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La sangre y la esperanza

03-01-2014 |

Javier Sinay habla de la crónica Los crímenes de Moisés Ville. Una historia de gauchos y judíos (Tusquets). “La narración de un crimen es parte de la violencia del crimen.”, dice.

Por Patricio Zunini. Foto: Paula Salischiker.

javier sinay

En junio de 2009, Javier Sinay recibió un correo electrónico con el link a un artículo escrito por su bisabuelo, Mijl Hacohen Sinay, que daba cuenta de más de veinte crímenes producidos a fines del siglo XIX en Moisés Ville, la primera colonia agrícola judía en la Argentina. Ese texto fue la punta de una madeja que desovilló una trama familiar (entre otras cosas, la vocación compartida entre bisabuelo y bisnieto), pero que a la vez permitió repensar el rol de los primeros colonos judíos en la Argentina y el modelo de país que se conformó con los movimientos inmigratorios. Un país que, aunque orgulloso de ser “un crisol de razas”, no pudo evitar que el contacto entre diferentes culturas fuera teñido de violencia.

Cuatro años después, el trabajo de Sinay lleva el título Los crímenes de Moisés Villé. Una historia de gauchos y judíos y aporta una mirada moderna a la comunidad judía y a la identidad nacional. Con él hablamos de su libro.

Hablemos del título, que es un título engañoso, porque el libro no sólo habla de crímenes.

—Tuvimos una discusión con los editores porque ellos no estaban convencidos del título, pero yo insistí porque quería reivindicar este trabajo como uno de género negro. Yo me siento muy identificado con el género negro. Me gusta lo que propone tradicionalmente, me gusta la escena que existe hoy, me gustan esas historias, me gustan las historias de crímenes y quería que este libro hiciera honor a esa tradición. El género negro es el punto de partida de este libro.

—Tu libro anterior, Sangre joven, habla de asesinos actuales; en este, la investigación sobre la colonización en Moisés Ville se estructura en asesinatos de hace más de ciento treinta años. ¿Cómo es la diferencia en los trabajos?

—Es algo que me pregunté mucho antes de empezar. Estaba ansioso por ver cómo iba a darse. En un crimen que ocurrió hoy podés conseguir los expedientes, ciertos testimonios, podés moverte de una manera más ágil, pero no vas a poder hablar con involucrados no judicializados o con presos. Muchas veces los funcionarios no quieren hablar en on. Investigando un crimen que pasó hace cien años tenés una llegada a los descendientes sin problemas, te quieren hablar, pero no tenés los documentos. No encontré ningún expediente judicial: busqué mucho y estoy casi seguro de que están destruidos. Lo único que encontré fue un libro de actas que registra el paso del expediente de uno de los crímenes. Pero sólo eso. Por otro lado, lo interesante de investigar un crimen que ocurrió hace tanto tiempo es ver qué queda en la memoria familiar. En eso sí se relaciona con mi trabajo en un crimen actual. Estoy convencido de que la narración de un crimen es parte de la violencia del crimen. Entonces: qué va a pasar con esa narración, con esa violencia que queda en las palabras o en la semántica en el futuro. ¿Qué va a pasar con la nota que estoy escribiendo en el futuro: va a ser parte de lo que quede, va a influenciar a los hijos del muerto o del asesino? Con los crímenes que ocurrieron en el pasado yo ya estoy en el futuro. Esa era una generación muy particular, era una generación de inmigrantes. Lo que veo es que la tragedia perduró hasta sus hijos, y de ahí para adelante se acaba el relato. Por esta cosa de que son inmigrantes y tienen que pelearla acá cueste lo que cueste. No hay dónde volver. De alguna manera el crimen es una desgracia incluida en la aventura de cambiar el lugar y hay que seguir adelante.

—Con los 22 crímenes presentados, escribís una frase que dice «el lado oscuro de la inmigración europea, el de la colonización agrícola y el del crisol de razas está a la vista».

