Iván Thays participó de una entrevista pública a cargo de Pedro Mairal en el primer encuentro literario de 2010 en Eterna Cadencia.
En esta segunda parte del encuentro, la charla se ocupa de Moleskine Literario y su función en la literatura latinoamericana. Además, Thays habla de los escritores argentinos (“Me fascina Grombowicz, me fascina Roberto Arlt y cada vez me gusta menos Borges.”) y cuenta su experiencia televisiva conduciendo el programa Vano Oficio.
[Segunda parte; leer la primera]
Le voy a hacer una pregunta más a Iván Thays, después abro para que hagan las preguntas que quieran. Tenemos media hora más.
Quería que hablaras un poco de esta faceta de los blogs. Tenés un blog que se llama Moleskine, que está basado en la idea de esas famosas libretas de anotaciones de los escritores. Me acuerdo de un debate en el que te acusaban de tener gente encadenada trabajando para vos porque decían que no podía ser que actualizaras 10 veces por día. Es un blog de actualidad literaria. Lo primero que me interesa es qué no ponés en el blog de la actualidad literaria, y después si te parece que internet y los blogs y twitter están produciendo un cambio de paradigma. Si va a cambiar la literatura, si ya cambió, si te parece que los escritores con la banda ancha escriben de otra manera.
En primer lugar quería comentarles que hoy se cumplen 5 años de Moleskine. Intenté postearlo hoy en la mañana, pero estaba lleno de mosquitos y no había conexión. Pero hoy día se cumplen 5 años. En realidad el blog fue una broma. Yo he hecho muchos blogs: uno sobre Seinfeld, uno sobre fútbol, uno sobre PlayStation, pero hice este blog porque trabajo haciendo clipping para esta empresa petrolera aparte de hacer los discursos. Como tenía todas las ventanas abiertas y tenía una conexión a internet muy rápida y era el único de toda la organización que tenía la posibilidad de entrar a cualquier página -hasta las pornográficas-, decidí hacer paralelamente el clipping de hidrocarburos y el clipping literario. Para no aburrirme con los hidrocarburos ponía noticias y blogs de hidrocarburos, electricidad y minería, y luego pasaba por los culturales.
Pero mi blog no es un blog como el que hace la mayoría de los blogueros. Esos blogs maravillosos que hacen ustedes, llenos de ideas, pensamientos y reflexiones. Mi blog es un blog de recortes. Por ejemplo, leo una entrevista que me ha interesado y le saco un pedacito, le hago el link y le hago un comentario que normalmente. Son comentarios breves porque en realidad estoy trabajando en otra cosa. Entonces pongo: ah, mirá, Paul Auster ha hecho esta novela, este idiota nunca descansa, ya sería bueno que pare la mano. Y luego “dice la revista tal” y pongo el recorte.
Al principio sólo era de Perú, pero luego, poco a poco, empezaron a aparecer más lectores de afuera. Ahora me leen más de afuera que de Perú. Además me llevo muy mal con Perú, eran puros insultos, era muy aburrido. Entonces decidí hacer un blog más sobre lo que me interesaba, porque en una época era sobre todo lo que pasaba, era el clipping verdadero. ¿Saben lo que es clipping? Yo decía: publicó tal persona, el premio es de tal persona, todo lo que pasaba en Perú. Pero luego pensaba “qué me importa que Oswaldo Reynoso haya publicado un libro, ese gordo infecto”. Entonces lo pasaba por alto y me escribían acusándome de estar censurando. Pensaban que yo era una agencia de noticias. No: soy una persona que hace su blog, que pone lo que le interesa, no me interesa el Perú, voy a hablar solamente sobre América Latina y sobre España y Estados Unidos y voy a empezar a meter cosas en inglés, cosas en francés, pero siempre noticias.
