Por P.Z. Fotos: Lucio Ramírez
Alguien que lo conoce bien, alguna vez me dijo que Luis Diego Fernández era un grafómano. A juzgar por la cantidad de trabajo, bien podría serlo: colaborador habitual de la Revista Ñ y el Suplemento Cultural de Perfil, mantiene la columna del Filósofo Pret-a-Porter en la Revista Gata Flora, desde hace unos meses publica quincenalmente La cadencia del filósofo en este blog y actualiza cotidianamente su blog, LDF Lounge.
A esto hay que sumarle la reciente aparición de Furia y Clase, un breve libro publicado por Editorial Paradoxia que, a pocos días de salir al ruedo, ha conseguido generar un pequeño pero significativo alboroto en el ambiente literario.
En Furia y Clase, Luis Diego Fernández aborda la filosofía hedonista de una forma inclasificable incluso para él mismo: “Cuando me preguntan por el género no sé qué decir. No es una novela, no son cuentos, tampoco es un ensayo estricto. Es un híbrido, como dice Damián Tabarovsky en el prólogo. Igual yo creo que mi discurso está más cerca de la filosofía: hay un personaje, pero es como los personajes de la filosofía. No es una novela en sentido estricto. Según Luis Chitarroni son descripciones hedonistas.”
¿Cómo se define un lounge? ¿Un living, un salón vip?
No sé si es un vip. A mí un vip me resulta muy diferente de un lounge. Para mí un lounge es un espacio de relax. Es un lugar donde uno se relaja, donde lo más importante es el ocio, estar tirado, escuchando música, leyendo, con un trago, con un habano, viendo gente pasar, hablando con alguien. Donde influye mucho el azar. Con quién habla uno es muy azaroso. De repente hablás con alguien dos palabras, después hay un cruce de miradas y hablás con una chica, ves un detalle que te gusta. Hay mucha seducción también en el lounge. Influye mucho la mirada y cómo estás conectando con partes totalmente distintas de las personas. Puede ser con un detalle de su ropa, con la mirada, con una copa de vino, con lo que sea. Pero el lounge es más un lugar de ocio que vip, porque no necesariamente implica que cierta gente pueda acceder y otra no. No es tanto de elite sino un lugar de ocio.
Hay una reivindicación fuerte del cuerpo y el placer.
Sí.
En el libro decís: “la izquierda nace del placer”. Marx y Engels como dos bon vivants, gourmets…
Es verdad. Yo juego mucho con eso porque hay una idea que supone que la izquierda es muy puritana. Si uno ve la historia de los partidos comunistas, en general fueron muy puritanos, sexualmente también. Es curioso porque Marx y Engels eran dos bon vivants. Marx fumaba habanos, comía bien. Engels tenía una bodega en su casa impresionante, tenía muchos caballos de carrera, tenía dinero. Engels era un tipo de dinero, Marx no, pero los dos vivían muy bien, eran dos tipos hedonistas. Entonces es curioso lo que después explota el comunismo, porque el comunismo fue una ideología donde el placer tenía un lugar bastante perimido. En las grandes estructuras –la Unión Soviética– no había mucho espacio para el placer. Más bien todo lo contrario: había espacio para la disciplina. Sin embargo, el comunismo nace de dos hedonistas. Esas son las cosas que a mí siempre me interesan ver. Romper las cosas dicotómicas, que no es blanco y negro. Si no que cuando nace alguna historia, alguna filosofía, siempre tiene atrás algo contario. Siempre hay un contrasentido en todo. Eso es medio irónico también, yo en el libro juego con la parodia. Un juego de opuestos.
¿El libro permite diferentes entradas, diferentes recepciones?
Ya de entrada con las citas de Luis Chitarroni, Damián Tabarovsky y Lola Copacabana… Son tres personajes completamente diferentes, ahí ves tres lecturas muy diferentes. Luis Chitarroni lo entiende como un libro que está apuntado a la moda y al dandismo. Después está lo que ve Damián, que para él es un libro casi de biopolítica, de filosofía biopolítica. Menciona el libro de Cippolini, el de Porta, que son libros pop. Creo que también es un libro que se lo puede leer en clave pop. Finalmente lo de Lola –que es muy amiga mía y yo lo pedí que me escribiera una frase–tiene que ver con la cosa medio blogger. En los blogs se puede experimentar, jugar con las palabras. Yo creo que son diferentes lecturas que hablan mucho del libro. Es un libro que lo pueden leer Luis Chitarroni y Lola Copacabana: ahí tenés un arco bastante importante. Y es bastante significativo: podés entrar de diferentes lugares. De hecho cada uno puede entrar por donde quiere.
