Un intenso encuentro de cine y literatura

05-03-2010 | , ,

Fabián Casas, Mariano Llinás y Alejandro Lingenti participaron de una mesa en la que hablaron de cine y literatura

Por P.Z. Fotos: Lucio Ramírez

El martes pasado, dentro del ciclo de Los Martes de Eterna Cadencia, Fabián Casas, Mariano Llinás y Alejandro Lingenti participaron de una mesa en la que hablaron de cine y literatura. Un encuentro intenso que dejó mucha tela para cortar. Más allá de la actitud de cada uno frente al público (avasallador Llinás, Casas más reflexivo y Lingenti apareciendo con pinceladas), cada uno fue generoso en cuanto a la honestidad y se la jugaron en cada respuesta. No hubo demasiado espacio para la discusión dado que los tres comparten amistad e intereses, tal vez faltó un contrapeso que pusiera en crisis las definiciones que fueron aportando. Pero ese lugar finalmente fue ocupado por el público. Dejamos aquí los pasajes más salientes del encuentro.

llinás, lingenti, casas

¿Cuánto dura la película de Ocio?

Alejandro Lingenti: Dura 70 minutos… Tuvimos que hacer fuerza para llegar a 70.

Mariano Llinás: Tuvimos que meter unas escenas…

De 4 horas a 70 minutos.

Mariano Llinás: Bueno, pero la hizo otro.

La hizo otro pero la produjiste vos.

Mariano Llinás: ¡No! Yo no produje nada. ¿Ves? Ya está el equívoco. ¡Yo no produje nada! Es una película que lleva la rúbrica de nuestra compañía, que la filmó Agustín Mendilaharzu, pero yo no tuve ninguna participación salvo que soy amigo de Alejandro y trabajamos un poco juntos. Pero es una película de Alejandro Lingenti y de Juan Villegas.

Alejandro Lingenti: Mariano tuvo una incidencia importante en el proceso de montaje, mejoró bastante el material que teníamos.

Mariano Llinás: Hacer una película de la forma en que ahora se hacen las películas independientes involucra una especie de permanente de cambio de roles. No cambio de roles: los roles no son cosas estancas. Desde afuera hay una noción de los roles que se ve con mayor precisión de lo que es en realidad.

Fabián, ¿qué te interesó de la película Ocio?

Fabián Casas: Muchas cosas. Cuando Alejandro me contó que quería escribir el guión hace unos cinco años dije “qué bueno que alguien quiera hacer un guión sobre un libro que yo escribí”. Me pareció que estaba buena la cosa personal que él estaba llevando a cabo. Después se fue armando una construcción colectiva que siempre me resulta más interesante que la cosa tenística, meramente individual. En ese armado de gente conocí a un montón de personas que tienen que ver con él, porque Alejandro tiene la actitud vital de ser una especie de soldador: trabaja soldando gente. Por ejemplo, lo conocí a Mariano a través de él. Para mí fue muy gratificante. Agustín Mendilaharzu es uno de los baluartes de la película. En la película trabajan un montón de nenitos que conocí y me hice amigo, el cantante de El mató un policía motorizado, el cantante de 107 faunos… un montón de pibes que hacen un trabajo interesante precisamente porque no se toman en serio, no son culones. Recién Alejandro trajo un protoafiche de la película y veíamos los nombres. La verdad que toda la gente que hace la película es increíble.

ocio

Alejandro, la pregunta al revés: ¿qué te interesó de Ocio para hacer la película?

Alejandro Lingenti: Hace tiempo que venía con la idea de hacer una película. No porque me considere un cineasta, si no porque venía participando de una conversación sobre el cine argentino desde mi lugar de periodista de cine. Cuando decidí hacer la película el cine argentino estaba en otro momento. El cine estaba demasiado anquilosado. Empecé trabajando como periodista de cine en la agencia Télam cuando las figuras del cine argentino eran Subiela, Juan Carlos Desanzo, Javier Torres. Esa era la gran prosapia del cine argentino. Eran tipos que básicamente que se enriqueció haciendo películas que para mí son películas de mierda. Cuando apareció Mariano –que me parece que es una etapa posterior al Nuevo Cine Argentino, porque el Nuevo Cine Argentino es una renovación estética pero Mariano mostró una nueva manera de producir–, me pareció interesante porque dejara el cine al alcance de alguien que tuviera voluntad y un poco de talento (no sé si es mi caso, eso lo juzgará la gente). Me propuse participar de esa gran conversación que es el cine argentino aportando lo mío no sólo desde el punto de vista de la crítica si no también con una película.

