Algunos artículos en la prensa y en blogs que hablan, comentan, preguntan, visitan los libros de Eterna Cadencia Editora.
De la crónica diaria. En Perfil, Damián Tabarovsky comenta la colección de Crónicas de Eterna Cadencia.
La editorial Eterna Cadencia acaba de lanzar una colección de crónicas, dirigida por María Moreno, de la que aparecieron sus dos primeros volúmenes, ambos notables: ¡Arriba las manos!, sobre temas policiales (seleccionadas por Ariela Schnirmajer), y Cosmópolis, sobre viajes (seleccionadas por Beatriz Colombi). Son libros repletos de textos mordaces, inteligentes, antisolemnes, que dan cuenta de la historia de la crónica latinoamericana, en autores que van de Salvador Novo y Lucio V. Mansilla (¡siempre geniales!), a los más toscos Amado Nervo y Neruda, pasando por la prosa brillante de Julián del Casal y Eduardo Wilde, la ironía moderna de Gutiérrez Nájera y la ironía levemente esotérica de Soiza Reilly. Pero sobre todo, hay un descubrimiento (¡al menos para mí!). Me refiero a Laurentino Mejías, comisario de profesión, de quien -en ¡Arriba las manos!- se incluyen dos imperdibles artículos, tomados de La policía por dentro, de 1911.
El extranjero fiel. Hugo Fontana, sobre los cuentos de Grieta de Fatiga de Fabio Morábito en El país, Uruguay.
A medio camino entre el humor y el lirismo, los cuentos de Morábito siempre conducen a una precisa definición, eludiendo todo atisbo de exceso o de vacuidad. Él mismo ha sostenido que, en el fondo, todos los cuentos son de terror porque ocultan algo que el lector desconoce, tal como le dijo a Patricia Kolesnicov: “Siempre estamos buscando indicios, huellas, señales de algo que no se nos revela. La literatura descansa en eso. Siempre hay algo oculto, algo velado, que alguien trata de descubrir qué es.
Las infantas. Juan Manuel Candal analiza Las infantas de Lina Meruane para Leedor.com
Las infantas es algo así como una vuelta de tuerca perversa sobre el imaginario colectivo que compone los relatos infantiles. Por supuesto, el libro de la autora chilena, publicado originalmente en 1998 en su país, no está dirigido a un público menor. Lo suyo -se vuelve claro desde los primeros párrafos- es la demolición de esas historias domadas, dejando en claro que los cuentos infantiles alguna vez fueron una clase de bestia muy diferente.
Ficciones de un espía improbable. Walter Cassara escribe para La Nación acerca de El otro de mí, de Miguel Vitagliano.
El otro de mí combina, en dosis muy bien calculadas, la literatura de espionaje con el melodrama, los efectos de un thriller psicológico con la simple grisura de una trama que se recuesta, en su desarrollo y en todos los detalles, sobre las convenciones del realismo.
Kazbek. En Las Cosas de Ecuador, ubican a la novela de Leonardo Valencia entre los 15 mejores libros (sin una temporalidad definida) junto con, por ejempolo 2666 de Roberto Bolaño y La fiesta del chivo de Mario Vargas LLosa.
El señor Peer entrega a Kazbek unos dibujos inspirados en la erupción del volcán Pichincha, esto desata, en Barcelona, un recorrido imprevisto para sus protagonistas en los que el arte juega un papel fundamental. Hay que poner mucha atención en la lectura de este libro ya que no hay palabras sueltas y cada una de ellas nos lleva a descubrir una compleja trama. Leonardo Valencia, además de Kazbek ha tenido otros reconocimientos con su novela El libro Flotante: “una obra excelente que explora los límites de la metaliteratura.
Havilio, Ronsino, Busqued. En la revista Planta Nicolás Vilela entrelaza tres novelas contemporáneas: Opendoor de Iosi Havilio, Bajo este sol tremendo de Carlos Busqued y Glaxo de Hernán Ronsino.
En efecto se pueden reconocer algunos puntos en común que van desde la preferencia por personajes opacos o cuya psicología se explica parcamente hasta la atmósfera de ominosidad y violencia que recorre los pueblos en que la acción transcurre y la hipotética vinculación de esa atmósfera con el pasado histórico de la Argentina. Si estos motivos parecen demasiado genéricos y es posible integrar a esa serie algunas otras novelas de la última literatura argentina, quizás sea mejor determinar que lo que en última instancia cohesiona a las obras de Havilio, Busqued y Ronsino es la recepción particularmente favorable que obtuvieron tanto en el campo local como en el internacional: aprobación de escritores muy o bastante consagrados, premios, traducciones, ediciones europeas.
Para leer a Onetti. Hugo Fontana escribe acerca de la reedición de Onetti de Josefina Ludmer en El país, Uruguay.
Lo demás permite sostener que, en un año en que tanto se publicó acerca de Onetti, esta fue la contribución más importante para entender y valorizar como corresponde al mayor escritor uruguayo de toda la historia. Y seguramente no haya párrafo de claridad más elocuente que el que sigue: “Es cierto que narrar a sus semejantes, y narrar sobre una situación común, es uno de los elementos que hacen a la relativamente escasa popularidad de Onetti en relación con algunos de sus ‘pares’ latinoamericanos”, señalaba Ludmer cuando aún los autores del boom estaban en la cima de su gloria. Y continuaba: “Onetti escribe, a escritores, sobre la escritura. Lleva a la práctica - y a la verdad- el dictum de Walter Benjamin: un escritor que no enseña nada a los escritores no enseña nada a nadie.”

