“Lo que Scavino se propone es intervenir el binarismo maniqueo, que, según García Canclini, plantea dos lecturas opuestas e irascibles: la tesis hispanista, que destaca el papel de los colonizadores frente a la brutalidad de los indios, y la tesis indigenista, que considera a los españoles y a los portugueses auténticos destructores.”
Por Silvia Hopenhayn (para La Nación).
En el capítulo XIX de la primera parte de Don Quijote de la Mancha, aparece la cita que luego utilizaría Borges para uno de sus más famosos cuentos: “La verdad, cuya madre es la historia, émula del tiempo, depósito de las acciones, testigo de lo pasado, ejemplo y aviso de lo presente, advertencia de lo por venir”. Esta proclamación merece ser leída varias veces. No es fácil captar el sentido de la historia, y menos aún provista por Cervantes. No hablamos aquí ni de la novela histórica ni de la historia novelada. Pero sí de relatos que nos constituyen.
Narraciones de la independencia, el nuevo libro del filósofo y escritor argentino radicado en París Dardo Scavino, es un aporte a los festejos y las rememoraciones del Bicentenario. Su intento por discernir lo constitutivo del espíritu criollo -que, según Octavio Paz, comenzó a despuntar en el siglo XVII- le permite encontrarse con escritos deslumbrantes y personajes memorables. Desde las primeras narraciones del escritor y científico mexicano Sigüenza y Góngora hasta las memorias de Monteagudo, o textos como Multitudes argentinas, de Ramos Mejía. Lo que Scavino se propone es intervenir el “binarismo maniqueo”, que, según García Canclini, plantea dos lecturas opuestas e irascibles: la tesis hispanista, que destaca el papel de los colonizadores frente a la brutalidad de los indios, y la tesis indigenista, que considera a los españoles y a los portugueses auténticos destructores.
El problema del dualismo es la riqueza que se extravía en el camino. Scavino nos permite descubrir aquí a los antecesores acallados por la modernidad o por el revisionismo. Tres años antes de la famosa “Carta de Jamaica”, de Simón Bolívar, el fraile revolucionario Camilo Henríquez, miembro de la orden de los Ministros de los Enfermos Agonizantes, o Frailes de la Buena Muerte, publicó unos cuartetos endecasílabos, en los que plantea la dificultad de enunciar un “nosotros” o un “todos”. Otro personaje de la época, fray Servando Teresa de Mier es rescatado por Scavino para entender el papel de las revoluciones de la independencia. Según los relatos de fray Servando, estas revoluciones “se inscribirían en una tradición de asonadas criollas que se remontan a las sublevaciones contra las leyes de 1542, promulgadas por Carlos V”.
Más allá de los decretos y de las revoluciones, lo interesante es la identidad que surge de las distintas narraciones de la independencia. Según Scavino, nos encontramos con la novela familiar del criollo “que cuenta la historia de esta minoría abandonada por sus parientes en un territorio lejano” y también con la epopeya popular americana, “para la cual la conquista es sinónimo de usurpación”. En estos relatos, “los criollos ocupaban dos lugares a la vez: en su enfrentamiento con los españoles, asumían la identidad de los conquistados; en su relación con los indios, asumían la identidad de los conquistadores ibéricos. En un caso, eran naturales de América; en el otro, oriundos de España”.
Para volver a Cervantes, a decir verdad, la madre patria no parece ser la misma que la madre historia.
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