La manera más fácil que se me ocurrió fue adaptar un libro de un amigo. Fabián dice en un libro que sacó hace poco [se refiere a Rita viaja al cosmos con Mariano] que yo soy su mejor amigo. Yo también lo pienso. La categoría de mejor amigo es una categoría medio barrial, está bueno. Creo conocer suficientemente su universo como para que eso trascienda la novela llevada al cine. Espero que eso tenga una continuidad y que haya más gente que se anime a llevarlo al cine. Además, a mí no se me ocurren grandes historias para contar, así que tenía que recurrir a otro que las cuenta mejor que yo. Muchas veces con Fabián estamos en un mismo lugar, ante un mismo suceso. Lo cuento yo y es medio aburrido, lo cuenta él y nos cagamos de risa. Hay algo que tiene como narrador permanente que no tengo pero que pude hacer de sanguijuela.

¿Sale en el Bafici?

Alejandro Lingenti: Sí, vamos a estrenarla en la competencia argentina.

En la décima edición del Bafici participó Historias extraordinarias. Fue la película del Bafici…

Alejandro Lingenti: Más que la película del Bafici: fue la película de la década.

Mariano Llinás: Imagínense que yo voy a decir eso. Uno no se plantea las cosas de esa manera. Yo sabía que quería hacer una película grande, ambiciosa, que me representase un desafío muy alto y, ya que estamos, que representase un desafío muy alto para todos. No me tomó por sorpresa el hecho que fuese una película tan tremenda: ¡yo quería hacer eso! No quería hacer una peliculita. En mi fantasía yo quería hacer London Calling. No sé si me salió; al menos dura mucho. Tenía ese grado de ambición, plantearme una meta muy amplia como una batalla final. Mi percepción de la película tiene que ver con eso y no con fórmulas publicitarias “la película del Bafici”. ¿Cómo te voy a decir eso? Me parece un poco prepotente ese tipo de enunciación con respecto a un film. La película tiene que ser una película.

En El amante la definieron como una película que divide un antes y un después.

Alejandro Lingenti: Sí, hablaron de un cambio de paradigma.

Mariano Llinás: Sí, y este año la película de Campanchella. Si vamos a juzgar lo que dice El amante

Alejandro Lingenti: A mí me parece que ese tipo de exageraciones ayudan. No hay una película de la década, pero ayuda a impulsar una discusión. El amante solía hacer eso: Preguntaron a los críticos cuál fue la película de la década, yo elegí La libertad de Lisandro Alonso. Me parece que el desafío de las listas que son un poco mentirosas sirvan para eso: para provocar, para que se genere una discusión.

Mariano Llinás: Claro, ¿cuál fue la película de la década del 50? ¿Más corazón que odio o Sin aliento? ¿O La dolce vita? ¿O Río Bravo? Qué sentido tiene: no es una carrera. Es un poco inútil. Sirve para cierta frivolización, para comunicar las cosas. Pero uno no se toma eso en serio. Uno no va por la calle diciendo “hice la película del Bafici”. El que lo hace es un boludo.

¿Cómo hubiera sido Historias extraordinarias con un presupuesto de 400mil dólares?

Mariano Llinás: ¡Espectacular! [Risas] La verdad que no te puedo decir. Lo ideal hubiera sido que fuera igual pero que el resto nos lo quedáramos nosotros. [Risas]

Alejandro Lingenti: Ponías dos leones.

Mariano Llinás: Costó 40 mil dólares. Con 400 mil hubiera durado 10 veces más.

Fabián Casas: O la hacías en 3D.

Mariano Llinás: Me hubiera quedado más tiempo en Mozambique…

Fabián Casas: Podías haber hecho el set de África acá. ¿Con cuánta guita decís que la hiciste?

¿Se hizo con 40 mil dólares?

Mariano Llinás: Un poquito más, pero es una discusión baficera.

Fabián, se dice que Historias extraordinarias es una película que logra una relación muy fuerte entre cine y literatura. Como escritor, ¿cómo considerás que tiene que ser esa relación?

Mariano Llinás: Mirá que la última vez que hicieron esa pregunta… no estuvo bueno. [Risas]

Fabián Casas: ¿Por qué?

