Posts Tagged ‘Mariana Enríquez’

Stand up Connolly

Monday, September 6th, 2010

El escritor irlandés cerró Filba entrevistado por Mariana Enríquez en Malba.

Por: MM. Foto: Lucio Ramírez

John Connolly

Mariana Enríquez está preparada, pero tiene mucho menos trabajo del que ella misma imaginó. John Connolly se pregunta, se contesta, cuenta la anécdota, hace el chiste y el remate. Puede parecer un poco payaso, pero resulta que también es amable y dedicado con el público, contesta con delicadeza las preguntas, dice cosas sensatas sobre la escritura y trajo cds con compilados de música elegida por él para regalar a sus lectores. Y parece que, además de vender miles de libros, también escribe bien. La súbita ausencia de conexión wifi en la sala de Malba me impidió usar twitter y lanzar al mundo en vivo y en directo sus vistosos one liners. Aunque no tengo esperanzas de que suenen tal como fueron dichos, trataré de reproducir algunos aquí:

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Un mundo de sensaciones

Thursday, April 15th, 2010

Mariana Enríquez reseña a Fabio Morábito por dos: Grieta de fatiga y Emilio, los chistes y la muerte. “Los cuentos de Grieta de fatiga muestran la amplitud y los matices de los que es capaz Morábito, y revelan su mundo privado, con obsesiones que de tan propias resultan extrañas”, dice.

Por Mariana Enríquez (para Radar/libros).

grieta de fatigaFabio Morábito nació en Alejandría (Egipto) y vivió en Italia hasta los 15 años, cuando su familia se mudó a México. Es poeta y narrador y el primer libro de cuentos que se conoció en Argentina fue La lenta furia, publicado originalmente en 1989. Casi veinte años separan aquel libro de esta nueva colección de relatos, Grieta de fatiga. Y el cambio es evidente aunque sutil: casi es un desplazamiento. En La lenta furia, los relatos parecían transcurrir en una zona limítrofe de la realidad; no todos eran cuentos fantásticos pero muchos empujaban hasta el límite el verosímil: eran cuentos extraños, muy peculiares, narrados en un estilo límpido.

Grieta de fatiga comienza con dos relatos que podrían haberse incluido en La lenta furia: “Huellas”, sobre un estudioso de los pies que elucubra a quiénes le pertenecerán las pisadas que ve en la arena, y “El gesto”, sobre una familia tan apegada que se mueve como un organismo único. Pero rápidamente Morábito abandona ese paisaje de lo curioso y se interna en relaciones humanas desconcertantes, como desenfocadas. Hay personajes y situaciones que se repiten: un mundo de lenguaje con escritores que son corregidos o se sienten fracasados, correctores que dudan, snobs paralíticos, mujeres secretamente poderosas, crucigramas, diccionarios; y por otro lado, un mundo de experiencias con niños que se hacen hombres después de experiencias traumáticas en grandes espacios tenebrosos que de alguna manera prefiguran la adultez –o la noche de la infancia– (un parque de diversiones, un cementerio), empleados de hombres de negocios que se dejan humillar ante la posibilidad de trepar, hoteles donde los personajes se fugan. En esta última serie se encuentra quizá el mejor cuento: “La vuelta a la manzana”, sobre un gerente de provincias que está a punto de obtener un ascenso pero bajo la condición de sin saberlo, seducir a la hija del dueño de la empresa. Los tres cuentos finales son completamente distintos al resto, en tema y estilo –tratan sobre la selva, la Edad Media y Grecia–, con un tono absurdo que se pone serio de pronto (un movimiento muy propio de Morábito): el mejor de ellos, “Micias”, imagina la vida de un guerrero griego que quiere vivir dentro del caballo de Troya –se arma allí una casa– en una trama casi borgeana. Los cuentos de Grieta de fatiga muestran la amplitud y los matices de los que es capaz Morábito, y revelan su mundo privado, con obsesiones que de tan propias resultan extrañas.

