Por P.Z.
El viernes pasado Marcos Bertorello presentó Porno, su primer libro de cuentos. Lo acompañaron Juan Martini y Silvia Hopenhayn.
En todas las presentaciones se da un juego íntimo entre autor, acompañantes y público, y esta vez no fue la excepción. Lo destacable fue que en esta oportunidad se dió, venciendo todo nerviosismo, con un escritor que “inaugura” su obra literaria. Tal vez sea el tema del libro, tal vez la proximidad. Tal vez, simplemente, que por un momento, sentimos que nos adueñamos de un escritor y su obra.
“Porno no solamente es un gran libro de cuentos -abrió la charla Leonora Djament, directora editorial de Eterna Cadencia-, sino un primer libro de cuentos. Por eso creemos que la literatura está doblemente feliz”.

Juan Martini destacó que Porno “se hace cargo de una pregunta antigua y contemporánea: cómo se cuenta una historia”. Y dijo que “uno de los grandes méritos de este libro es que no respeta las formas canónicas del cuento. En todos los cuentos hay temas comunes: el erotismo es un tema central, las cuestiones filosóficas, las cuestiones religiosas y sobre todo, las cuestiones morales. Este libro es una enorme interrogación acerca de la cuestión moral. Los textos hacen explícito que la pregunta moral es constante.”
Silvia Hopenhayn invadió la sala con preguntas, señal de que Porno, tal vez, abra más interrogantes de los que cierra. “La primera pregunta que atraviesa este libro es: ¿puede existir en la literatura el género porno? (…) ¿Cuál es el recurso literario del porno? ¿Es porno lo sexual o cualquier cosa que estalla en un primer plano? ¿Cómo evitar la pérdida o la monotonía en un género que exige la repetición? ¿Cómo acaba lo inagotable en la reiteración? ¿Los infortunios de Justine pueden tener fortuna en estos tiempos? ¿El vacío no desmerece al vicio? ¿Qué hay del vicio en la perversión?

Se mencionaron varios de los cuentos, por ejemplo “Tío”, del que Martini dijo que es “una inesperada, conmovedora y moral vuelta de tuerca sobre ‘Un día perfecto para el pez banana’ de Salinger”, y Hopenhayn encontró la imposibilidad de situar la perversión: “¿Quién es perverso? ¿El tío que lleva a su sobrina al mar para tomarla de la cintura cuando rompen las olas, o la sobrina que se imagina en el mar siendo tomada de la cintura cuando rompen las olas, o los lectores que creíamos que allí estaban tío y sobrina a punto de consumar algo que ni siquiera el mar imaginaba?”.
En el momento de las preguntas, Bertorello confesó que le hubiera gustado ser director de películas porno, aunque para él, el género ha fracasado: “Yo creo que efectivamente el porno como género cinematográfico es un género que fracasó, en el sentido que es imposible narrar una historia queriendo mostrar todo. Por eso mismo lo hace tan interesante y por eso mismo lo hace tan desafiante”.
“Stephen” habla de un trío -le preguntó Martini a Bertorello-. Un matrimonio tiene sexo con un negro. Me acordaba que Freud dijo en algún lado, algo así como “estoy empezando a pensar que en toda relación sexual participan como mínimo cuatro personas”. ¿Quién falta en “Stephen”?
Supongo que el lector. Me hiciste pensar en algo. Una serie de supuestas notas que escribió Malena Irigaray (protagonista del cuento “Porno” que da título al libro) sobre el género. Malena escribe una especie de reflexión sobre el género. Dice: una actriz porno se define por su mirada, por lo que sucede en su mirada, y por el triángulo que se forma entre su mirada, la cámara y el espectador. Tal vez porque Stephen, sobre todo la primera parte, es lo más cercano al género porno cinematográfico, entiendo que el cuarto es el lector.
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