El éxito que tuvo –ya no tanto porque ahora el Twitter ha quitado al blog la mitad de los lectores–, yo tenía 2800 lectores al día, fue porque como no tengo ninguna bandera, no represento ninguna institución y además, hasta ahora, nadie se ha quejado de que copie una foto de otra persona, yo podía entrar a El país y sacar la noticia que me interesaba, entraba a La jornada de México y sacaba, entraba a Página/12 y sacaba. Entraba al blog de Dani Company y sacaba, entraba al blog de otra persona y sacaba. En un día podía sacar 10 noticias de México, Chile, Argentina. No producía nada, pero por el ejemplo, el blog de Revista Ñ sólo puede sacar cosas de Ñ, el blog de La Jornada igual. Pero yo hacía todo: las personas terminaban entrando en mi blog para enterarse de lo que pasa en todos los demás. Entonces yo no lo sabía, ese fue un efecto secundario.
Este último año me tomé más en serio el blog. Yo tengo una teoría sobre literatura latinoamericana –sé que me vas a hablar de eso, por empezar traes El insomnio de Bolívar de Volpi–, que es en primer lugar que el escritor latinoamericano como latinoamericano ya no existe. Sí: estoy de acuerdo con Volpi que se murió con Bolaño. Bolaño fue el último latinoamericano que escribía como latinoamericano y que le interesaba ser latinoamericano. Yo creo que eso ya no hay más.
Me afecta mucho que en España, en las mesas de novedades siempre estén o los libros de autores españoles o los libros de autores extranjeros traducidos por Anagrama o por Acantilado. Pero si hay una novedad de un autor latinoamericano está en una mesa al lado que se llama Narrativa o Literatura Latinoamericana. A mí eso me molesta mucho porque pienso que la vez pasada jugaron Inter y el Barcelona, y en el Inter no había ni un italiano y en Barcerlona solamente estaba Puyol que era el único catalán. ¿Por qué no pueden aceptar que los latinoamericanos somos también parte de esa lengua y que deberíamos estar en esa mesa de novedades? ¿Por qué está puesto Cercas y no Bolaño? Los españoles nunca hablan de Bolaño, cuando Bolaño es lo que mejor que ha aparecido en castellano. Nunca van a escuchar a un escritor, salvo Cercas y Vila-Matas, hablar de Bolaño. Nunca: para un joven escritor, para los demás, no existe.
Yo dije: quiero que mi blog sea un blog latinoamericano pero proyectado hacia el mundo. Los latinoamericanos leemos a Paul Auster, los leemos a ustedes. Y de alguna manera [buscaba que] pase lo que está pasando ahora: que los españoles me mandan cosas a mí para que yo las ponga y rebote, ya no al revés. Por ejemplo, Vicente Luis Mora me manda una noticia para decirme que “por favor pongas en tu blog que he salido del grupo Nocilla”. O el finalista del Herralde que es un español, que también pertenece al Nocilla, Ferré, también me manda una nota. ¡Excelente! Mi blog está logrando que los españoles entren a Latinoamérica y se preocupen por su imagen en América Latina. De alguna manera, espero que ellos también empiecen a darse cuenta que América Latina también tiene una imagen. Entonces ahora pongo los autores que me interesan. Digo “este libro es bueno”, “ahora me estoy llevando libros de Eterna Cadencia”, los comento, ellos saben que existen y que se traducen. Por ejemplo, Adriana Hidalgo tradujo a un irlandés, McGahern, un gran genio, un maestro total y muchos españoles me escribieron preguntando por él, porque no lo traducen allá. Eso es lo que yo quiero, que se sepa que América Latina también traduce autores, que produce autores.
Lo que pretendo –y lo estoy consiguiendo– es que Moleskine sea una especie de puente entre América Latina y el castellano.
Hay una cosa paradójica con respeto a Anagrama: pareciera que para que una novela sea latinoamericana se tiene que publicar en España. Un autor argentino está publicado acá y en Francia, pero no en Uruguay. En esta especie de balcanización de la literatura la única manera de que un autor se vuelva latinoamericano es rebotando en España.
