por Luis Diego Fernández.
Permítanme escribir hoy sobre una idea que tengo en relación a la filosofía de Friedrich Nietzsche. Que quede claro lo siguiente, no voy a escribir sobre la filosofía de Nietzsche en sentido estricto -sus etapas, su vida-, que es extraordinaria, radical y fundante -uno de los titanes de la tradición filosófica junto a Platón, Kant, Heidegger o Foucault- y para la cual recomiendo leer los siguientes libros muy clarificadores de sus períodos que, por cierto, también podemos ver como cuatro partes de un día o cuatro estilos: 1) la noche romántica: El origen de la tragedia (1871), 2) la mañana ilustrada: Humano, demasiado humano (1878), 3) el mediodía profético: Así habló Zarathustra (1883), 4) el atardecer crítico: La genealogía de la moral (1887). Para su vida, tres biografías: 1) Nietzsche, el águila angustiada de Werner Ross, 2) Nietzsche, biografía del pensamiento de Rüdiger Safranski, 3) el monumental Nietzsche, de Curt Paul Janz. Y, de paso, “el Nietzsche” de Martin Heidegger, claro.
Me gusta pensar la filosofía de Nietzsche en términos corporales y, más específicamente, como un pensador muscular; pero esto debo explicarlo.
Veamos:
1) El músculo de Nietzsche consiste en ese sesgo instintivo de la vida como perpetuo crecimiento, como acumulación de poder y despliegue vital constante. El músculo, como concepto, es el emergente de esa vocación de poder. Donde los valores imperantes (cristianos, igualitaristas) existen, el músculo desaparece; el músculo es sólo posible en medio del aristocratismo, de la diferencia, de las virtudes renacentistas; podemos decir hoy: donde hay músculo, hay desarrollo del individuo. Hay creatividad y eclosión individual.
2) El músculo de Nietzsche es el concepto que funciona como activador de cada individuo, como un despertar de la pesadilla o bien como la cura frente a la enfermedad de los débiles. El hombre muscular de Nietzsche es un espíritu libre porque se ha transvalorado, esto es, porque ha mutado en tanto ha declarado la guerra a los valores excretados de la moral de esclavo. Por lo tanto, lo considerado verdadero deja de serlo. Caen los valores que daban sentido a la realidad al efectuarse la transvaloración del individuo “muscular”. Esta declaración de guerra del espíritu libre a los valores de la decadencia y la debilidad más que un combate es una mutación. La guerra en Nietzsche es más una mutación que un “combate” efectivo. En todo caso, será un combate con el sentido que resignifica a ese individuo. Cuando se vence esa estructura -o resistencia de la realidad- la transvaloración sobreviene. El músculo es lo emergente de esa victoria. Ahora bien, ese espíritu libre no es un espíritu puro; la pureza es un valor de la décadence, es un valor vinculado con el origen y lo verdadero. El espíritu libre es un espíritu contaminado, un espíritu mutante y plástico, un espíritu estético, un espíritu sin origen ni verdades reveladas.
3) El músculo de Nietzsche tiene que ver con una fisiología filosófica. Toda la filosofía de Nietzsche es una “fisiología” y “anatomía”. La estética fisiológica es la estética de esta filosofía vitalista. La voluntad de poder retrocede en la medida en que hay una avería fisiológica. Lo muscular, entonces, se dispara hacia dos prácticas: la erótica y la moral. La virilidad y la nobleza. El retroceso fisiológico de los débiles se ampara en la castidad y la bondad. Los valores de los castrados (puritanos) y los “buenos” (moralistas) son funcionales a esta estructura del idealismo antimuscular. La filosofía del músculo es erótica y aristocrática. El músculo filosófico de Nietzsche conlleva a la virilidad y a la fortaleza. Los débiles y castrados, de esta manera, se consideran buenos y moralistas. Esta ruptura es la auténtica transvaloración.
