La ironía tan ponzoñosa de Polleri

03-08-2010 | ,

Esta semana Ercole Lissardi (que estará en Filba) nos deja la “recomendación de amigo”: La inocencia, de Felipe Polleri (que también estará en Filba).

Por Ercole Lissardi.

ercole lissardi

Leo, profusamente gesticulando mi admiración y carcajeándome, La inocencia de Felipe Polleri. ¿Cómo un tipo -Polleri- de apariencia tan comedida, amable, discreta, tímida diría casi -en el próximo Filba se tendrá la oportunidad de chequear lo certero de estas primeras impresiones-, el tipo del que uno dice no sin cierta conmiseración que es incapaz de matar una mosca, puede ser capaz de una ironía tan ponzoñosa?

La inocencia me hace pensar en un buitre tan contento con la carroña de que dispone, que no sabe en qué ojo clavar el pico primero. Las intimidades de una familia dizque patricia en plena decadencia son en realidad un objetivo demasiado nimio para el calibre del rencor y la amargura que se agolpan hasta supurar en el aguijón de Polleri. Pero la impotencia rabiosa con que el narrador se lanza sobre estos fantasmas de la memoria no le impide la más refinada de las lucideces. Hay que -dice el narrador- ver la crueldad como yo la veo, siempre, con una exactitud de una crueldad exacta. Nada más friamente objetivo que el alma de un tigre. Y Polleri nunca se atosiga con su propio veneno, nunca le tiembla el bisturí por causa de su embriaguez de venganza. Ahora bien: la ferocidad de Polleri es de naturaleza tan extraordinaria que consigue que la estupidez o la locura de sus personajes -son las dos únicas opciones- se vuelvan ridículas, o por lo menos, chistosas, hasta la carcajada. Evidentemente, no apruebo la forma en que está organizada la sociedad confiesa el narrador, quizá un poco amoscado porque sospecha la incomprensión del lector ante tanta inquina. Ni esta, ni ninguna otra agrega distraídamente. Más adelante, hacia el final, ya decidido a terminar con el asunto y a cambiar de tema, se permite ser perfectamente honesto: Nos vengamos sin piedad, una y otra vez. Como siempre. Sin amor. Sin piedad, como estas memorias, peor que “malas”, malvadas.

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