Leonardo Oyola recibió el premio a la ficción argentina de 2011.
Por PZ. Foto: Lucio Ramírez.

Leonardo Oyola recibió ayer el premio a la ficción argentina de 2011 por Kryptonita. Es una tradición que comenzamos hace dos años, esta fue la tercera vez que se entrega. En las oportunidades anteriores fueron premiados los libros de relatos El otro lado, de Jorge Consiglio (2009) y Los peligros de fumar en la cama, de Mariana Enriquez (2010). Esta es la primera vez que gana una novela.
El premio a la ficción argentina de 2011 —o “el libro del año” como resumimos un poco provocadoramente desde Eterna Cadencia— no es una competencia sino una celebración: en primer término porque se premia a una obra ya publicada, y luego porque es una manera de compartir el desafío con quienes apuestan a escribir, quienes apuestan a leer, quienes apuestan a editar, especialmente en un año que ha tenido una optimista cantidad de títulos, con más de 120 novedades en nuestro mercado.
La elección se realizó a través de una convocatoria a más de 150 escritores, editores y periodistas, que debían votar hasta tres libros de ficción publicados por primera vez durante 2011. El voto no requería justificación: el mero hecho de señalar un libro es una justificación. Algunos han votado tres, otros dos, otros uno. Algunos, por diversos motivos, se excusaron de participar.
Luego de Kryptonita, el podio quedó conformado por Un hombre llamado Lobo de Oliverio Coelho en segundo lugar (cabe señalar que Coelho también fue finalista en 2009 con Parte doméstico), y un compartido tercer lugar entre Bellas Artes, de Luis Sagasti, y Le viste la cara a Dios, de Gabriela Cabezón Cámara. Este último tiene la curiosidad de haber sido publicado sólo en versión ebook, lo que no sólo habla de la buena prosa de Cabezón Cámara sino que plantea también un cambio en la manera de pensar de los lectores. Detrás, muy pegaditos, quedaron Balada, de Marcelo Cohen, y El mármol, de César Aira. Otra salvedad: Aira fue el escritor que recibió más votos, pero debido a la acostumbrada profusión de obras que publica, esos votos terminaron diluyéndose en cada título.
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Leonardo Oyola realiza un experimento interesante en Kryptonita, tomando a Superman —el personaje se llama Nafta Súper— y otros personajes de DC Comic como protagonistas de un policial en el conurbano. No está del todo claro si la banda de superhéroes queda del lado de los buenos o de los malos. O, en todo caso, si hay un lado de buenos y malos en el enfrentamiento entre la banda y la policía bonaerense.
Oyola participó el año pasado en un encuentro en la librería donde habló de Kryptonita. Esto decía:
Cuando escribo ficción investigo los policiales, el lunfardo, la época y lo voy nutriendo de cosas que me pasaron a mí. Lo voy tuneando. Kryptonita sí es mi novela más autobiográfica. Como quise poner muchas voces además de la del narrador y tuve que prestarles recuerdos a cada uno de ellos. Pero a la vez estoy en paz: está todo muy lindo y eso pasó del ‘85 al ’88. Diez puntos: ahora estoy muy contento de estar acá.
En charlas que tuve con gente que quiero mucho aparecía, más allá de la impronta del cómic, que lo más conmovedor de la primera película de Superman era la relación con el hijo. La principal decisión que había tomado mientras hacía la novela era que Nafta Súper nunca iba a hablar: nosotros lo íbamos a conocer a través de sus amigos, de sus hermanos en armas. Y la relación con el hijo lo iba a pintar de otra manera. Quería mostrar a los superhéroes como son los santos, que primero fueron hombres como nosotros y algo les dio un plus. Por ese lado me era muy importante que él tuviera un hijo y siempre me encantó la oración que Marlon Brando a Christopher Reeve en la película: te vas a ir muy lejos de acá, vas a ser diferente, te va a costar la vida, pero yo de alguna manera voy a estar con vos, por más que esté muerto voy a ver el futuro porque vos sos mi hijo. Eso me conmovía antes de ser papá y después me tocó de otra manera. Quiero que mi nene lea Kryptonita a los veinte años y que entienda que fue mi manera de decirle “no pude ser un papá tradicional”. No porque fuera un tipo extraordinario; no me salió, no tuve las herramientas para eso.
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Muchos escritores presenciaron el encuentro de ayer: María Moreno, Fernanda García Lao, Julián Troksberg, Violeta Gorodischer, Margarita García Moreno, Gabriela Cabezón Cámara y Alejandra Zina, entre otros.
Cuando se develó el nombre del ganador, Leonardo Oyola se saludó con algunos amigos y se acercó al micrófono donde, visiblemente emocionado, agradeció el premio y dijo:
–Estoy muy contento. Es la segunda vez que gano un premio por un libro publicado. Lo que más valoro de esto es que alientan a seguir escribiendo y que lo eligieron colegas. Aprendí que todos los escritores somos parecidos, no importa de donde vengan, la formación, etcétera, lo que importa es cuando estás solo frente a la computadora o el anotador. El premio es un gran elogio, quiero mucho a la novela, me dio muchas cosas. No creo que sea la mejor, pero me pone contento que la hayan leído y que la hayan pasado bien.
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Felicitaciones para Leo Oyola!!!!!
gran novela.
felicitaciones!
Capo Kriptón no críptico: ¡Kryptonito Oyola!
Estimados:
Nobleza obliga. Después de haber votado, cayó en mis manos ‘La sugestión’ de Sebastián Díaz (Malas palabras Buks), también editada en 2011. Lástima. De haberla leído antes, sin duda le hubiera dado un sufragio. Muy interesante novela.
Mis respetos
G.B.