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Cómo desaparecer completamente

Wednesday, March 31st, 2010

Marginalidad y desolación y un protagonista dispuesto a arriesgar todo lo que tiene para darle forma a su vida en una gran novela de Mariana Enríquez.

cómo desaparecer completamente

Matías cerró la puerta y subió el volumen de la radio. No soportaba más los gritos de su hermana en la habitación de al lado, y mucho menos esa forma que tenía Lucía de calmarla en voz baja, como si no quisiera despertar a alguien o molestar a los vecinos. Mamá debería estar ahí, pensó, haciendo callar a su hija, pero sin embargo estaba en la casa de atrás, haciéndose la tonta. ¿Era posible que no la escuchara? A lo mejor. Las dos casas estaban separadas por un patio interno, y la del fondo, donde Mamá se había quedado después del desastre, era silenciosa como si perteneciera a un mundo diferente. Además, Mamá se tomaba temprano las pastillas y se dormía con la boca abierta, gorda y enorme sobre la cama. En la mesa de luz también tenía una radio, y la dejaba toda la noche encendida. La última vez que Matías la había ido a buscar, harto y enojado porque su hermana Carla aullaba desde hacía horas y las palabras de Lucía no servían para nada, la encontró desparramada boca abajo, babeando sobre la almohada. La radio aullaba: “Mañana será igual, historia sin final. ¡Me amas y me dejas! ¡Me amas y me dejas!”. Quiso matarla.

Cómo desaparecer completamente, Mariana Enríquez

Más para decir

Tuesday, March 9th, 2010

El rescate de las preguntas a Matías Serra Bradford, Mariana Enríquez e Ignacio Molina que no entraron en sus entrevistas.

Por P.Z.

La libertad de la sábana blanca. La gran ventaja del blog es trabajar con una hoja ilimitada. Nunca surge la pregunta fatídica, recurrente en el periodismo gráfico: “cómo hago para dejar esto en 12000 caracteres”. (Hay inconvenientes -por ejemplo no saber resumir, algo en lo que incurro cotidianamente: pero eso ya es impericia del periodista, no limitación del medio).

Las entrevistas que más me gustan son las “de grabador”. Siempre que me dan a elegir entre el grabador y el mail me quedo con el primero. Una entrevista “de grabador” lleva una hora, minutos más, minutos menos. Las hay más breves, las hay más extensas, pero en general llevan una hora. El entrevistado es un mundo por descubrir: unas preguntas son caminos sin salida, otras abren a nuevos espacios. También hay que manejar niveles de intensidad, hacer preguntas “de relleno” que tienen por objeto airear la charla, volver a subir la apuesta con “esa preguntita preparada”. Si uno logra conectar con el entrevistado, como dice Leila Guerriero, comienza a bailar.

Pero ¿cómo se refleja el baile en una nota? No existe la limitación de espacio, pero la nota tiene que mantener cierta integridad. Es una realidad que se acepta a regañadientes: en cada entrevista hay que desechar preguntas interesantes que rompen la armonía o cortan el ritmo de la lectura.

Por suerte, el blog tiene esta otra ventaja: la posibilidad de que recuperemos aquí algunas de esas preguntadas desechadas a nuestros últimos entrevistados.

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Qué leen los que escriben

Tuesday, March 9th, 2010

Dani Umpi nos deja la “recomendación de amigo” de esta semana: Los peligros de fumar en la cama de Mariana Enríquez. “Muy, muy, muy copada ella. Genia total.”

Por Dani Umpi.

mariana enríquez

Una dinámica a la que me encanta someter a mis amigas, es a la de leer cuentos en voz alta. Por supuesto que siempre se termina leyendo lo que a mí me gusta y se me antoja. No es despotismo, porque ellas son las que eligen donde salir, así que a mi me toca eso. Siempre tengo cuentos en mente para hacerlas leer antes de salir a bailar. El libro de Mariana Enriquez me vino como anillo al dedo. Es maravilloso. Cuentos, cuentos y más cuentos, todos excelentemente escritos, de esos que uno no para de aplaudir y releer entusiasmado, fascinado. Creo que están escritos para ser leídos en voz alta. Muchos fantasmas, muchas brujas, terror doméstico, leyendas urbanas que acaban de nacer. Cada tanto, una risotada. ¿Se puede pedir más? Se ve que Enriquez es tan astuta e instintiva que hasta inventa nuevas fobias, todo puede ser sobrenatural y confabular en nuestra contra. Eso vuelve delicioso su libro y es una pena cuando las páginas terminan y ya no quedan bocados. Disfruté mucho leer sus cuentos varias veces. Muchas de sus frases aún no se han borrado de mi cabeza y estoy seguro que las citaré muchísimo de ahora en más. Es el libro que últimamente se me ha dado por recomendar, con un entusiasmo y una sonrisa como hacía tiempo que no me salían. Muy, muy, muy copada ella. Genia total.

