Entrevista pública a Juan Terranova por Patricio Zunini
Martes 7 de julio de 2009
Foto: Lucio Ramírez
Desgrabación: P.Z.
[Segunda parte; leer la primera]
Cuando terminás una novela, un proyecto de largo aliento. ¿Al día siguiente?
Me vuelvo loco, no sé qué hacer.
Es día: fútbol.
Sí, tiene que haber una actividad física porque si no… Empiezo a poner cosas en el blog. Hay un desequilibrio.
En realidad, la vida del escritor, la economía tanto material como simbólica es muy desquiciada. A mí me tocó esto. Porque cuando trabajás doce horas seguidas, cosa que me pasa cuando estoy en un proyecto bastante seguido –no estoy faroleando: me pasa de levantarme a las 11 de la mañana y estar hasta las 3 de la mañana escribiendo– es muy desgastante física y mentalmente. Y no hacerlo, escribir poco, también es desgastante. Obviamente, al mismo tiempo que es desgastante hay una cosa de mucho placer. Asimov decía “no hay nada que me guste más que estar enfrente a la máquina de escribir”. Bueno, imaginate si Asimov hubiera tenido internet, que se ha cagado encima mil veces en la computadora.
¿Qué decías, cuál era la pregunta?
¿Cómo encarás el día después?
El día después, sí… Vengo acá a Eterna Cadencia, hago algo. Hago una actividad, pero no es el día después. Es también durante.
¿Te arrepentís de algún libro?
Uy, sí.
Pero no me digas El pornógrafo.
No, El pornógrafo no. A El pornógrafo le faltó trabajo. Vino Romero cuando yo lo había terminado, lo había presentado a un concurso, le había hecho las copias. El concurso al final lo ganó Pablo Alí. Vino Romero y me dijo “¿no tenés algo?” Le faltó trabajo. Yo siento que las historias están buenas pero el trabajo… No me arrepiento de haberlo publicado, pero le faltó negatividad. Yo veo que ahí hay algo medio boludo en el fondo que no me termina de convencer. Tendría que haber sido una novela más ambiciosa. Me cagué, me ganó la ansiedad.
El ignorante es un libro con el cual yo tengo muy mala relación, quizás el peor, lo tendría que haber publicado de otra manera. Pero ahí también apareció el editor, se armó rápidamente eso. Son libros ganados por la ansiedad. Otros no, me parece que están bien. “Los otros” me parecen que están bien. Ahora, la novela que va a salir en octubre la tendría que haber corregido más, pero ya no me la aguantaba más…
Por lo que decís, siempre estás en manos de los demás.
Y viste. Es buena esa, hijo de puta. [Risas]
Me la dice mi psicólogo todos los miércoles.
Puede ser. No: es mentira, es mentira. La ansiedad es mía. No es de los demás. La ansiedad es mía y también yo me embarco en estos proyectos como self distractive… Hay una ansiedad de base, ahora estoy como lentamente viendo hacia el horizonte que eso puede llegar a terminar, o que voy a poder estabilizarme en algún momento.
Desde hace un tiempo decís que existen dos tipos de relatos: el erótico y el político.
Desde hace poco tiempo.
¿Podrías ahondar en esa teoría?
Es una cosa que se me ocurrió hace poco. No sé bien cuándo, estoy haciendo memoria. Pero está bastante bien, porque si vos empezás a leer los libros, hay un relato erótico. Digo: lo erótico no solamente como el coginche, sino como toda la carga de las relaciones sociales alrededor del yo, todo lo que genera. Social: es social el relato erótico. Y por el otro lado hay otro relato social que es el de lo político.
Hay otros relatos, finalmente. Hay uno que es el relato que vendría ser la del narcisismo del escritor, que es cuando aparece el lenguaje. Todas esas pelotudeces, cuando un escritor dice “a mí me interesa el lenguaje, el estilo”. A todos los escritores les interesa eso, no es que les interesa a ellos solos. Es un bleff para no hablar de lo que hay que hablar, digamos. Entonces estarían esos tres campos, digamos.
