La literatura argentina y la toma de terrenos. Los escritores argentinos ¿están ocupados?
Por Juan Martini.

Foto: Sub. Cooperativa de Fotógrafos.
Todavía no se sabe bien ni cuántas personas ni cuántas familias son. Todavía no se sabe bien ni cuántos heridos ni cuántos muertos hay en el Parque Indoamericano de la ciudad de Buenos Aires. Las cifras iban de 200 a 1500 familias. Y de tres a cuatro muertos. Pero el último tampoco se sabe bien. Tres muertos, entonces, ¿y un muerto desaparecido? ¿Y sus nacionalidades? Seguro que hay argentinos, gente procedente de otras villas y gente sin techo. Seguro que hay bolivianos y paraguayos. Y que los muertos son de ellos: de los extranjeros. Ya tampoco se sabe bien cuáles son las palabras políticamente correctas para nombrarlos. Pero seguro que no son las de Mauricio Macri, que acusó de la usurpación a las mafias del delito y el narcotráfico. Porque esto sí se sabe: Macri es xenófobo, autoritario y de armas pedir.
Aníbal Fernández, el jefe del gabinete nacional, lo acusó entonces de incitación a la violencia. Pero ¿queda exento el jefe de gabinete de la incitación cuando manda a la Policía Federal para que colabore con la Metropolitana en el desalojo del Parque? Y si no está exento, Aníbal Fernández, y esto le cuesta la renuncia que aparentemente le pediría la presidenta, ¿quién se la pide a Macri?
Esta es la realidad.
O es lo que parece.
Una realidad que se dibuja según el diario que se lea y, sobre todo, según quiénes sean los voceros de la derecha liberal, que es el segmento político dominante en los medios. No en vano Mario Vargas Llosa (con ese sentido inalterable de la oportunidad que lo llevó a perder las elecciones de 1990 en Perú y lo obligó a un regreso vergonzante a la literatura) dijo un día antes de su discurso de aceptación del Premio Nobel en Estocolmo: “Padecemos menos dictaduras que antaño, sólo Cuba y su candidata a secundarla, Venezuela, y algunas pseudo democracias populistas y payasas, como las de Bolivia y Nicaragua”.
Álvaro García Linera, vicepresidente de Bolivia, respondió con un protocolar sentido de realidad que Vargas es un político fracasado.
La literatura argentina, en los primeros diez años del siglo, ha dado pocas muestras de interés o de sensibilidad por la llamada realidad política. Y en general la mayoría de esas muestras no salió bien parada en el juicio de un campo intelectual minado por la posmodernidad y por sus propias confusiones. En uno de los extremos más razonables de la renuncia a los relatos sociales se encuentra sin duda La villa, de César Aira, publicada en 2001, un ejercicio que intenta combinar las ideas de Aira sobre la ficción pura con el realismo. Otros libros se internaron en historias de raros amores, extravagantes personajes o alternativas fantásticas y paródicas. Sin hablar de los libros celebrados por el liberalismo de derecha por ser políticamente incorrectos.
En 2001 yo estaba escribiendo Colonia, una novela que es algo así como una representación a escala (todo transcurre en una incierta institución uruguaya) de un sistema social y sus taras. Pero de pronto, como la señal más intensa de que la convertibilidad de Domingo Cavallo se caía a pedazos y dejaba violentamente a la vista el desquicio y el empobrecimiento social que había producido, las plazas fueron tomadas por gente sin trabajo y sin techo, y poco después la ciudad entera era un aquelarre. La crisis estalló con 39 muertos en la Plaza de Mayo y el Congreso. Entonces dejé de escribir Colonia y escribí Puerto Apache. En ese libro, hoy inconseguible, se cuenta la ocupación de varias hectáreas en la zona norte de la Reserva Ecológica, pegadas al Yacht Club. Gente de otras villas y gente sin un lugar dónde dormir se apoderaban del terreno, loteaban y se daban las bases de un orden, tal como como hoy lo han hecho los ocupantes de Soldati. En aquel momento no estaba Macri, ni para mandar a su enclenque Policía Metropolitana ni para hacerse el arrepentido después y mandar 40 (¡40!, como si fueran demasiados para más de 1000 familias) baños químicos. Puerto Apache pasó sin pena ni gloria entre críticos y suplementos. Sólo le prestaron atención los lectores que siguen esperando que la ficción tenga que ver con algo más que con la volubilidad de sus autores. Y no fueron pocos. Pero los iluminados de siempre no sólo acusaron al libro de innecesario sino que además señalaron que la tapa (un hombre y un chico cartoneando) espantaba lectores porque ya nadie quería oír ni leer una sola palabra más sobre la crisis.