Sí, eso lo decía muy bien Piglia. La balcanización de las editoriales. Por ejemplo, Seix Barral –al menos en Perú, no sé si acá en Argentina–, publica autores que son locales y que nunca van a venderse ni a Bolivia ni a Ecuador. Del mismo modo, no sé si Alfaguara Argentina publica autores argentinos que no salen fuera. Entonces yo tengo que estar jalando información de un lado para el otro, buscando alguien que me traiga el libro. Me pasó, por ejemplo, con el libro de Daniel Guebel, que se llama Derrumbe, que yo estaba obsesionado con ese libro porque justo hablaba de un final de matrimonio, de la hija, y me moría de ganas de leerlo y no podía. Tenía ganas de que me lo trajeran de algún lado, pero me dijeron que solamente lo publicaron en Argentina, que no salía afuera. Ahora tenemos la información, pero no tenemos el libro. Antes no sabía que Guebel existía, entonces podía vivir sin Guebel, pero ya no puedo porque sé que existe, pero no sé como comprarlo.
Lo que yo quisiera es que por lo menos Moleskine le explique al mundo que en Alfaguara Argentina salió Washington Cucurto. Al menos yo le explico a los españoles que salió y ellos pueden enterarse que existe y pueden tratar de hacer lo que yo hago: buscar a un chasqui que lo lleve en la maleta. Hay como tres españoles que se han llevado libros de McGahern por Moleskine.
Ahora, este es otro tema que no me voy a meter, pero cuando entre el Amazon Kindle al castellano y podamos bajarnos los libros va a ser estupendo. Porque podré bajarme todos los libros que quiera; no importa si se publican en Asunción o en un pueblito de Entre Ríos donde hay mosquitos. Donde sea que se publique, si está en la red, lo voy a bajar. Eso es lo que yo quiero más en el mundo. Esa es mi ambición porque no soy fetichista del libro como objeto. Las librerías deberían desaparecer y tener todos un Kindle. [Risas y comentarios sobre Eterna Cadencia].
Pregunta del público: ¿Cómo te enteraste de Grombowicz?
A mí la literatura argentina me gusta muchísimo, pero me parece que comete un error. (Soy muy conchudo para hablar). Pero comenten un error y es que son muy peinaditos, salvo tú [a Mairal; Risas]. Son escritores muy ordenados, muy bien escrito, tienen un techo muy corto. Todo bien hecho, nunca se disparan. Es como cuando uno ve al sobrino y está con el marinerito y todo peinadito, está impecable. Yo jamás a un escritor argentino podría corregirle una coma, pero siento que se quedan en el techo y rebotan como cascarudos. Yo decía no sé quién será Borges, quién será ese señor Bioy Casares, escriben tan bonito, escriben limpio. ¿Y cuándo el raro, cuándo el extraño, cuándo el más raro que rompa la pared y haga algo distinto? Ustedes tienen una tradición en Roberto Arlt, el que desarma las cosas, el que le echa ácido a la tela. Pero Roberto Arlt no ha dejado una estela tan grande como los peinaditos. El único que me parece muy pero muy despeinado es Gombrowicz. Me fascina que sea malcriado, que haga lo que le dé la gana. No soy de esos escritores: yo también soy peinado. Pero me encanta que existan escritores como Gombrowicz. Lo primero que leí de él fueron los diarios y después todo lo demás. Me fascina Grombowicz, me fascina Roberto Arlt y cada vez me gusta menos Borges. Y Bioy Casares ya ni hablar.
Bueno, Grombowicz fue el que gritó desde la cubierta del barco “Maten a Borges”.
No sé si ustedes comparten mi misma opinión porque ustedes están acá, entonces no tienen para comparar, pero a mí me gusta un poco de descuido, como que la tela esté un poquito manchada, descuidada. Por ejemplo, a mí me fascina El pasado de Alan Pauls y creo que lo que más me gusta de Alan Pauls es lo que menos me gusta de Alan Pauls. Lo que todo el mundo alaba de la novela, de la historia, de la prosa, me fascina también a mí: comparto esa opinión. Es un gran escritor. Pero estas cosas que hablan sobre el pintor extraño que pintaba cosas obscenas, esa parte sobra. Esas sobras me fascinan. De esas sobras haría una novela. Lo que pasa que es que en una novela tan larga la sobra te molesta. Pauls es un cascarudo que rompió el techo. Pero la mayoría de los escritores argentinos y latinoamericanos son muy Volpi. ¿Saben cómo es Volpi? Bien peinado, escuchando música clásica, con corbata.
