Estoicos & Epicúreos: una ética como estética

04-08-2009 | ,

Por Luis Diego Fernández.

“La ética griega está centrada en el problema de la elección personal, de una estética de la existencia. La idea del bios como un material para una obra de arte es algo que me fascina. También la idea de que la ética puede ser una estructura muy vigorosa de la existencia, sin ninguna relación con lo jurídico per se, con un sistema autoritario, con una estructura disciplinaria.”

Michel Foucault

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La filosofía antigua se formula unas cuantas preguntas de índole ética. Si se realiza un mapa territorial de la filosofía de la antigüedad se verá que después del gigante de Aristóteles desembarcan una enorme gama de filósofos posteriores a su figura y etiquetados bajo el lema de helénicos. Efectivamente, luego de las grandes exposiciones teoréticas de Platón y Aristóteles, la Polis se quiebra como concepto y como realidad para pasar a “balcanizarse” en diversos sectores de la zona mediterránea. Aparecen comunidades mas o menos cerradas pero nunca volverá la Polis como totalizadora moral e intelectual de la civilización griega.

A grosso modo dos tendencias y escuelas son las más renombradas y citadas: estoicos y epicúreos. Los primeros, habitantes mayormente de los siglos III y II a. C, depuran los extremismos de los cínicos (Diógenes, Antístenes o Crates) y se expanden hacia el Imperio Romano durante los siglos I y II d. C, a través de figuras como Panecio de Rodas, Posidonio o Musonio Rufo. Sin embargo, los laureles y la celebridad se los llevan Epicteto (un esclavo), Marco Aurelio (un emperador), Séneca (un trágico) y Cicerón (un orador).

Cuando se habla de los estoicos siempre da vueltas una palabra mágica: Apatehia. Tal vez la forma más clara de comprender que significa este término sea como imperturbabilidad. La apatía apuntaba a ordenar la conducta en relación con la naturaleza; tendía a superar la debilidad mediante cierta distancia pero no en tanto desgano ni nada similar, sino una apatía como producto del discernimiento de las cosas que se encuentran a nuestro alcance y las que no.

Los primeros estoicos romanos como Panecio de Rodas o Posidonio agregaron ciertas características propiamente “romanas” a la escuela de Zenón de Citio y Crisipo. La grandeza de ánimo (megalopsychía) y la fuerza vital eran posiciones propias de la posición volitiva romana. De modo que a la mera apatía se le sumaba el volitismo o voluntarismo de Roma, logrando del estoicismo algo cercano a la que comprendemos hoy día cuando afirmamos “lo soportó estoicamente”. Es decir, lo soportó con firmeza, imperturbable, pero también con fuerza de voluntad. Quizá la lección más evidente de los estoicos sea que los bienes y los placeres son nuestros esclavos y no al revés. Que debemos dominar, poseer a los bienes y placeres haciendo uso del poder. El hombre que es víctima de los placeres y los bienes es un “caso perdido” que no puede hacer uso de su voluntad en procura de su libertad. De hecho, cuando los bienes y los placeres se encuentran bajo nuestra ala el goce es mayor siempre con la conciencia de que ellos dependen de nosotros. En definitiva, lo que los estoicos quieren decir o enfatizar es la libertad de elección siempre y cuando no caigamos presos del objeto del placer, es decir, siempre que no nos hagamos adictos o dependientes de tal o cual cosa. En ese sentido, la apatía es la serenidad y temperancia para poder elegir racionalmente con la finalidad de permanecer autárquicos, es decir, libres e independientes.

Los epicúreos, hijos de los siglos III y II a. C., deben su nombre, como ya se ha dicho en numerosas oportunidades, a Epicuro. Los epicúreos son parecidos a los estoicos. Probablemente, digan lo mismo con diferentes conceptos y las diferencias sean sutilezas o énfasis. Como ya dijimos, el hombre helénico se refugia en las comunidades pequeñas o mínimas y ya no en la Polis. Ese refugio (símbolo y efectividad de la autarquía tanto cínica como estoica y epicúrea) aparece en el Jardín de Epicuro. La autarquía, en verdad es la ataraxía epicúrea. La ataraxía emana de la euthymía –serenidad de ánimo- y la hedoné –el placer en todas sus variantes-. Aristipo y los cirenaicos sólo consideraban como placer al corporal o epidérmico; para los epicúreos el placer se definirá más por su negatividad, es decir como ausencia de dolor. La ataraxía, autarquía o autosuficiencia da cuenta de esa definición del placer como ausencia del dolor.

