:: Poesía ::

Un poeta impulsado por la filosofía

07-01-2010 | ,

La poesía de Fernando Pessoa abre paso a la filosofía: a la búsqueda del autoconocimiento y a la liberación. Como dice Bernard Shaw, “los espejos se emplean para verse la cara; el arte para verse el alma.”

Por Miguel Fochesatto.

miguel fochesatto

Cuán difícil…es hacer cenizas de la mente.
Sugawara no Michizane, poeta japonés.

Sin expectativas…ni más, ni menos..a veces.., “por suerte” uno tiene el derecho de sentirse así, ¡sin expectativas!

En silencio, cuando todo se derrumba, sentir en nuestro ser el alivio inconmensurable de estar despojado de las ilusiones, de la imaginación y de la identificación con lo que nos rodea. Es como descansar un poco en el camino…El Yo que estaba bajo sospecha, el astuto y malicioso Yo, ya no tiene esperanza alguna de influir sobre lo sagrado, sobre ese lugar al cual no puede llegar jamás, salvo que le otorguemos consentimiento, que le abramos la puerta de par en par y le demos la bienvenida a quien, sin piedad nos hará pedazos, nos habrá de manchar vil, cruel y con alevosía. Y a este Yo, si uno está atento, sin falsas tensiones, se lo puede divisar a lo lejos, agazapado, esperando la oportunidad de golpear a la puerta pidiendo ayuda, una pequeña limosna como un mendigo, para luego, de un salto, instalarse con comodidad en nuestra casa y disponer de ella a su maldito antojo como si fuera nuestro mejor amigo, nuestro mejor aliado. Los detalles más insignificantes encierran un pasado, un presente y un porvenir acorde.

Algo parecido a lo que acabo de escribir es lo que siento cuando leo a algunos poetas esenciales como Hölderlin, Goethe y Rilke entre otros. No puedo evitar retroceder, replegarme sobre mí ante la palabra vivificante. Y me pregunto: ¿es posible escuchar alguna vez sin opinión, sin juzgar? ¿es posible escuchar la pregunta; o mejor todavía: la respuesta de otro como si fuera la mía?. Me pregunto: ¿puedo ponerme en el lugar del otro?. Existe un viejo proverbio, nos recuerda Cioran, que dice: “no juzgues a nadie sin antes haberte puesto en su lugar.” Este proverbio, continúa diciendo Cioran, invalida cualquier juicio, pues sólo juzgamos a alguien porque, justamente, no podemos ponernos en su lugar.

Dejemos que hable Pessoa: “Tener opiniones es la mejor prueba de la incapacidad de tenerlas.”

Ciertos poetas son para mí un tornado que arrasa con todo lo que encuentran, tanto nuestras alegrías como nuestras miserias. Tal es el efecto que me produce Fernando Pessoa (1888-1935): destruye sin piedad alguna, destruye –como dijo Cioran– a “ese maldito yo”. Pero su destrucción muy lejos de ser una cosa negativa, es simultáneamente, de un proceso creativo admirable.

Pessoa sigue diciendo: ¡Duerme, vivir es nada! ¡Duerme, es en vano todo!

“Amo mis sueños” dije yo, una mañana de invierno,
Al hombre práctico que soberbiamente
Me replicó: “No soy esclavo del Ideal,
Más, como hombre de sentido común, lo Real amo”.
¡Pobre loco, que confunde lo que es con lo que parece!
Yo amo lo Real cuando mis sueños amo.

Pessoa no aceptaba las creencias: las creencias eran creencias, jamás la verdad. Los dogmas eran y son para los muertos en vida. Las afirmaciones, las convicciones para los que viven alimentándose del miedo y de la debilidad. Los hombres propiamente dichos no existen, se encuentran en un estado rudimentario, embrionario. Lo que existe es la potencialidad, una energía creadora devastada por influencias externas muy bien orquestadas para impedir el florecimiento de la inteligencia y por ende de la creatividad.
Parecemos seres opacos, sin brillo alguno, destinados irremediablemente a vivir vidas prestadas, donde los valores más aplaudidos y festejados son aquellos basados fundamentalmente en la “capacidad” de adaptación”, en la “capacidad de imitación” que forzosamente nos vuelven perezosos y nulos en creatividad hasta llegar a grados alarmantes. Como decía Lichtenberg “La ortodoxia de la razón atonta más que cualquier religión”, o Buda mucho tiempo atrás: “Vivimos en el miedo y es así que no vivimos”.