Mariano Llinás: Un episodio…

Alejandro Lingenti: Ah, en Villa Ocampo.

Mariano Llinás: … que me tocó vivir en mi ya lejana juventud.

Fabián Casas: Creí que era conmigo porque con Mariano somos destructores de cumpleaños. Somos dos idiotas que empezamos a discutir y la gente se empieza a ir. “Dejemos a estos dos megalómanos delirantes”, y se van. La discusión puede ser Borges – Arlt. El es borgeano y piensa que todo el resto es arltiano. Creí que tenía que ver con eso.

Mariano Llinás: No, fue una vez que hicieron un encuentro… Creo que estaba una de estas chicas [señala a Silvina Friera, periodista de Página/12 entre el público]. Incluso creo que fue muy favorable con los escritores…

Fabián Casas: Historias extraordinarias son narraciones. A mí me resulta interesante lo que tiene poesía. No es que estoy en contra de lo que no tiene poesía: no me importa. La película de Campanella no tiene ni un gramo de poesía pero está bien, no me importa nada, que gane el Oscar, me es indiferente. La poesía la reconocés, no la podés definir, porque definirla es antipoético. La poesía aparece en todos lados, es como una especie de incertidumbre, escuchar más la voz extraña que la voz personal. Algunos lugares, como los casamientos, tienen que ver con un avistamiento de clichés: plato caliente, baile, plato frío, baile, hasta la locura del novio es medio organizada, a una hora va a estar con la corbata en la cabeza. La poesía tiene que ver con un estado de incertidumbre, estar con un estado de pregunta. Las películas de Mariano están en un estado de incertidumbre. Son películas que se van de mambo. Me gusta eso en todas las narraciones: la irrupción de la poesía. El poema final que escribió él es hermoso. Le pregunté si lo había escrito él porque nunca pensé que un subnormal como Mariano podía escribir eso. [Risas] ¿Es verdad o me mentiste?

Mariano Llinás: La bajé de internet. [Risas]

Fabián Casas: La poesía puede estar en todos lados. Paradójicamente en un libro de poesía puede no haber poesía. Como seguramente el Congreso de la Lengua no tiene nada que ver con la lengua. La lengua es algo que está todo el tiempo en movimiento, es vital, la lengua escapa a todos los congresos. La lengua es lo que vos no sabés qué vas a decir. Es tu destino. Es difícil que haya que estereotipar las cosas tienen que ver con la lengua y ponerlas en un lugar. Pasa con los premios de los festivales: hay que tomarlos como algo tranquilizador de la cultura. Te ubica, te señaliza, pero creo que si sos un tipo que está trabajando de verdad, tenés que pasar de todo eso.

Mariano Llinás: Ganar los premios es buenísimo, pero si estás pensando en eso son un animal.

Fabián Casas: Está bueno, pero las cosas pasan por otro lado. Ya ni siquiera pensando que tenés que escribir o filmar si no vivir tu vida de una manera que esté puesta en un grado de pregunta y no de certeza. Hay un montón de gente que le parece que le deben cosas todo el tiempo. Uno tiene que aceptar su destino. Tener amor fatti (que no es lo mismo que morfati), tener amor a tu destino y no ser un llorón. Si tuviera que dar una charla de vestuario diría eso. [Risas]

Mariano Llinás: Bueno, vos [a PZ] que estuviste en la cosa previa a esta charla sabés que hubo alguien medio llorón.

Bueno, si me dejan meter los pies en plato, en los mails de ayer yo les pregunté si tenían algún tema de interés para hablar y les dije que me parecía que Ocio y los Oscars eran temas casi obligados. Y Mariano respondió “¿los Oscars?”, como diciendo “que tema pelotudo”. Y sin embargo salió varias veces Campanella en la charla.

Alejandro Lingenti: Es un muy buen contraejemplo Campanella.

Mariano Llinás: Que te juro que recién ahora entiendo que te referías a la película de Campanella. Me sorprendió como tema.

No, no: como este domingo es la ceremonia, y vos sos una persona que apunta contra el cine industrial…

Fabián Casas: A él [Llinás] en las fiestas cuando toma Campari le decimos Campariella. [Risas]

Mariano Llinás: ¿Apuntando?

Una película de 4 horas va en contra del cine industrial.