—Moisés Ville funciona como un laboratorio para ver procesos que se dieron en muchos lugares de nuestro país: procesos identitarios, económicos, culturales, sociales. También procesos de encuentros entre diferentes grupos. El hecho de que los que llegan sean víctimas se dio mucho en las colonias. Una de mis principales fuentes es un periódico que se llama “La Unión” que se publicaba en Esperanza, que todas las semanas informaba sobre crímenes de las colonias. Se daba mucha violencia en el encuentro de las culturas. Esa violencia se funda con los crímenes del Tata Dios en Tandil, un curandero que en el año 1872 guió a una suerte de ejército irregular de gauchos hacia Tandil para matar inmigrantes. En ese año también se publica el Martín Fierro —1872 es un año importante para el gauchaje— y el Martín Fierro también habla mal de los colonos. Es verdad que hubo un crisol de razas en la Argentina y que el modelo de recepción fue exitoso, incluso hasta el día de hoy. Pero también hasta el día de hoy con los inmigrantes que recibimos hay violencia. El modelo es exitoso pero tampoco podemos ser ingenuos y pensar que no hubo violencia.

—¿Por qué la primera vez que viajás a Moisés Ville lo hacés en tren?

—Quería reconstruir la historia de ese primer crimen que se da en los galpones del ramal al que llegan los inmigrantes. Quería sentir un poco ese viaje.

—Es tremendo que el viaje demore 14 horas estando Moisés Ville a 600 km de Buenos Aires.

—Esos trenes hace treinta o cuarenta años funcionaban mejor, iban a más lugares. Hoy el tren ni siquiera llega a Moisés Ville: me dejó en Rafaela. Antes Moisés Ville tenía dos estaciones para pasajeros y tenía estaciones de carga, además. Hoy no tiene nada. Pero también es significativo que los inmigrantes llegan cuando se está construyendo el tren: es el momento de edificación de la Argentina moderna, el momento en que empieza esta historia. Yo la cuento en el momento de deterioro.

—En el libro contás también de una matanza de perros que se dio hace pocos años: ¿por qué?

—Hay mucha gente que me criticó haber escrito sobre los perros porque le parecía que era menospreciar la vida de los humanos. El tema de los perros surgió cuando empecé a preguntarme cuál había sido el último homicidio en Moisés Ville y por lo que detecté el último había sido en el robo al banco en 1971. Un robo súper espectacular, con ametralladoras, con disparos y un ladrón que queda muerto. O sea: cuarenta años atrás. Durante esos años la violencia circuló en muchas peleas, cuchilladas, suicidios. Pero los que morían eran los perros: de a cientos. Y era lo que conmocionaba a la población de Moisés Ville. Como todo pueblo la violencia se filtra por algún lado y en este la violencia se filtraba por ahí.

—Para la investigación empezás a estudiar idish, buscás un diario perdido, los datos se cruzan con mitos. ¿Cuándo sentiste que podías hacer frente a toda la información?

—El proceso de este libro duró cuatro años. En ese tiempo estuve apasionado por todas las posibilidades investigativas que tenía: investigar el fin del gaucho y el proceso de modernización del campo, el iddish, la colonización judía, la llegada de mi familia, los colonos de Moisés Ville. Y a la vez, la contracara es que había tanto para investigar que era muy difícil unir todas las piezas. Era muy difícil armar una partitura que tenga cierta armonía. Ahí entra en juego la figura del editor, que me parece fundamental en este proceso. Sin una mirada ajena es más difícil enderezar un tronco así. Trabajé con Leila Guerriero y un poco más cercano con Natalí Shejtman. Leila es una editora muy presente y, por supuesto, muy obsesiva. Te hace trabajar mucho. Esta fue la cuarta versión. Fue increíble porque como en todo ejercicio duro, uno quiere que termine, pero después de terminado el ejercicio ves que valió la pena.

—Publicado el libro abriste un sitio web. ¿Con qué intención?

—Por un lado, como investigué durante tanto tiempo junté una cantidad de material enorme, inmanejable, de la que el libro es una parte. Y también sospechaba que este libro iba a traer nuevas historias, iba a seguir recibiendo testimonios. El libro está cerrado pero es un capítulo del proyecto llamado “Los crímenes de Moisés Ville”. En el sitio web estoy volcando los testimonios que efectivamente aparecieron, por eso hay muchas entradas firmadas por lectores que escriben de muy buena gana. Me gusta que no sea un sitio autocelebratorio, sino que invite a los lectores a escribir. La vida en las colonias es la epopeya de todos los inmigrantes. En el libro está la historia de mi familia: después me di cuenta de que la historia de todas las familias judías rusas es muy parecida. Todas las familias pasamos por lo mismo, tenemos la misma historia. Pero también me doy cuenta de que es lo mismo para todos los hijos de inmigrantes. Son odiseas tan grandes para nuestra vida rutinaria que a todos nos gusta sentirnos parte.

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