Pessoa lo había entendido perfectamente: “Sé todo en cada cosa. Pon cuanto eres en lo mínimo que hagas.”

Pienso que, si uno desea cambiar el mundo que lo rodea, no hay otro camino que empezar por cambiase a sí mismo. Ghandi, lo repetía una y otra vez –si quieres cambiar el mundo, cámbiate a ti mismo–, de lo contrario, vivimos en un estado de violencia, de imposición que como respuesta no puede generar otra cosa que más violencia y que solamente se mantiene con más violencia. En definitiva todo vuelve y realmente nunca cambia nada, es la vigencia permanente del mecánico eterno retorno de las cosas. Vivimos una pequeña parte de nuestra vida teniendo la posibilidad de acercarnos a vivir la totalidad, indagando y profundizando en lo más hondo de nuestro ser. Únicamente la intromisión de la conciencia puede producir un cambio prolongado. Hölderlin decía que: “Quien piensa lo más hondo, ama lo mas vivo.”

A pesar de este penoso panorama, creo que hay una esperanza. Estimula recordar dos pensamientos de Cioran, que nos dice: “existe en la estupidez una gravedad que, mejor orientada, podría multiplicar el número de obras maestras”. Y también: “El hombre va a desaparecer: ésa era hasta ahora mi firme convicción y entretanto he cambiado de opinión: el hombre debe desaparecer.”

A pesar de todo, la gran naturaleza es muy generosa con nosotros, tan generosa que en algún momento nos ofrece otra oportunidad para deshacernos de “nuestra” imaginación de poseer un Yo permanente. Pessoa nos llama a reflexionar cuando nos asevera que, “Muerte somos y muerte vivimos. Muertos nacemos, muertos pasamos ya muertos en la muerte entramos.”

“Pasa tan pronto lo que pasa!
¡Tan joven muere ante los dioses cuanto
Muere! ¡Todo es tan poco!
Nada se sabe, todo se imagina.
Circúndate de rosas, ama, bebe.
Y calla. El resto es nada.

“La vida es, pues, un intervalo, un nexo, una relación, pero una relación entre lo que pasó y lo que pasará, un intervalo muerto entre Muerte y Muerte.”

Ricardo Reis:

Quiere poco: tendrás todo.
Nada quieras: serás libre.
El mismo amor que nos tengan
Al querernos, nos oprime.

Pero, generalmente lo que se le propone a nuestra imaginación, como verdadero o posible no siéndolo, parece ser nuestra meta en la vida. En nuestro interior sabemos por sus resultados que es una simple mentira. Nuestra propia vida es una quimera, una mera ilusión.

Estar dividido, estar sentado entre dos sillas, parece ser nuestro destino. Entre la vida y el espíritu: una condición que nos lleva a perdernos ambas. Decía Cioran: “Estamos convertidos en una nada que anhela existencia. Indirectamente, anhelamos el espíritu y lamentamos la vida”. “Un hombre que no puede encontrar equilibrio alguno en el mundo, porque el equilibrio no se gana negando la vida, sino viviendo.”

Cuando todo se derrumba surge tanta desesperación. Aparece el desconcierto, la desesperanza y nos da la impresión de que no podemos pensar más. Una de las opciones sería aceptar la vida, nos sugiere Pessoa, como un acontecimiento irracional. Nos duelen y mucho, la inutilidad de las ideas en estos casos.

