Pablo Ramos /2

05-06-2009 |

Vamos a leer el final del “El ángel del bar” porque es un cuento que me está trayendo mucha suerte, lo pusieron en un catálogo muy importante en Alemania… Me trae suerte. “El Ángel del bar”: ¿vos vendías flores, Ramos? “El ángel del bar” me lo contó una prostituta. Montonera. Una amiga mía, Mercedes, a la que está dedicado. Pasa que yo lo escribí y elegí la primera persona. Hay como una regla de tres simple: primera persona, autobiográfico. Periodismo cultural muy pensante.

pablo ramos lee El angel del bar

Ciclo: Los martes de Eterna Cadencia
Invitado: Pablo Ramos
Entrevista: Patricio Zunini
Fecha: 2 de junio de 2009

[Segunda parte, leer la primera]

¿Gabriel es Holden Cofield? ¿Es Seymour Glass? ¿Es Huckleberry Finn?

¿Estás buscando referentes fuertes? Capitanes de la arena, de Jorge Amado. Huckleberry Finn. La isla del tesoro. Creo que la segunda parte de El origen de la tristeza es una aventura. Me encanta eso. En El sueño de los murciélagos es dónde más lo pude hacer: es una aventura física, una aventura de los personajes frente a una situación determinada.

¿Tienen leído al maestro de Raymond Carver, John Gardner? El decía que en toda narrativa de calidad se verifica algo: un personaje principal –uno– busca algo y, sencillamente, lo consigue, fracasa o se inhibe. Una buena definición. Si le sumamos a eso un pensamiento de Abelardo Castillo, que la vida es una aventura moral, y modificamos ese pensamiento, entonces la buena literatura es una aventura moral. No significa moralizante, que yo baje línea, sino que esa aventura verifique o signifique –para tener un discurso más psicoanalítico– en algo más universal. El personaje está frente a la inminencia de algo que va a pasar. Esa es una buena historia.

Siempre que analicen qué es una buena historia vayan a los genios de las letras: Shakespeare, Hemingway, Nabokov. Lolita: ¿cuándo empieza a contar la historia, cuando estaba de fiesta con Lolita? Si estaba todo bien. Empieza cuando termina de matar un tipo, cuando termina de arruinarse la vida. Tanto es así que la tiene que casi nombrar separado en sílabas. Lo li ta. Escribí un ensayo sobre ese momento para La arquitectura de la mentira, un libro que voy a publicar cuando venga de Alemania que es un manual de escritores.

Mis personajes viven un profundo conflicto moral y un profundo conflicto espiritual. Fíjense Gabriel: es católico en un mundo donde el catolicismo terminó con su fe. Quiere volver a comulgar, ve a curas dando la comunión y él había visto cómo un cura abusaba de un pibe, un retrasado mental. Dice: “mi fe la reparten los mismos que la aplastaron”. Pero él no puede comulgar sin confesarse, porque él está hecho de eso, hay una tradición. Entonces la lleva a Andrea, que es una prostituta, se arrodilla delante de ella y le dice “yo pequé”. Y lo primero que le dice es “me acosté con prostitutas”. Creo yo, una valorización de la mujer. Es un pecado de él acostarse con prostitutas, no de ella.

Laura Restrepo me dijo algo que me tranquilizó: me dijo que yo hago realismo místico. La puta se convierte en Jesús. El está en un prostíbulo y escucha que tiran la cadena de un inodoro, y dice “me hundo por las aguas que un instante había caminado”. La palabra: la valorización que tiene la palabra en La ley de la ferocidad es enorme. Un montón de gente no lo vio. Es la palabra lo que lo salva a Gabriel. Es un pensamiento profundamente cristiano. Y judío también: “en el principio era el Verbo”. Santa Teresa dijo “Las palabras llevan a las acciones, alistan el alma, la ordenan y la mueven hacia la ternura”. Santa Teresa se las traía, la Iglesia Católica le prohibió escribir… Yo lo tengo escrito en una tarjetita en mi escritorio: cada vez que creo que mi oficio es inútil, como creen muchos escritores de la posmodernidad, que mi oficio es canjeable por otro, leo esa frase de Santa Teresa y me doy cuenta que hago lo más hermoso que se puede hacer en la vida. Escribir. Nunca dejaría de escribir.

[Intervención del público]: Cuando escribís le ponés tanto de lo tuyo, ¿por qué a un manual para escritores le pondrías La arquitectura de la mentira?

