Por P.Z. Fotos: Lucio Ramírez
Pide un café con leche. Es lo único que pide y lo único que toma: durante la entrevista casi no va a mirar el agua mineral que le sirven, tan metido en la charla.
No toca: la guitarra viaja sólo para la foto. Para tocar se necesita generar cierto clima que se va generando a medida que se toca. Un par de canciones y basta sería como un coito interrupto. No hay satisfacción en el músico, por ende, difícilmente lo haya en el público.
No toca: es tiempo de las palabras. Gabo dice: “No es posible que un papá le compre a la hija en el supermercado con la tarjeta de crédito un disco de rock. ”. Y dice: “Cuando me comparan con Miguel Abuelo yo creo entender lo que pasa: la inquietud de que no puede haber nadie más o menos original en tu ciudad. Entonces los periodistas hacen un proceso de asimiliación, pero en realidad es un proceso de anulación”.
La entrevista lleva un orden cronológico: el inicio en el hardcore, el silencio de años, el regreso al escenario. Los discos que se producen año tras año. Pero el orden es aparente. Rápidamente se rompe, se atraviesa, se espirala, se olvida. Gabo es un entrevistado dispuesto, gentil. Responde incluso aquellas preguntas que seguramente ya ha contestado cincuenta, cien veces antes. Tal vez por eso la entrevista se vuelve caos. O tal vez se vuelve caos porque el ambiente que propone Gabo invita a que nos olvidemos que hay una entrevista.
El entrevistador pregunta, Gabo responde:
¿Te sentís cómodo en la experimentación?
Mucho.
Todos los discos son experimentales.
La verdad que todo el mundo supone que mis discos son bastante poco arriesgados, que son canciones con unos cuantos acordes. Pero hay que meterse un poco para ver que hay juego por abajo, y que hay mucho azar. Que hay mucho de “que suceda la que suceda y sucedió esto, vamos a ponerlo”. De “se cambió tal cosa y dejala”. Y cada vez me estoy entregando más a esto.
El público pregunta, Gabo responde.
¿Cómo se te ocurrió en que Rosas podía ser un vampiro?
Lo que me interesó como estudiante de Historia era que había un lugar que era poco serio para la Historia: la historia cultural, la historia de las ideas. Una vez había visto a Don Félix Luna decir “Punto. Del rosismo no puede decirse nada más, ya no hay ningún papel que aparezca. No hay nada más, el rosismo se ha clausurado”. Eso para mí fue como tirarme el guante, la historia no la podés clausurar. Entonces, de qué tema se puede entrar al rosismo. A mí me parecía –entre otras cosas que no vi y seguramente alguien verá– que cuando se referían a Rosas, en fuentes no sólo literarias sino también plásticas y en los 150 años de historiografía, siempre caían en las mismas metáforas: sangre, monstruo, monstruo, sangre. Cuando empiezo a revisar encuentro que los dos lados –tanto rosistas como antirrosistas– eligen estas dos metáforas. Pero me llama la atención la tercera, que es la del vampiro. La usa la Generación del ’37 y los rosistas no saben cómo usarla. De hecho es una figura del vampiro pre Bela Lugosi. Eso también me resultaba interesante: ver una figura de vampiro antes del vampiro que tenemos en nuestro imaginario.
En todos los casos, Gabo responde. Y sorprende. La hojita ayudamemoria del entrevistador –o sea: yo– se plaga de marcas, palabras que se chocan, se superponen. “Psicología, sangre, Spinetta, novela, John Cage, metáfora”. Puertas que se abren.
¿Te interesa escribir un libro de poemas?
Yo escribo letras de canciones. En las letras de canciones está todo lo poético que puedo ser. Yo no veo a la letra de canción como un casi poema o un poema. Yo siempre fui crítico cuando en las clases de literatura progres, nos daban las letras de Charly y Spinetta para analizar. Canciones que a mí me parecían divinas, cuando veía las letras solas decía “esto es una porquería”. Ahí fui entendiendo que el discurso de la canción es un discurso doble, la letra potencia y dice otra cosa que es esa suma de letra y música. Todo lo poético que puedo ser está dentro de la canción. No puedo escribir más que eso y para mí la poesía es más que eso. Yo llego hasta ahí, y estoy conforme.
La entrevista termina y tras el aplauso un remolino de personas se le acercan. Un chico le entrega un dibujo: un rompecabezas de Gabo en cuatro servilletas. Recibe –recibe– el afecto de los que vinieron a verlo. Se percibe cierta comunión entre el público y él. El saludo final se extiende por varios minutos.
Al final del día me envía un mail pidiendo que no desgrabemos la charla –los pequeños pasajes que aquí se publican fueron antes aprobados por el propio Gabo–. Esa intensidad que se generó en la librería no se puede reproducir en un texto escrito. Hay frases que se dicen en la confianza de la intimidad que, desprovista de tonos, gestos, silencios, pueden prestarse a malinterpretaciones. Pueden lastimar. Para la próxima, lo mejor es venirse a la librería. Pide que no desgrabemos la charla. Y es la mejor propaganda que nos pueden hacer.
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Cómo estuvo la presentación del libro de Ronsino? Alguna crónica? Me lo perdí, pero la novela está buenísima!!
Que buena foto, Lucio, esa en la calle.
La presentación estuvo muy linda, mucha gente, los dos presentadores (y despues Ronsino) leyeron muy lindas cosas (que si nos las mandan las subiremos al blog). Todo salió muy bien, había muy lindo clima