Un nuevo “dialoguito” con la participación Guillermo Belcore (periodista de La Prensa, administrador de La biblioteca de Asterión y columnista en este blog). La idea disparadora es recomendar literatura para el verano: Belcore recoge el guante y habla de novelas oceánicas, P recomienda crónicas y clásicos, y PZ no puede reprimir volver a Stephen King. Para el final la pregunta que debería haberse hecho al principio: qué es la literatura para el verano.
P: Recomendanos tres novelas oceánicas para este verano, con una justificación de tres líneas cada una.
GB: [Sin dudar] ¿Leíste La fiesta del chivo de Vargas Llosa?
P: ¿Por qué la tendría que leer?
GB: Porque la novela de dictadores es un clásico en América Latina. Contar la historia de Trujillo, el dictador de la República Dominicana, es interesante de por sí. Además creo que es un alarde de técnica narrativa. Usa el relato paralelo, como Coppola en El padrino, que te cuenta varias historias al mismo tiempo y después convergen.
P: Cómo La tía Julia y el escribidor que en un capítulo va y en otro viene.
GB: No está tan marcado, me parece. No recuerdo la estructura.
PZ: ¿Leíste La maravillosa vida breve de Oscar Wao?
GB: Sí, me encantó.
PZ: Tiene el eco de Trujillo.
GB: Bueno, es la historia de un negro americano.
P: [A PZ] ¿Una novela oceánica o libros para recomendar para el verano?
PZ: Dejame pensar.
P: ¡No! [Golpea las manos con urgencia] Sos librero, loco.
GB: Que salgan así. [Chasquea los dedos]
PZ: Cell de Stephen King. Se puede leer en Buenos Aires, en la playa, en el subte, en la montaña, pensando que es literatura de verano, después de terminar los exámenes o en el medio de los para relajarse. King es súper accesible.
GB: ¿Sabés por qué es interesante? Por el apocalipsis. Que alguien te cuente el fin del mundo es interesante.
PZ: Uno considera que King es un tipo para leer en el verano y te sorprende.
P: ¡Pero yo quiero algo para leer en el verano!
PZ: Cell es una novela que leí en el verano. Otra que me llevaría sería un policial de Chandler…
P: [Interrumpe] ¡Momento! Sigue el dr. GB.
PZ: No: te toca a vos.
P: ¿Yo?
PZ: No vale Levrero.
P: No. Había pensado en Frutos extraños de Leila Guerriero. Lo que pasa que son crónicas de 20 páginas, es antiverano, es justamente para el invierno que uno tiene poco tiempo. Leés una crónica, lo dejás, volvés. Es un libro para la mesa de luz del verano, en todo caso. Son 15, 20 crónicas tremendas. Es una recopilación de sus crónicas que va paseando por muchos personajes. En la última parte del libro ella dice claramente no importa qué, importa cómo. Cuenta la historia del Gigante González, el basquetbolista de dos metros treinta ocho. ¡Cómo lo cuenta!
GB: Es que es la mejor cronista de la Argentina.
P: No sé, no he leído tantos cronistas.
PZ: Está Caparrós.
P: Es cierto, El interior de Caparrós te lleva a viajar.
GB: Están ahí. Ellos dos arriba.
P: [A GB] ¿Otra?
GB: Gran Sertón: Veredas, de Joao Gimaraes Rosa. Es El Quijote de Brasil. Lo publicó este año Adriana Hidalgo con una traducción magnífica. Yo creo que hay que leer grandes títulos, no importa si en verano o en invierno.
P: ¿Cómo es?
GB: Es un yagunzo, un matón de campo, que cuenta la historia de su vida. Sin capítulos, de principio a fin. Son casi 600 páginas. Está en la casa con el médico y le cuenta la historia de su vida en Minas Gerais en el Sertao, los llanos del interior entre Minas Gerais y Bahía. ¡Tiene una riqueza expresiva! Es una catedral de palabras. Aparte es la mejor obra de la literatura brasileña.
P: ¿PZ?
PZ: Busqued, Bajo este sol tremendo.
P: Si te vas de vacaciones con una novia, tenés que llevarte la trilogía de Ercole Lissardi. ¿Sabés cómo la dejás a tu novia después? Hay mucho sexo, pero el pibe escribe bien, no es un sexo así no más. Te juro que a la noche, después de leer las crónicas de Leila Guerriero…
GB: ¿Vos sos de los que piensa que novia y lectura son compatibles? ¿Te vas con tu novia y podés leer tranquilo? ¿Nunca les dijeron “te la pasás leyendo y cuando nos vamos ¡seguís leyendo!”?
