Entrevista a Romina Paula por la reciente publicación de la novela Agosto (Entropía).
Por P.Z.
Romina Paula es escritora y dramaturga. Este año ha publicado su segunda novela, Agosto (Entropía), en la que Emilia, una joven que se fue a estudiar a Buenos Aires, regresa a Esquel luego de cinco años: el tiempo que su amiga Andrea lleva muerta. Es un viaje iniciático a la inversa: volver a la ciudad natal, a reencontrarse con el pasado, con el ex novio, con la amiga que ya no está.
Romina traduce las preguntas. Se ríe. Choca las palabras. Gesticula. Se sitúa lejos de la pose. “Yo estoy entendiendo la novela desde que tengo que hablar de ellas. Y voy robando lo que me van diciendo”.
¿Te interesan las pequeñas historias?
Es como puedo articular. Sería infantil decir que es lo que me sale, pero un poco es eso. Son historias realistas que no tienen nada demasiado fantástico. Las dos novelas tienen más que ver con el cómo contar que con lo se cuenta. ¿Vos me querés a mí? son como instantáneas de la vida de una chica dialogando con distintas personas. El enfoque está en el diálogo: está puesto en el cómo hablan y cómo ella habla en los monólogos. ¿Y de qué va la novela? [Se ríe] De una piba que no sabe si quiere o no estar de novia, de una amiga que no sabe si le gustan los hombres o las mujeres. No tiene demasiada épica. Pero no diría que me gusta más el minimalismo que la épica.
¿Cómo es tu trabajo cuando planteás una novela y cuando una obra de teatro?
¿Si ya sé antes el formato que pide la historia? Con las obras es algo más práctico. No es que digo quiero escribir algo: voy a escribir una obra de teatro. Por ejemplo, la última que escribí la estamos haciendo con el mismo grupo que hice la anterior. La escribí concretamente para esos actores. Sé que tengo que hacer una obra y la hago. Es mucho más concreto. Con la narrativa es más errático. El primer libro llegó a ser libro creo de pura casualidad. El germen de Agosto ya tiene bastante tiempo y sí pensaba que era narrativa. Porque hay cosas que se pueden contar en libros y que no se pueden contar en obras de teatro. O tal vez es un prejuicio que me formateó la cabeza y que todavía no pude superar.
¿Qué encontrás en el amor?
¡Qué no encuentro! [Se ríe]
¿Esta es una novela de amor?
Para mí es una novela de estar lejos: lejos de tu casa, lejos de lo que deseás, lejos de la persona amada porque está muerta o porque es un ex novio que está casado. No saber si querés estar en Buenos Aires o en el sur. En las dos novelas está eso de “no sé lo que quiero y lo que tengo no lo quiero tener”, una neurosis clase media. En parte es una novela de amor, pero diría que es más del agujero en el corazón aplicado al amor o a la familia o al lugar en el que naciste. Del agujero.
El monólogo interior de Emilia, la protagonista, es muy diferente a sus diálogos. En los monólogos es descarnada. Cuando habla parece como impostando una jerga. ¿No se permite mostrar lo que siente?
Eso estaba más claro en ¿Vos me querés a mí? que los capítulos estaban separados en diálogos y monólogos. Los monólogos tenían una calidad un poquito más literaria y los diálogos eran más orales. Tiene que ver con la relación escritura habla: de hecho, Emilia escribe en toda la novela. Tal vez esto que decís de lo escindido entre habla y escritura, cuando ella escribe su mundo interior refiere toda esa violencia de los asesinatos en Estados Unidos, saca su parte más gore. Después lo que vive en el presente de la novela, va a comer un asado, habla con los padres de Andrea, va a ver al ex novio: todo es más light.
Lo que Emilia revive con Julián, su ex, no sé si lo planteaste así o como soy hombre me genera empatía, pero pensaba que muchas de las cosas por las que ella atraviesa es probable que a él también le sucedan.
Es verdad. Mi comprensión del género masculino no tiene tantos años. Estoy empezando a entender algo desde hace poco tiempo. La verdad es que nunca pensé mucho en qué le pasaba a él. Sí sé que el parece estar más entregado a la situación. El salía con una chica que quedó embarazada… Hay una cosa medio coyuntural del “dale que va”. No hay una definición de cómo quiere estar. Pero sí hay una aceptación un poco más zen. En el sentido de que acá estoy y estoy contento. Mi hijo es lindo, “dale que va”.
La novela se arma con el relato que Emilia le cuenta a Andrea, su amiga muerta. Andrea, el tercer lado del triángulo, ¿cómo funciona en la novela?
De Andrea no se sabe casi nada, excepto que tiene padres, una hermana y que se murió. Es una interlocutora medio falsa, porque no puede responder. Claramente la mejor amiga de la infancia y de toda la vida de Emilia. No está claro de qué se murió, qué le pasó. Es gracioso que Emilia no habla de la muerte de la amiga. Como si lo tomara naturalmente, como si le estuviera escribiendo a la amiga que está en Miami y en realidad está muerta. En un momento quería dejar en claro que lo de la amiga era un suicidio, pero después me dije que era abrir una zona que era otra cosa. La amiga podía no estar muerta y estar en otro país, pero no hubiera sido lo mismo. Sobre todo para la amiga. [Risas] Me parece que era un falso interlocutor. Vuelvo a lo del agujero: qué más agujero que escribirle a una muerta.
Hablás de suicidio. Pero yo pensaba, por ejemplo, en que se había muerto de leucemia.
Eso también puede ser, no lo había pensado. Una chica joven con una enfermedad rápida. Lo del suicidio lo había pensado por un pueblo en el sur famoso por los suicidios.
