Juan Terranova acaba de publicar por la Editorial El Cuervo de Bolivia su libro de cuentos –y para muchos su mejor libro– Música para rinocerontes. De ese libro, publicamos “La máquina idiota”.
Por Juan Terranova.
Cuando salió mi primera novela, mi editora me pidió que la firmara para mandársela a un tipo que tenía un programa de cable. No era un mal programa de cable. Era todo lo bueno que un programa de cable puede ser. Quizás demasiado serio. Reseñaban libros, hablaban con los autores, dictaban opiniones políticas. Cuando aparecían las opiniones políticas el programa se volvía especialmente malo, pero lo demás se sostenía. Visto desde ahora, pienso que quizás hubiera sido mejor ir a lo de Susana. Pero Susana no me había invitado.
Un amigo me convenció de que valía la pena.
- ¿Estás seguro?
- Sí -me dijo él-, ¿qué puede pasar?
Me llamaron de la producción, una mujer con voz seductora.
- Su libro me pareció “ex-ce-len-te”-dijo.
Le creí. ¿Por qué no? El asunto estaba confirmado pero volvió llamar. Me la imaginaba rubia, hablaba como rubia. No voy a dar el nombre del anfitrión del programa.
- El señor X quiere saber si lo que pone en la página setenta y cinco es verdad -me preguntó la rubia.
- ¿Verdad cómo? -pregunté yo.
- Si pasó o no pasó -dijo ella.
- Ah -dije yo-, sí, todo es verdad.
Mi novela estaba llena de historias que habían salido en los diarios. Un hombre que se muere y pasa años adelante de la televisión, un tipo que tira un penal afuera y lo matan a golpes, un hombre que vive bajo tierra y así. Pero no fue suficiente. Y entonces la rubia volvió a llamar.
- El señor X me volvió a preguntar -dijo.
- Ahá.
- Quiere saber si lo que se cuenta en la página setenta y cinco es verdad.
Me la imaginé en ropa interior.
El día que tenía que ir al programa llamó directamente el señor X. Eran las ocho y media de la mañana. Yo dormía y el tipo se obsesionaba.
- Estoy muy contento de que venga.
- Claro -dije yo.
- Nuestro programa es muy prestigioso.
Miré el reloj. Y entonces preguntó.
- Dígame, ¿lo de la página setenta y cinco es verdad?
Hicimos la rutina del verdad o no verdad y verdad cómo o de qué manera un par de veces más. Yo no había tenido una buena semana y estaba dormido. Mi meca no era ese programa de cable. Quizás otros programas de cable sí, pero ése no.
- Si esto que se dice no es verdad -me apuró X cuando empezó a perder la paciencia-, no podemos salir al aire.
Me lo imaginé metiéndose pedazos de vidrio por el culo. Encerrándose en su oficina privada con una botella rota y haciendo eso en vez de trincarse a la rubia. En mi cabeza, la sangre fluía de un color oscuro. Lo intentó una vez más.
- Bueno, dígame que es verdad.
- Le digo que es verdad.
- Pero, ¿ocurrió realmente?
De repente lo sentí presionado, lo escuché infeliz y solo. No se metía vidrio. No tenía el coraje y la creatividad necesaria para hacer eso. Apenas si podía con su programa de cable. De hecho, se agarraba a su programa de cable como un náufrago. Creo que incluso terminó por perderlo. A veces pasa. No llegué a insultarlo. Pero, por supuesto, la entrevista no se hizo.
Después me invitaron a una radio. Eran tres conductores que casi se peleaban por hablar. Y también había una chica pintándose las uñas de los pies. Nadie había leído nada de lo que yo había escrito. No digo un libro, ni siquiera me habían buscado en Google. Uno intentó presentarme y dijo algo así como “Ahora, vamos a hablar de la fantasía, de la imaginación, tenemos con nosotros a un joven escritor argentino”.