El libro tiene muchas aristas, pero quizá sólo dos tiempos: un tiempo en donde aparece el dandy desapegado y, cuando entra en juego la filosofía, se pone más furioso.
Es posible, porque tiene un registro doble. Tiene esa cosa narrativa, hay un personaje que es el filósofo hedonista, que es como un alter ego mío, aunque yo no coincido 100% con lo que dice. Hay cosas que dice que me parecen un poco extremas. Pero sí, es verdad, tiene un tono narrativo. Hay mucho distanciamiento ahí. Después cuando está el tema de la reflexión filosófica que se mezcla con esa cosa de ensueño, hay una ensoñación, casi un fluir de la conciencia, y sí me parece que se pone más crítico. Es muy duro y baja línea.
¿Por qué la puteada no sale como una frase y sale como una sola palabra?
Porque eso es muy propio de la calle. Viste cuando estás en la calle y escuchás lareconchadetumadrehijodemilputa. Escuchás como una puteada así de larga, escuchás todo junto. No hay una separación sintáctica, sino que es como rajarse una puteada toda entera. Yo creo que es eso, pero también tiene mucho que ver con la parte de furia. El libro tiene dos partes, como vos decís, una parte furiosa y una parte más distante, que es la parte de la clase. Que también hay que ver cómo se lee, porque clase también implica “clase social”. Uno puede entender clase como alguien que es distinguido, elegante. Pero clase es una categoría marxista, la categoría de clase. Eso también me interesa jugar: depende con qué prisma mires, puede ser la clase del dandy que es un tipo elegante o la clase social marxista. Hay una diferencia ahí. Pero vuelvo a lo que vos decís de la puteada. La puteada es un instrumento que encontré desde el punto de vista lingüístico para hablar de furia, para manifestar cierta furia. Cuando aparece la puteada siempre trato de decir algo furioso, algo crítico. Cuando viene la puteada viene algo crítico.
“Te vamos a pisar con los zapatos de cuero de cocodrilo”.
Esas eran imágenes que se me veían también del cine. Ahora estoy viendo mucho Tarantino. Tarantino siempre tiene eso, los gángsters de él son muy dandies. Son tipos que se visten con corbatas, con zapatos caros, con relojes. Sin embargo son subversivos. Son como subversivos con trajes de 500 dólares. Una cosa así. Es una imagen que yo saqué de mucho cine que vi.
Hay muchas menciones al cine. Full metal jacket, V de Vendetta, Matrix.
Creo que menciono a Goddard. Estudié cine antes de estudiar filosofía. Vi mucho cine, quedó en mi formación mucho cine. Hay mucha mención al cine, mucha mención a la cultura pop. Luis Chitarroni dice que despilfarro marcas, nombres, continuamente.
En eso hay como un juego de superficialidad en la mención, pero trabajado de forma profunda.
Eso es lo mejor que me podés decir porque es lo que busqué, en definitiva. Es un libro que supuestamente habla de cosas frívolas: justamente habla de superficialidad de la frivolidad. Pero lo que yo intento demostrar es que supuestamente lo que se dice que es superficial es lo más hondo. Porque yo no creo que haya cosas profundas. Eso es un poco lo que tiene que ver con mi filosofía. Soy un tipo que tiene una formación muy epicúrea, que cree en el placer, cree en el cuerpo, cree en lo que se puede tocar. Por lo tanto yo no creo que haya cosas profundas que sean inasibles, que vos puedas llegar por tu intelecto a algo que no puedas tocar. Soy muy sensual. Yo creo que la profundidad está en la superficie, eso implica mucho cómo uno mira la superficie. Implica ver gamas en eso, grados de profundidad. Ahí aparecen los whiskys, aparecen los habanos, aparecen otras cosas. Pero yo parto de eso: que no hay cosas supuestamente profundas a las cuales no podés acceder y cosas que son superficiales a las que están accediendo todo el tiempo. Me parece que esa es una posición muy platónica, ahí tengo una posición filosófica: no soy platónico. Uno tiende a pensar que lo más importante nunca está presente, está en otra parte. No. Para mí lo importante es esto. Este té que me estoy tomando ahora, esta charla que estoy teniendo con vos. No hay otra cosa trascendente que yo crea que es importante.
