Iván Thays en Eterna Cadencia /1

05-01-2010 | ,

Iván Thays participó de una entrevista pública a cargo de Pedro Mairal en el primer encuentro literario de 2010 en Eterna Cadencia.

Iván Thays, autor entre otras obras de la novela Un lugar llamado Oreja de Perro (finalista del Premio Herralde 2008) y administrador del influyente blog Moleskine Literario, participó de una entrevista pública a cargo de Pedro Mairal en lo que fue el primer encuentro del 2010 en Eterna Cadencia. La entrevista duró alrededor de una hora, Thays como un francotirador señaló luces y sombras de la literatura latinoamericana, punzante en cada definición, pero también sensible de sus propios complejos.

En esta primera parte de la desgrabación, el diálogo se centra en la novela Un lugar llamado Oreja de Perro y en la relación que puede mantener con Mario Vargas Llosa: “definitivamente no tengo nada que ver con la forma de pensar la literatura de Vargas Llosa. Yo creo que él también me respeta mucho como escritor pero le parece una porquería lo que escribo”, dice.

[Primera parte]

Pedro Mairal: Buenas tardes a todos. No lo veo a Iván hace un montón de tiempo. En realidad quisiera hablar con él de cosas mucho más personales de la literatura, lo hablaremos después. Cuando me dijo que iba a venir a Buenos Aires, me interesaba entrevistarlo por esta novela que fue finalista del Premio Herralde: se llama Un lugar llamado Oreja de Perro y muestra el Perú de una manera muy profunda. Les cuento una breve sinopsis, no voy a contar nada que no se sepa en la primera página por las dudas: un hombre de mediana edad, alrededor de los cuarenta, es periodista y lo mandan –o él medio que se hace mandar– a un pequeño pueblo del Perú en las sierras, donde hubo mucha violencia en la guerrilla de los ‘80. Va a ir el presidente Toledo y supuestamente van a repartir subsidios, plata. El personaje está en un momento muy doloroso de su vida porque se le murió un hijo chiquito y está separándose de su mujer. Es muy impresionante cómo está logrado el tono de este hombre que quiere volverse invisible.

Yo lo que te quería preguntar, Iván, porque leí que tardaste ocho años, es si encontraste el tono en seguida, si sabías cómo hablaba ese personaje o si fue algo que tardaste en encontrar.

Iván Thays: Buenas noches, gracias por venir.

Bueno, la historia de Un lugar llamado Oreja de Perro es una historia muy curiosa. En realidad, sí es cierto, luego de siete años de escritura, pero lo he estado conversando con un pintor: es como tener un cuadro y no querer soltarlo, uno le pone algo, lo pinta. No fueron siete años desde que empecé hasta que terminé, más bien fue un momento muy rápido en escribir el libro, en dos meses lo terminé, pero fueron siete años entre las dudas sobre la novela, entre los temores que tenía. Porque al personaje se le muere un hijo y yo tengo un hijo y eso podía provocar una catástrofe. Cambiar los adjetivos, cambiar las escenas. Cambié el final porque tenía un final completamente distinto al que tiene ahora.

Les explico brevemente para que contextualicen lo que ha dicho Pedro. Antes de esta novela, publiqué una novela llamada La disciplina de la vanidad en el año 2000. En esa época yo no tenía ni esposa, ni novia, ni hijo, ni nada, yo era un hombre absolutamente feliz [Risas] y sin ninguna responsabilidad. Entonces esa es una novela muy cómica, es una novela sobre escritores.

Pero había leído Pálido fuego y me había conmovido muchísimo una escena en el poema que al poeta se le muere un hijo. Entonces se me ocurrió contar en la novela –es una novela pero tiene un libro de cuentos adentro– la historia de un hombre al que se le muere un hijo. Pero como digo, en ese momento no tenía hijos, así que fue algo totalmente literario. Al poco tiempo, para mala suerte mía me enamoré, me casé, tuve un hijo y me separé, todo prácticamente al mismo tiempo. En dos años, en el 2002, yo ya estaba completamente destrozado anímicamente. Había decidido dejar la literatura –lo primero que uno decide cuando está mal es dejar la literatura: “nunca más voy a escribir”–. Y entonces me llamó Babelia para escribir un cuento y yo no quise, les dije que no, “ya no escribo, ahora me dedico a los hidrocarburos, hago discursos para un jefe petrolero, esa es mi vida, me gusta más, es más fácil”. Y me dijeron que me pagaban como 500 euros. Les dije “bueno, voy a intentar hacer un cuento” [Risas].