Mariano Llinás: Bueno, pero una cosa son las películas que yo hago y otra las que yo veo. Mis cineastas favoritos, me gusta Hitchcock, me gusta Jean Renoir. No estoy en contra de la industria del cine, pero me gusta hacer películas de una manera.

Lo que me pasa con Campanchella es que no me gusta ninguna película que hizo. Pero no estoy en contra de que se hagan las películas en forma industrial. Si querés estoy en contra –pero les pido por favor que hagamos lo imposible de no hablar de eso– de cómo se piensa desde el Estado la manera en que se tiene que apoyar cierto tipo de películas. Que las películas sí o sí tienen que ser industriales. Eso me parece mal. Las películas que se hicieron para ganar plata y son buenas me parecen bien.

Yo no hago películas así. Mi intención es correrme de ese mandato que aqueja al cine desde siempre, que es que un film tiene que ser algo parecido a una empresa, que tiene que ser parecido a un producto y que tiene que estar necesariamente ligado con el dinero como primera condición de posibilidad. Yo prefiero acercarme a una idea donde no es tan así, donde el dinero es una variable más, pero lo que verdaderamente funciona es lo que decía Casas. Seamos un poco cursis: esa cuestión del espíritu más que de ser una especie de zorro travieso. Pero no es una posición anti industrial. La película de Campanchella a mí no me interesa mucho, me resulta indiferente. Me resulta menos indiferente la escena que el tipo termina mostrando la pistola, ahí ya digo “¿eh, qué pasó?” [Risas] Pero en general es una película que no significa nada en mi vida. ¿Vos me decís los Oscars? Yo no tengo nada que ver. Cuando era chico me gustaba verlos, ahora no me gusta tanto. Ni sé cuáles son las candidatas al Oscar. ¿Cuáles son?

Alejandro Lingenti: Yo sé las extranjeras porque está la de Haneke que es buenísima.

Mariano Llinás: Que gane esa.

Alejandro Lingenti: Que gane o que no gane, la verdad que es lo mismo.

Mariano Llinás: El Oscar es un programa de televisión que dura 4 horas como Historias Extraordinarias.

Alejandro Lingenti: Pero no dice nada sobre el cine, creo que el año de El ciudadano gano Marty.

Mariano Llinás: No: ganó John Ford. Al final me sabía todos los ganadores… [Risas]

Alejandro Lingenti: Igual, es inevitable. Me parece bien hablar de lo que pasó con la película de Campanella. Todo el mundo habla de eso.

Mariano Llinás: ¿Todo el mundo habla de eso? En serio te digo.

Alejandro Lingenti: Sí, y me parece que hay un consenso alrededor de la película.

Mariano Llinás: ¿A la gente del público le gustó la película?

Alejandro Lingenti: A ver, levanten la mano los que le gustó. [Levantan la mano 4 personas]

Mariano Llinás: Nadie. [Alguien del público dice que es porque les da vergüenza levantar la mano]. ¿Vos decís que sí les gusta? Es malísima. Es una damier.

Alejandro Lingenti: Lo que es sorprendente es que la película de Campanella es muy parecida a las que había hecho antes y sin embargo ahora generó una reacción positiva. Eso es lo sorprendente. No hizo nada nuevo.

Mariano Llinás: Pero se desdijo de cosas que venía haciendo antes. Antes hacía películas más sentimentaloides, del barrio. Acá se incluye más en el género.

Alejandro Lingenti: Pero empieza con un ralenti de una mina que pone la mano en el vidrio, más sentimentaloide que eso…

Es cierto que se pudo ahorrar esa escena.

Mariano Llinás: La que se pudo ahorrar es la de la pistola que no se puede creer. [Risas] Ella dice “este debe tener un chizito” y el tipo saca ¡y la cámara panea!

Alejandro Lingenti: Y es un pretzel, no un chizito.