Dos fragmentos de Álvaro de Campos:

No soy nada.
Nunca seré nada.
No puedo querer ser nada. Aparte de eso, tengo en mí todos los sueños del mundo.
………………………..
No: no quiero nada.
Ya dije que no quiero nada.
¡No me vengan con conclusiones!
La única conclusión es morir.
¡No me traigan estéticas!
¡No me hablen de moral!

¡Déjenme en paz! No tardo, que yo nunca tardo…
¡Y en tanto tarda el Abismo y el Silencio quiero estar
solo!

Para poder comprender un poco más a Pessoa, podemos recordar a Thomas Bernhard cuando pone como ejemplo los episodios lamentables, infrahumanos y aterradores que tuvo que padecer siendo aún muy joven, cuando tuvo que vivir una odisea. El desamparo casi absoluto como enfermo de pulmón, deambulando por los establecimientos públicos, sanatorios y casas de reposo. Es en ese momento de su vida, cuando comienza a sublevarse contra la vanidad, la deshumanización, la tiranía y maldad de los médicos incompetentes. Asimismo también contra la arbitrariedad, la indiferencia y la soberbia de los que tienen el poder médico. Bernhard se subleva firmemente, –como Pessoa ante las convenciones e instituciones–, contra la desigualdad, contra la discriminación en los tratamientos a los enfermos considerándola un crimen aberrante. Fue el gran observador de una monstruosidad nueva para el, de una indignidad absoluta y repulsiva, de la brutalidad y la iniquidad en el tratamiento a los enfermos. Pero, tanto Bernhard como Pessoa demostraron con creces a la humanidad, que cualquier tipo de período sombrío puede ayudarnos y convertirse para nosotros en una escuela de la volundad. Bernhard luego, hasta el fin de sus días se convertiría en uno de los observadores más lúcidos e implacables del siglo XX. Supo elevarse hasta las más altas montañas, partiendo desde condiciones de vida horrorosas, y como un águila, desde una gran altura, describió como pocos la extinción de la consciencia en el ser humano y el ocaso de una época. Según Nietszche, en la “la voluntad de poder”,”Las grandes cosas exigen que no las mencionemos o que nos refiramos a ellas con grandeza: cínicamente y con inocencia.”

Pessoa, Bernhard, Nietszche, Cioran y Milton, por nombrar algunos, han logrado expresarse de una forma extraordinariamente creativa. Tan creativa como brillante.

Es raro: la mayoría de las veces el sufrimiento se afirma como lo único real, justo cuando más ilusoria nos parece la existencia de este mundo. Pessoa nos recomienda que “una interpretación irónica de la vida, una aceptación indiferente de las cosas, son el mejor remedio para el sufrimiento, ya que no lo son para las razones que hay para sufrir.”

Creo con firmeza que dejarse llevar por la capacidad de asombro puede transformar profundamente nuestras vidas. Cuando leo a Pessoa tengo la impresión de estar invitado a transitar un camino que nos lleva más allá de las dimensiones del espacio-tiempo, hasta la cumbre más alta del ser sin principio y también hasta la profundidad del abismo humano. Nos señala el derrumbe, la caída más absoluta como también como contrapartida, la redención, la cumbre más alta a la que pueda llegar el ser. Mientras más se desciende, mientras ahondamos en nuestro interior extrañamente nos podemos encontrar en el punto más alto del ser. Es muy difícil no agobiarse con lo que vemos, pero no es una tarea imposible. Me viene en este instante a la memoria una sentencia de Nietzsche que dice: “el que se cierne sobre las más altas montañas, se ríe de la escena y de la vida.” Y en algún punto es así, es fundamentalmente necesario separarse de sí mismo para poder verse a sí mismo. Para él, ser, era admirarse de estar siendo.

Creía firmemente que el actuar con otros, el convivir, el entregarse lo limitaba notoriamente. Perderse en lo plural, aunque genere la ilusión de un ensanchamiento, es todo lo contrario, esta limitación es lo más parecido a la muerte. Solamente se sentía a salvo cuando estaba autoconsciente, para él, este era el único estado real. Todos los otros son fenómenos poco creíbles, inciertos en esa consciencia.