No tenía la menor idea y escribí un cuento en el que al personaje le secuestran un hijo. Se llama “Linda”, está en la antología de Bogotá 39. Escribir ese cuento me causó tanto dolor, pero tanto dolor, pero al mismo tanta satisfacción, sentí que era una exploración para expulsar algo que tenía adentro mío. Descubrí que en realidad lo que más me dolía de todo lo que había pasado era que mi mujer se había llevado a nuestro hijo y que me amenazaba con llevárselo a España. Entonces yo sentía que me lo habían secuestrado. Y cuando se enojó conmigo y no me lo dejaba ver, sentí que se había muerto, y es terrible sentir que alguien se muere. Y como no puedo luchar contra ella, porque es una mujer de muy mal carácter, voy a luchar contra mí mismo. Entonces escribí Un lugar llamado Oreja de Perro que es la historia de un hombre al que se le muere un hijo y se va sufrir a un pueblucho donde no hay nada, so pretexto de una misión periodística. En realidad, él va solamente a encontrarse a sí mismo. Esta es la historia de Oreja de Perro, es el lugar de encuentro consigo mismo. Es el dolor de la pérdida de la mujer, del hijo y el dolor. Cuando mi mujer me dejó, desde que me dijo “te voy a dejar”, la gran pregunta que me hacía era si no sería excelente que la memoria o el dolor fuera una piedra y uno pudiese abrírsela y operarse la piedra y sacársela para no pensar. La historia de la novela es la historia del dolor y la memoria. Recordar el dolor: olvidar el dolor, ese es el tema.

Y cuando ya la tenía escrita, era solamente un hombre hablando de sí mismo. Pero empezaron a aparecer sobre la Comisión de la Verdad y la Reconciliación una serie de testimonios que veía –obsesivamente, además–, porque me sentía muy identificado. Yo no tengo nada que ver con la sierra, yo vivo en Lima, pero veía a estas personas hablando en quechua y llorando porque le habían matado un hijo y yo decía “soy igual que ellos”. No sé nada de ellos, pero los entiendo perfectamente. Así es que uní la historia de una mujer a la que le han desaparecido a su madre y han matado a toda su familia y está embarazada, y el dolor del personaje que trata de entenderla pero no la entiende.

Leí que no habías ido a Oreja de Perro. Quería saber si querías hablar de eso, ¿por qué no fuiste al pueblo a hacer una investigación de cómo era para escribir la novela?

Oreja de Perro en realidad no es un pueblo, es una zona. Es una zona que tiene una forma de oreja de perro, en quechua se llama Chumbuy. Yo quería que ahí sucediera la historia porque es un lugar muy apartado, es el lugar donde hubo más asesinatos, la Comisión de la Reconciliación lo puso muy de moda porque hablaba siempre como un ejemplo. Yo conozco bastante bien las sierras, pero no estaba con ánimo de ir porque, como esta novela es una novela de expiación, yo decía si voy, voy a terminar haciendo lo que hace el personaje. Cuando la lean van a ver lo que hace, está mal todo el día, no quería exponerme a esa situación. Decidí cambiar la zona por un lugar: no va a ser la zona sino una ciudad, no va a ser Chumbuy sino va a ser Oreja de Perro, o sea, la traduje al castellano. Me gustaba mucho el nombre, me gustó muchísimo Un lugar llamado Oreja de Perro. No quería que la novela transcurriera en un lugar concreto, físico, geográfico, sino que sea un lugar geográfico pero también espiritual.

Y yo siempre me he sentido bastante oreja de perro, digamos. No sé si ustedes han visto que los perros, cuando va a haber un temblor o pasa algo, están echados pero paran la oreja, están muy atentos pero no se mueven. No hacen nada. Yo siempre he sentido que soy muy así, me doy cuenta inmediatamente cuando las cosas están yendo mal en mi vida sentimental, afectiva, política, social. Paro la oreja inmediatamente, hasta puedo prever el apellido de la persona con la que se va a ir mi mujer, pero no soy capaz de hacer nada. Me quedo echado pero muy atento.

Es ideal Oreja de Perro porque es un lugar donde uno no puede actuar, pero está atento. Por eso lo dejé el nombre.

Además el personaje también está en esa especie de observación.

El personaje es su imposibilidad de actuar sobre la mujer que se le va, sobre el hijo que se muere, sobre lo que pasa con el terrorismo, sobre lo que pasa con Perú. El puede observar –es una novela muy reflexiva– pero no puede actuar, no puede ir a buscar a la mujer, no puede decidir comprometerse con los desaparecidos, no puede decidir hacerse un café al día siguiente al que llega a Oreja de Perro.