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Del mismo modo que los estoicos romanos colocaron su volitismo o voluntarismo megalómano, los epicúreos latinos influyeron al crear esa idea de joie de vivre o gozo de vivir por el que fue etiquetado el epicureísmo. Precisamente, Lucrecio o Plutarco y luego algunos renacentistas (Valla) enfatizaron el aspecto hedonista del epicureísmo y quizá aplacaron el lado autárquico. De todos modos, tanto la apatheía estoica como la ataraxía epicúrea, en rigor, consideran al placer o a los momentos placenteros como aquellos en los que el dolor es negativizado o ausentado y donde prima la serenidad y el ánimo templado. De modo que el placer es el gozo de la ausencia del dolor y de la contemplación que da la serenidad. Ambos (estoicos y epicúreos) son comunitarios (el Pórtico y el Jardín) y procuran, como todas las filosofías de la antigüedad helenística, una askesis. Es decir, un ejercicio. Ambos ven a la filosofía como un ejercicio, como una actividad sobre la vida misma. La askesis no debe comprenderse como ascetismo monacal o purgante sino como un ejercicio tanto del espíritu como del cuerpo: desde las meditaciones hasta la práctica de gimnasia, desde la lectura hasta la ingesta de ciertos alimentos y bebidas, desde el dormir hasta el tipo de ropas que vestir. La filosofía sería ese mapa o esa guía de ejercicios a realizar con una sola finalidad: el cuidado de sí (cura sui), la estilización de la vida. La filosofía como ejercicio de la autonomía en el vivir.

Finalmente, lo que estas escuelas filosóficas de la antigüedad postaristótelica dejan bien en claro y que Foucault en sus últimos textos recoge, es el dar cuenta de que la filosofía en sus inicios fue un instructivo de ejercicios vitales para luego volverse una red meramente teorética y escolástica. Ahora bien, esta normativa o este esquema de ejercicios, lejos estaba de una mera prescriptiva moralizante; es decir, ciertas cosas no debían hacerse no por el temor a padecer un castigo o una punición sino por optar de un modo consciente por una vida bella. De manera que la elección de las conductas a seguir iba en procura del cuidado de sí al que insta la belleza.

Foucault habla de esto en una entrevista realizada en 1983:

…nadie está obligado, en la ética clásica a comportarse de una manera tal (…) Pero si uno quiere tener una buena reputación, si uno quiere mostrarse capaz de gobernar sobre otros, tiene que hacer eso. Así que aceptar estas obligaciones es una manera consciente de elegir la belleza o la gloria de sus existencias. Esta elección (…) es el mode d’assujettissement-. Es una elección personal.

Foucault da en la tecla cuando habla de elección personal -en el marco de la idea de ética como una estética (técnica) de la existencia-. Claramente, para las escuelas helénicas la filosofía es una cuestión de elección en función del tipo de vida que queremos vivir.

¿Cómo he de vivir? Esa es la pregunta de la filosofía antigua y contemporánea. Es la pregunta del millón. La filosofía es un cierto saber para el vivir. Un saber que nos procura de herramientas para vivir rectamente, en otras palabras, para vivir mejor. El hecho de “ganarnos” la vida no nos dispensa de “vivirla”. Pero no sabemos vivir la vida. Nadie lo sabe.

Foucault decía de los griegos que eran austeros en nombre de una bella vida, y no en el de una ciencia psicológica autorrealizada. Precisamente, se trata de una moderación o serenidad no propiciada por una instancia represiva o condenatoria que nos impida tal o cual acción sino en el nombre de un arte de vivir. Finalmente, estoicos y epicúreos nos dan la lección mayor: hasta podemos ser apáticos y templados en nombre de la elegancia.

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4 Responses to “Estoicos & Epicúreos: una ética como estética”

  1. Esteban S. says:

    LDF. Muy esclarecedor y preciso. Además, es propositivo.

    La última frase es encantadora… ser imperturbables pero elegantes. Excelente.

    Saludos.

  2. Ldf says:

    Efectivamente, Esteban. Estoicos y epicúreos, son elegantes y templados. Algo así como el lugar donde encuentro calma en medio del caos. Son relajantes.
    Abrazo, L

  3. Patricia says:

    Muy clara y “estética” tu exposición! Gracias!

  4. Ciriaco León says:

    Si tan sólo pudiésemos incorparar un poco de estoicismo y epicureísmo a nuestras vida s en la actualidad. Eso atacaría a la raiz de más de un mal social.

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