Fabián Casas: A mí me la recomendó un crítico muy famoso, deleuziano, que me dijo que tenía que verla porque era extraordinaria. Hay veces que la película es indefendible, pero como toca un tema que tiene que ver con tu vida personal o algo que te pasó, te emocionás. Viste que hay películas de sábado a la tarde que te ponés a llorar y son una boludez dantesca, pero tienen que ver con tu vida. Si hay una historia de un padre y un hijo pienso en mi viejo. Me impacta, salvo que sea muy mala. A mí me gusta que me gusten las películas, no me gusta que no me gusten. Y leo para que me gusten. Si sale un libro de un pibe nuevo que la rompe me gusta que me guste. Me gusta leer y robarle, no experimento placer, no me hago la paja porque el libro es malísimo, todo lo contrario. Para lo malo tenés a Tinelli que ocupó todo. Con Campanela decía “bueno, voy a ver una película que me dijeron que era buenísima”. Y la puse y era una catástrofe. [Risas]

Rago es un tipo que de golpe mete en cana a un tipo de la Triple A. ¿Cómo hace? Aparte todo el tiempo parece una escena de Plaza Sésamo que te está remarcando lo que quiere decir. Rago, que no le creés ni la vejez, mete en cana a un tipo que una escena antes por economía de la película estaba mostrando un revólver en un ascensor, un tipo de la Triple A que se la rebanca, que además Campanella te mostró las dos pistolas del tipo, y Rago lo mete en cana. Vos lo ves a Darín, pobre, metiéndose en el guión. Y la escena en que la mina lo empieza a hostigar al flaco, es medio bizarra, casi te diría de Ed Wood.

Mariano Llinás: Eso es increíble. Además muy facho porque la mina se da cuenta que el tipo es culpable porque le mira el escote.

Yo hubiera sido culpable…

Mariano Llinás: ¡Cualquiera es culpable! Los que miran escotes son asesinos múltiples.

Alejandro Lingenti: Además, la persona que encarna la noción de justicia en la película, que es Soledad Villamil, usa el no muy legítimo recurso de seducir a una persona que va a dar testimonio.

Mariano Llinás: Otro momento espectacular es el segundo plotpoint cuando Darín descubre al asesino porque lo ve en una foto mirando raro.

Fabián Casas: Eso es increíble.

¿Y la famosa escena de la cancha de Huracán?

Mariano Llinás: Pero escuchame, porque todo el mundo dice “ah, el plano secuencia de la cancha de Huracán”. ¡Parece un jueguito electrónico! Está bien, porque uno dice “hice el gran plano secuencia”. Todo director lo quiere hacer, hasta nosotros. Pero la gracia es hacerlo de verdad. Es como un recurso casi infantil decir “yo voy a hacer mi gran plano secuencia rompiendo todos los esquemas”. Campanchella lo hace con la cancha de Huracán y está bien, empieza con un gran plano general de una cancha llena de gente y termina en el primer plano de un personaje. Pero hay que hacerlo de verdad, porque si lo hacés por computadora poniendo el software famoso de El señor de los anillos con todos los orcos gritando que gane Racing, si no lo filmaste, ¿cuál es la gracia de hacer semejante plano espectacular? Ya que está, ¿por qué no pasa un pterodáctilo volando? [Risas] Si puede hacer lo que quiera, ¿por qué no pasa el Barón Rojo?

Fabián Casas: O que gane Racing. [Risas]

Mariano Llinás: La gracia es que sea efectivamente un plano que se hizo sin cortes. Si él mismo dice que lo hicieron con el software de El señor de los anillos. La primera película que se hizo famosa por publicitar un software.

Fabián Casas: Vayan a ver la película de Campanella los que no la vieron. [Risas]

¿Qué dificultades tuvo hacer el guión de Ocio?

Alejandro Lingenti: Ninguna, más allá de las propias. Sobre todo porque la película, más allá de que les guste o no cuando la vean, no es una adaptación muy literal de la novela. Era difícil adaptarla literalmente. Insisto en lo que dije antes, traté de reflejar el universo de la literatura de Fabián según lo vivo yo. En un momento mientras hacíamos la película, una de las personas que trabajó en ella, Felicitas Soldi, nos dijo que tenía una versión propia del guión y nosotros tratamos de incentivarla a que también la filme. Pero no lo logramos.

Mariano Llinás: Tuvimos una buena conversación, ¿te acordás? Estábamos hablando con Alejandro de la película y yo le pregunto “¿qué es esta película?”. El me dice “es un tipo que pierde a su madre y se tiene que refugiar en su padre y su hermano, es una especie de paréntesis en su vida”. Y yo lo contradije: “¿la película de Ocio es eso o sos vos adaptando una novela escrita por tu mejor amigo?”. Ahí, Alejandro trastabilló. Eso es interesante porque las películas son más complejas que los argumentos. El espíritu de un film puede no ser necesariamente su argumento o lo que pasa. Puede tener un aliento que venga de otro lado, inaprensible, por ahí lo que decía Casas refiriéndose a cómo lo poético no tiene necesariamente que ver con cuestiones programables. Por ahí lo que efectivamente llena al film de Lingenti de aquello que lo vuelve conmovedor, tiene que ver con cuestiones que están incluso fuera del film, pero que se impregnan en la relación entre ellos dos, en el hecho de que se hayan dicho mejores amigos.