Mirá, la respuesta está en El pozo de Onetti. Es una novela cortita, preciosa. Onetti dice que los hechos están desprovistos del alma de los hechos. El periodismo –hoy hay algo parecido al periodismo– te puede dar un ejemplo. Si necesitás un personaje como Rolando para que se desarrolle un crecimiento de Gabriel. Rolando haya existido o no, tenés que construir un personaje que necesita la historia para decir una verdad más profunda. Para poder transmitir –y eso está en el subtexto, no en el texto– el alma de los hechos. Jung decía algo parecido: la esencia espiritual de lo vivido, eso es lo digno de ser narrado. La realidad es una convención.

Mi hermano se llama Gabriel Alejandro, los dos nombres de mis personajes. De mi hermano voy a hablar un montón desde mi madre. En la novela En cinco minutos levántate, María, que es el día en que mi padre amanece muerto –el padre de la novela, para ser más concretos–. La novela más autobiográfica que voy a escribir está en voz de mi madre. La madre de Gabriel está pensando en la cama, dice “me voy a tomar 5 minutos” porque se despierta antes de que suene el despertador, “nunca tengo tiempo para mí” y capítulo a capítulo se va entrampando, esos 5 minutos mentirosos conforman una novela de tres partes, de siete capítulos, de cinco minutos donde desarrolla todo el conflicto con su marido. Podría llamarse La ley de la ternura si no fuera un título malo.

Lo que pasa es que es políticamente incorrecto decir que la literatura es útil. Quedás como “uy, mirá”. Este pibe Tabarovsky –lo dije bien; suelo decir Taradovsky–: los cuentos no tienen más principio, desarrollo y final. ¿Y qué son las primeras palabras de un cuento, más o menos? ¿Y las últimas? ¿Por qué no escribís bien y después nos preocupamos de ser raros? Aparte Samuel Beckett ya lo hizo, William Barrow ya lo hizo. Es bastante deprimente muchas cosas que están pasando. Pero sin embargo, surge Leo Oyola, Mariana Enríquez, Samanta Schweblin, Miguel Semán, Eduardo Rojas… Cometieron el pecado de tener más de 30 años. Hermann Hesse empezó a escribir a los 50 años. ¿Hay alguno que se le arrime un poquito?

Creo que el tiempo es bárbaro, está buenísimo. Toda la hojarasca que se junta en el otoño, las primeras lluvias del invierno las empiezan a barrer y en la primavera ya nos olvidamos que hacía tanto ruido el piso. Pasa: desde hace un tiempo hay una enorme hojarasca literaria para lo que creen determinadas personas que establecen en el canon. Pero eso a los lectores le interesa poco. Fíjense también el florecimiento de estas librerías que empiezan a combatir las cadenas. Yo no conocía esta librería porque soy muy de calle Corrientes. Pero recuperan el espíritu del tipo que te vende un libro y sabe de literatura, que es algo que se estaba empezando a perder. Preocuparse por el mercado, preocuparse por publicar a cada rato: hay que tener cuidado. Tipos con mucho talento como César Aira, le están haciendo mucho daño a la literatura. Estoy hablando de un tipo con enorme talento, pero esta idea de “primero publico después escribo” es bastante peligrosa. Escribo, corrijo, corrijo, corrijo y corrijo y tal vez publico, ojalá, Dios quiera, y tal vez escribo otro y corrijo… Si Bernardo Jobson se murió en el olvido. La casa del ángel de Beatriz Guido: ¿quién la lee? Creo que esa biblioteca personal de Abelardo Castillo fue el hecho estético más relevante del año pasado, que sacó El fideo más largo del mundo, cuentos de Wilde, Costantini.

¿Sos un escritor moral?

¡Pero absolutamente! No me cabe la menor duda. Le pongo el pecho a eso. Volvemos a palabras de Unamuno: se puede tener mucho talento, pero ser un imbécil moral. Ejemplo típico: Vargas Llosa. Tiene un enorme talento y es un perfecto imbécil moral. Yo no quisiera ser Vargas Llosa por nada del mundo. Inventó el arrepentido al revés. Claro que soy un escritor moral, es un halago que me lo digas. Pero sé lo que tengo que hacer: no hay ninguna bajada de línea en mis textos.

Si mi personaje de La ley de la ferocidad fuera un amoral, no sentiría ningún conflicto. Cuando hace llorar a la hermana y le dice que es lo que más ama en el mundo, cualquier similitud con una hermana mía… Si ese tipo no tuviera principios, se iría para otro lado. Nació con el gran problema de tener conciencia. Yo también. Sí soy una persona moral. Una persona moral que estuvo por el camino equivocado, el peor camino. ¿Te creés que fue gratis para mí?

Soy un escritor moral. Soy una persona moral: uno primero es una persona y luego es escritor.

Tags:

Leave a Reply