por P.Z.
I
La situación puede llegar a ser bastante incómoda: ir a un cumpleaños y encontrarse con una fiesta vacía. La casa de Selin está vestida para la ocasión, los muebles corridos, preservativos como globos, la música al mango, comida y bebida sobre las mesas. Y nadie más que ella en su propia fiesta.
II
La acción transcurre en un pueblito alemán. Un bibliotecario, inmigrante, atiende con frecuencia a una joven –hermosa–. Un día, a ella, mientras devuelve un libro, se le cae una tarjeta al piso. La levanta y se la da al bibliotecario: es una invitación para su fiesta de cumpleaños. ¿Cómo debe tomarlo él? Prácticamente no se conocen. ¿Tenía planeado invitarlo o se sintió obligada? Finalmente decide ir, y tras comprar regalos con una compulsión obsesiva, llega con bastante retraso –téngase presente que es en Alemania–. Desde afuera la música estalla.
Al poco tiempo de estar en allí, ambos –Selin y el bibliotecario– aceptan lo irreversible, la casa esperando una fiesta que no va a producirse. Hay un momento para cierta tensión sexual, están solos, ella es hermosa, seguramente está bastante sensibilizada. Pero un rato más tarde aparece Ben, por como se comporta tal vez sea el marido de Selin, el bibliotecario no sabe qué hacer, cómo moverse, cuándo irse.
III
Magnus juega con los opuestos. La novela está dividida en dos partes: “Ella”, narrada por él; “El”, narrada por ella. Ella tiene un tono masculino, agresivo; él es más blando. Él es extranjero, pero es ella quien usa un lenguaje poco alemán. El mayor contrapunto se da al hablar de los padres: el de Selin trabajó en Auschwitz pero que en casa era un hombre muy correcto, el de él era un judío piadoso de la puerta para afuera que abusaba de su hermana y a él le cortó un dedo. Lo bueno y malo se entrelazan de tal forma que terminan confundiéndose.
El tema de la novela es la soledad. La soledad buscada –por él– o encontrada –por ella–. La búsqueda de la soledad tiene implicancias, como por ejemplo el deseo de no perdurar: él no quiere dejar indicios de, siquiera, haber existido. Tanto así que casi no sabremos nada de él. No conocemos su nombre; es extranjero pero no sabemos cuál es su país de origen. El encuentro con la soledad también tiene implicancias: la angustia, la frustración. Selin choca contra el vacío, con el abandono.
Pero en la soledad, buscada o no, hay una aridez insoportable. Ahí es donde entran las muñecas.
Tags: Ariel Magnus, Literatura argentina

Me gustan todos los libros de Ariel Magnus!!!!
Pero no puedo encontrar por ninguna parte “Sandra”, por corrientes en las mesas de saldos no está. Si alguien sabe donde puedo encontrarlo me sería muy útil el dato.
saludos,
masa