4) El músculo de Nietzsche es “budista” porque lucha contra el sufrimiento y no contra el pecado. El sufrimiento tiene que ser erradicado de la vida muscular para su desarrollo total. No así el pecado que es funcional a la debilidad de la vida. El budismo funciona como un “manual” para el vivir en consonancia con la fortaleza. Con la vida transvalorada. La ascésis budista no implica ninguna coacción contra el vivir; ninguna regla obtura el desarrollo del individuo sino por el contrario es claramente “egoísta”. El propio Nietzsche demarca la liberalidad y “ausencia de militarismo” en el budismo. La mundanidad y alegría de esta escuela “espiritual” se hacen evidentes; contra al odio cristiano a los sentidos, oponemos la sensibilidad, el joie de vivre.
5) El músculo del Nietzsche cobra despliegue en todos las aspectos antes mencionados (erótico, moral, estético, político). Esta reacción contraria al músculo es producto del utopismo en cualquiera de sus orientaciones (de izquierda, cristiano), es la consecuencia lógica de este estado de enfermedad mórbida. Algo que no es sino incapacidad de mutación, de transvaloración, de adaptabilidad, de creación con el mundo; en el fondo, de profundo desprecio por lo real o bien de absoluto temor por la vida, de debilidad extrema; en el peor de los casos, de imposibilidad de relación con lo existente.
6) El músculo de Nietzsche procede por la diferencia que es legítima; el orden jerárquico responde a las características de la naturaleza misma. La naturaleza animal -como especie que somos pero olvidamos-, no es igualitarista. Todos los animales no tienen las mismas capacidades. Por ello, la “desigualdad de derechos” es condición de posibilidad para que haya derechos. De allí la crítica de Nietzsche al socialismo y anarquismo en su vocación igualitaria que va de la mano de los mismos reclamos y utopismos que el cristianismo. La injusticia será la igualdad de derechos, o bien, la justicia no es igualitaria, la justicia implica la diferencia necesariamente.
Efectivamente, no fue un hombre: fue dinamita. Todavía nos zumban los oídos.


Muy buen artículo. Creo q va más al goce lacaniano q al músculo, q sería del orden del placer, ergo del conformismo, ergo antinietzschiano totalmente, pero claro, estoy hablando desde otro lugar. Me gustó mucho el artículo. Saludos!
Una de las cosas que mas difícil de “tragar” me resulta de Nietzsche es ese “aristocratismo”, ese desprecio del igualitarismo. Creo que en parte tiene razón y en parte se equivoca, que el igualitarismo extremo es perjudicial, pero también lo es la completa ausencia del mismo. Su doctrina, llevada al extremo, podría justificar (o servir para que alguien justifique) cualquier abuso. De ahí mi dificultad para formarme una opinión al respecto.
El artículo es muy bueno. Si no te importa, lo citaré en mi blog. Un saludo.
Sí, desde luego Juan Carlos, lo podés colgar en tu blog o dónde quieras.
Saludos, LD
Esa critica al igualitarismo es dificil de tragar (a mi me pasa LO MISMO) porque los preceptos morales judeocristianos estan muy profundamente clavados en nosotros. El discurso de la culpa es demoledor y es bello pensar la utopia. Pero solo es masturbacion intelectual, no hay nada de real en eso. La demostracion palmaria son las frustradas y frustrantes experiencias (rusa, china, etc) de las utopias del siglo XX. Alli claramente los sueños devinieron en pesadillas. Otra cosa es la lectura que pueda hacer un aleman de los años 30 de este discurso. Pero el filosofo no tiene la culpa de las interpretaciones de sus lectores. Creo que lo unico posible para hacer algo es partir de la realidad y no tratar que la realidad se amolde a nuestra idea, a pesar del intercambio permanente que hay entre los dos ambitos. Esa es, tal vez, la verdadera utopia
PD: Igual “aristocratico” me suena fatal. Sera porque conoci tantos…..
PD2: Tambien creo que tiendo mucho a confundir aristocrata con oligarca.
PD3: Excelente el articulo