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Una autobiografía colectiva del 2001

19-07-2011 |

María Moreno habla del libro de entrevistas y crónicas La comuna de Buenos Aires. Relatos al pie del 2001 (Capital Intelectual). “Quería probar cierta restricción de la primera persona que exige la nota de opinión o el análisis de noticias o de la crítica cultural”, dice.

Por Patricio Zunini.

maría moreno

Casi una década después de que el sueño –o la pesadilla– terminara en diciembre de 2001 con estado de sitio, revueltas y muertos en Plaza de Mayo, María Moreno reúne en La comuna de Buenos Aires las entrevistas y crónicas que hiciera para Página/12 o que permanecían en cuadernos de notas desde aquellos días en que se vivía el final de una época. El efecto de la lectura es el que Moreno misma intenta producir: leer los sucesos de 2001 –y 2002– como una “autobiografía política colectiva” no exenta de polémicas y contradicciones a partir de las voces de Alejandro Kaufman, Horacio González, Nicolás Casullo, María Rachid, Martín Caparrós, y muchos otros.

En esta entrevista, María Moreno habla de su nuevo libro pero también abre una discusión acerca de cómo entiende el periodismo y el oficio del cronista.

En el prólogo hace hincapié en el paso del tiempo: “A diez años”. ¿Por qué se publica ahora esta compilación de artículos? ¿Que le provoca la lectura de estas entrevistas?

–Eso tendrías que preguntárselo a las editoriales que no le dieron bola durante este tiempo. Terminé el libro en el 2002. Como, salvo las entrevistas más “periodísticas” que hice para Página/12, son autobiografías políticas y hay muchos relatos que trazan una línea entre los setenta y el 2001, pensé que el libro podía ser leído más allá de la coyuntura. A Daniel González de Capital Intelectual le interesó pero sospecho que también le habría interesado antes. No se lo había llevado.
No toqué nada después como puedo hacer cuando “peino” artículos que escribí rajando en los medios para recopilarlos en libros. La Comuna… estaba dormido en un archivo y, antes de entregarlo, lo toqué, a lo sumo, como una correctora: la gramática, alguna concordancia. Después Rosina Balboa, al cuidado de la edición, prolijó y verificó datos puntuales. Es gracioso que aparezca como una oportunista o al menos como una oportuna cuando mis editores saben que soy incapaz de entregar a tiempo y por lo tanto soy incapaz de cumplir con un aniversario. Por otra parte no estoy segura de que a algunos de los entrevistados les guste este documento a destiempo de sus declaraciones de entonces. Cuando uno se relee en declaraciones pasadas tiene ganas de corregirse a la luz del presente. A mí misma me irrita un poco mi “desbarroquización” sacrificial ante esa emergencia de LA CALLE. En las crónicas me veo menos pop que populista. Lo que me provoca el libro hoy es un efecto que buscaba: como te decía , el de una autobiografía política colectiva.

Es notable lo coral del libro. ¿Le tentó la idea de sumar otra voz que no haya entrevistado en aquellos meses? No están Sarlo ni Lanata, por ejemplo.

–No me tentó, en este caso preferí no falsificar. No pensé entonces ni en Beatriz Sarlo ni en  Jorge Lanata, si te fijás los entrevistados no son “vírgenes políticos” pero son voces lúcidas desde distintas prácticas de militancia, filiaciones políticas dentro de la izquierda heterogénea pero no cantadamente mediáticas.

En más de una oportunidad se menciona el carácter de serie de las entrevistas y luego se verifica cierta continuidad entre unas y otras. ¿Cuál era el criterio de ese orden? ¿Cómo provocaba la polémica entre los entrevistados?

–Hay un efecto serie por una razón inmediata que es que algunas fueron publicadas en Página/12 y el entrevistado mismo se colocaba en esa serie al comentar lo que habían dicho otros. El orden es al azar y no azar del encuentro con amigos o con amigos de entrevista. Quiero decir que algunos de los entrevistados no son amigos míos pero mantenemos una transferencia de entrevista, con algunos incluso ya tenemos “nuestro número” como con Lohana Berkins: le hago volver a contar episodios de su historia política que son una verdadera novela oral. No, yo no provoqué la polémica. Quisiera que se entendiera que la entrevista no es un género de la verdad: es un trabajo de escritura, de montaje y selección que casi pueden hacer coincidir la ficción con “los hechos”.

¿Podría ahondar en esta idea? No sé si entiendo del todo en qué sentido hay que leer “verdad”: si desde el objetivo del entrevistador, de lo dicho por el entrevistado o del resultado del intercambio de ambos.

–Quiero decir que Manuel Puig en Sangre de amor correspondido hace una novela mediante la selección y el montaje luego de varias sesiones de entrevista con un electricista y lo llama novela. Podría haber llamado al resultado no ficción. Si yo suprimiera los nombres del libro y compaginara más a la manera coral, me anotaría tras el legado de La noche de Tlatelolco o haría La novela del 2001. Las adscripciones que elige el autor en estos casos pueden ser muchas sin que variara cualitativamente el procedimiento. La “verdad” –usemos la palabra operativamente por ahora– no se puede pensar a la manera judicial o meteorológica y esto no tiene que ver con la subjetividad del autor, los testimoniantes y esas cosas.

