Por P.Z.
Hay ciertas cosas que una no puede hacer descalza, de Margarita García Robayo. Comencé a leerlo con un interés moderado y llegado más o menos a la mitad del libro me di cuenta de que no podía dejarlo. Era la una de la mañana, estaba cansado y al día siguiente tenía que levantarme temprano, pero no podía dejar de leer. (Curiosamente, eso mismo me pasó con otra mujer: Samanta Schweblin y Pájaros en la boca).
Los nueve cuentos forman un todo: nueve mujeres que protagonizan una historia –los cuentos no tienen un título, llevan el nombre de cada una–, pero que entran y salen de las otras ocho. Y sin embargo, lo que manda es la soledad. Cómo se relacionan con la soledad. Se enfrentan, la sufren, la sobrellevan, la buscan, la aceptan. (Me preguntaba por qué un libro escrito por una mujer en la que todos los personajes relevantes son mujeres me atrajo tanto. Creo que es por esa idea de soledad: la soledad no tiene sexo.) Enmarcando esas soledades, lo urbano: la televisión, la plaza, el bar, dos ventanas de edificios vecinos.
Rina sigue las competencias de Susy por televisión como si fuera ella misma la que compite. Susy, más inteligente que linda –coronada ocho veces como niña genio y actualmente a punto de coronarse en l campeonato del programa Fuera ignorantes–, no consigue en despertar en su padre una palabra de aliento. Sofía espera con angustia que su marido vuelva de una misión médica en África: “quiero hacer el amor con mi esposo, Mary, es todo lo que quiero”. Se lo dice justamente a Mary que ya no tiene el calor de Miguel en su cama.
Las mujeres se rozan, se entrelazan, se chocan, se separan. En la presentación del libro, Mariana Enríquez (concuerdo con todo lo que dijo aquel día) había adelantado que las historias no se resuelven. A pesar de tener el dato, igual me dejé envolver en la trama: cada vez que una mujer aparecía en otro cuento pensaba “ahora voy a saber cómo sigue su vida”. García Robayo te deja con la lengua afuera.
Cada final es demoledor, especialmente el de Mary. Disfruté muchísimo el libro, pero también, cuando lo terminé, apagué la luz del velador y abracé a mi mujer: la abracé como se abraza a una tabla de salvación.|

Entonces te gustó…
También lo devoré en una noche. Me encantó el mapa de sugerencias, nada está dicho plenamente pero todo está ahí, adelante del lector. Los cruces corales de las mujeres, inmejorables. Saludos.
[...] de NathanEnglander y Hay ciertas cosas que una no puede hacer descalza<http://blog.eternacadencia.com.ar/?p=3045> de Margarita García Robayo* Luis Diego Fernández retoma [...]