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El desamparo

27-06-2012 |

Una lectura de Can solar, de Carlos Godoy (Ed. 17grises).

Por Patricio Zunini.

can solarEn el prólogo a la nouvelle Cielos de Córdoba, de Federico Falco, Luciano Lamberti (autor de El asesino de chanchos) refiere el final de un capítulo de Los Simpsons:  «Lisa pregunta qué sentido tienen las aventuras que acaban de tener. “A lo mejor son sólo cosas que pasaron”, le responde Homero. A lo mejor, decimos al final del libro, son sólo cosas que pasaron.» Esta referencia cobra sentido al señalar que Carlos Godoy les dedica Can solar, su primer libro de relatos, a Falco y a Lamberti: cinco cuentos escritos con una rudeza desprolija y despojada —como el ambiente en el que se desarrollan— que tienen como punto en común la manera en que la ambigüedad se abre paso en la trama y que lleva a pensar que, al final de cada historia, para los protagonistas, las experiencias vividas, a lo mejor son sólo cosas que pasaron.

Se sabe desde la máxima nietzscheana que no hay hechos, sólo interpretaciones. ¿Qué puede descifrarse en lo que sucede en los cuentos de Can solar? ¿Qué motivos lleva a los personajes a reaccionar como lo hacen? Con un tono que recuerda al realismo sucio de Raymond Carver extrapolado en los pueblos de la Argentina profunda, Carlos Godoy estructura las narraciones en torno a situaciones indefinidas, amenazantes, donde los personajes se debaten, como dice Diego Vecino en la contratapa, entre la gloria y la mala leche. «Es preferible tener suerte a ser inteligente», escucha Rubén, el protagonista del primer cuento, cuando está internado por un ACV. «Es preferible tener suerte a ser inteligente» podría decir el padre de la protagonista de “Final de anatomía”, un hombre lleno de deudas que recibe la herencia de un tío lejano que le permite «no solo pagar sus deudas, sino comprar la vida y las empresas de sus acreedores». «Es preferible tener suerte a ser inteligente» es, sin dudas, una opinión pesimista: en este país no se alcanza la gloria por capacidad propia. ¿Qué queda, entonces, para quienes no tienen suerte? La ecuación, volviendo al contratapista, sólo tiene un resultado posible: descargarse en la mala leche.

En la primera escena del primer cuento, Rubén abre los ojos y está desnudo en la terraza. Ve luces: no queda claro si son señales que dispara su cerebro o los fuegos de artificio que reciben el inicio de un nuevo año. En la última escena del último cuento —que está vinculado directamente con Cielos de Córdoba, de Falco—, Jorge está trepado al alambrado de un campo sacando fotos hacia una luz que puede ser el brillo de un incendio o el destello de un platillo volador. Entre ambas escenas se abre una gama de claroscuros que se mueve en el mismo tenor, la misma incertidumbre. Qué les provocan las experiencias vividas: al final, los personajes no son los mismos, pero tampoco son otros. A lo mejor son sólo cosas que pasaron.

 

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4 Responses to “El desamparo”

  1. cb says:

    es el mejor libro del mundo

  2. cb says:

    bueno, exagere, pero esta re bueno enserio

  3. Dora says:

    Tienen este libro en la librería? Varias personas diferentes me lo recomendaron. Gracias

  4. admin says:

    Si lo tenemos. Cuesta $40. Saludos

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