Siempre sentí admiración por Pessoa, quizás por reconocer en él, como en ningún otro poeta, el poder de desdoblarse en heterónimos, en estos diferentes nombres que se otorgaba a sí mismo. Estos heterónimos no formaban parte de su personalidad, eran creados por él, tenían su propia individualidad y se expresaban absolutamente despersonalizados. Cómo él mismo dice en algún lugar de sus diarios: a Caeiro le había otorgado todo el poder de la despersonalización dramática, se parece a un estoico; en Ricardo Reis, absolutamente toda la disciplina mental, es un epicúreo –quizás sean las odas mas ricas y profundas que jamás escribiera Pessoa–, y en Álvaro de Campos toda la emoción que no debo ni a mi ni a la vida. El mismo decía que era un poeta impulsado por la filosofía y no, un filósofo con cualidades poéticas.

Peculiar observador de la belleza de las cosas apuntaba a lo imperceptible, a lo pequeño a lo minúsculo que de agún modo define el alma poética del universo. Hölderlin remarca que “lo que nace de fuente pura es misterioso. Apenas al Canto está reservado revelárnoslo.” También se puede leer en algún lugar a Hugo Mujica, que siempre tan bellamente puede expresar lo que parece indecible: “la experiencia del místico es inconmensurable con el lenguaje, esa desmesura parte y abre el lenguaje. Canta.”

La palabra puede y tiene el poder de producir una metanoia en el momento inesperado. Puede conducirnos a la fuente silenciosa de donde surge espontáneamente la creatividad. Margarite Durás también sabía de esto cuando dice que “el escribir también es no hablar. Es callarse. Es aullar sin ruido.”

Aquí Clarice Lispector, según su experiencia, tiene algo maravilloso que decirnos: “Hay un gran silencio dentro de mi. Y ese silencio ha sido la fuente de mis palabras. Y del silencio ha venido lo que es más precioso que todo: el propio silencio.”

Pessoa en sus diarios cuenta algunas experiencias de cómo veía las cosas de la vida, y que realmente conmueven. Uno se da cuenta que está frente a un ser extraordinariamente especial. Estaba profundamente convencido de que veía el mundo de una manera muy diferente de cómo la veían los demás hombres. La poesía está en todo, decía, en el mar, en la tierra, en la ciudad, en cada movimiento vulgar, en lo ridículo, en la mesa, en el papel, en el tintero…en el olor del sándalo.

Dio una de las definiciones más simples, bellas y precisas de lo que es la poesía: “La poesía es admiración, perplejidad, como la de un ser que hubiera caído del cielo y se diera cuenta durante su propia caída, atónito. Como alguien que conociera las cosas en el alma y luchando por recordar este conocimiento, se diera cuenta de que no era así como las conocía, no bajo esa forma y esas condiciones, y fuera incapaz de recordar más.” Y también: que la poesía es el estado rítmico del pensamiento.

Uno de los seudónimos de Pessoa que utiliza muchas veces en sus diarios tiene por nombre Charles-Robert Anon. Una de las cosas que nos cuenta es que vio cosas que le llenaron los ojos de lágrimas y lo agitaron como una hoja olvidada. Que vio hombres y mujeres que entregaban su vida, sus esperanzas, todo por los demás. Actos de entrega tan grandes que le hicieron llorar lágrimas de alegría. Son actitudes hermosas aunque no sean capaces de redimir. Son rayos puros del sol incidiendo sobre el gran monte de estiércol del Mundo.

No creo equivocarme en afirmar que en algún punto hay una gran sintonía entre Pessoa y Aldo Pellegrini. Éste dice que: “la poesía no es más que esa violenta necesidad de afirmar su ser que impulsa al hombre y que, solamente los imbéciles viven en un mundo artificial y falso: basados en el poder que se puede ejercer sobre otros, niegan la rotunda realidad de lo humano, a la que sustituyen por esquemas huecos. En síntesis, la poesía es una mística de la realidad. Pessoa remarca que “Saber interponerse entre las cosas y uno mismo, es el más alto grado de sabiduría y de prudencia.”