PZ: La queja que me hace es que no veo las películas que ella ve. “Pero si la película no me gusta, me siento al lado tuyo para leer”. Parece que no es lo mismo.
P: Jodo con lo de la novia, pero la trilogía sinceramente está buena. Son tres novelas de ciento y pico de páginas cada una. La primera es de un tipo que vivió un eye-contact de dos segundos con una mina que cruzó en el semáforo, a la cuadra la mina se pega un palo, se mata. A partir de ahí el pibe empieza a reconstruir la vida de ella, porque piensa que ese segundo fue de amor. Es espectacular.
GB: ¿Cómo se llama el autor?
P: Ercole Lissardi. Uruguayo.
GB: Noto una cosa: nada de cuentos. Ustedes publicaron cosas muy interesantes de América Latina.
P: No vale hablar de Eterna Cadencia.
GB: Bueno, los cuentos completos de McGahern, el irlandés.
PZ: Yo voy con El camello.
P: ¡Pero un libro para el verano!
PZ: ¿Para todo el verano? Leete a Stieg Larsson así sabés qué es lo que no hay que leer.
GB: ¡Discrepo!
P: A mucha gente le gustó.
PZ: No me gustó nada. Avanza de digresión en digresión por todos los lugares comunes del policial. Aparte se ve cómo el tipo lucha con el lenguaje.
GB: No es gran literatura pero me resulta fascinante cómo se resuelven los conflictos en un país civilizado.
PZ: Para eso leelo a Mankell que es mucho mejor.
GB: Ahora sacó uno nuevo, ojalá que me lo den en el diario.
P: ¡No se me ocurre ninguno! [Piensa] El idiota, de Dostoievski.
PZ: No es como para leer en la playa… Aunque en la playa leí El jugador.
P: Bueno, pero es cortito y el casino y la playa se llevan bien. Generalmente uno va al casino en verano.
GB: Pero la pregunta que tendría que haberte hecho antes: ¿cuál es tu idea de literatura de verano?
P: Literatura “enfrascadora”. En realidad, en los veranos generalmente leía a Kafka, a Dostoievski. ¡Y me fue pésimo! Me sumía en unas depresiones horribles. Íbamos a la playa con mis amigos, después a bailar y yo estaba [hace una mueca bajón] en el medio de El proceso, asfixiado. ¡Lo único que no quería era eso! Qué sé yo, la idea es leer lo que uno pueda o quiera. Yo soy un lector tan desprolijo y tan desordenado que ya no sé qué hacer.
GB: Hay que ser así: lector hedonista.
PZ: Y largar el libro cuando no te gusta. Dejarlo sin culpas.
GB: ¡Absolutamente! La vida se va rapidísimo y si uno no lee lo que le gusta… Hay tanto para leer, tantas cosas buenas. Lo mismo que las relaciones amorosas. Cuando no va, no va.
jajajja! muy bueno!
yo creo que las crónicas están muy bien, las de Caparra, Una luna, Larga distancia… a mí me gusta leer las de Lispector y María Moreno, y también tengo un libro, Misales, de Marosa que hace dos veranos que lo leo. para mí, el verano está para devorar cuerpos, libros… por eso, los libros tienen que leerse de un saque, como un toco-y-me-voy en la playa o el boliche.
Para un amor de verano, en cambio, están los cuentos de Bolaño, o si se quieren divertir hay que llevarse los libros de Maslíah publicados por De la Flor.
Está la novela de la Enríquez, Cómo desaparecer completamente, y está el geño de Fabián Casas… a ese hay que recomendar para el verano! Fabi es lo máass…
Sí, Veteranos del pánico, Ocio, Los Lemmings y otros.
un beso (…y a ponerse protector solar)
que bueno que digan que uno puede dejar de leer un libro que no le gusta…..
yo siento que no puedo empezar otro.
Besos y gracias!
clau
Yo no sé si a alguien le sirve, pero yo en verano me leí 2666 de Bolaño, y digo: si no es en vacaciones, cuándo? Otra: The Oracle Night (La noche del oráculo, lo mismo da) de Auster, te pide una lectura sostenida, Los Detectives Salvajes, también (¿alguien sabe exactamente cuántos personajes tiene?) ¡Nada de comodidades, ‘tamadre! ¡A las trincheras! A ver si me leo La vida: instrucciones de uso de Perec.
Saludos! Muy lindo todo… suerte!
Ay Claudia! me pasa lo mismo y quedo detenida….