Una recomendable entrevista a Leonardo Valencia, autor de Kazbek.
Recomendamos la extensa entrevista que Rubén A. Arribas le hizo a Leonardo Valencia para el blog Aviones desplumados.
El autor de Kazbek –que confirma que se trata de la primera entrega de una hexalogía de novelas con títulos de seis letras– recorre su obra, sus juegos y experimentos, improvisa algunos microcuentos –Últimas palabras: “Disparen —dijo el capitán— lentamente”–, funde la concepción de cuento y novela, provoca con ideas progresistas del futuro del libro. Un artista que extiende los límites de la literatura.
Publicamos un fragmento de esta entrevista imperdible:
En tu obra abundan las referencias librescas y las reflexiones sobre el proceso creativo; sin embargo, prefieres evitar la etiqueta “metaliteratura”». ¿Por qué?
Porque la metaliteratura es literatura sin etiquetas. Casi me siento como los autores a los que se los califica de novelistas policiales o de intriga, sin serlo, o porque dicen mucho más que la obviedad de la etiqueta. El asunto está en otra parte, la que se quiere tapar con las etiquetas. Allí está el dedo, tapando el sol, hasta que el dedo se cansa y discretamente se retira. Pero quedemos, cedo, con el dedo de Dios que tapa el sol. Y entonces sí, me gusta la metaliteratura, me encanta, y esa es la familia larga que va desde Dante y Hermann Broch tomando a Virgilio como personaje, o Borges incluyéndose e inventándose a sí mismo, hasta César Aira inventándose escritores súbitos y apócrifos e inéditos en Varamo o Parménides.
Kazbek, como la poesía, trabaja desde lo que denominas la “disponibilidad del artista”. Esa idea se resume en que este debe aprender a dejar espacio a lo imprevisto, escucharse a sí mismo y saber “ir a la contra de lo que pretendía escribir”. ¿Qué suele anteponer un autor experimentado como tú para evitar escribir sobre lo que de verdad quiere?
Hay muchas cosas. La tentación siempre está ahí y hay que vencerla. A veces hay que hacerle creer que has caído y luego subvertirla desde dentro. No es fácil para el escritor tal como está la situación hoy en día sobre los criterios de valor de una obra por sus ventas o su impacto o la prisa por publicar o las exigencias de los editores, y lo que es peor, la autocensura del propio escritor que sabe que está haciendo concesiones y que sabiéndolo las hace. Luego está la competitividad de las ventas o las traducciones o la firma de libros. Todo es absurdo, pero es real. Pero el verdadero disfrute es no querer complacer a nadie, sino retarse a uno mismo como escritor. Lo siento si los lectores creen que escribo para complacerlos. Lo que quiero es respetarlos, y eso es muy distinto, y respetar a un tipo de lector que creo que es el idóneo para mis libros. En realidad, quien mejor lo explicó fue Piet Mondrian, cuando dijo que no le interesaba hacer cuadros, sino descubrir cosas. Quisiera descubrir cosas, y para hacerlo hay que quitarse ciertos velos que nos tiende la realidad común. No es fácil, pero créeme que es divertido.
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