Hay algo de eso que se vuelve indiscernible del material filmado, del material narrativo que construye la película. Si no fuera así, el cine sería una especie de transposición muy pálida de la literatura. Y me parece que puede incluir determinadas cuestiones del mundo que hacen que sea una versión mejorada de la literatura… Y ahí tiramos la casa por la ventana. [Risas]

En serio, me parece que tiene que ver con eso: si uno piensa al cine como la continuación de la literatura por otros medios, me parece que tiene que ver con el hecho de ganar nuevos terrenos. Incorporar a la literatura que, en el fondo, es el arte de convertir al mundo en un relato. Gana nuevos terrenos y el cine encuentra nuevas armas. Entonces, la famosa diferencia entre cine y literatura no existe. Simplemente que hay una parte de esa disciplina que trabaja con palabras y otra que a esas palabras le suma imágenes, le suma el mundo real. Digo, ya que no hay ninguno de esos escritores que estaban la otra vez para contradecirme.

Fabián, ¿la literatura extiende el mundo real? Mariano dice que el cine extiende la literatura llevándola al mundo real…

Mariano Llinás: No, no. Que incorpora el mundo real a lo susceptible de ser narrado.

Fabián Casas: Justo esta semana estaba pensando un poco en el tema del libro digital versus el libro de papel y las cosas que estaban teniendo que ver con la pérdida de experiencia si llegara a surgir esta distopía de que desapareciera el libro físico. A pesar de que a Mariano le hacemos la broma de que él tiene la biblioteca de Messi porque fui a la casa y vi una biblioteca de 5 libros [Risas], Mariano es un lector y su forma de narrar tiene que ver con narrar a partir del cine. Yo no tengo esa capacidad, yo narro literatura. Pero lo que a mí me parece más interesante en la cadena productiva es el lector. Agarrás Anna Karenina y tenés una película, una obra de teatro, lo que quieras. No necesitás mucho más, no necesitás ponerte los anteojos de Avatar. La capacidad de un libro es devastadora.

Hubo un momento en que no había distinción entre poesía, filosofía y religión, estaba todo completamente unido. Esta división empezó a surgir mucho tiempo después y le sirvió sobre todo a la Academia, pero en un principio estaba todo unido. Me gusta ver a eso como algo que está latente. Cuando ves una película de Tarkosvky estás viendo una película de religión, estás impactado por la mística. En ese sentido a mí me parece que la literatura, el libro como objeto es demoledor. Y que a partir del libro surgen todas esas artes que lo están trabajando, lo están subsidiando, lo están modificando, lo están ampliando. El germen de todo eso tiene que ver con la literatura.

Mariano Llinás: La palabra como forma de comunicar es la expresión más grande del ser humano. Lo que hace el cine es ver si la imagen puede complementar en algo a esa invención extraordinaria que es la palabra.

Fabián Casas: Es una empresa peligrosa, porque tenés que poner imágenes. La película de Mariano es terriblemente peligrosa porque tiene un montón de imágenes y a su vez una voz en off que está hablando todo el tiempo. Eso es muy riesgoso, es muy peligroso.

Mariano Llinás: Yo sentía lo contrario. Sentía que el hecho que estuvieran las palabras –una herramienta que más o menos manejo– era una forma de llegar a lugares que por ahí no hubiera llegado con la imagen pura. A la vez me daba un marco de seguridad. La palabra es una invención humana, es como un invento, como una máquina. Tal vez la primera máquina. Sirve para producir sentido en los demás. La imagen, en cambio, es infinitamente más compleja. La imagen tienen una potencia que viene de esa cuestión tan inaprensible, tan imposible de definir y tan imposible de aferrar que es lo real. En una imagen, lo real se hace presente. En una palabra no: la palabra convoca sentido. La imagen no. La imagen es indomable, tiene esa especie de contundencia de lo que está más allá, de lo que uno puede crear. A partir de eso, uno está lidiando con dioses diferentes. La palabra en mi caso fue una manera de amansar a las imágenes.