Sí, claro: Las Heras. Leila Guerriero escribió una crónica.
Exactamente. Pero iba a tomar una dimensión de suicidio joven que claramente no era de lo que hablaba la novela.
¿Cómo te manejás con el uso de la simbología?
La pienso tal vez como una especie de abanico que señala hacia lugares distintos. Soy consciente de las reapariciones de cosas. Que en los sueños aparezcan ratones todo el tiempo y que a la vez ella no está en su casa porque hay un ratón y que al ratón lo asesinan de una forma terrible. O el gato de Andrea: la cosa ridícula de la mascota sobreviviendo a la persona. Es muy decadente.
¿Por qué lo situaste en Esquel?
Estuve en Esquel muy poquito y me dio una situación particular. Muy desangelada. El sur es muy turístico y de golpe llegás a Esquel. Se armó porque hay una base militar. Es árido, es muy desolador. Pero situarlo ahí es atrevido de mi parte porque no es que nací en Esquel. Ni siquiera estuve un mes. Incluso cuando estaba escribiendo la novela me parecía poco serio escribir sobre el recorrido Esquel a Puerto Madryn –lo había hecho de noche– y volví a hacerlo. La realidad no me aportó nada a lo que yo había escrito. Era más verde de lo que pensaba. Saqué fotos de un árbol que podía usar. La realidad no me sirvió para nada. [Risas] Podría haber sido otra ciudad, pero a la vez no cualquier ciudad. No sé si hay muchas ciudades tan desoladoras como Esquel. ¿Es melancólica la novela?
Tags: Narrativa argentina, Romina Paula


Hola yo sé que los poetas y escritores tienen su modo muy particular de ver la realidad y de sentirla. Pero decir que Esquel es desolador me parece un poco fuerte por parte de Romina Paula Soy de esa maravillosa ciudad, que no solo tiene paisajes impresionantes sino que sus habitantes son personas atentas y corteses, con los brazos abiertos para aquellos que llegan de visita.
Por razones que no vienen al caso me encuentro viviendo muy lejos de mi querida ciudad y sueño con ir a vivir de nuevo allí, que lástima que personas que tienen la oportunidad de estar aunque sea un sólo día disfrutandola la describan de ésa manera.
P/D: Esquel es una ciudad muy importante en el orden turístico no solo en temporada invernal por su centro de esquí la Hoya, en verano por El Parque Nacional los Alerces así como por la mundialmente famosa La Trochita una locomotora que data de principios del 1900 (única en su género aún funcionando) entre muchos otros lugares.
La ciudad no se fundó por una base militar, que llegó mucho después, sino por ser un lugar fértil en el cual se afincaron colonos galeses y servía como punto neurálgico para el telégrafo.
Soy nacida en Buenos Aires, y desde hace 20 años elegi Esquel para vivir, no fue precisamente por ser “desolador”, sino por lo contrario por la calidez que apesar de su clima frio brindan sus habitantes. Demas esta decir que no es arido, muy por el contrario es un lugar verde e bellisimo para recorrer y conocer,lleno de historias desde su fundacion en el año 1906 hasta la actualidad por demas interesantes, estaria bueno que la gente que opina de este lugar 1ro se informe y no escriba cosas supuestas, el ejercito es parte de esta ciudad, pero se incerto despues que un grupo de personas decidieron afincarse aqui…….Informacion como primera medida…. y me averguenzo de que alguien de mi provincia natal hable asi de este Paraiso.
Estos comentarios responden a la pregunta que hace la autora en el final no?
Cariños, Claudia
Ésto va para los comentarios, ?leyeron Agosto?¨, me parece que no.
hace unos dias termine de leerla. me daba tristeza terminarla. dejar de leer “mucho de mi vida pasada y actual” tan bien escrito por un otro.
cuando tuve la oportunidad de cruzarme a nick hornby en new york le agradeci por estar escribiendo mi vida.
a Romina Paula le diria lo mismo
Agosto es de esas novelas generacionales, de las que te cuentan como fuimos o somos muchos o por determinadas situaciones en determinados años de nuestras vidas.
sienpre digo que mi problema es que veo Reality Bites una y otra vez y creo que me habla a mi cuando ya he dejado bastante atras los veintipico que tienen sus personajes!!
Creo que lo que los 2 primeros comentarios no fueron en contra de la novela, sino en contra de lo que la autora dijo de la ciudad de Esquel. Ciudad a la que tengo el gusto de conocer y me parece hermosa. Y no estoy criticando la novela (que no leí) ni a la autora.
Yo, te felicito, Romina, por tu intento de honestidad brutal.
Te leo, leo Agosto, me leo. Me duele leerla, me apasiona leerla, no quiero que termine jamás.
Gracias por eso.
Ojalá puedas venir, con tu/s obra/s a Montevideo.
Buenisima novela. Genera empatía total, trae sensaciones y reflexiones olvidadas todo el tiempo. Realmente generacional y destaco algo de lo que no se habló en la entrevista ni en los comentarios: el humor. Es un logro enorme poder transmitir el desasosiego y el malestar con humor como lo hace la autora. Me gustó mas la primera parte, aunque es una de esos libros que no podés dejar de leer, cosa que me encanta que me pase. En cuanto al cuadro que pinta del sur, me encantó. Soy de la Patagonia (de Viedma, por lo tanto no de la montaña sino del mar) y siento que la Patagonia está como muy mitificada en esos paisajes perfectos y fantasiosos y que hay otra Patagonia desertica y desolada (uno puede encontrar eso bello, obvio) que también existe. Desde una mirada literaria puedo entender a la autora, y la verdad que su novela no sea “for export” me parece un halago mas. Felicitaciones.