Estas son las dos frases a las que aludo y que debían haber aparecido entre los signos que escribí acá arriba:

  6. Agustin says:

    Esperaba alguna respuesta señor.

  7. Felipe says:

    Muy interesante su análisis, Agustin, sin embargo consideró inapropiado exigir de Foucault, su deuda con el psicoanalisis freudiano, tomando en cuenta que consecuente a su pesamiento, el escribir desde el otro (desde lo otro), es un ejercicio que implica la ausencia de autoria de los pensamientos , mas bien podriamos plantear una discusion sobre la articulación de las nociones depoder que se pueden expresar en el campo psicoanalitico: ¿desde donde se plantea el psicoanalisis epistemologicamente?; o ¿qué es el sintoma y que caracteristicas sociales posee?
    Saludos.

  8. ezequiel says:

    Genial, muy bien escrita la nota. Qué quién obtuso- como quien escribe- dan ganas de leerse al pelado.
    BIEN ahí, Luís!!!

Leave a Reply