Notas relacionadas:

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“Las adolescentes histéricas son vehículos de maldad”

Thursday, February 25th, 2010

Mariana Enríque publicó Los peligros de fumar en la cama, un libro de cuentos donde hace blanco en el terror en la infancia. En esta entrevista habla del libro, de su producción literaria y de cómo el género puede ser útil para sincerar como un presente cotidiano a la violencia de los ‘70.

Por P.Z. Fotos: Lucio Ramírez

Quedamos en encontrarnos en El coleccionista, el bar de Rivadavia al 4900, frente al Parque. Llego a la hora convenida y, como si ella lo hubiera dispuesto, cuando estaciono y bajo del auto, pasa por delante, lento, esforzándose para ser visto, un cortejo fúnebre. Breve, tres autos siguen al coche negro que lleva el cajón entre flores y coronas. La muerte nos hace un guiño antes de que hablemos de ella.

mariana enríquez

El bar tiene unas mariposas pintadas en la vidriera. Hay otros “coleccionistas” en Buenos Aires: un local de música en el Centro, un videoclub en Belgrano. Pero este es el único –que yo conozca, por lo menos– que tiene las mariposas. Esas mariposas lo delatan: el coleccionista tiene que ser El coleccionista de John Fowles. El halo de lo funesto que sigue apareciendo.

Mariana Enríquez ha publicado Los peligros de fumar en la cama (Emecé), un libro de cuentos donde lo siniestro es el denominador común. Doce cuentos que exploran la relación con el terror real. “El universo de Enríquez –definió Oliverio Coelho– se distingue por su excentricidad y su precisión aterradora”.

–¿Qué tiene de encantador lo siniestro?

–No sé si tiene algo de encantador. Escribirlo es muy divertido. Cuando surge, tiene la maldad de hacérselo al otro. Lo siniestro me resulta una sensación muy familiar, sencilla de encontrar. No tengo que hacer demasiado trabajo para llegar a eso, me sale muy natural. Encuentro cosas siniestras todo el tiempo.

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Cuando hablábamos con los muertos

Thursday, February 25th, 2010

“Cuando hablábamos con los muertos”: el cuento con el que cierra el Los peligros de fumar en la cama de Mariana Enríquez propone una mirada distinta a nuestro pasado reciente.

Por Mariana Enríquez.

los peligros de fumar en la camaA esa edad suena música en la cabeza, todo el tiempo, como si transmitiera una radio en la nuca, bajo el cráneo. Esa música un día empieza a bajar de volumen o sencillamente se detiene. Cuando eso pasa, uno deja de ser adolescente. Pero no era el caso, ni de cerca, de la época en que hablábamos con los muertos. Entonces la música estaba a todo volumen y sonaba como Slayer.

Empezamos con la copa en casa de la Polaca, encerradas en su pieza. Teníamos que hacerlo en secreto porque Mara, la hermana de la Polaca, le tenía miedo a los fantasmas y a los espíritus, le tenía miedo a todo, bah, era una pendeja estúpida. Y teníamos que hacerlo de día, por la hermana en cuestión y porque la Polaca tenía mucha familia, todos se acostaban temprano, y lo de la copa no le gustaba a ninguno porque eran recontracatólicos, de ir a misa y rezar el rosario. La única con onda de esa familia era la Polaca, y ella había conseguido una tabla ouija tremenda, que venía como oferta especial con unos suplementos sobre magia, brujería y hechos inexplicables que se llamaban El mundo de lo oculto, que se vendían en kioscos de revistas y se podían encuadernar. La ouija ya la habían regalado varias veces con los fascículos, pero siempre se agotaba antes de que cualquiera de nosotras pudiera juntar el dinero para comprarla. Hasta que la Polaca se tomó las cosas en serio, ahorró, y ahí estábamos con nuestra preciosa tabla, que tenía los números y las letras en gris, fondo rojo y unos dibujos muy satánicos y místicos todo alrededor del círculo central. Siempre nos juntábamos cinco: yo, Julita, la Pinocha (le decíamos así porque era de madera, la más bestia en la escuela, no porque tuviera nariz grande), la Polaca y Nadia. Las cinco fumábamos, así que a veces la copa parecía flotar en humo cuando jugábamos, y le dejábamos la habitación apestando a la Polaca y su hermana. Para colmo cuando empezamos con la copa era invierno, así que no podíamos abrir las ventanas porque nos cagábamos de frío.

