:: Entrevistas ::

Eso que somos o creemos que somos

04-09-2009 |

Por P.Z.

Carlos Ríos, tras vivir ocho o nueve años en Puebla (México), ha regresado a su Santa Teresita natal. Y en medio de ese viaje consiguió dar vida a un mito moderno con la breve y poética “novela swahili” Manigua (Entropía), que también habla de un viaje.

En poco más de 60 páginas, con una narración que reproduce el relato oral, seguimos los pasos de Apolon, un joven que debe ir a la ciudad en busca de una vaca que será sacrificada ritualmente cuando nazca su hermano. Si no la consigue, será castigado con la muerte: lo atarán a un palo hasta que muera de sed. Ese viaje, iniciático, definitivo, lo pone en relación con otros clanes, con la impostura, con el disimulo. Un mundo complejo que a cada momento reevalúa el peso de la vida.

carlos ríos
Foto: Entropía

En una entrevista por mail, hablamos con Carlos Ríos de Manigua:

¿Qué te llevó a escribir una novela aparentemente tan alejada de nuestra historia?

Yo la veo muy cerca… cerca de mi historia y por consiguiente inserta en una historia colectiva, la “nuestra” a la que te referís. Bajo la apariencia de un escenario africano se camuflan miradas argentinas, brasileñas y mexicanas. Hay elementos biográficos enlazados con la provincia costera, las vacas y el mar presentes en Manigua. La primera versión de la novela fue escrita antes de regresar de México, donde viví siete años, y está atravesada también por esa lejanía de la cual hablás. En todo caso, hay una serie de lejanías que la novela concentra, confunde, y transforma en cercanías más o menos detectables.

¿Manigua es una novela pesimista?

No, no creo que Manigua sea pesimista, al menos no fue concebida así. Yo disfruté mucho al habitarla los meses que me llevó escribirla, y hay en ella episodios de felicidad en un mundo que está en proceso de disolución. Aún en retirada, en plena desintegración, la vida se celebra. El relato de Apolon es el último alimento que recibe su enésimo hermano antes de morir. Ese relato, que es a la vez la historia de un mandato tribal y un acto amoroso, atenúa su sufrimiento.

¿Cómo funciona la ciudad en la novela?

Es una construcción amenazada y prodigiosa, fundada por un líder y alterada por diversas individualidades que la transforman cuando la piensan y la habitan. Supone un refugio, uno de los pocos elementos en la novela que configuran pertenencia, a pesar de ser una ciudad muy frágil e inestable.

¿Y la relación entre tradición y progreso?

En el presente de la novela no hay distinción entre tradición y progreso… forman algo único, un presente particular que ha suscitado el comentario de que Manigua ocurre en un mundo primitivo y a la vez posatómico. La fuerza del presente, su potencia, radica justamente en que el relato de Apolon hace que todos los tiempos se hagan uno.

¿Por qué la trama se desarrolla en fragmentos breves? ¿Se puede entender que ahí hay una vinculación con la poesía?

La brevedad de los capítulos tiene que ver con la escritura de poemas, en el sentido de generar un texto completo, plegado sobre sí mismo, que concentre en la medida de lo posible la intensidad de la expresión poética. Por otra parte, escribí Manigua como si llevara un diario personal: un capítulo por día, generalmente entre las seis y las ocho de la mañana, que diera cuenta de la memoria del día anterior, todo eso que vi, presentí, leí, soñé y escuché. En ese tiempo diario de escritura se redondeaba siempre un capítulo breve. Y bueno, me cuesta mucho encarar un proyecto con la argumentación propia de las novelas largas, siento que la intensidad dramática se evapora y termino aburriéndome, abandono.

Hay una lista de palabras que dice Apolon que evidencian la influencia de otras culturas en la lengua del clan al que pertenece. ¿Cómo afecta ese pasaje en la novela?

Ese pasaje donde aparecen palabras en swahili con su correspondiente traducción representan el reverso del lenguaje en la novela, como si el narrador dijera “del otro lado de Manigua hay esto, puro texto swahili y no otra cosa, es una novela swahili puesta al revés para que sea entendida”.

¿Qué importancia creés que tiene hoy el relato oral?

La que tuvo siempre… siempre hubo un único relato, el de una puesta en voz para que otros escuchen. Ese relato ha migrado de soportes sin perder ese impulso inicial e indispensable que no deja de cuestionar acerca de nosotros y responde, con aparentes certezas y nuevas preguntas, sobre eso que somos o creemos que somos.

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