¿Es políticamente incorrecto hablar del hedonismo hoy?
Depende. Porque me parece que hoy hay una cultura hedonística importante. Pero entendida como consumo. Ahí también hay que hacer una separación muy grande. Yo sigo mucho a Michel Onfray, que es un filósofo francés que tiene una teoría del hedonismo donde él asocia el hedonismo a otras corrientes que van desde cosas muy subversivas como Bakunin que es un anarquismo hasta pasando por cuestiones estéticas muy agresivas como el eat-art que se come cosas y vomita. El dice que, en verdad si uno es hedonista, no es un consumista. Alguien que es hedonista es alguien que no consume, alguien que sabe gozar de las cosas, de las bebidas, los alimentos pero que no necesariamente implica consumo. Es alguien que goza con poco. Lo que pasa es que, en general, vos cuando leés un diario, una revista, cuando prendés la tele, siempre se asocia el hedonismo con el consumismo.
Con el menemismo.
Exacto. Y en verdad es lo contrario. Eso no es hedonismo: eso es consumismo. Yo creo que el hedonismo es una forma de resistencia. El placer es una reivindicación del ocio, que es antiproductivo. En definitiva no hay nada más antiproductivo que el placer, porque no estás haciendo nada. Estás gozando del sexo, de la comida, es un momento de reivindicación de tu individualidad. Hoy el hedonismo es un acto de subversión. Ahí lo conecto con el dandismo porque el dandismo en algún sentido es eso: una figura de resistencia individual. El dandy es un tipo que resiste el aparato productivo. Es un ser ocioso que está paseando por la ciudad, que seduce a todo el mundo, que toma un vino, que come bien, que usa buena ropa, etc. Pero también hay un error de lectura con el dandy. Porque al dandy se lo ve como un tipo conformista y nada que ver. Si vos ves la historia del dandismo, el dandismo es una escuela de subversión política. Es una rebeldía individual que nace en Inglaterra en el siglo XVIII. Realmente eran rebeldes individuales. Eran muy anarquistas en el fondo, porque querían el individuo y no la sociedad. Desde Wilde a Proust. Hay textos de Camus donde habla del dandismo. Eran realmente casi subversivos. Lo que pasa es que no eran subversivos como se entendió después. Es una figura muy mal leía el dandy. Siempre se lo entiende como alguien conformista, alguien que hace un culto del yo puramente narcisista cuando –me parece que hay algo de eso, pero– ese culto al yo también es un signo de rebeldía. Es un signo de manifestación de yo en tanto individuo, que tengo derecho al ocio, que no tengo que trabajar. Esa es un poco la crítica.
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Me temo que la frase ‘hoy el hedonismo es un acto desubversión’ es muy poco feliz. Es uno de los valores más dominantes entre amplios sectores de los sectores medios urbanos y el eje de campañas publicitarias, medios masivos y un emorme aparato de ‘cultura legítima’ en las ciudades de occidente desde los últimos veinte años. Es tan, pero tan dominante que atraviesa incluso las identidades y el pensamiento de una nueva izquierda festiva cada vez más preocupada por la ‘experiencia’, el placer y la autocrítica que por la capacidad de diálogo con una ‘alteridad plebeya’.
Uno pregunta que me haria es ¿porque los ultimos veinte años produjeo ese revival anarco-dandysta y la ‘conversión’ en masa de una izquierda triste? Seguramante por las mismas razones que los cristianos de las clases populares se convierten al pentecostalismo. Para tener una vida más confortable.
¿Será que el viejo tema del individualismo vitalista se pasa como tragedia y vuelve como comedia?
En fin, ni bueno ni malo, simplemente un valor publico absolutamante presente en cualquier lenguaje que se pretenda contemporáneo.
Creo que te equivocas al pensar que hedonismo y consumismo son cosas tan diferentes. Reservar un acto hedonista de un sector reducido de las clases medias como el que describis como una práctica de resistencia opuesta al consumismo es desconsiderar la afinidad electiva que los une.
Dos grandes libros somo El nuevo espiritu del capitalismo (Luc Boltanski) y The romantic ethic and the spirit of modern consumerism (Collin Camblell) muestran muy bien como es realente muy dificil seguir separando ‘resistencia’ o ‘dominación’ en un cuadro mucho más complejo donde los valores del placer constituyen el eje de un orden cultural.