Me parece que mi literatura empezó como una educación sentimental o reflejando una educación sentimental. Y si ustedes leen La educación sentimental de Flaubert van a ver que está esa idea de la descripción del primer y segundo erotismo. Pero después está la política, también. El relato político funciona en la novela a veces de fondo, a veces en primer plano con mucha fuerza. Me sirve para ordenarme la cabeza, digamos.
Hay un libro fundamental, que para mí es un antes y después: La cena de los notables de Constantino Bertolo. ¿Por qué es un libro fundamental? Porque es un libro que desnuda. Es una serie de ensayos donde se toma la escritura como violencia. La escritura como un poder. Acusa, creo que con mucha prolijidad y mucha eficiencia, cierto humanismo entre berretón y high class de esconder las relaciones sociales y las relaciones de dominación. Muy ligado a la literatura, muy ligado a los libros. Bertolo es un rojo, un español, un gallego que nació en Galicia pero vive en Madrid, muy inteligente, que escribe muy bien y que tiene mucha información y tiene muy claro lo que quiere decir en ese libro.
La fantasía comunista para mí es una fantasía. En este libro se nota mucho. O no se nota tanto, se nota por atrás. Lo que a mí me interesa es ese relato social, finalmente. Nunca mira a una literatura de los oprimidos, pero me parece que es interesante incorporar esa idea. Bertolo se tira directamente contra el narcisismo del escritor, contra ese escritor que se escucha a sí mismo, que no escucha nada más –del cual en la Argentina tenemos muchísimos casos, algunos extremos, otros más pálidos. Y me pareció una interrelación directa. Cómo hacemos para que nuestras novelas tengan sentido social, interpelen a nuestra comunidad.
Después yo –no releí pero– hice la lista de mis lecturas y veía que todo se organizaba un poco alrededor de lo que decía Bertolo. Entré en una cosa bastante paranoica de ver que había libros que me gustaban que justamente a Bertolo le parecían que era una boludez. O que se destilarían.
Me parece que en esa tensión es donde me gustaría escribir, esto es todo muy reciente. De hecho tengo unas tres o cuatro teorías por año, pero esta parece bastante sólida.
Yendo a estructurar algo más, sobre todo –ahora me voy un poco de la pregunta–de cara a cierto ataque o a cierto ambiente. Esto un poco retomando lo que hablamos al principio del escándalo: yendo a cierto ambiente hostil, a la sospecha que hay sobre los escritores jóvenes, para poner un nombre. Como que estamos en la tramoya, que nos vamos a Europa, no escribimos, estamos en la transa. A mí no me parece mal que un escritor –hay muchos ejemplos– como Wilde: escribió una sola novela, un par de cuentos, se dedicaba a rosquear todo el tiempo de una forma genial. A nadie se le va a ocurrir decir que Wilde era un rosquero. Y de hecho lo era. Y su rosca lo llevó a la autodestrucción. Aparte era genial, no me quiero comparar con Wilde. Pero hay gente que se dedica al periodismo, se dedica a la edición y eso impregna de lecturas el ambiente. Hay mucha gente que no ve eso, muchos críticos que se agarran contra eso y es gente muy conservadora en el fondo. Y muy envidiosa. Pero yo sobre la envidia y los sentimientos prefiero no hablar. Ahora, eso es muy conservador.
Es un gesto muy conservador: hay que escribir tratados, hay que escribir grandes novelas. Yo escribo novelas. Yo tengo muchas novelas publicadas, y ahí es como que no se ven. Eso me molesta profundamente, que la crítica haya caído como en esa cosa conservadora. Digo: mis libros están llenos de errores. Lo que parecería que es lo importante es que alguna frase. De hecho, yo estoy pensando ahora que esto va a ser desgrabado en su momento, va a aparecer en la página y va a tener más importancia que todos los libros que escribí lo que diga acá. Pero soy consciente de eso y creo que hace a las lecturas. Es parte de la literatura finalmente. Estoy completamente en desacuerdo con Pron cuando en su crónica dice –te cagué la pregunta, viste; la crónica de Pron fue muy mal leída, pero no importa– dice que la literatura va de leer y escribir libros. No: la literatura es un montón de otras cosas.