Esa actitud Hamlet, que creo que lo citás en el libro. Siempre me pareció que esa actitud Hamlet de no vengarse, no hacer, genera una violencia a veces mucho mayor. Como si en la acción hubiera una violencia, también. Me parece que dentro de las violencias que hay en el libro, que está la violencia política, y la violencia contra la mujer, está esa otra violencia que la siente el lector, algo que uno quiere que haga, pero que el personaje está, bueno, como vos decís, apenas si levanta la oreja: mira.

Mencionaste a David Lynch, que te gustaba que el libro tuviera una influencia, un aire de las películas de David Lynch. ¿Querés hablar un poco sobre cine? El personaje se sienta a ver el cine de Truffaut.

Eso fue algo que me ocurrió a mí cuando me dejó mi mujer. Los que han estado en Perú deben conocer que hay un lugar que se llama “Polvos azules” –no sé si es muy bueno decirlo acá en una librería– es un sitio donde hay una cantidad enorme, pero enorme de películas piratas. Estoy seguro de que no existe en ninguna otra parte de América Latina algo parecido. Todas las películas que uno pueda querer o pretender o pensar.

Es como La Salada. [Risas]

Pero es increíble: te imaginas a un cineasta de Taiwan que ha sacado su primera película, vas y preguntas y está. A veces voy a preguntarles solamente para probarlos. ¿Tienes tal? La sacan. Lo que hice en ese momento fue ir a ver películas. Estaba solo, me acababa de comprar un televisor muy grande, un home teatre, y empecé a ver películas que había visto de muy niño pero en orden. Me compré todo Truffaut y empecé a ver una por una. Dos ciclos me afectaron mucho en la novela: primero, el ciclo Fassbinder, cuando empezaba todo Fassbinder ya prácticamente esperaba la 13° luna para el tajo; y luego, cuando vi a David Lynch.

Sentí que David Lynch tenía que ver con el ambiente de mi novela, sentí que me gustaría que David Lynch fuera el director de una que por lo menos sucediera en Oreja de Perro, no sé si esta historia. Incluso la palabra oreja me hacía acordar a él. No sé si saben que David Lynch tiene una obsesión con las orejas, que es como el paso de un lado a otro. Para mí el tema de David Lynch es ese, el umbral donde de un lado se pasa al otro, siempre. Para mí la novela era como el paso de un lado al otro, cómo regreso a ese sitio, si regreso bien, regreso mal. Era muy importante ese tema de David Lynch. Otra que influyó muchísimo, pero ese sí ya muy literalmente es Blow Up de Antonioni. Esa película está basada en un cuento de Cortázar. El personaje de Blow Up es un personaje muy parecido a mi personaje porque tampoco puede actuar. No sé si la conocen: es un tipo que puede sacar fotos, ver un asesinato, pero no sabe si ir a la policía, si hacer algo. En la última escena donde recién puede actuar, unos mimos que están jugando tenis le tiran una pelota y él decide devolver una pelota invisible y cuando se las devuelve todos han desaparecido. Eso sentía yo que pasaba con esa novela: sentía que cuando si mi personaje actuase, seguramente todos desaparecerían a su alrededor, se quedaría solo completamente. Para que el mundo siga existiendo, mejor que se quede parado mirando por una ventana, que es lo que pasa en la última escena.

Literariamente, no me gusta hablar de influencias, pero aires, relaciones. ¿Con Vargas Llosa por ejemplo?

[Se ríe].

Te habrán hecho esa pregunta.

Habíamos quedado en que esa no. [Risas]

¡Contá tus relaciones con Vargas Llosa!

Bueno, fue un romance de verano. No sé si es el momento… [Risas] ¿Qué relaciones?

Digo: ¿él fue uno de esos autores que leías a los 17, 18 años? ¿Tuviste en algún momento que despegarte de Vargas Llosa? ¿Cuál es la gravitación de Vargas Llosa sobre “el escritor peruano”?

Yo tengo una anécdota muy curiosa de contar. Cuando estaba escribiendo esa novela –en realidad, en los últimos 7 u 8 años tengo que decir “cuando estaba escribiendo esa novela– participé de un premio que se llamaba Rolex Mentor, un premio que al final lo ganó un escritor colombiano que había ido a Lima, que se llama Antonio García Angel. Este premio es muy interesante: te daban 20mil dólares y tenías que trabajar una novela durante un año con un escritor que era tu mentor. Te pagaba la Rolex. El mentor de ese año era Vargas Llosa. Ha habido otros mentores: Tony Morrison. Ese año, como era Vargas Llosa, los que teníamos posibilidades de ser elegidos éramos los latinoamericanos y españoles. Extraoficialmente me comentó un agente que estaba en el jurado, que yo había sido elegido, pero que al final los jueces me descalificaron porque como soy un idiota, mandé entre mi curriculum una nota de Vargas Llosa que había escrito sobre mí y dijeron que iba a pensarse que estaba con vara [con acomodo].

