El rescate de las preguntas a Matías Serra Bradford, Mariana Enríquez e Ignacio Molina que no entraron en sus entrevistas.
Por P.Z.
La libertad de la sábana blanca. La gran ventaja del blog es trabajar con una hoja ilimitada. Nunca surge la pregunta fatídica, recurrente en el periodismo gráfico: “cómo hago para dejar esto en 12000 caracteres”. (Hay inconvenientes -por ejemplo no saber resumir, algo en lo que incurro cotidianamente: pero eso ya es impericia del periodista, no limitación del medio).
Las entrevistas que más me gustan son las “de grabador”. Siempre que me dan a elegir entre el grabador y el mail me quedo con el primero. Una entrevista “de grabador” lleva una hora, minutos más, minutos menos. Las hay más breves, las hay más extensas, pero en general llevan una hora. El entrevistado es un mundo por descubrir: unas preguntas son caminos sin salida, otras abren a nuevos espacios. También hay que manejar niveles de intensidad, hacer preguntas “de relleno” que tienen por objeto airear la charla, volver a subir la apuesta con “esa preguntita preparada”. Si uno logra conectar con el entrevistado, como dice Leila Guerriero, comienza a bailar.
Pero ¿cómo se refleja el baile en una nota? No existe la limitación de espacio, pero la nota tiene que mantener cierta integridad. Es una realidad que se acepta a regañadientes: en cada entrevista hay que desechar preguntas interesantes que rompen la armonía o cortan el ritmo de la lectura.
Por suerte, el blog tiene esta otra ventaja: la posibilidad de que recuperemos aquí algunas de esas preguntadas desechadas a nuestros últimos entrevistados.