¿Por ejemplo?
Grandes equívocos. Relaciones sociales. Pron en esa nota, hace modelo vivo –nos retrata a nosotros– y tiene un montón de problemas y suscita un montón de cosas como suscita su novela, que es una novela excelente, muy bien armada, muy bien contada, muy sensible. Una novela importantísima, sobre todo para demostrarle a la gente que viene y dice “eh, los escritores jóvenes”. Mirá. Es una obra de mucha compenetración del escritor con su objeto narrativo. Entonces retomo: hace modelo vivo y le surgen un montón de problemas. Y lo último que es la nota de Pron es ese enunciado que es leer y escribir libros.
Pero pará: ¿por qué a Pron lo paseás por Buenos Aires cuando viene y al de La voz del interior te llama a contestarle a la semana siguiente? Si lo dos, al final tienen equívocos.
Bueno, tengo una respuesta categórica: el de La voz del interior es un idiota. [Risas]
Le tengo mucho cariño a Pron, le tengo mucho cariño a su humor, a su forma de ser, a esa pose de erudición que tiene, que es una pose pero atrás hay una erudición finalmente. Lo paseé por Buenos Aires y por el conurbano, nos fuimos a ver a su abuela a Laferrere. Y Pron, el alemán, en Laferrere era una cosa impresionante. Sus padres vienen de la militancia peronista. Fue todo muy interesante. Le tengo mucho cariño y pegué mucha onda con él. Y me parece que la nota no se entendió. Y todos los periodistas estaban esperando que yo –que soy el más leche hervida– o que otros salieran a decir “¡eh!”, que hagamos una respuesta visceral. Está equivocado pero me siento cercano a Pron en un montón de cosas.
[Saca unas hojas] Pron escribe eso: “la literatura consiste en leer y escribir libros y que es una actividad virtualmente económica, etc., etc.” Bueno no: esto es falso, es una actividad económica como cualquier otra. Si te dedicás a escribir libros de autoayuda vas a tener un prestigio y un resarcimiento acorde a eso, si te dedicás a escribir libros de literatura experimental vas a tener otros. No es antieconómica, está en tensión. Por supuesto, como todas las actividades artísticas.
Pero Flavio Lo Presti en La voz del interior en la sección Cultura –o Cultural, lo leí en internet–, jueves 25 de junio de 2009 dice: “El mismo Erlan leía la “estrategia Terranova” como el emergente más desnudo de este juego en el que es más importante hacerse una personalidad pública que escribir un libro. Como figura de escritor, Terranova es el efecto de sus cuentos antologados, de sus intervenciones polémicas y de sus memorias de viaje, y no porque sus libros sean todos malos, sino porque eso es lo que se percibe con más fuerza en el circuito en el que ha decidido jugar.” Bueno, evidentemente Lo Presti es el que lo percibe. No es lo que se percibe: es lo que él percibe. Que vaya a ver mis libros. Aparte qué se piensa, ¿que es lo mismo hacer polémica que escribir cuentos o memorias de viajes? No. Y eso es parte de mi obra también.
¿Y la polémica?
También. Y cuando yo digo “a mí los desaparecidos me chupan un huevo” y el boludo de Seselovsky lo transcribe en una actitud de sacar las patas del plato –que ya es un clásico, ¿no?: o sea vamos a jugar al fútbol y aparece el idiota de Erlan contando cómo jugás al fútbol. [Risas]Te vas a Europa y el otro salame tergiversa todo–. ¿Qué decía? Seselovsky lo publica y yo no puedo decir “no lo dije”, porque él me hizo una pregunta y yo le respondí. El vino y me dijo “cómo es esto de la política, ahora estamos todos políticos, ¿vas a escribir sobre los derechos humanos?” No: para mí los derechos humanos no son parte de la política. La política tiene que mirar al futuro. Que la izquierda haya instalado un discurso completamente regresivo sobre ese tema porque tiene que saldar una deuda histórica porque tiene que hacer una autocrítica y empieza ejercer sobre las nuevas generaciones una fuerza completamente negativa, culpógena y qué sé yo, bueno… Él genera una respuesta equívoca, mal formulada, completamente torpe, y yo respondo con brutalidad.
