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Resistirse a partir del lenguaje

17-04-2009 |

Entrevista a Sonia Budassi
Por P.Z.

El sector fumadores del bar es reducido: apenas cuatro mesas. Estamos en Avenida de Mayo y Chacabuco, a un par de cuadras de Perfil, lugar de trabajo de  la escritora y periodista Sonia Budassi. Nos acomodamos en la mesa más alejada -una forma de decir- de un ruidoso grupo de oficinistas que discuten si la política de hidrocarburos es más entreguista que en la década de los ’90. No es la mejor música de fondo para una entrevista, pero ella no se inquieta. Es mejor soportar el griterío que una entrevista sin cigarrillos.

Durante los próximos 30 minutos hablaremos de Los domingos son para dormir (Entropía, 2008),  libro de cuentos con el que Budassi ha conseguido una merecida relevancia el mundo de las letras.

sonia budassi

Avon, Sedal, bases, tinturas. ¿Esto es la chick lit?

No sé bien qué es la chick lit. De eso se encargan los editores, creo. -Esta será la única respuesta cortante en el diálogo.

Hay un universo de objetos en todas las mujeres de las historias que anclan muy fuerte en la imagen de la mujer actual.

Sí, en realidad me interesaba trabajar sobre las representaciones mediáticas y sobre los objetos de consumo. Como también me interesaba trabajar con las fábulas infantiles, los cuentos de hadas. La apropiación de eso y la relación de contraste o de armonía. Plantear un conflicto en relación a esto. Cómo se procesa eso desde la subjetividad y desde las relaciones interpersonales. En general es una relación de conflicto, entre el discurso impuesto o heredado a través de las narraciones desde la spublicitarias o las ficcionales y el discurso propio. Cómo se apropian los personajes de eso, como se relacionan con el prejuicio y las clasificaciones, con las expectativas que el otro construye con respecto a sus roles.

¿Cómo juega el rol masculino en ese universo?  ¿Es otro objeto?

No lo había pensado. Creo que funciona igual que funcionan las chicas. Con la pregunta me viene algo a la cabeza que me contó una compañera del suple [Sonia trabaja en el suplemento Cultura] que estaba con el marido viendo una película de Sofia Coppola, Las vírgenes suicidas, y a partir de ahí llegaron a algo que las feministas trataron en profundidad: que estamos acostumbrados en general a leer y a ver discursos hechos por hombres. En la televisión, las telenovelas están hechas por hombres. Los guionistas son hombres, los directores son hombres, hasta las publicidades en general están todas contadas desde el punto de vista masculino. Desde ese lugar se puede generar una suerte de extrañeza, vos preguntabas, por ejemplo, por el chick lit, porque el comportamiento del otro género casi siempre está planteado desde un lugar más patriarcal, cuando no más machista. En todo caso lo interesante es desarmar esas categorías. Hablar de si son todas mujeres o no en el texto puede llegar a ser demasiado sencillo porque los roles están problematizados. En todo caso hay personajes peleando o sufriendo o reproduciendo conflictivamente distintos prejuicios, supuestos y lugares que deben o no ocupar.

Pero en varios cuentos aparece la mujer como sujeto frente al hombre como objeto.  Por ejemplo en “Todo lo de anoche”, en “Tu vida sin mí”, o en “Fuera de temporada”.

No lo había pensado en esos términos, pero sí, puede ser. En tanto también…

Pará, porque decís “no lo había pensado en esos términos” y en uno de los cuentos una de las chicas dice “cuando digo ‘no lo había pensado en esos términos’ quiero decir ‘lo que estás diciendo es una boludez’.”

Sí, sí. [Se ríe] Ahora estoy siendo sincera, no hay otro discurso entre paréntesis. Lo que pasa es que las narradoras tienen el poder del discurso y tienen una cuestión de superioridad en cuanto a la categorización del otro. Muchas veces la elección de estas narradoras puede ser como objetivarlos, convertirlos en objetos de estudio y a partir de ese análisis encuentran su estrategia de acción. Sí, en un punto sí puede ser que sean como sujetos objetos. Pero ellas también están construidas y son habladas por esa mirada masculina.