Pregunta del público: Me gustaría saber su posición con respecto a la guerrilla y al gobierno de Toledo. Cómo ha vivido el peruano medio la guerrilla, si la ha padecido o la ha alentado y si eso se contrapone con la posición de extrema derecha de Hugo Toledo.
Alejandro Toledo, Hugo es Chávez. Si no tendríamos todo, estaríamos sin electricidad. A Toledo le tocó lo más fácil que es la memoria; yo lo pongo en la novela como un alcohólico porque era un alcohólico, pero él no hizo nada ni a favor ni en contra de Sendero. Más bien, ahora es Alan García quien tiene que hacer algo porque se ha unido con el narcotráfico y eso es muy peligroso. El narcotráfico y terrorismo es mucho más peligroso que terrorismo solo. Y eso le está tocando a Alan García y le va a tocar al próximo.
A Toledo le tocó la mejor parte, porque era la parte de la reconstrucción, la parte en que todos éramos hermanos y había una Comisión. Mi posición con Toledo: yo creo que Toledo fue un gran presidente porque no fue presidente. Dijo “yo soy presidente, me pongo la banda, pero el ministro es el mejor empresario que tengo”, puso unos ministros maravillosos, controlaron la inflación y él se la pasaba de juerga en juerga con su mujer y viajando. Eso me parecía genial de un presidente, que desaparezca, “no me fastidies”.
Lo que ocurrió y es interesante, y es un poco el tema de mi libro, es que cuando sí había Sendero Luminoso –y eso en el gobierno de Alan García y el último gobierno de Belaúnde y luego el gobierno de Fujimori que a los dos años atacó a Abimael y cayó en picada–, todo pasaba en la sierra. En la sierra había crímenes, muertos, asesinatos. Sucedía en sitios muy puntuales como la Calcuta que es una universidad de ultra izquierda, mataban a profesores y alumnos, pero era como “ah, bueno, son de ultra izquierda”. No pasaba nada en Lima, hasta que un día y eso fue un error de Sendero, no digo un error de táctica, sino que se les escapó el coche bomba en una calle muy céntrica de Tarata, que es como que acá explotara una bomba en un edificio de pitucos, de millonarios. Entonces por primera vez Lima sintió lo que significaba la bomba. Hasta ese momento en Lima, terrorismo significaba “uy, no hay luz”: tiraban una bomba fuera y se acaba la luz. Después de Tarata, Sendero era “cuidado”. Ahí entendimos lo que estaba pasando con Sendero, pero no entendimos lo que estaba pasando en las sierras: entendimos lo que nos estaba pasando a nosotros.
Ya con la Comisión de la Verdad entendimos. Y es muy doloroso escuchar a la gente porque es gente que no tiene a nadie, personas que ni siquiera saben hablar en castellano. Personas que iban a hablarle a los comisionados a decirle “murió mi hija”. En mi novela cuento la que más me impresionó que es una mujer que se hizo amiga del policía que torturaba a su madre, ella tenía que hacerse la amiga, llevarle de comer y el policía la enamoraba, le metía la mano y la chiquilla tenía que dejarse, preguntaba dónde estaba la madre y el policía le decía “ya te la suelto”. El le prometió que, como no la podía soltar, lo que iba a hacer era “la voy a llevar en un camión arriba y tu me esperas debajo de un cerro y cuando pase por el cerro la voy a tirar y tu la agarras y te la llevas”. Y nunca la tiró, porque en realidad el tipo la había matado el primer día. Uno se va enterando de eso, o de niños, porque ustedes saben que la policía entraba y decía en este pueblo hay un terrorista, entre ustedes hay un terrorista, pero no sé cuál es ni tengo tiempo de saber porque estamos de pasada, entonces los matamos a todos y así muere el terrorista. Pero también mueren niños, mujeres. Eso es lo que hacían: hacían unas zanjas grandes, mataban a todos y los enterraban ahí.