Eso es parte de mi obra netamente. De la manera en que se me va a leer, de los lugares donde se me va a dejar entrar o no, tiene que ver con lo que yo hago. Entonces, esto de que si escribís un cuento o no… Analicémoslo un poco. Vos decís que yo juego en este terreno de las lecturas, pero Lo Presti –que no sé quién es– también hace eso en La voz del interior. Presiona sobre eso. Entabla el diálogo. Es completamente conservador.
El tema Erlan. Dice Erlan en la nota que salió en abril del 2009 en Ñ: “De algún modo quiere sacar a su equipo del fondo –por mí–, quiere salir a buscar el partido y está bien, pero en esa jugada se olvida de la pelota. Algo parecido le pasa con la literatura, la deja olvidada en manos del márketing. Todos sabemos que estos escritores precarizados están obsesionados por el márketing, por las cifras de adelantos, los porcentajes que se lleva buena gente. Terranova se olvida de la literatura que es la pelota con la que se juega el partido”.
Bue. Analicemos un poquito esto: yo soy muy espástico y muy histérico para jugar al fútbol, es verdad. Erlan lo sabe porque juego con él los lunes. Erlan juega bastante bien al fútbol, tiene muy buen desplazamiento, lleva muy bien la pelota, marca muy bien. Yo no, yo voy al arco [Risas], hago cosas medio raras, cacheteo la pelota para arriba. O sea: esta parte de su crítica está bien. La otra parte, la que dice que me olvido de la literatura, me parece que es un profundo elogio. Para él, que es un tipo está en Ñ y forma parte de ese gran malentendido que es Ñ, que genera sentido, y está pendiente –parecería que está pendiente– de la literatura, está escribiendo “Flora y Fauna” que son esas pastillitas, estaría en contacto con lo sublime [Risas]. Y yo estoy en los bares, con los borrachos y viendo a ver cómo puedo sacar un adelanto. ¡Cómo puedo pedir un adelanto! Yo voy a Sudamericana y me llevo todo. Una vez le dije a mi editora, ella me dice “no, esos libros de ahí de infantiles no te los lleves”. ¡Qué no me los voy a llevar! Agradecé que no me llevo el papel higiénico de acá. [Risas] Random House Mondadori. De eso tengo testigos.
Cómo no voy a pelear un adelanto, cómo no voy a estar obsesionado por el dinero. ¡Váyanse a la mierda! Todos estamos obsesionados por el dinero, es real eso.
¿Qué es la institución literaria? No la quiero, no me interesa. Si la institución literaria es estar afuera de las relaciones del capital, estar en San Clemente reseteando la 486 –como también pasa– [Risas]. No, loco. Qué iba a decir, tenía otra frase matadora.
¿Te las estudiaste las frases?
Sí, claro. Yo lo traje preparado. Esa institución literaria no la quiero, te la regalo. Claro: Erlan trabaja para Clarín, cobra un sueldo, nunca escribió un libro, tiene una situación, puede decir, puede achacar un montón de cosas. Pero obviamente, cómo no me voy a olvidar de la literatura. Es muy difícil escribir si uno tiene la literatura con mayúsculas tatuada en la frente.
Traje un libro y les quiero leer un pedacito. El autor dice “a menudo oigo a mi alrededor esta queja: el espíritu literario se va, las letras están desbordadas por el mercantilismo, el dinero mata al espíritu. Estas y otras tantas feroces acusaciones contra nuestra democracia que invade salones y academias, que se trastorna el bello lenguaje, que hace del escritor un comerciante como cualquier otro, que coloca o no sus mercancías según la marca de fábrica, que amasa una fortuna o muere en la miseria. Pues bien: me irritan estas quejas y acusaciones. Cierto es, en principio, que el espíritu literario tal como se entendía en el siglo XVII o XVIII no es en absoluto el espíritu literario del siglo XIX”. Esto lo está diciendo Emile Zola a fines del siglo XIX.
