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“Los poetas te miran de reojo cuando venís de otro género”

05-03-2010 |

Ignacio Molina comienza un año de mucha actividad con la publicación del poemario Viajemos en subte a China (Ed. Pánico el pánico), un libro que le permitió exorcizar una difícil etapa de su vida.

Por P.Z.

–¿Cómo estás, Ignacio?

–Estoy bien. ¿Te asustaste? Estoy mejor que cuando escribí este libro.

Ignacio Molina

Podría decirse que Ignacio Molina es un experimentador dentro de la literatura. En pocos años ya tiene en su haber una interesante variedad de géneros abordados. Un libro de cuentos (Los estantes vacíos; Entropía), una investigación periodística (Tribus urbanas; Kier), una novela a punto de publicarse, participaciones performáticas con El quinteto de la muerte que también desembocan en un próximo libro. También un libro de poemas “oscuros”: Viajemos en subte a China.

–La mayoría de los poemas –explica– los escribí en una etapa en que estaba verdaderamente mal, unas cuestiones personales me tenían bastante deprimido. No pensé hacer un libro de poemas que reflejara ese estado, salió así. Pero no todos los poemas son oscuros, hay algunos con más aire, hay poemas dedicados a mi hijo.

Molina dice y repite que los poemas fueron “surgiendo”. No se planteó una propuesta programática de escribir poesía. “Si me hubiera propuesto hacer un libro habría salido demasiado artificial”. Cuenta entonces, que si bien desde hace mucho tiempo escribe poesía, los que aquí compendia son de 2008 y 2009. Algunos se descartaban, otros se guardaban, un puñado se publicaron en blogs (Pedro Mairal, por ejemplo, publicó el que da título al libro). Fue por los poemas publicados en los blogs que llegó la posibilidad del libro:

–Marina Gersberg había leído algunos poemas y me propuso editar un libro. Primero dije que no, porque no me considero poeta ni nada por el estilo. Pero pasó el tiempo, seguí escribiendo y cuando me lo volvió a proponer acepté.

¿Qué trabajás en Viajemos en subte a China?

–No sé si es un libro conceptual pero sí hay unas ideas que lo atraviesan. Por un lado está la relación con las palabras. También hay poemas de amor -o de desamor-, poemas que tienen más que ver con lo cotidiano. Los menos oscuros son los dedicados a mi hijo. Todas esas categorías se cruzan dentro del libro.

Viajemos en subte a china abre con “Poética”: “Me salva / y me condena a la vez / pensar / todo el día en palabras”. ¿Es la clave con que hay que leer al resto?

–La literatura es como un exorcismo. A veces me preguntan si considero que puedo vivir de la literatura. Yo respondo que no completamente, pero que gracias a la literatura puedo vivir mucho mejor. Me ayuda a vivir. No sé cómo sería mi vida si no me hubiera cruzado con la literatura, con las palabras escritas, no lo puedo imaginar. Supongo que sería un poco más oscura o tétrica de lo que es. Tengo antecedentes familiares de depresión: si hay algo que me salva cuando estoy cayendo en ese lugar son las palabras. Poner eso en palabras. O poner palabras de por medio, saber que hay algo que se llama literatura y que está a mi disposición. No sólo escribir, también leer, pensar el mundo de determinada manera, saber que hay algo paralelo a la vida que a veces se cruza con ella y a lo que puedo echar mano. Alivia un poco.

El ejercicio de exorcismo se hace particularmente visible casi llegando al final, en un poema que se distingue del resto: “Escribir”

Escribir
para no pensar tanto
para justificar el tiempo
para hacer que todo lo demás
tenga algo de sentido,
para no recordar que anoche
planeaba firmar esa carta
dejarla en la mesa de luz
y caminar hasta las vías
para ya no seguir viendo
cómo pasaban los trenes.

– Está al fondo para que mi mamá no llegue a leerlo tan pronto –bromea. Después, más serio, sigue:– El poema lo dice, escribir para que no suceda. Cambia el estado de ánimo: ahí está el exorcismo en cierto sentido, lo que me provoca sentarme a escribir. No me acuerdo de quién es la canción que dice “convierto el veneno en papel”. De alguna manera eso: convertir el veneno en papel.

*

¿Te propusiste experimentar con los géneros?

