¿Se puede escribir como pintaba Dalí? Nada más cerca del surrealismo que la realidad imaginada a los ojos de la infancia.
Por Coni Salgado.
El surrealismo fue un movimiento artístico e histórico que propuso plasmar las imágenes del mundo por medio de la libre asociación mental. Dicho en palabras simples -y a mi modo- sería: dejar volar la imaginación con la autenticidad del pensamiento espontáneo y original, cualquiera sea la forma y el resultado final de la creación. Plasmarlo en una obra gráfica. O -¿por qué no?– en una obra literaria…
En Mal día para ser mala de Cristina Macjus, se reconoce la capacidad de la autora para volar, para poner la escritura al servicio de la imaginación sin intervenciones.
Las historias se delinean como sueños y consiguen que el lector se deje seducir a cada frase por la propia imaginación. La propuesta lúdica se entrelaza con el uso gratificante del delirio y guarda aun, en su fantasía atemporal, la lógica de su desarrollo. Los personajes son extravagantes, la fluidez del texto está signada por la acción continua de hechos asombrosos. En algunas ocasiones, me sentí identificada con las niñas de los cuentos que alguna vez fui.
En la historia que inagura el libro, una niña responde a una especie de formulario para ser aceptada como mala: descubre que, tal vez, su deseo va en contra de su esencia.
“Diccionario universal” es un cuento mágico en donde una niña viaja por un mundo de descubrimientos asombrosos, modificando sus escenarios al contacto de la yema de sus dedos con lo visual y sorprendente: Las meninas, Cupido, una tela de seda India, una rana venenosa azul de los lagos de Tailandia, la vida de un delfín en la palma de su mano; un universo impresionante para viajar a través de la fantasía.
“Cerebro de nuez” nos habla de una chica que soñó con primaveras y amanece con la cabeza brotada. Sopla el viento, pasan las estaciones, raíces y frutos crecen inevitablemente sobre su frente.
El comienzo de “Brillos de sal” desborda en belleza y poesía.
“La otra dimensión” nos cuenta de una chica cuyos bolsillos razonan con una lógica distinta: “a la chica cachivache las bocas oscuras de tela le dan esperanza de otros mundos posibles”.
En la historia “Los tres servidores” vive la chica que quería casarse con un príncipe azul. El rey ofrece la mano de su hijo y a ella no le sobra desición para cumplir su sueño. Casualmente tropieza con una original comitiva de personajes que la ayudarán en el insistente fin de lograrlo. ¿Valdrá la pena?
Hace muchos años me encontré por primera vez con un cuadro de Dalí, no recuerdo con nitidez cuánto estuve observándolo, tal vez haya sido porque perdí la noción del tiempo. Una vez que me quité el sombrero, que me decidí a abandonar los elefantes de patas flacas y los relojes de agujas derretidas y retornar a la realidad, la obra me dió un golpe más a la imaginación. Se trataba de una sirena dentro de un ojo que me miraba en forma de pupila sin que yo pudiera notarlo: una sutileza de la pintura que me hizo retroceder maravillada sobre mis pasos, sencillamente porque no podía creer que un pincel hubiera podido llegar hasta ahí y deslizarse con semejante maestría sobre el lienzo. En ese juego mental sin fin aparente, descubrí que me gustaba el surrealismo.
Con esa permanente sorpresa, supe que admiraba al pintor con cara de loco y bigotes de pirata. Con esa misma admiración, leí y releí este libro, que define claramente el tipo de literatura que disfruto sin evaluar la extensión de sus páginas, o la edad de sus posibles lectores. Con esa misma intensidad, el ilustrador de estos relatos, logra que sea mi deseo instalarme a observar las expresiones de los personajes que crea, mezclando de una forma interesante estereotipos de los años treinta y modernidad digitalizada.
Nuño se destaca en su estilo, acompañando las historias con la originalidad de su obra, profundizando su “decir” en las miradas silenciosas y extrañas de los personajes.
Si hubiera guardado muchos días de mi vida en una cajita, y si los cálculos no me fallaran y hubiera ahorrado más de un cuarto de mi vida, desearía sin dudas tener doce años otra vez, para que este libro estuviera recién editado y a punto de brillar entre mis manos. Pero el futuro, es ahora. Y también es bienvenido.
Terminé de leer el cuento “Cajita mágica”. Cerré el libro. Hice tres llamados, decidí no demorarme en decirle a esos ojos lo maravillosos que son. Organicé seis salidas con amigas. Quité el nylon de ese increíble cuaderno en blanco. Escribí una poesía. Estrené dos libros. Saqué mi vestido nuevo del guardarropas, abrí el perfume de naranjas, me lo puse con una sonrisa y salí a la vida. En la calle no me resultó extraño observar cómo algunas cabezas comenzaban a abrirse al tiempo en que los cerebros nacían almendros rosas, nubes o estampillas.
Nunca supe si fue el efecto del libro todavía flotando en el aire o el producto de mi propia imaginación. Me perdí entre la multitud riéndome sola, sin preocuparme por el resultado del viaje. Lo importante siempre ha sido disfrutar el vuelo.
Cristina Marcjus es licenciada en Comunicación Social por la Universidad de Buenos Aires. Ha trabajado en el diario La Nación, donde publicó cuentos para niños en la revista dominical y editó la sección infantil Recreo! Ha sido distinguida por la Asociación de Literatura Infantil y Juvenil (ALIJA) en 2004.
Nunö (Mariano Enriquez) es ilustrador, diseñador y músico. Sus ilustraciones y diseños han sido publicados en medios gráficos del país y del exterior, en afiches para obras de teatro y en tapas de discos. Actualmente trabaja para la sección infantil Recreo! para La Nación. Ha sido distinguido con numerosos premios por su excelencia en los medios gráficos del mundo.
Tags: Cristina Macjus
muy bueno Coni !
que bueno sería dejar volar la imaginación más seguido, dejarnos soprender y mantener la capacidad de asombro, de juego y de creación más allá de esa maravillosa etapa que es la niñez !
es algo muy serio pretender ser niños toda la vida
!!!!!!!!!!