La dueña de Tusquets en un diálogo público donde habló del mercado editorial y el futuro del libro electrónico. “Las nuevas tecnologías no han conseguido recuperar el valor de la lectura en otro soporte porque la gente está maravillada por el nuevo juguete”, dijo.
Por PZ. Foto: cortesía Industrias Creativas.
—¿Qué es una editorial independiente? —interrumpe Beatriz de Moura a su compañero de charla—. Hoy en día hablar de independencia en el mundo editorial es difícil porque muchos sellos culturales publican en grandes grupos editoriales y siguen su línea igual a la que hacían anteriormente. A veces he pensado que el editor más independiente del mundo es el dueño de Planeta. Los demás estamos pendientes de la distribución, las ventas, etc. Tendríamos que ser más cautos con la palabra independiente y decir editoriales culturales: que se preocupan más de la cultura que de lo económico; aunque sin lo económico no habría cultura.
Como cada año, mientras se desarrolla la Feria del Libro, la editora y dueña de Tusquets, Beatriz de Moura viajó a Buenos Aires. En esta oportunidad, el equipo de Opción Libros le propuso a mantener una charla pública con Sebastián Noejovich, coordinador del área, en la que hablaron de la política editorial de Tusquets Editores entre otros temas. Con definiciones lúcidas, polémicas o tajantes (como la que inicia esta nota), los momentos más interesantes se plantearon cuando se abordaron temas como la independencia de las editoriales o el futuro del libro electrónico.
Tusquets Editores se inició en 1969 con las colecciones Cuadernos ínfimos y Cuadernos marginales. Es una de las editoriales en las que hay una convivencia natural entre grandes obras culturales –como Cioran, Jünger, Pynchon, entre tantos otros– y grandes éxitos de ventas –como Murakami o Mankell– . De Moura dice que para no contaminar la línea editorial cumple con el precepto de nunca dar gato por liebre.
—No hay que engañar a los lectores intentando vender un libro como una carga cultural cuando tu sabes que es un bestseller. Si a un lector que está acostumbrado a leer como un acto de comunión con la editorial, le cuelas un bestseller diciendo que es una producción cultural le das gato por liebre.
De Moura dice que, tras de más de 40 años de trabajar en edición, sabe que para reconocer en medio de la montaña de originales que recibe mensualmente a un futuro gran escritor hay que tener olfato y que actualmente “su nariz” es la del editor Juan Cerezo. Pero por supuesto reconoce que varios títulos se le han escapado:
—Qué editor no ha tenido un libro valioso que no lo ha podido publicar por razones económicas o bien porque no compaginaba con el proyecto editorial o bien por ceguera.
Promediando la charla, Noejovich quiso saber en qué medida Tusquets Editores estaba analizando el impacto del libro electrónico. “Estaríamos en contra de los tiempos”, respondió de Moura y explicó que en los nuevos contratos también tienen en cuenta los derechos digitales. Para ella, el grave problema es la piratería y, dado que “no hay sistema tecnológico para impedirla, cuantos más editores estén vigilando lo que ocurre en el área de su idioma, habrá más fuerza para combatirla”.
De Moura cerró el tema con un llamado de atención:
—El lector de hoy no tiene nada que ver con el de hace quince años. Las nuevas tecnologías aceleran los tiempos. Soy partidaria de que la tecnología renueve el mundo, pero inquieta la manera en que la sociedad vive estos cambios. La sociedad está perdiendo de vista el conocimiento a través de la asimilación pensada de las cosas y no a través de la velocidad que se pone al alcance de modo esquemático y engañoso. Todo el mundo cree que está más informado, pero ¿cuál es esa información, la de Wikipedia? El conocimiento que no se discute y se da por bueno sirve, pero no saben lo que se pierde. Las lecturas tienen que ser lecturas de verdad: no flashes. Me da igual el medio por el que la gente llegue a leer, pero a leer de verdad. Las nuevas tecnologías no han conseguido recuperar ese valor en cualquier otro soporte y no lo va a hacer porque la gente está maravillada por el nuevo juguete. El libro en papel seguirá. Coexistirá. No estaré para verlo, pero temo que algo pueda perderse por el camino: el pensamiento y el conocimiento pausado.

No sólo concuerdo con Beatriz de Moura sino que añadiría que tarde o temprano redescubriremos más de una “rueda” que ya estaba inventada. Preguntémonos simplemente esto: ¿acaso será posible que las computadoras guarden el conocimiento de la antigüedad griega, romana y hebrea como lo han guardado los pergaminos, es decir, ese material pre-imprenta, durante todos estos siglos hasta el presente? No se trata de tener o no una actitud de antitecnología. Pero hay documentos demasiado preciosos para el saber y la experiencia humanas para ser confiados a unos aparatos sujetos a destrucción más rápida que la que pueden sufrir el papel o el pergamino. Créanme, el libro vale y seguirá valiendo, entre otras cosas, porque el mundo no es lo que quisiéramos que fuese. Y sólo un libro puede darnos fe de un génesis y de muchos mini-apocalípticos episodios de la historia humana.