Cuánta vida interna tienen los personajes. Todas las narraciones parecen ser discursos internos.

Me interesaba esa superposición entre la acción manifiesta y ese proceso interno a veces engañoso, un mundo interno complejo que incluye esto que te decía al principio, los discursos heredados, los consumos culturales, la apropiación de relatos mediáticos. Cómo intervienen en ese marco subjetivo con el cual los personajes categorizan el mundo y toman decisiones sobre cómo resolver su peripecia.

¿Por qué todos los cuentos están en primera persona?

Me parece muy interesante la primera persona. Escribí cosas en tercera, pero nunca me terminaron de cerrar. Me parece que por un lado son más fáciles de lograr ciertas cosas en la primera persona porque estás involucrando al lector ya desde un punto de vista específico y por otro lado está el desafío de mantenerlo ahí cuando todo está llevado desde un punto de vista tan fuerte y tan específico y tan particular. Esa dualidad me estimula mucho a la hora de escribir.

El primer cuento es de una chica en Nueva York, después hay varios en que se da una relación campo ciudad y el último se da en un pueblito perdido. Como si de lo cosmopolita se llegara a lo particular. ¿Fue pensado el orden de los cuentos?

En realidad: sí. Quería terminar con el último en el que es marcado en todos los personajes esa sensación de ajenidad en Pehuencó, en un lugar raro, desolado y misterioso. En un punto como el juego para mí fue entroncarlo con cierto s guiños a géneros que por momentos amenaza con ser de terror, en otro momento amenaza con ser una fábula casi infantil. Pero lo que me interesa en esa progresión que mencionás respecto al inmigrante.  La tensión con el afuera y adentro, interior y exterior, Capital periferia, margen centro. Ese interés viene también por el estudio que hace cada personaje o las revelaciones que tiene cada personaje con respecto a las cosas que da por supuestas, que muchas veces las da por supuestas por el lugar en el que nació. Y al encontrarse en otro tiene que revisitar todos esos lugares comunes y aprender el nuevo código. Esa tensión entre lo ajeno y lo propio, entre lo extranjero y lo local me interesaba mucho. Sobre todo estos códigos de adaptación que cada uno de los personajes va aprendiendo o va subvirtiendo o va transgrediendo, depende el caso.

Esa relación que tienen las mujeres-porque hay un solo cuento con un protagonista hombre- con el afuera y el adentro, ¿es algo que vos viviste?

No sé. Digamos que desconfío un poco de lo autobiográfico. Sí me interesa trabajar sobre  los estereotipos con los que nos enfrentamos todos los días en los diarios o en los dominicales o hasta en la televisión, y esa carga de estigmas con ciertas realidades. No sé si en mi caso me costó mucho la adaptación. En todo caso, incluso en Bahía Blanca, siempre es un desafío tratar de mantener esa mirada casi de extranjera. Que te permita sorprenderte y ver lo que se teje debajo de lo que se ve. Cuáles son los supuestos de esos discursos de esa manera de comportarse esa gente, de los lugares a los que eligen ir, de la manera en que eligen divertirse -o que pueden divertirse-.

¿Eso trae aparejado un desencantamiento?

Depende. Cuando uno descubre estereotipos terribles que degeneran en discriminaciones,  que como todas las discriminaciones son crueles, sí. Pero también, en un punto, en ese descubrimiento hay algo positivo. Porque el mecanismo narrativo puede poner en evidencia ese funcionamiento, y en un punto hasta se puede albergar cierta esperanza, decir, a partir de ciertos relatos hay cosas “se pueden cambiar”. Se puede hablar de otro lugar, puede existir una resistencia a partir del lenguaje.

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