Apenas ocho años después, en otro marco institucional, vuelve a estallar una crisis: gente en la calle o que quiere migrar de villas hiperpobladas, nativos y extranjeros, ocupan un predio cubierto de malezas y yuyos que lleva el nombre pomposo de Parque Indoamericano. De inmediato fueron agredidos por la Policía Federal, por la Policía Metropolitana, y por los sectores más temibles de los vecinos de Soldati.
Tres muertos confirmados.
Un muerto desaparecido.
Muchos heridos.
Un hombre con la cara destrozada que llenó las pantallas de los televisores…
Y entonces:
¿Quién gobierna Buenos Aires?
¿Realidad y ficción no tienen nada que ver?
Los escritores argentinos ¿están ocupados?
¿O quizás habrá que esperar que los jóvenes y muy jóvenes escritores terminen de reprogramar el escenario en el que transcurrirá por fin la literatura argentina de hoy?
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Felicitaciones por esta nota; es bueno saber que a los que hacen literatura todavía les interesa la realidad social.
Autobombo reaccionario y berreta. Nota muy chota.
Indagar sobre el vínculo entre la literatura actual y la “realidad” – que es tan numerosa como sujetos haya con ganas de construirla – es interesante, y seguramente importante. Lamentablemente esto queda en enunciado, porque el autor usa el tema solo como prólogo para un autobombo (como bien dice Salvador) que lo pondría celoso al mismísimo Tula. Las cuatro preguntas del final desconciertan totalmente, pero bue, el autobombo ya está consumado y esas frases últimas son como una charlita post coito.
Está bueno encontrar una mirada distinta de la de los medios sobre este tema.
o algo así
Malísima la nota. No decís nada nuevo. Repetís mal y precariamente lo que dicen otros. El clásico tira piedras vacío, tu libro inconseguible es la mano escondida, esta nota es prácticamente salir corriendo. Quizás si dejaras de ampararte en el discurso progresista pedorro y políticamente correcto valdría la pena leerte.
Lo que yo critico de este tipo de libros (no el libro en particular que, lamentablemente, ni lo conocía por el problema editorial que mencionas) es que se jactan de “representar la realidad críticamente”. Ahí hay un absurdo mordaz: entre representar la realidad tal como es y observarla particularmente, críticamente. Pero más allá de eso, en general construyen libros sesgados y maniqueos, que de la realidad solo encastran las estructuras de artificio de lo verosímil. (Puan lo hizo). Y estos libros pecan de progres, de melosos, de desalmados, de miren como nos pegan, del “que puede hacer la NaUSEA por los pobres” de sartre, del “escribimos por los que no pueden escribir”. De eso sale gente que, con suerte, es Cucurto (que me recuerda tanto a Asturias, al cual, como todos sabemos, los indios le chupaban un…). Por lo menos Cucurto tiene cierto estilo, pero hay otros que mejor ni hablar. Pienso que veces sirve más como denuncia al nazismo un texto de Celine que de Ana Frank. Porque es más literario: tiene una moral, pero es tan border, tan lindera, tan vaga, que se transforma en una fantasía.
Por otro lado, parecería que estas promociondo el libro, y, por lo tanto, los pobres muertos te importan tan poco que los usas para hacer el cartel de propaganda. Espero que sea algún tipo de ironía mordaz, porque si no es muy triste.
Volvió Martini. Volvió la precariedad. Volvió más baronizado. Volvió más mentiroso y más envidioso.
Ahora resulta que unos 5000 habitantes de la Capital espontáneamente y por casualidad decidieron tomar un parque, se encontraron ahí, se presentaron y se organizaron.