Fabián Casas: Es verdad eso de las palabras porque quizás uno se enamora de una persona porque no habló y viste a esa persona en determinada situación. Y muchas veces te enamorás porque te dijeron la palabra justa. En el barrio le decíamos el bocadillo de Délfor. Mi papá era representante de Olmedo y teníamos un amigo que era el actor Délfor Medina. Cuando era chico y estaba en la playa con él, me dijo “la pinta es lo de menos, acá tirás un buen bocadillo y cae la princesa de Mónaco”. Esa frase me pareció genial. [Risas] Entonces fui y se lo dije a mi hermano más chiquito. Me pareció reimportante porque nosotros no íbamos a ser Brad Pitt. Así empezó a circular por Boedo que había que usar un bocadillo perfecto para que una persona cayera a tus pies. Eso se convirtió en el bocadillo de Délfor. Evidentemente la palabra es notable.

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12 Responses to “Un intenso encuentro de cine y literatura”

  1. [...] Las palabras de Llinás, Casas y Lingenti, en el blog de Eterna Cadencia. [...]

  2. OmarG says:

    Justamente, hoy se cumplen 22 años de la muerte de Alberto Olmedo. Él sí que sabía manejar la suspensión de la palabra, la tensión del malentendido, el guiño cómplice de la oralidad en los significados. En homenaje a él, ésta charla tripartita confirma la riqueza que Álvarez-Borges sabían tallar. O sea, confirma que nunca dejamos de vivir en Costa Pobre.

  3. Hernán says:

    La mitad del tiempo se burlaron de Campachela de la misma manera que Tinelli se burla de todo el mundo. Y apenas hablaron de la película Ocio.

    Rago tiene menos expresión que Keanu Reves, la trama de la película es por lo menos básica y nunca vi a un viejo caminar tan decrépito como el gallego en la jaula.

    Divertida la charla, sí, pero al final ni ellos mismos se toman en serio a ellos mismos.

    Tamos jodidos

  4. Mario Navarra says:

    Un mucho despectivo eso de “Otros sitios”. Los enlazados ahí, seguro no les agrada.

    En fin…

  5. Manolo says:

    Impactante diálogo. Qué muchachos sobrenaturales. Abrazos.

  6. Curioso says:

    La que asoma la cabeza entre el afiche de Ocio y la cara de Casas, ¿es la baterista de No lo soporto?

  7. Peter says:

    A esta manga de personas que no conosco y seguramente no tienen ningun oscar en su haber…….a ver……mmm no, no dice nada en imdb, antes de criticar miren su propio culo, y antes de hablar tan despectivo del plano secuencia me gustaria ver lo tan maravillosos que son haciendo planos secuencia e historia en el cine argentino……digo como para que tengan derecho a opinar con esa mala leche y no constructivamente.

  8. Lola says:

    Para no gustarles las pelis de Campanella hablan bastante de el…
    El libro del “El secreto de sus ojos” está basado en una novela y parece que ni se enteran.
    ¿Que pelicula hizo está gente?

  9. maru says:

    es una competencia para ver quién es el más vivo??
    no entiendo la necesidad de boludear a los demás, me hace acordar a mis compañeros del secundario q tiraban tizas, salvo que ellos tenían 15 y éstos tienen casi 50. Están al borde del patetismo. Coincido con Hernán, parece un programa de tinelli

  10. marina says:

    muy divertida la charla.

    los comentarístas de este post parecen del panel de ¿chiche gelblum?

  11. Hen says:

    Al “estanciero” Llinas la película de “Campanchela” le resultó, en sus literales palabras, indiferente. Y, cosa curiosa, se la sabía de memoria. Okey, okey, ok.
    Pegarle a esa peli es fácil.
    Por lo menos Casas se fue por las ramas, como es su costumbre, y
    tiró un par de anecdotas, whiskey y eterna carencia mediante, habló un poco de
    poesía. Como afirman los uruguayos: ahí va. Ahí sí.

  12. Ignacio says:

    Coincido con Marina, los comentarios son bastante errados, muchos se nota que no conocen el talento de Casas y Llinás.

    Me gustó mucho la película de Lingenti, la ví ayer y me quedó un buen recuerdo, muy profunda y bien lograda.

    Muy interesante la nota, gracias por publicarla

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