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Madre, estos son tus hijos

13-02-2009 | ,

Por P.Z.

La literatura, como la geografía, es caprichosa: los mojones que delimitan territorios, zonas de exclusión, grupos de interés son arbitrarios. Y en el caso de la literatura, se instituyen a posteriori: sólo luego de un tiempo prudencial, se puede señalar el carácter fundacional de un hecho (el lanzamiento de un libro, la reunión de un grupo de escritores que abrazan una nueva corriente,  la realización de un festival).

En 2005, Maximiliano Tomas convocó a veinte escritores para una antología de relatos.  Los criterios de selección eran pocos y claros: “haber nacido en la Argentina a partir de 1970 (es decir, contar como máximo con 35 años a la fecha de publicación de la antología), tener una obra publicada (o en proceso de publicación) en cualquier editorial, grande o pequeña, comercial o independiente; y, sobre cada una de ellas, la fundamental: sin distinción de corrientes, escuelas ni estilos, que los textos tuvieran la calidad literaria para su publicación”. El resultado fue La joven guardia.

la joven guardia

Las expectativas, probablemente, fueran moderadas. Desde el prefacio, Abelardo Castillo oficiaba como padrino. El prólogo de Tomas hacía hincapié en el reflorecimiento de la literatura argentina. El libro fue una apuesta.

La relevancia que ganó La joven guardia tomó de sorpresa a todo aquel que participara del circuito literario: público lector, periodismo especializado, escritores, académicos. Surgieron intentos de encuadrar a los nuevos escritores. Aparecieron títulos como “Nueva Narrativa Argentina”, “Generación ‘00″, “Generación Post”  y otros más o menos ridículos. No nos extendamos en esto, pero en principio podría afirmarse que estos intentos hasta ahora fallidos, generalmente lo son por servirse de una concepción de literatura anterior a la que manejan estos escritores, sin tener en cuenta los cambios producidos por la internet, el blog, las redes sociales.

La joven guardia adquirió un carácter mítico tal que por estos días se lanza una edición española. Para la presentación, Samanta Schweblin, Diego Grillo Trubba y Juan Terranova viajan a “lamadrepatria”.

Tomas ya no se mide tanto desde el prólogo: “Ingrata tarea la de establecer un nuevo canon, aunque sea de manera involuntaria”, asegura. Probablemente no se equivoque, aunque yo -que debo ser mucho más conservador de lo que me considero- creo que recién podremos entender si La joven guardia fue, en efecto, el hito inaugural cuando la próxima generación discuta sobre sus orígenes y nosotros hayamos perdido la graciosa categoría de ser los más jóvenes.

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