Una lectura del libro ¿Dónde está? de María Cristina Ramos ilustrado por María Wernicke (Ed. Macmillan), y también una crónica del cierre del primer festival de literatura infantil y juvenil en Buenos Aires, Filbita.
Por Coni Salgado.
Ramilletes de globos de colores vuelan hacia la esperanza. Es el cierre del Filbita 2012 y en La Plata, el cielo parece un mar abierto. El sol se filtra entre las cintas de los globos, entre los ojos de de la gente. Atadas a la ilusión, muchas poesías despegan de la tierra para recorrer el mundo. Palabras que el viento llevará hacia algún lugar extraño. Manitos que saludan, que aplauden, que festejan el encuentro. La emoción de las buenas causas a flor de piel en una tarde cualquiera de septiembre. Imagino en las poesías la cadencia de las cosas. Los deseos de los niños. La literatura transformada en mensaje aerostático. El valor de lo simple. El amor a la infancia. A los libros. A los sueños.
¿A dónde irán las poesías? ¿Irán a parar a un cuento? Me pregunto si existirá en alguna de ellas, un lobo bueno. En el libro ¿Dónde está? de María Cristina Ramos, se esconde una búsqueda. Y un montón de miedos.
Bostezo de sombra,
estornudo atroz,
así se despierta
el lobo feroz
Así comienza esta historia, en un escenario con un bosque de sombras y un montón de ojos que miran despertar al más lobo de los cuentos… Los animales se preguntan a donde está aquel que con su carácter feroz pueda devorarlos con un hambre atroz. La musicalidad en las palabras desliza la historia por un tobogán de buena poesía.
Plateado pelaje
rechinar de dientes
el lobo se vuelve
sombra transparente
Los búhos, la urraca, la comadreja, el conejo y el cuis comienzan a inquietarse. El lobo está escondido entre los árboles y los animales del bosque le temen a su mirada, a sus colmillos , a su presencia.
Pero el bosque es solo
ramaje y quietud
de miedo, las piedras
se envuelven de luz.
Y cuando estamos esperando que el lobo se zampe de un bocado algún protagonista de la historia, la poesía rompe la estructura de lo predecible y el lobo nos deslumbra de ternura.
Saca del bolsillo
en su verde cueva,
el lápiz mordido
la carpeta nueva
Parece que el lobo está intentando estudiar. No parece que tenga intenciones de devorar a algún animalito del bosque, más bien quiere escribir algo…
Si cierra los ojos
le llueven palabras,
las letras lo apuran
y lo descalabran.
Un río de letras
lo viene a rodear
y él, lobo de tierra
no sabe nadar!
El libro entero es delicioso. Las ilustraciones de María Wernicke son bellas: la oscuridad y la calidez del amarillo, la calidad del papel, la mirada de los búhos, la cola del lobo, los quince hijos de la comadreja abrazados por mamá, los detalles. El clima de suspenso y los indicios despertarán en el niño lector la curiosidad más inquietante.
La sorpresa es que la historia sigue, el lobo va a la escuela y toma sopa perfumada con perejil. El estilo poético y maravilloso de la autora, que dibuja con ritmo y a través del sutil uso de la rima un recorrido encantador de palabras. El misterio se hace presente a través de la buena literatura.
¿Dónde está el lobo de María Cristina Ramos? ¿Por dónde andarán los globos que despidieron con ojos de agua el Filbita 2012? ¿Cuánta emoción puede caber en un festival de literatura para niños? ¿Cuánta alegría en el corazón?
Es de noche en La Plata, una estrellita se asoma y aunque está oscuro en el parque, la luz continúa brillando Del otro lado del árbol. La estrellita se ríe y tiene nombre. Ve a las poesías pasar volando, las persigue, las lee, juega con el viento. Sabe que la distancia no existe. Que mientras haya una buena historia que contar, siempre estaremos juntos entre la tierra y el cielo.
Festejamos la infancia. La magia de las cosas simples. La belleza de los cuentos.
En la tierra de los libros, ahí donde las copas de los árboles parecen acariciar las nubes y despegar del suelo, grandes y chicos, somos niños eternos.
En ese espacio de libros y luz, hablamos siempre el mismo idioma.

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