Digo: evidentemente estas intervenciones críticas que saldrían –parecería del sentido común de estos pibes– tienen una larga tradición. Es una tradición conservadora, brutal, represiva, que intenta impugnar. Lo único que falta es que se tiren contra internet. Son inflexiones pero nadie por ahí las lee o me parece a mí en esa soledad pedorreta que tiene el escritor cuando está en su casa, nadie sale a decir “estos tipos son unos conservadores”, trabajan para La voz del interior, trabajan para Ñ. –Si me vas a achacar que publiqué un par de notas en Ñ: me costó un huevo cobrarlas–.
No quiero parecer indignado, pero me parece que necesitamos levantar el nivel de las polémicas para generar una literatura más interesante.
Yo tengo una pregunta más y después abriríamos al público: ¿Cuándo te decidís a escribir crítica de tu –de nuestra– generación? En qué momento vas a decidirte a eso, que me parece que es algo que todos te pedimos.
Sin duda hay un reclamo. No sé por qué, será porque soy un espástico y hablo mucho y todo el mundo me lo pregunta en las entrevistas. Pero también se da una cosa: la pregunta a Terranova y a otros –porque no solamente a mí– por la generación –“tu generación es un efecto de mercado, no hay literatura”– se da porque no leen mis libros, finalmente. O no leen el libro del tipo que están entrevistando. Y ven que hay un movimiento, hay algo, hay lecturas, hay blogs, hay un gran quilombo ahí.
Yo empecé a diagramar…
Perdoname que te interrumpa, pero yo siento que vos tenés la ambición de escribir crítica.
Yo escribí 120 columnas durante 120 semanas en un sitio sobre libros y siento que puedo hacer crítica literaria y que la crítica literaria es una de las formas de narrativa que me interesan. Consumo crítica literaria, me interesa. Pero finalmente es una actividad muy mal paga. Es una actividad a la que hay que dedicarse… Yo, si la Universidad de Buenos Aires hubiera sido una universidad interesada en incorporar gente en el momento que terminé, hubiera sido un scohlar. Hubiera sido un tipo interesado en la crítica como narrativa, en la crítica universitaria. La universidad era parcialmente refractaria, lo cual era peor a que me fuera refractaria en su totalidad.
No me siento atraído por la narrativa que despliega la teoría literaria, pero sí por la crítica. Y mis novelas, espero que vayan hacia una forma crítica. Tengo muchos proyectos como esos. Pero un tiene proyectos como tiene flatos.
Finalmente desistí de hacer algo sobre mi generación porque creo que está todo por escribirse. Ahí se va Molina, que es uno. Molina tiene todo por delante: escribió un libro de cuentos muy acabado, muy maduro, ahora va a sacar una novela. Y yo no puedo escribir de Molina ahora. Puedo estar atento a lo que pasa y lo estoy y me gusta mucho leer a mis contemporáneos, pero me parece que es un poco…
Bueno la novela de Pron es, para mí, la primera novela madura de la gente nacida en la década del ’70.
¿Qué lugar te interesaría ocupar en el futuro en el ámbito cultural? Te gustaría trabajar en un Ministerio, en la facultad…
Parece que voy a pedir laburo. No sé. Quiero escribir. Y jugar al tenis. Creo que sería ideal tener unas canchas de tenis a la mañana, regarlas, jugar un partidito, y a la tarde dedicarme a la literatura.
Hay muchas cosas para hacer en el ámbito de la cultura. En la industria del libro, sobre todo, hay mucho por hacer. Pero parecen todas cosas muy progres. El otro día estaba acá mismo hablando con Quintín –Quintín también tiene unas fabulaciones en el cráneo que son medio complicadas–, pero hablábamos un poco de la Conabip y ahí hay mucho para hacer. Hay cosas que están haciendo que están muy buenas.