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Exorcismo

Monday, September 7th, 2009

mariana enríquez

Me acuerdo de la experiencia con mi primera novela. (…) Ese libro me lo editó Juan Forn que todavía estaba trabajando en Planeta. Hasta hace tres años hay gente conocida que me decía “dale, te lo escribió Juan el libro”. Eso nunca se lo preguntarían a un chico.

Mariana Enríquez en Tres mujeres de la literatura

Foto: Lucio Ramírez
Agosto 2009

Tres mujeres de la literatura /2

Wednesday, August 19th, 2009

Segunda parte [leer la primera] de la desgrabación de la charla que compartimos el martes 11 de agosto con Mariana Enríquez, Samanta Schweblin, Sonia Budassi. Moderador: Patricio Zunini.
Fotos: Lucio Ramírez

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Sonia Budassi, Mariana Enríquez, Samanta Schweblin

Samanta, ¿por qué demoraste siete años en el segundo libro? ¿Hay alguna razón?

Samanta Schweblin: Hubo muchas razones, la fundamental es que escribo lento. En realidad, escribo rapidísimo: me siento a escribir cuando ya tengo la idea en la cabeza. Si puedo lograrlo, escribo el cuento de una primera sentada. Los cuentos escritos en una primera sentada tienen una energía que se nota más que los escritos en varias sentadas, lo que no significa que después uno se pase un mes o dos corrigiendo. Pero no escribo mucho, escribo poco. También pasaron otras cosas. El primer libro me tomó por sorpresa, yo era chica, me asusté un montón. Estuve como un año y pico sin escribir. El nuevo libro lo escribí en cuatro años, cinco. El problema es que teniendo fecha editorial hace dos años, ganó el premio Casa de las Américas que implica prioridad de edición en Cuba. Hubo que parar todo y el libro estuvo esperando como un año y medio, los tiempos cubanos son muy pachorros. Recién cuando Cuba editó, entré en los planes editoriales de Emecé. Fue una suma de muchas cosas.

[Intervención del público] Varias preguntas: primero a Samanta, ¿cómo, por qué se acercaron los agentes a vos? Y después, para cuando quieran Sonia y Mariana, ¿cómo les afecta el trabajo periodístico en la narrativa?

Samanta Schweblin: No sé cómo se manejarán las agencias, en mi caso llegaron por recomendación de otros escritores. Imagino que sus propios escritores les recomiendan. El problema es que tenían la recomendación, pero cada vez que llegaban a mí seguía teniendo cuentos, y eso no les satisfacía, en principio. También es un poco comprensible… En Argentina está este dicho que para mí es genial: hay más gente que escribe que la que lee. Ese es el gran problema de la literatura argentina. Encima, dos tercios de la gente que escribe tiene taller literario y en esos talleres literarios se aprende a escribir cuentos. Entonces hay una cantidad infernal de cuentistas. Imaginate que yo tenía un único libro de cuentos. Creo que está bien la desconfianza, pero también está bien la insistencia: a la tercera vez lo leyeron y les gustó. Creo también que la escritura fragmentaria, los tiempos fragmentarios para escribir, obligan a escribir cuentos y no novelas. Uno no tiene cuatro meses para pensar una idea, tiene pequeños ratitos, hay que ver qué tanto influye en el formato.

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Tres mujeres de la literatura /1

Friday, August 14th, 2009

Primera parte de la desgrabación de la charla que compartimos el martes 11 de agosto con Mariana Enríquez, Samanta Schweblin, Sonia Budassi. Moderador: Patricio Zunini.
Fotos: Lucio Ramírez

sonia budassi

¿Retrospectivamente, cómo ven la participación en las antologías?

Samanta Schweblin: Es interesante lo de las antologías. Quizá la primera emblemática es La joven guardia, donde creo que estuvimos todas. ¿Sonia, vos estás?

Sonia Budassi: No.

