El libro en la pizarra (28/03/09)

28-03-2009 | ,

pizarra dorothy parkerDorothy Parker. Narrativa completa.

Hoy recomienda Ana Prieto, periodista del Grupo Clarín.

- Imagino a Dorothy Parker en el vestíbulo de un departamento elegante en el Upper East Side de Nueva York. Ha sido invitada por una tal señora Wynton porque escribe en Vogue y en Vanity Fair, porque es “divertida y no tiene un pelo en la lengua” y porque, en fin, queda bien ser amiga de la abierta e incisiva “Dottie”. A ella poco le importan las razones de la invitación; se lo va a pasar bomba con sus martinis y su facilidad para advertir el carácter, el deseo y los secretos detrás de los trajecitos, los sombreros y las palabras de cortesía. Se va a desplazar por la fiesta, trago en mano, entre personas que no saben que ante su mirada quedan desnudas. Imagino a Dorothy Parker como una especie de “dama de los vestíbulos”, capaz de comprender lo que hay dentro de cualquiera con sólo asomarse a su antesala, quiero decir a su ropa, a sus uñas, a sus gestos, a un dicho al pasar.

Entrar en la literatura de Dorothy Parker es entrar en un mundo bien conocido sobre el que, sin embargo, suele escribirse poco, o más bien, con poca naturalidad. Se dice de ella que pintó magistralmente la frivolidad y la hipocresía de las clases altas norteamericanas de los años de entreguerras, pero el tiempo ha demostrado que pintó magistralmente la esencia de la frivolidad y la esencia de la hipocresía.

Gran admiradora de Martin Luther King (le legó todo al morir), retrató también el velado racismo de la costa este y “progresista” de Estados Unidos. Escribió relatos cortos que son verdaderos tratados (nunca panfletos) sobre las desventajas insalvables de las mujeres pobres, sobre las ideas reglamentarias acerca del matrimonio, la maternidad y el amor, sobre la ansiedad silenciosa del ama de casa.

Excelente cuentista, no se entromete, no juzga, no zumba alrededor de sus relatos. Ella desaparece para dejar en cambio que sea el lector quien aparezca y se entrometa; quien se indigne, se avergüence, se burle, juzgue, se identifique o se sienta un idiota. Sus soliloquios no tienen pérdida (inolvidables el de la insomne y el del llamado telefónico que no llega). Un libro para tener, ideal para regalar, para leer en voz alta y para esconderse en el baño del anfitrión cuando se acaba de pasar un papelón en una fiesta.

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