Pero cuando me dijeron que yo estaba entre los finalistas y que era muy posible que me la dieran, me asusté muchísimo. Dije: ¿qué cosa va hacer Vargas Llosa conmigo? Le voy a dar mi novela que ya está terminada para que la corrija y me va a obligar a ir a Oreja de Perro. Porque Vargas Llosa es un escritor que si tiene que escribir sobre Timboctú se va, toma fotos, analiza, busca en la biblioteca. Yo decía no quiero que haga eso. ¡Sería terrible! Si ganaba iba a darle otra novela, una que no fuera esta, porque yo adoro a Vargas Llosa, me parece un gran escritor, pero ese método topográfico de escribir que tiene Vargas Llosa y que tienen muchos escritores, yo lo detesto profundamente.

Incluso si pasara en Buenos Aires debería destruir Buenos Aires y volverla a inventar. Había una frase para vender un libro de Cabrera Infante que decía “sólo hay dos ciudades que podrían destruirse y volverse a construir: el Dublín de Joyce y la Habana de Cabrera Infante.” Qué desastre sería, qué horrible para una propaganda. Preferiría que dijeran “esta ciudad no tiene nada que ver con la realidad, aunque se llame Roma o se llame Oreja de Perro”. Yo soy una persona que rompe con la realidad: no que no sea realista sino que rompo con la realidad topográfica. No me importa saber si a tres cuadras había un café, no me importa saber cuántos habitantes hay. Por ejemplo, una pregunta que tenía: ¿en Oreja de Perro habrá luz o no? No tenía ni idea. Entonces inventé una central hidroeléctrica. Ahora sé que han hecho hace unos meses una central hidroeléctrica, pero acá la puse.

Para mí Vargas Llosa es un gran escritor, es una muy buena persona, realmente me ha apoyado muchísimo en mi carrera, pero yo definitivamente no tengo nada que ver con la forma de pensar la literatura de Vargas Llosa. Yo creo que él también me respeta mucho como escritor pero le parece una porquería lo que escribo. Estoy seguro que estamos totalmente opuestos.

Yo creo que lo que él respeta –y eso es algo admirable– es que justamente yo no lo siga. Cuando gané un premio que se llama Príncipe Claus, le pidieron a Vargas Llosa que hiciera el discurso de honor. Su discurso se llama “Iván Thays, un fan del Boca Juniors”. Él explicaba que yo había escrito un artículo, yo era muy futbolero y me preguntaban “¿tú eres hincha de la U o de la Alianza?” (que son como el River y el Boca). Yo decía “yo soy del Boca Juniors”, “ya, bueno, ¿pero de la U o de la Alianza? No, yo soy del Boca Juniors. Es cierto, no lo digo porque esté en Buenos Aires. Esto es el año ochenta y tantos, cuando jugaban Maradona, Brindisi, Gareca, tapaba Gatti. Yo decía “soy hincha del Boca Junior”, “pero ¿cómo puedes ser hincha de un equipo que no sea peruano?” “Porque yo soy hincha del buen fútbol”. Donde esté el buen fútbol, así sea en Noruega, soy hincha de ese equipo. Ahora soy hincha de Chelsea, por ejemplo. Vargas Llosa leyó ese texto – no sé cómo lo leyó, pero lo leyó– y entonces decía que eso le parecía una nueva actitud de los escritores. La idea del escritor que puede decir “A mí no me importa Ciro Alegría, no me importa José María Arguedas, no me importa Vargas Llosa. Son peruanos, deberían importarme pero no me interesan, yo soy fan de Nabokov, yo soy fan de Lowry: yo soy fan del Boca Juniors, porque soy fan del que juega bien, no del que debería estar”. Esa es mi relación con Vargas Llosa.

[Continuar leyendo]

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4 Responses to “Iván Thays en Eterna Cadencia /1”

  1. APG says:

    Me ofrezco -de onda- a plancharle la camisa a ambos.

    Saludos,
    APG

  2. Carolina says:

    Detesto que fraccionen las entrevistas. Es como ver una serie y esperar el capítulo siguiente.

  3. SOFIA says:

    Mairal, la barba asi no va más, atrasa!
    Gillete URGENTE

  4. Carlos says:

    Ivan en esta foto estás idéctico a Ernesto Pimentel.

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