Samanta Schweblin: Después salieron encoladas un montón y también –no sé si por coincidencia–salieron un montón de antologías latinoamericanas. Salieron antologías por todos lados. Eso también ayudó, por lo menos en mi parte, a conocer a un montón de escritores latinoamericanos. Salieron en Perú, en Colombia, en Chile. Estuvo Una terraza propia, que fue de mujeres.

¿Siguen siendo tema de debate las antologías?

Mariana Enríquez: Para mí no. No en el sentido de que se hacen antologías en todo el mundo y en todos los mercados literarios, grandes y chicos. Es una forma común de presentar escritores nuevos. También es una forma común de tener una compilación de consagrados. Es un libro menos de autor, digamos. En un punto es más para conocer nuevas voces, para que haya un poco de mezcla, como un compilado. En mi época es como un cassette… (La abuela se acuerda de los cassette grabados de los dos lados). [Risas]

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Tres mujeres de la literatura

Wednesday, August 12th, 2009

Por P.Z. Fotos: Lucio Ramírez

Ayer por la tarde, tres relevantes escritoras fueron las invitadas del ciclo “Los Martes de Eterna Cadencia”: Mariana Enríquez, Samanta Schweblin y Sonia Budassi. El encuentro nos sirvió para pensar el panorama literario actual, pero también la tarea del escritor y del periodista cultural.

Fueron temas de debate: la proliferación de antologías, la búsqueda del estilo, el prejuicio de la novela como consagratoria por sobre el cuento, la situación de la mujer en el mundo de las letras.

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Sonia Budassi, Mariana Enríquez, Samanta Schweblin

Por momentos me sentí exigido: moderaba una mesa con tres mujeres de mucha inteligencia, de mirada profunda, que se conocen entre sí y que saben manejar la palabra –tanto para responder como para escaparse–. Creo que, en términos generales, se generó un buen ambiente, que las preguntas empujaron al replanteo de algunas ideas previas tanto de las invitadas como del público, y que cada una de ellas respondió con honestidad y sin poses. Por lo pronto, puedo decir que me fui con la sensación de haber aprendido mucho.

Como anticipo de la desgrabación de la charla, destaco algunas frases:

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Hay ciertas cosas que deben escribirse

Thursday, July 16th, 2009

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Ayer por la tarde Margarita García Robayo presentó en La Boutique del Libro su libro de cuentos Hay ciertas cosas que una no puede hacer descalza (Planeta). Nueve relatos –sobre nueve mujeres con nueve miradas del mundo– que se entrelazan formando un conjunto único: seguimos a cada personaje desde la historia que protagoniza, y volvemos a encontrarlas con apariciones más o menos definidas en las otras historias. “El libro no se puede parar de leer, los invito a disfrutarlo –dirá Cristian Alarcón como introducción a la charla–. Es uno de esos maravillosos libros que se pueden leer en un viaje en el 60 tranquilamente, en una noche, en una sola sentada. Es un placer, una bacanal literaria.”

Margarita García Robayo (que es colombiana) leyó un fragmento del cuento “Susy” y mantuvo un diálogo con Mariana Enríquez y Cristian Alarcón (que es chileno), con lo que se dio un curioso caso de cosmopolitismo familiar –Alarcón contó que es muy amigo de las dos mujeres, y que con García Robayo fueron “roomates en un viejo departamento de Caballito”–.

Mucho público acompañó la presentación, pero no por eso se perdió la intimidad familiar que mencionaba Alarcón. Entre el público estuvieron presentes –menciono de memoria– Liliana Heker, María O’Donnell, Martín Caparrós, Guillermo Martínez.

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Qué leen los que escriben: Mariana Enríquez

Tuesday, April 28th, 2009

Esta semana, la “recomendación de amigo” es de Mariana Enríquez.

ME es periodista y escritora; forma parte del staff de Página/12. Ha escrito dos novelas, Bajar es lo peor (Espasa-Calpe, 1994) y Cómo desaparecer completamente (Emecé, 2004). Ademá ha publicado cuentos en diferentes antologías.

Recomiendo Vermillion Sands de JG Ballard, porque es una manera de homenajearlo; murió la semana pasada y era uno de los mejores escritores de la segunda mitad del siglo XX en lengua inglesa, y uno de mis favoritos. Vermillion es una colección de cuentos, tristes pero lúdicos; no es su ficción más espesa, es su ficción más hermosa.

Mariana, además, acaba de publicar en el Radar del domingo una nota sobre Ballard: El hombre que inventó el futuro.