En la lectura uno cae en cuenta de la profusión de símbolos que generó 2001. Desde la foto icónica de la portada, los cacerolazos, el “que se vayan todos”, etc. ¿Cómo observa la evolución de esos signos y símbolos?

–Siempre digo en broma que la cacerola, que en la mitología popular es símbolo de los genitales femeninos, eran una profecía y un anuncio triunfal de Cristina.

Muchos entrevistados tienen cierta expectativa por lo que podían provocar las asambleas vecinales: ¿era un optimismo desbocado? (¿Yo soy un pesimista por no interpretar cambios que se produjeron a partir de ellas?)

–Yo no creo en el fracaso de las asambleas porque no pienso en términos de lo capitalizable o no. No fue un optimismo desbocado sino un presente fecundo en cuanto fiesta, debut político, fe en el acto de enunciar, invención arltiana, que no se puede pensar en términos de réditos posteriores. Imaginaba el título como una resonancia de La Comuna de París que fue derrotada. Pero si bien en la historia siempre se puede hablar de derrota en cuanto a quienes está en el poder y quienes no, lo derrotado suele quedar en el espíritu de una época, algo que se expande en la vida cotidiana y que se hace inmedible por el “revolucionómetro”, hasta ciertas consecuencias increíbles como que el >comunard Stanislas Xavier Pourille termine en la Argentina como profesor de idiomas y curador de la sífiles como aparece en el diccionario de Horacio Tarcus.

Cómo se relacionas con estas frases de algunos entrevistados: “El momento de decir “que se vayan todos” era 1984 (Alejandro Kafuman); “Cuando la gente salió luego de que se declarara el estado de sitio nadie pensé en el estado de sitio de los militares” (Blas Santos); “Por primera vez tengo la sensación de que, después de veinte años, los alumnos se corrieron a la izquierda de nosotros” (Nicolás Casullo).

–Si citás esas frases estás tentado por tus propias resonancias. Hay algo complicado en hacer un libro de entrevistas y es que el “soporte”, cuando a su vez le hacen una entrevista, debe dar sentido a las palabras que ha acogido. Prefiero no hacerlo. Siempre prefiero abrir, no liquidar ni cerrar o ajustar la rosca del sentido. Lo que me interesó entonces de lo que escuché me sigue interesando ahora: cómo Blas de Santos jaquea los lugares comunes sobre la Memoria al considerarla más como la necesidad del segundo tiempo en el trauma que como una repetición que entre nosotros vendría desde la conquista –la interpretación es en mis términos–, la afirmación de Andrés Mombrú sobre que si se trataba de ver en los sucesos del 2001 una alternativa política o no, él pensaba que ya entonces era una alternativa política puesto que generaba tradición; el devenir militante antiglobalización de Rulli.

¿Cómo se pueden leer los sucesos del 2001 en relación a la presidencia de Néstor Kirchner, los cacerolazos del 2008 y los “piquetes de la abundancia”, la muy posible segunda jefatura de gobierno a Macri, referente del liberalismo de los noventa?

–Siempre escribí algo que no es periodismo, algo donde prima el estilo sobre la información y ahora me encontraron la etiqueta de la crónica. No me puedo hacer la boluda respecto a que hice política de género en los medios pero siempre como una mini ensayista. Puede que alguien me asocie a la crítica cultural, a la contracultura, al feminismo independiente pero nunca me he ocupado de la política- política, así que no me pondría a zapar sobre Kirchner esto o lo otro.
Pero todo lo que me preguntás –y no sólo vos me los preguntás –va por el lado de buscar en el libro ciertas marcas de lo que ocurrió después. Y la interpretación, como toda interpretación va a depender del proyecto actual. Hay quien vea en el “abajo algo se está cocinando” de Elsa Mura el advenimiento del kirchnerismo, o en la cita de Benjamin de Casullo luego de de hablar de un sentimiento de precipitación y de caída: “cuando más cerca estás de la idea de catástrofe, más cerca estás de resolver el peligro”. Pero ¿es seguro que la “Santa Juana de los Dólares” que Casullo ve increpar al grupo Clarín ante un movilero aterrado verá hoy 678?  Cuando salgo a hacer La Comuna es porque, aburrida de mí, quería probar cierta restricción de la primera persona que exige la nota de opinión o el análisis de noticias o de la crítica cultural que es lo que hago. También, porque quiero saber y probar que es eso de ser cronista en el sentido antiguo. Y para burlarme de mí misma; volvía de mi psicoanalista de entonces en Belgrano y me senté a hablar con una familia sin techo cuando en general aprendo de la tradición de la crónica literaria latinoamericana: escribir sin ir al territorio.

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2 Responses to “Una autobiografía colectiva del 2001”

  1. [...] Una en Clarín, la otra en el blog de Eterna Cadencia. [...]

  2. [...] de gobierno a Macri, referente del liberalismo de los noventa? le pregunta Patricio Zunini en esta entrevista del blog de Eterna Cadencia. María responde, primero, con la broma: “la cacerola, que en la mitología popular es [...]

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