Pero nosotros no nos enterábamos de eso, nosotros sabíamos que había ataque, pero no nos enteramos que realmente estaba pasando eso. En realidad la reacción, mía y de todos los limeños, era “qué fastidio no hay luz, qué fastidio hay un coche bomba, no puedo pasar por esa calle”, pero después con la Comisión de la Verdad vimos lo que realmente estaba pasando y fue un escándalo. Es terrible, hay 22mil muertos.
Curioso que Sendero Luminoso provocaba apagones. [Risas] ¿Alguna otra pregunta?
Pregunta del público: Quería preguntarte por el programa de televisión: ¿cuál era tu pretensión, cómo fue la experiencia de llevar los libros a la televisión?
El programa se llamaba Vano oficio y al principio era un programa de entrevistas, pero luego se volvió un programa como de comedia literaria. Yo era el cómico, pero no como el que tienen ustedes acá, Sasturain, que es un muy chistoso.
¿Tampoco como Skármeta?
Tampoco, por favor. Yo proponía un tema: pongamos que el tema era los ‘80, entonces empezaba el día, me despertaba y decía “¿Los ‘80 existieron? ¿Realmente Madonna y Michael Jackson existieron?” Entonces empezaba a preguntar por los ‘80, entrevistaba a las personas que tenían que ver con los ‘80, libros sobre los años ‘80. Pero no los hacía actuar como hace Sasturain. Si yo hubiera eso en Perú, no pasaba nada. Sasturain los hace actuar: hasta a Pablo de Santis lo ha hecho actuar, eso es como un milagro de la ciencia. Yo no los hacía actuar, yo era el que actuaba, la entrevista era normal pero yo me disfrazaba de Michael Jackson. Eso me duró como dos años, hasta que cambiaron al presidente.
El gerente de esa época era un poeta genial, que además era muy amigo mío y muy buena onda, José Watanabe. Me dejaba hacer lo que yo quería: realmente lo que yo quería. Una vez, incluso, aparecí amarrado porque me mandaron una carta en la que me pedían que no lo hiciera más, y puse la carta y me amarré: dicen que ya no hable más, que no lo quieren ver, ese chino Watanabe que no me deja hablar. El aceptaba eso. Pero luego vino un nuevo gobierno y me obligaron a hacer un programa más para el pueblo porque era televisión nacional. Y yo no quería hacer lo que ellos querían, que era un programa donde explicara qué cosa es una metáfora. “La metáfora es esto, muchachos, para que saquen mejor nota en el colegio”.
Lo que yo hice fue escoger libros como un plan de lector: 40 libros que todo niño debería leer –El principito, La ciudad y los perros, El Aleph– e invitaba a cuatro personas a que hablen de su experiencia con ese libro. De esas cuatro personas, uno era un escritor, el otro podía ser un crítico y las otras dos personas podían ser lo que sea. Por ejemplo, para hablar de Oscar Wilde invité a una vedette que tiene 60 años y parece que tuviera 20. “¿Tú eres Dorian Gray?”, le preguntaba. [Risas] Para hablar de El túnel invité a un futbolista. Lo que quería en mi programa era la idea de por qué la literatura debe ser algo exclusivo para escritores, intelectuales. ¿Por qué no puede hablar de El túnel un futbolista? ¿Por qué no puede hablar de [El retrato de] Dorian Gray una vedette?