Tu libro es muy bueno de cualquier manera. Felicitaciones
Saludos
Hola Nicolás, muy interesantes tus observaciones.
De todos modos a raíz del tema de la “conversión en masa” de la izquierda hacia cierta anarco-dandysmo no se bien a que te referís. No lo veo. Yo sólo hablo desde mi óptica. No soy de izquierda, nunca lo fui. En todo casi estoy más cerca de un anarco-liberalismo o libertarismo -como le llaman los norteamericanos-. Yo creo en la libertad individual a todo nivel: económica, social, sexual, etc.
No creo que el hedonismo predomine, en todo caso, predomina cierta vulgata del hedonismo. Pensá que el hedonismo surge de un modo negativo en Epicuro y Demócrito. La primera idea de placer es negativa: “ausencia de dolor”, no propiciarlo ni mucho menos consumir.
Otro tema interesante es la relación dominación/resistencia. Tal vez no queda claro en la entrevista pero mi óptica del poder parte de Nietzsche y Foucault: es decir de un poder multipolar y productivo, no represivo. Yo no creo que haya una resistencia afuera del poder, uno nunca “sale del poder”. Como decía Foucault: “dónde hay poder, hay resistencia”. Sí creo que la forma de resistencia es haciendo de la propia vida de uno una estética de la existencia, es decir, una ética de la forma -tal como se señala en la Historia de la Sexualidad- y no de la norma (que siempre disciplina y “normaliza”).
Un placer intercambiar ideas con vos.
Abrazo, L.
El principio de placer (superviencia en sí mismo, es decir, el círculo de la identidad) iguala consumismo y hedonismo. Sólo que el hedonismo juega con el hecho “alta cultura” a favor, contra la asunción de la cultura de masas que hace al consumismo: ahora bien, desde un punto de vista ético son lo mismo. Culto del individuo y de la experiencia privada, de clase, del sujeto liberal. De ambas experiencias no se puede esperar ningún principio social transformativo, sino conservador -sin riesgo alguno-. Todo lo contrario de Nietzsche, que llegó a poner en tela de juicio el principio de individuación burguesa que defiende el hedonismo. Niezsche hace saltar en pedazos la conciencia del placer. Ahí, hasta la raíz del “sentido” queda quebrado. Lo que en el siglo XIX fue revolucionario con Baudelaire o Rimbaud (dandysmo) hoy puede ser perfectamente reaccionario, por eso hace falta actualizar hermenéuticamente toda la cultura, siempre. Creo que el muchacho ha confundido los términos. El sujeto tradicional del hedonismo ha quedado desmantelado por la crisis de la modernidad y el sujeto moderno en tanto que sujeto colonizador (ego cogito/ego conquiro). La hipóstasis del alimento, por hablar con Levinas, sólo es algo transitorio en tanto que experiencia del placer en la consitución del sujeto ético. Más allá, el saber adulto, la razón crítica o emancipadora, poco tiene que ver con el hedonismo, sino más bien con la ética de la alteridad. Escribo de corrido, perdón por alguna imprecisión. Saludos.
Interesante tu comentario, Fer. Efectivamente, es cierto lo que decís del culto al individuo y la experiencia privada del sujeto liberal -del que inevitablmente formo parte. De hecho la idea de “subversión” para mi hay que hacerla en el marco también del consumismo. Respecto de Nietzsche que hace “saltar en pedazos la conciencia del placer”, no lo creo. Sólo basta leer La Gaya Ciencia o Ecce Homo para ver que no es así. En Nietzsche hay un hedonismo muy marcado. Recuerdo muchos párrafos en la Gaya Ciencia sobre el epicureísmo y el maestro Epicuro. Verdaderas loas.
Un placer cambiar ideas contigo, L.
Es cierto lo que dices, lo que sucede es que “Nietzches” hay muchos, como sabes. Aunque sí creo que su crítica a la individuación burguesa es algo objetivo y constante, toda una tarea histórica. Luego vendría Freud, que ve el hedonismo como un reflejo. Hay apreciaciones interesantísimas de Freud en ese sentido. De todos modos, no tomes lo dicho como un reproche, no es mi cometido ni mucho menos. Sólo quería sacudir un poco el discurso. Quizá alguna vez se pudiera discutir la cuestión. Saludos.
[...] (de la entrevista hecha a Luis Diego Fernández en Eterna Cadencia) [...]