Según Pessoa ahí también reside la poesía, mirando a los dolientes, a los débiles. A veces… ¡que infierno!, ¡qué maldición más dura esta vida! “La voluntad libre” no es sino otra falsedad, otra convención que los hombres han inventado para poder castigar y torturar bajo el amparo de la palabra justicia, que es un nombre que oculta la palabra crimen. Dice la Biblia: “No juzguéis y no seréis juzgados”.

Sólo el arte es útil. Creencias, ejércitos, imperios, actitudes: todo eso pasa. Sólo el arte permanece, y por eso sólo el arte puede verse, porque perdura.

George Bernard Shaw, nos advierte que “Los espejos se emplean para verse la cara; el arte para verse el alma.”

Particularmente, presiento con todo mi ser que la poesía de Pessoa me acompañará el resto de mi vida. Sus palabras, su sentido, son y serán siempre misteriosos. Quería ser un gran creador de mitos, porque opinaba, que es el más alto misterio que un ser humano puede realizar.

Ah, ante esta única realidad, que el el misterio,
ante esta única realidad terrible –la de haber una realidad,
ante este horrible ser que es haber ser,
ante este abismo de existir un abismo,
ser abismo de la existencia de todo ser un abismo,
ser y un abismo por simplemente ser,
por poder ser,
¡por haber ser!–
Ante todo esto como todo lo que hacen los hombres,
todo lo que dicen los hombres,
todo cuanto construyen, deshacen o se construye o deshace
a través de ellos,
¡se empequeñece!
No, no se empequeñece…, se transforma en otra cosa
–en una sola cosa tremenda y negra e imposible,
una cosa que está más allá de los dioses, de Dios, del Destino,
aquello que hace que haya dioses y Dios y Destino,
aquello que hace que haya ser para que pueda haber seres,
aquello que subsiste a través de todas las formas
de todas las vidas, abstractas o concretas,
eternas o contingentes,
verdaderas o falsas.
Aquello que, cuando se ha abarcado todo, todavía se ha que-
dado afuera,
¡porque hay algo, porque hay algo, porque hay algo!

Mi inteligencia se ha convertido en un corazón lleno de pavor
Y es con mis ideas con las que tiemblo, con mi consciencia de
mi,
con la sustancia esencial de mi ser abstracto
con lo que me sofoco de incomprensible,
con lo que me aplasto de ultratranscendente,
y de este miedo, de esta angustia, de este peligro de ultraser,
¡no se puede huir, no se puede huir, no se puede huir!

Cárcel del Ser, ¿no hay liberación de ti?
Cárcel del pensar, ¿no hay liberación de ti?
¡Ah, no, ninguna –ni muerte
, ni vida, ni Dios!
Nosotros, hermanos gemelos del destino en que ambos
existimos,
nosotros, hermanos gemelos de todos los dioses, de todas
las clases,
en ser el mismo abismo, en ser la misma sombra,
sombra seamos, o seamos luz, siempre la misma noche.
Ah, si enfrento confiado la vida, la incertidumbre de la suerte,
sonriente, impensando, la posibilidad cotidiana de todos los
males,
inconsciente al misterio de todas las cosas y de todos los
gestos,
¿por qué no enfrentaré sonriente, inconsciente, la muerte?
¿la ignoro? Pero ¿qué es lo que no ignoro?
La pluma que cojo, la letra que escribo, el papel en que es-
cribo,
¿son misterios menores que la muerte? ¿Cómo, si todo es
el mismo misterio?
Y escribo, estoy escribiendo, por una necesidad sin nada.
¡Ah, enfrente yo como un bicho la muerte que quién no sabe que
existe!
Tengo yo la inconsciencia profunda de todas las cosas natu-
rales,
pues, por más conciencia que tenga, todo es inconsciencia,
salvo el haberlo creado todo, y el haberlo creado todo tam-
bién es inconsciencia,
porque es necesario existir para crearse todo,
y existir es ser inconsciente, porque existir es ser posible
haber ser,
y ser posible haber ser es mayor que todos los dioses.