Claro, te hablaban a veces cosas horribles. Una vez, para hablar de Arguedas –y ahí fue cuando me despidieron– invité a Damián Cisneros. Arguedas siempre decía que su origen literario había sido un violinista que se llamaba Damián Cisneros que tocó en su entierro: cuando Arguedas se suicida, envía órdenes y una decía “y Damián Cisneros tiene que tocar”. Entonces tenía que hablar de Los ríos profundos, invité a un sociólogo, invité a un escritor, invité a una persona licenciada en Psicología –porque Arguedas era también psicólogo– e invité también a Damián Cisneros. Y cuando llega Damián Cisneros yo estaba muy emocionado porque estaba la memoria viva: Damián Cisneros, el hombre que Arguedas tocó, abrazó. Lo senté y el tipo no hablaba nada. No hablaba nada. Tú le preguntabas y el tipo sólo ¿quéee, cómo? El programa era casi en vivo, no se podía volver a grabar: era en vivo por tacaños. Pensaba qué hago con este hombre que no habla. Entonces le dije “sabes qué, no hables, para qué, toca lo que hizo que Arguedas llorase”. Damián sacó su violín y empezó a tocar, yo me puse llorar, todos nos pusimos a llorar. Pero fueron 20 minutos, yo no le iba a cortar. Y, claro, al día siguiente: “¡Mira! Cero rating, quién era ese indígena tocando, lárgate de acá”. Me botaron. Pero bueno, hice lo que quise.
Tenemos tiempo para una pregunta más.
Pregunta del público: [No se escucha con claridad, pregunta sobre la novela de Thays en relación a Abril rojo de Roncagliolo].
Ah, claro. El tiene éxito, es guapo. Todo. Abril rojo es casi como un thriller, pero no habla de la violencia, es como escenario. Como la película de Tarantino, Bastardos sin gloria.
[Intervención del público] ¡Horrible!
[Se ríe] A mí tampoco me gustó, pero a mi ex le encantó. [Risas] Pero esa película ocurre en la época nazi, pero no es sobre los nazis. Yo creo que Abril rojo ocurre en la época de Sendero, pero no tiene que ver con Sendero. Es un policía loco. Yo insisto que mi novela no es sobre la violencia, es sobre un hombre que quiere supera el dolor, al igual que el país.
La novela que sí habla sobre la violencia es una de Alonso Cueto, que tiene una novela llamada La hora azul, que ganó el Premio Herralde –que debe estar muy caro, Herralde debería publicar a todos los latinoamericanos en sus países; yo no me compraría mi libro–. Para mí lo más interesante es que no identifico eso como algo peruano: leo, por ejemplo, a Horacios Castellanos Moya, a Rodrigo Rey Rosa y me siento muy identificado. Este tema por la violencia, los desaparecidos está en Horacio Castellanos Moya, en Rey Rosa. Pero además también lo veo en otros, por ejemplo en Ondaatje: El fantasma de Anil, unas personas que levantan huesos y entre los huesos prehistóricos han metido a un desaparecido de Sri Lanka. Yo creo que es un tema universal, pero eso creo que ya no hay latinoamericanismo que se ocupe de la violencia política. No es latinoamericano Ondaatje y estoy seguro que hay turcos y hay chinos y japoneses que se ocupan de sus violencias políticas. Hay un mexicano que sí tiene mucho que ver con la violencia –no sé si llega aquí la editorial Periférica– que se llama Juri Herrera. Es muy bueno, sobre la violencia y las fronteras entre Estados Unidos y México.
Yo creo que si me quedo a vivir aquí un mes saco cinco escritores sobre la violencia de aquí. Y si me voy a China voy a sacar cinco de allí. Ya no hay temas latinoamericanos ni argentinos ni españoles. Españoles sí, lamentablemente, porque son más pesados y su guerra civil ya me tiene harto.
Bueno, muchísimas gracias.
[Aplausos]
Tags: Iván Thays, Pedro Mairal


La pregunta que no se entendió era mìa. Y era: resulta inevitable asociar tu novela con “Abril rojo” de Santiago Roncagliolo. Hay un tratamiento especia del tema violencia en la novelîstica peruana que la identifica en un eje distinto al de los
S llamados paîses centrales?