Los problemas habitacionales en la Ciudad de Buenos Aires, surgieron en el año 2007, antes no habia problemas todo el mundo tenía su casa digna y no había villas miserias ni homeless. Tambien se observa que en él único territorio donde no se disfruta de la distrubución revolucionaria de la riqueza es en la Capital (Macri se la roba toda y se le saca a los pobres. Malo Macri. Buhh), en cambio en Misiones, Chaco, Formosa y el GBA no saben que hacer con la riqueza. No entiendo por que la gente no migra de la Capital a esos lugares.
El Gobierno Nacional no tiene nada que ver, no controla a la Policía Federal, como no tiene nada que ver con Salvatierra ni con el barra brava de Huracan que viajó al mundial con Hinchadas unidas argentinas, organización vinculada a Elisa Carrió. Tampoco tiene que nada que ver con Pedraza y la presencia de Cristina elogiandolo en un acto es un invento de TN.
Es la tercera operación que le hacen a Macri (Escuchas,tomas de colegios y parque Indoamericano), son tan bobos que no se dan cuenta que se desmorona solito y lo fortalecen. Este gobierno es lo más parecido a Pierre Nodoyuna, en vez de ocurparse de ganar se ocupa de que los otros pierdan.
Lamentablemente el viejo dicho la realidad supera a la ficción no es una metáfora sino el disparador de más texto y no de ficción . Nunca pensé volver a ver la brutalidad de las imágenes vistas. Está visto que políticamente el 2001 retorna, los problemas de fondo aún están sin resolver. El avestruz y sus prácticas están vivos en nuestro país.
A mi la nota me parece valiente. Toma posición cuando la mayoría de los escritores deciden hacer silencio. Eso es atender a los muertos, no ignorarlos.
¿Por qué será que cada vez que una nota cruza política con literatura aparecen comentarios encendidos que atacan a quien se anima a escribir sobre eso?
No creo que una nota como esta se escriba para vender un libro que, además, no se consigue. Me parece que llama la atención sobre el lugar que la literatura tiene (o no tiene) en relación a estos temas en los últimos años. Al fin y al cabo, los noventa no pasaron en vano…
Y me parece que sigue valiendo la pena pensar los cruces entre política, literatura y sociedad. Eso solo debería ser una buena noticia y no motivo de comentarios escandalizados.
Pero la originalidad de trazar la relación entre literatura y política es ver qué es político en un texto literario. Por ejemplo: interpretaciones políticas de Borges, Beckett o Italo Calvino en su última etapa. Cuando se habla de literatura política se habla de Walsh por sobre Borges. Instaurar como literario un manifisto por ser políticamente explícito. Eso es una burrada, y pasó y pasa muchas veces. Es lo que Tabarovsky llama los escritores de izquierda: se hacen los rebeldes, los críticos, pero sus escritos no son ninguna revelacion. Son los Greenday de la literatura.
Es decir: Arlt no es Arlt porque es político. Es Arlt por ser Arlt. La política, en todo caso, engrandece a su persona, pero no a sus libros.
¿Qué dice Martini de todos nosotros que hace brotar tantos apelativos?
Creo que sería mejor y más interesante evitar críticas sobre personalísimos sostenidas en retóricas egocéntricas que apelan únicamente a argumentos ad personam… y hablar de literatura.
O de política y literatura.
Martini, lamentable que aproveches una realidad trágica para reordarnos que sos el autor de esa novela, ignorada por la crítica…en fin, como si en sejemante contexto tu novela tuviera algún peso, más allá de su pertinencia temática.
Mis felicitaciones a Juan Martini!
Cariños, Claudia
Autobombo o no, hay una provocación clara en esta nota. Y el bardeo boludongo no es devolver el muerto, sino simplemente patearlo.
Me parece que hay que bancarsela un poquito más de pecho y preguntar, para saber si están ocupados, ¿quiénes son “los escritores argentinos”?
Y una referencia, que puede ser el principio de un hilo del que tirar: Fogonazos, de Mariano Abrevaya Dios.
