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Piscinas vacías

17-01-2012 | , ,

“A lo largo de las letras de sus canciones y de sus atmósferas sonoras espaciales, este dúo compuesto por Luke Steele y Nick Littlemore propone una lectura de la obra de Ballard”, dice Godoy. Se refiere a una banda de música electrónica australiana que se llama Empire of the sun.

Por Carlos Godoy.

James Graham Ballard al igual que William Burroughs es un escritor expansivo. Personas hurañas, silenciosas y resentidas que encuentran en su producción un distanciamiento de la realidad y que por eso mismo generaron obras plásticas que pueden leerse y reinterpretarse en zonas refractarias a la literatura en sí misma.

Hay un concepto que se desprende de la psicología social que se llama resiliencia. Es bastante reciente, digamos de hace unos diez o quince años. Explicado de forma breve y simple, resiliencia es el nombre que se le otorga al factor de recuperación que tienen las personas o los grupos sociales luego de haber afrontado una tragedia. Surge fundamentalmente del estudio de las sociedades europeas de pos guerra y de los países en donde hubo grandes masacres, genocidios o catástrofes de gran impacto cultural. De una forma mucho menos psicológica y más dura, y desde una perspectiva más literaria o artística, el crítico literario conservador Harold Bloom a lo largo de sus polémicos y precisos libros plantea una tesis: las pestes generan grandes obras, o, las grandes obras necesitan de una peste. Su canon surge de las producciones de pos y entre guerras o posteriores a las tragedias de la historia pre séptica, la historia anterior a la penicilina y los antibióticos.

Bien, estos dos conceptos traídos de áreas distintas y distantes de la interpretación se encuentran en James Graham Ballard.

La última gran peste seguramente fue la segunda guerra mundial que generó todas las grandes producciones que sitúan a la literatura norteamericana como la más representativa, y por lo tanto imitable, de una época que se extiende hasta hoy en día y que podríamos llamarla como el fin de la modernidad. Ballard padeció la segunda guerra mundial desde Lunghua, un campo de concentración en Shangai, en el que vivió desde 1942 hasta que Fat Man destruyó Nagasaki en 1945, bajo la custodia de los soldados Japoneses. Y ese pequeño lapso de tres años durante su infancia decantó en una gran novela que se llama The Empire of the sun y que, a su vez, explica (o materializa) un ejercicio de cicatrización o recuperación personal.

Esta novela autobiográfica, que cuenta la vida de un niño en China durante la ocupación japonesa, ganó el premio Guardian Fiction Prize, fue llevada al cine por Steven Spielberg con un pequeño Christian Bale trepado a aviones abandonados como protagonista y, en el 2007 volvió a aparecer como nombre de una banda de música electrónica australiana que sacó un solo disco en el 2008 y se separó.

Walking on a Dream es el nombre del disco que sacó el dúo australiano Empire of the sun. El videoclip del primer corte, que da nombre al disco, lo filmaron precisamente en Shangai, donde se desarrolla la novela. Uno podría pensar que el nombre de la banda y la banda en sí es un simple homenaje a un libro y a una película, pero en realidad es algo un poco más complejo. A lo largo de las letras de sus canciones y de sus atmósferas sonoras espaciales, este dúo compuesto por Luke Steele y Nick Littlemore propone una lectura de la obra de Ballard.

La obra de Ballard tiene, por lo general, dos grandes interpretaciones. Por un lado como distopía, es decir la prescripción de un mundo no ideal y por otro como novela de tesis, género que supo inaugurar Emile Zolá con la saga de Les Rougon-Macquart en el siglo XIX. En ambos casos la descripción de la realidad, para Ballard, queda representada en una imagen que él mismo se encargó de diseminar a lo largo de todos sus libros: piscinas vacías. La idea de que el progreso y el lujo no nos van a salvar de la destrucción.

Walking on a Dream suena en una primera pasada como un disco de los ochenta o finales de los setenta, aunque sus videoclips mezclan la estética de esas épocas con una más futurista. Las letras narran situaciones amorosas desarrolladas en paisajes apocalípticos durante una nueva era espacial medievalista de héroes y heroínas con vestimentas glamorosas. Los muchachos de Empire of de sun están reconociendo, entre otras cosas, que Ballard con su cuento Terminal Beach trajo el paradigma de paisaje post apocalíptico que regiría en el cine y la literatura durante todo el siglo XX.

 

James Graham Ballard poco antes de morir por un cáncer de próstata publicó su autobiografía Miracles of life. Allí cuenta su infancia, sus relaciones familiares, su forma de vincularse con la literatura, cómo trabajó en cada libro, sus participaciones en el cine. Pero en este libro quiere dejar un mensaje que vaya más allá de toda esa construcción de autor o de hombre creador que se hizo sobre su persona; Ballard quiere decir que, pese a los aportes a la cultura, a la sociología, al cine, a la ciencia ficción que se le reconocen, lo único que él trató de hacer a lo largo de su vida fue ser un buen padre. Y que, pese a la tragedia existencial que suele traer aparejado el desarrollo de cualquier vida adulta, sus hijos, para él, fueron algo así como un milagro.

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One Response to “Piscinas vacías”

  1. Diego Acuña says:

    Exelente descubrimiento… Ballard es un genio.

    La Foto es genial.
    http://ultimaspaginas.wordpress.com/category/j-g-ballard/

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