……………………………

La espantosa realidad de las cosas
Es mi descubrimiento de todos los días.
Cada cosa es lo que es,
Y es difícil explicar a alguien cuánto me alegra eso.
Y cuánto eso me basta.

Basta existir para ser completo.

He escrito bastantes poemas.
He de escribir muchos más, naturalmente.
Cada poema mío dice esto,
Y todos mis poemas son diferentes,
Porque cada cosa que hay es una manera de decir esto.

A veces me pongo a mirar una piedra.
No me pongo a pensar si ella siente.
No se me ocurre llamarla mi hermana.
Pero gusto de ella porque es una piedra,
Gusto de ella porque no siente nada,
Gusto de ella porque no tiene parentesco ninguno
conmigo.

Otras veces oigo pasar el viento,
Y encuentro que sólo para oír pasar el viento vale la
pena haber nacido.
Yo no sé qué pensarán los otros leyendo esto;
Pero encuentro que esto debe estar bien porque lo
pienso sin esfuerzo,
Sin pensar en otras personas oyéndome pensar;
Porque lo siento sin pensamientos,
Porque lo digo como mis palabras lo dicen.

Una vez me llamaron poeta materialista,
Y yo me admiré, porque no creía
Que se me pudiese llamar algo.
Yo ni siquiera soy poeta: veo.
Si lo que escribo tiene valor, no soy yo quien lo tiene:
El valor está allí, en los versos.
Todo eso es absolutamente independiente de mi
voluntad.

De máscaras y paradojas:

–Vivir es ser otro. No es posible ni siquiera
sentir si hoy se siente como ayer se sintió:
sentir hoy lo mismo que ayer no es sentir
–es recordar hoy lo que ayer se sintió, ser
hoy el cadáver viviente de lo que ayer fue
vida perdida.

–Nadie a otro ama, sino que en verdad ama
Lo que en el otro hay o cree que hay de sí mismo.
Nada te pese que no te amen. Sienten que eres
Quien eres, y eres extranjero.
Mira de ser quien eres, te amen o no te amen.
Firme contigo mismo, avaro sufrirás
De penas.

–Me deja helado la idea de que la muerte sea
Encontrarse con el misterio cara a cara
Y conocerlo.

Personalmente, no encuentro palabras mas justas, mas adecuadas de agradecimiento para con Pessoa, que las del gran poeta Novalis:

Tu has despertado en mí el noble anhelo
de contemplar el corazón del amplio mundo;
tu mano me dio fuerza y confianza
para pasar seguro por todas las tormentas.

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5 Responses to “Un poeta impulsado por la filosofía”

  1. pablo melicchio says:

    Miguel, comparto tu lectura de Pessoa y sin lugar a dudas es uno de los paetas filosóficos más impactantes, bellos y profundos, quizá Roberto Juarroz sea su hemano Argentino. Poetas del abismo y el simbolísmo mágico, las vueltas impensadas de las cosas sencillas…
    Aplausos
    Pablo Melicchio

  2. noemi says:

    ¡Qué hermoso estepost!!!!!!!!!!!!!!!!!

    Sí, sin expectativas lanzarse a Pessoa y emerger con una nueva mirada de lo real, de la poesía, de la Vida, de la Muerte, de uno mismo, del otro y de lo Otro. GRACIAS!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! Y por Novalis, por supuesto.

  3. claudia says:

    mas aplausos!

  4. estrella says:

    También aplaudo. Y agrego: quizás para eso sirva la literatura, para poder ponernos en el lugar del otro. Es uno de los caminos para entender las heridas de los corazones ajenos.
    He leído mucho a Pessoa, pero confieso que en épocas de nubes negras tengo prohibido acercarme, por ejemplo, al Libro del Desasosiego. En cambio, siempre encuentro consuelo en los versos de Juarroz. Pessoa me lleva más allá de lo oscuro. Y no puedo.

  5. Rocío says:

    Excelente ! Muchas gracias.

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