Después diría La oculta, del poeta Jorge Tasín, pero algunos podrían argumentar que eso no es literatura, ni crónica, ni periodismo, ni ficción, ni poesía, ni realidad (es que tal vez es Auschwitz).
Martini, da la cara, esta chabacaneria es insuficioente, responde, quiero saber que pensas despues de ver las estupideces q escribiste, toda esta gente tambien merece una respuesta algo acertada.
Festejo una nota como esta, en un momento en que el silencio es lo que prima entre tanto desconcierto y muerte.
Ojalá más escritores argentinos se desocupen, preocupen y -a lo mejor- ocupen.
Estoy de acuerdo con Ezequiel. No sé si lo que dice Martini es correcto o no pero qué le pasó a esta gente que lo ataca tanto?
Suena a operación política literaria
Es difìcil para un escritor opinar de política, no lo dejan, molesta. Andà a lavar los platos, volvé a la ficción.
Gracias por la nota, otra mirada siempre viene bien.
Ojo, eh, que en muchas de las opiniones políticas estoy de acuerdo. Porque aunque un escritor político sea chabacano y vulgar, una persona debe ser responsable de sus elecciones como ciudadano. Hay que recordar que el sesenta porciento de la ciudad votó a un espía, un xenofobo y casi un represor. Y lo volvió a votar un 30%. Y lo peor de todo es que no es sólo “el chori ignorante” el que lo votó. Era gente de clase media y alta (el target de Macri) y hasta culta y profesional que demostró ser tan estúpida como la del chori o más. Probablemente bastante más. Y este es un Macri reprimido, uno que oculta sus ideas, casi “políticamente correcto”. Tiene un bigote tan grande que casi lo asfixia.
Ahora, de ahí a llamar “valiente” a la nota, hay mucha diferencia.
Hablando de Puan lo hizo: todos apuraditos en formar opiniones, establecer diferencias, aprobar o rechazar. Autobombo, target, dicen. Mirá como dicen. La mención de la novela es a partir de una analogía entre lo que se imagina y lo que pasa: antes, después y durante. Nada más. Y no es poco. Pero acá todos se ponen a leer y dicen: si se caga en los muertos, si honra los muertos. Lo que no hay para una reflexión interesante, evidentemente, es cabida, metro de soga para darse una vuelta antes de estar convencido.
paloma, si te referias a mí, no fui ni voy a Puán. Técnicamente ni sé dónde está. Busqué un par de libros en el catálogo de internet y no estaban. Lo de puán no era un chiste a Martini ni a Walsh sino al posestructuralismo y al abuso de palabras como “estructura” “artificio” y “verosimil”. Faltó diferancia.
Ciertamente, la nota no es provocativa, es más vale mojigata. Todos sabemos que el sector de alta cultura está en contra de Macri. Criticar al liberalismo es un lugar comùn. Provocativo es Rubio cuando dice que la literatura argentina es el mal. O Borges puteando al peronismo. Y no toda provocaciòn es positiva, tal vez es una manera de ocultar, mediante una bruma de debates giles, verdaderas realidades mas oscuras.
No, la mencion de la novela es entre lo que pasó y él registró en una crónica ficcional y lo que pasa ahora. Dice que la lectura de su libro podia haber servido para evitar esto. Lo cual es estúpido y falaz: Hitler se avalaba en los poetas alemanes que predicaban la hermandad y la paz, como Goethe, Schiller, Holderlin.
No sé si leiste mis posts o si estabas buscando palabras en inglés en un fanatismo martiniano, pero sí estuve revolviendo reflexiones profundas. No una teoría, pero sí unos apuntes para una teoría de…
Lolita es un libro político aunque Nabokov no quiera, y es mejor porque no está impregnado de esa infame moralina de otros autores, como Galeano, Sartre, Vargas Llosa (de distinto signo político), y otros tantos del siglo XIX.
Igual, pensá lo que quieras, Orwell es mejor que beckett; Perez Galdós que cervantes; Sartre que heidegger.
Los lectores de estas crónicas no son malos; tan solo, a veces, un poco crédulos, como los que creían que Neruda era un poeta del pueblo.