Me gustaría tener la potestad política para bajar el precio de los libros. No lo digo como un chiste: creo que es todo un tema que los libros estén tan caros. Los libros argentinos. Hay mucho para hacer en ese sentido, hay una ley del libro, pero bueno, cuando compramos un libro a 50 pesos en realidad pagamos el papel en euros. Esto es una cosa que es real, es un oligopolio del papel, se vende en euros. Van enganchados todos. No una librería como Eterna Cadencia que es una pequeña librería, pero a Yenny le conviene vender objetos de lujo. A los editores les conviene producir objetos de lujo. Caros. Lo más largos posibles: los libros tienen que ser abultados para que cuesten más y es preferible hacer una venta que hacer tres. Ahí hay todo un nudo gordiano porque nosotros tenemos el derecho a exigir que los libros estén más baratos. Y es una discusión que está muy atrasada.
El libro, como todos sabemos, –como dice Bertolo y Bertolo está obsesionado con esto porque nadie lo dice– la escritura es un objeto, un mecanismo de dominación y lo es, es un mecanismo de alienación y lo es, tanto como la televisión, llegado a un punto. Y los escritores no asumen responsabilidad sobre eso. Tienen gestos completamente narcisistas, autistas, desde la década del ’80 seguro –hay excepciones, por supuesto– pero también la lectura y el objeto libro es un artefacto que nos permite ser conscientes de lo que somos, recibir placer, es un instrumento que tendría que estar más barato. Sin duda. Y eso es algo que en tres o cuatro columnas hice alusión al tema. Pero no veo que nadie lo debata, no veo que Ñ se preocupe por eso. Capaz que saca… Pero los libros están carísimos. No es ya: un libro, un jornal; es un libro y una semana. No me quiero ir a la mierda, pero es un tema que habría que hacer presión política.


Me sorprende Terranova. De su autocritica o de su sinceridad.
Ahora elogia a PRON que ahi estoy de acuerdo que de su generacion es un escritor mas que brillante.
Inteligente al no confrontar con PRON, digo he leido libros de Terranova y no estoy a la altura de decir si es un buen esritor o no. A mi personalmente su narrativa me parece pobre.
La entrevista de todos modos resulta interesante.
Saludos. MAURO
Terranova es uno de los pocos escritores jóvenes y viejos que dice cosas que no se quieren escuchar. Eso es valioso.
Yo supongo que será porque en general uno tiende a no querer escuchar boludeces, género en el que Terranova insiste día a día. Pero, es verdad, tiene de encantador su barderismo compulsivo. Como diría Sabina del Diego, Terranova tiene todo mi apoyo como bardero, no como escritor.
Respecto de la teoría del relato erótico y el relato político… Juan, The Buenos Aires Affair del Manolo. Las dicotomías literarias traen consigo serios problemas estructurales.
“Me parece completamente condescendiente y siempre hay en sus novelas un desaparecidito que sufre [Risas]”
Yo no lo puedo creer, para hablar de lo que no se quiere escuchar hay que ser más inteligente porque precisamente no es algo que quiera escuchar.
La provocación a esta altura de las cosas no significa nada, absolutamente nada. Sólo queda el estilo, la forma, la sutileza, la elegancia… todo lo que Terranova no tiene al hablar.
En su afán por ser el loquito de turno se contradice todo el tiempo dejando a las estrategias en carne viva.
“Es un gesto muy conservador: hay que escribir tratados, hay que escribir grandes novelas. Yo escribo novelas. Yo tengo muchas novelas publicadas, y ahí es como que no se ven. Eso me molesta profundamente, que la crítica haya caído como en esa cosa conservadoral”
He leído algunas cosas de él (puedo decir intenté leer) y también leí esta nota, la única sensación que me queda es el deseo de volver a leer grandes novelas, de volver a escuchar a grandes escritores. Creo que es eso lo único que provoca lo que dice y lo que escribe. Debería preguntarse por qué la critica responde de la misma manera con su trabajo, por qué se vuelve tan conservadora especificamente con él.