–Se dio de casualidad. Cuando terminé Los estantes vacíos, el libro de cuentos, me propuse escribir una novela, como te dije nunca pensé en sacar un libro de poemas, pero los fui escribiendo y finalmente salió. Tribus Urbanas, el libro de Kier, fue una propuesta de la editorial que hice el año pasado en cuatro o cinco meses.

¿Cómo entra Tribus urbanas dentro de tu universo narrativo?

–Está un poco más emparentado con la parte periodística. Me cuesta definirme como periodista, pero a veces hago periodismo y escribo en medios, y este libro tiene más que ver con eso, menos con lo artístico y más con lo periodístico.

¿Trabajaste de negro alguna vez?

–No. Lo más cerca que hice fue escribir ese por encargo. Tribus urbanas me resultó mucho más trabajoso que una novela. En ese momento estaba escribiendo una y la tuve que dejar. La novela fluye: te sentás y estás escribiendo. Hacer un libro como ese sobre un tema determinado con determinadas pautas es bastante complicado. Escribí Los modos de ganarse la vida, la novela que va a salir por Entropía, durante nueve o diez meses, mientras estaba con otro estado civil. En el medio surgieron los poemas y otra novela más que provisoriamente se llama Clonazepam, que todavía no terminé.

¿Cuánto tiempo te tomaste con los poemas?

–Los poemas no llevan tiempo. No me siento a escribir un poema, me surgen: voy caminando por la calle o escuchando música, surge una sensación y después el poema me baja completo. Yo tengo mucha memoria, si estoy en colectivo y pienso en un poema, cuando llego a casa lo escribo.

¿Pasás mucho tiempo buscando la palabra justa?

–No. Al revés de lo que me pasa cuando escribo cuentos o novelas, no las pienso tanto, surgen. Puede ser que un poema lo lea al día siguiente y lo descarte, pero por lo general surgen así. Con un cuento o una novela puedo estar un día con un párrafo, viendo si una palabra tiene que ir o no. En ese sentido hay trabajos diferentes entre un género y otro. Cuando se publicó Los estantes vacíos, una amiga me dijo que cada palabra estaba exactamente en su lugar. Aunque parezca que es un prosa con desidia, cada palabra está pensada. En cambio en los poemas, la palabra cae y queda.

*

¿Cómo fue la recepción de los lectores con los poemas colgados en el blog? ¿Se toman como más testimoniales que en el libro?

–Sí, claro. En general, con los blogs pasa eso. Recibí diferentes devoluciones de los poemas, el blog parece más personal, ¿no? Sucede con la prosa también, recién cuando se traslada al libro parece como si estuvieras haciendo literatura. La poesía tiene un idea de autorreferencial, nadie cree que uno escriba en primera persona un poema que no sea autorreferencial. Con los cuentos es diferente, la gente que está acostumbrada a leer piensa que ese personaje es el narrador, no sos vos. Algunos poemas los tuve que poner una tercera persona para no exponerme tanto.

¿Revisaste los poemas que subiste al blog antes de que se publicaran en el libro?

–Revisé todos, pero no tienen mucho retoques. Un poema no es como un cuento que uno tiene que tocarlo mucho. Los poemas generalmente me salen como van a terminar siendo. Por ahí cambio alguna palabra, pero me salen de un tirón.

¿Los trabajaste con alguien?

–No. No tengo mucho relación con el circuito de poetas. Muchos son mis amigos, pero no me relaciono tanto. Los poetas te miran de reojo cuando venís de otro género. “¿Qué hace este escribiendo poesía?” Es como si entraras en la quintita de ellos, no te miran muy bien.

Me tiraste el título de la nota.

–Pero es así, no lo digo con rencor. Hace poco una amiga me dijo “parece que ahora todos quieren escribir poesía, y es un error creer que porque se escribe bien en un género se puede escribir bien en todos”. ¡Cómo que no! ¿Quién va escribir poesía, un tipo que trabaja en una carpintería? Yo soy un tipo que trabaja con las palabras, escribo novelas, cuentos, hago periodismo, por qué no voy a poder escribir poesía? No veo nada más lógico que eso. De última, leé el libro y decí si te gusta o no. Hay un prejuicio importante en las capillas de los diferentes géneros. No digo que sea doloroso, pero es un prejuicio que no habría que tener.

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