Me hicieron un par de preguntas absurdas.
- Escribir es muy difícil -dije yo.
Creo que es verdad.
Y después, otro programa de radio, a la mañana. Pero en éste pasaban música y había un solo locutor que me trató con respeto y se interesó por lo que dije. Tampoco había leído nada pero por lo menos era educado.
Ese mismo día, más tarde, un amigo pasó por casa. Quería mi opinión sobre una serie que estaba escribiendo. Durante un tiempo trató de escribir novelas, y cuando había empezado a lograr algunas cosas, consiguió trabajo como guionista para la televisión. Supongo que para escribir novelas se necesita paciencia.
- Vamos a hacer un piloto. Hay gente interesada-dijo.
Me contó la idea de una miniserie con un superhéroe argentino, de día trabajaba en una oficina, de noche era una especie de Batman imbécil. Escucharlo me hacía doler un poco la cabeza.
- Para el título habíamos pensado en La máquina blanda pero ya está registrado.
- Ese es un buen título -dije yo.
- Sí, La máquina blanda es bueno, pero ahora tenemos que buscar otro.
- Está La máquina de follar… -señalé.
- Ese también es bueno -dijo él-. Lástima la traducción.
- A mí me gusta.
Nos quedamos en silencio.
- La máquina del tiempo, La maldita máquina de matar, La máquina de pensar en Gladis.
- Hay muchas máquinas.
- Sí – dije yo-, algunas.
Apareció mi mujer y nos ofreció café. Aceptamos. Nos trajo dos tazas.
- ¿Por qué no le ponen La máquina idiota? -le sugerí.
Él se quedó pensando y mientras tanto yo me imaginé escribiendo para la televisión. Me imaginé el dinero, las cámaras, los actores, me imaginé el grupo de escritores reunidos alrededor de una mesa tratando de ponerse de acuerdo, comiendo masitas, discutiendo por qué tal personaje debía hacer tal cosa. Era un sueño perverso. Atractivo y perverso.
- No es malo, no es malo -dijo mi amigo.
- La máquina idiota -insistí.
- Creo que es hasta muy bueno.
- La máquina idiota -dije una vez más.
- Podría funcionar.
Terminamos el café y lo acompañé hasta la puerta. Parecía feliz.
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guau.
mi nombre es rufus es de lo mas original que leí el año pasado.
¿cual fue su primer libro? quiero saber si lo de la página 65 pasó de verdad.
Lo de la página 75 es una noticia sobre un delantero del fútbol amateur peruano, que un día erró un penal (y entonces su equipo perdió) y murió cagado a golpes por un grupo de hinchas, que justo había apostado cinco cajones de cerveza para ese partido.
Está bueno el cuento. Es muy entretenido, como todo lo que escribe Terranova, lo cual me encanta. Después: tiene un olor importante a Bukowski y Palahniuk (el punto máximo en los párrafos en los que el escritor se imagina al conductor metiéndose una botella en el traste y a la productora en bolas; tanto por lo que dice por cómo lo dice)… y eso no me gustó tanto, a pesar de que me fascinan ambos yanquis.
Me quedé con las ganas de comprar este libro cuando salió por la Funesiana. Promete.
si, me resultó muy palahniuk lo de la botella y muy bukowski lo de la elección del nombre.
quiero leerlo.
Me gustaría leer a Terranova pero traducido al inglés, me parece que en español pierde mucho.
qué exacto lo de franco
desde luego es entretenido este escritor.
pero varias veces le he notado una ronquera falsa. no es cierto que esa voz se haya imaginado en tanga a la rubia. la belleza canalla no está en él. quizá deba”aplicarse” más, aunque en ese terreno, es dificil sobrepasar al alumno kohan.
Se cae, me parece. No forma mundo. El escritor hastiado de mundo no convence. Aunque probablemente me esté equivocando en todo lo que digo. Después de todo, a quién hay que convencer.