Lo único que queda en claro es que no vale la pena.
Otra que no lo lee y lo crítica. Son legión.
Estimados contertulios:
Creo que en el reportaje, Terranova ha deslizado una idea esencial para la comprensión del arte: la autonomía del hecho estético. Allí están sus libros. Son cinco desafíos que ha lanzado al mundo. Tiene toda la razón en insinuar que sólo ellos merecen ser juzgados. Siempre me ha parecido más sensato ante la figura pública de un escritor reservar el elogio o la reprobación para sus escrituras.
Mis respetos
G.B.
PD: No quiero dejar pasar la oportunidad para agradecer a Eterna Cadencia por la conferencia del miércoles sobre literatura irlandesa. ¡Qué tema! Me fui de la librería más rico y feliz de lo que había entrado.
El que este libre de contradicciones que tire la primera piedra. Es evidente que cuando el pibe habla a mucha gente le pica el culo.
A pesar de eso o justamente por eso espero que no pierdas eésta claridad (sonó a consejo pero es un deseo)… “De hecho, yo estoy pensando ahora que esto va a ser desgrabado en su momento, va a aparecer en la página y va a tener más importancia que todos los libros que escribí lo que diga acá. Pero soy consciente de eso y creo que hace a las lecturas.”
En una nota hace un par de años para la ROLLING STONE Terranova decia algo asi que los escritores que viven afuera y publican aca le importaban una mierda.
Ahora piensa distinto parece. Digo, hacerle una entrevista a un escritor y que todo el contexto (en su gran mayoria) y hasta los comentarios hablen solo de temas ajenos a la literatura no habla bien de el.
No me parece un escritor maduro, se nota en sus libros.
Me parecio raro que no haya hecho alusion a las cosas que divulgo PRON pero en cieto punto no lo convenia.
Hay años luz entre ambos escritores.
A mi criterio deberian entrevistar otros escritores, yo creo que Terranova no tiene mucho para decir que no hayamos oido ya.
Me quedo con una frase que lei en un blog
“Para la pose estamos demasiados grandes”
Saludos
JUAN
Nos podemos juntar los jueves para hablar de Juan Terranova?, No sabia que habia taaantos terranologos en la comunidad blogger. Creo que esta via no me aguanta el vagon muchachos, podian venir para hablar con el maestro JT si tenian ganas el martes.
Qué exagerados son todos, che. Los libros de Terranova no parecen pretender mucho y son bastante divertidos.
A mí El pornógrafo me solucionó un viaje en micro (ok: le tengo fobia a los micros).
O sea: ¡no me tuve que falopear, chabón! ¡Me entretuve leyendo El pornógrafo durante todo el viaje!
En lo que a mí respecta, desde entonces, el chabón es un ídolo.
He aquí la mejor cualidad de Terranova: fomentar el bardo. Cosa que está más que bien.
Que los críticos son conservadores… pero ni duda! La cantidad de estupideces estructurales que dicen sobre Casas, por ejemplo… hasta queriendo hacerle el aguante la complican.
Que los que escriben desde afuera y publican acá deberían chuparnos un huevo… nunca más cierto.
De la misma forma que debería chuparnos un huevo una novela como Mi nombre es rufus, chanta como revolution 9. De la misma forma que habría que taparle la boca con un calcetín a los críticos cuando intentan defenderla.
Aguante Stockhausen y Revolution 9.
Ojo que el snobismo es un peligro, Julieta. En dosis altas te arruina el riñon.
Te escucho, Ezequiel. Estoy segura que vos sabés mucho más que Stockhausen y los Beatles juntos.
Terranova es un poco mejor que Cucurto ( lo que no dice mucho) y no tan malo como Fabián Casas. Sus provocaciones entretienen, no tienen fundamento pero entretienen. Quizá muy derechoso, vulgar en ése sentido. Habrá que esperar al otoño, a ver sí surge algo nuevo. Porque la literatura a nivel nacional viene muuuy mal, hay que decirlo.