Archive for the ‘Caja de herramientas’ Category

Bloc V

Friday, May 24th, 2013

Sobre la incomunicabilidad de las experiencias íntimas.

Por Jorge Consiglio.

pareidolia

El conocimiento es una experiencia íntima. Supone el regreso a un pasado que le sirva de contexto, de marco de referencia. La relación es inmediata, casi mecánica. Tiende a neutralizar el estupor ante lo nuevo. En la mayoría de los casos, en realidad, lo que llamamos conocimiento es reconocimiento. La incertidumbre ante lo desconocido, todo aquello que ampara una porción de caos, se reduce cuando confronta con un mapa empírico. Modelos clásicos para respaldar este juicio son los textos que nos dejaron los Cronistas de Indias. Gonzalo Fernández de Oviedo, por ejemplo, es consciente de las dificultades que implica describir lo “nuevo” de forma clara y verídica. En el proemio del Libro Primero de su Historia general y natural de las indias (1546) se pregunta: “¿Cuál ingenio mortal sabrá comprehender tanta diversidad de lenguas, de hábitos, de costumbres en los hombres destas Indias? ¿Tanta variedad de animales, así domésticos como salvajes y fieros? ¿Tanta multitud de árboles, copiosos de diversos géneros de frutas,  otros estériles, así de aquellos que los indios cultivan…?” Frente a este desafío, Oviedo recurre a los modelos conocidos para representar las maravillas flamantes de las Indias. Cuando habla de las raposas, dice: “Hay raposas, las cuales son ni más ni menos que las de España en la facción, pero no en el color”. O cuando escribe sobre las ovejas: “son enxutas de piernas e el cuello luengo e muy semejante a los camellos, salvo questas no tienen corcoba como el camello…”. Siempre hay un modelo que sirve de patrón de referencia.

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Bloc IV

Thursday, May 9th, 2013

Jorge de Burgos, el personaje de El nombre de la rosa, condenaba la risa por ser un rasgo que nos acerca a los monos. No hay risa sana, dice Consiglio.

Por Jorge Consiglio.

ovni 1985

A partir del relato de la memoria se arma un sujeto. También una Nación. Lo tengo claro. Hace poco me quebré una pierna: un mal movimiento en un partido de fútbol. Quedé tirado en la cancha. Me llevaron al hospital y me pusieron un yeso. Pasé un buen tiempo en la cama. Leí, tomé mate, comí medialunas, vi películas. También me sentí al margen del mundo. Entonces miré el techo. Pensé cosas. Ordené recuerdos. Mi vieja murió hace casi tres décadas. No tengo la menor idea acerca de su familia. Por ejemplo, no sé cuántos hermanos tenía o a qué se dedicaba mi abuelo en Paraná. Tampoco conozco la procedencia de su/mi apellido: Mathieu. Un cincuenta por ciento de mi identidad permanece en penumbras. Me hago cargo de la ausencia de esos datos. Esa falta de curiosidad fue mi decisión. No quise enterarme. Decidí que mi origen permaneciera borroso. Supongo que habré seguido un mandato, un oscuro mandato. Hoy me resulta más fácil imaginar la explosión que hace 15.000 millones de años dio origen a la Tierra, que a mi madre a fines de la década del 50, una mujer de alrededor de 25 años, yendo en bicicleta, antes de las 6 de la mañana, a trabajar a la Standard Electric.

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Rito

Friday, April 19th, 2013

Serruchar una cama, recordar las variaciones de Bach, tirar un árbol a patadas y lacerarse con sus ramas: maneras de buscar la salvación.

Por Jorge Consiglio.

la fuente de la doncella

Existe un pueblo en Entre Ríos que se llama Conscripto Bernardi. Le pusieron ese nombre para homenajear a Anacleto Bernardi, un colimba de la Armada que murió en 1927 cuando naufragó el Principessa Mafalda en las costas de Brasil. Parece que el pibe se portó como un héroe. Como el azar dispone, hay una calle en San Martín, provincia de Buenos Aires, que lleva el mismo nombre. Es arbolada. Tiene el asfalto medio destruido. Al 2300 de esa calle, al lado de una remisería, vive un amigo mío que es músico. Lo conozco desde siempre. Toca en un dúo de tangos. Le dicen el polaco. No por Goyeneche. Tampoco porque sea rubio. No sé por qué le dicen el polaco. Creo sospecharlo, pero no viene al caso. El asunto es que toca el piano. Es muy bueno con su instrumento. No entiende la música como profesión sino como camino personal. Para él, antes que nada, un arpegio es una abstracción ética. Así toca. Con ese convencimiento, con ese respaldo.

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Bloc III

Friday, April 5th, 2013

“Conozco bien las cosas que me curan.”

Por Jorge Consiglio.

marcas en la tierra

En Rio de Janeiro hay una playa que se llama Arpoador. Está en la zona sur de la ciudad. Conecta Ipanema con Copacabana, pero no se puede ir por la arena de una playa a la otra. El Fuerte de Copacabana interrumpe el paso por tierra. Es mi lugar preferido. La leyenda dice que los indios se paraban en una pequeña elevación y pescaban con un arpón. Ahora van los surfers. Los veo siempre. Tienen una idea inmediata de la vida. Descansan en la arena. Se pasan por el pelo el mismo aceite con el que cuidan sus tablas. Hablan entre ellos lo imprescindible. Miran atentamente el mar. De tanto mirarlo, a veces, se quedan dormidos en posiciones absurdas. Andan por el agua igual que por la tierra. A la tarde, con el último sol, fuman marihuana. También la venden. Yo, de hecho, les compro cada vez que voy. Tienen precios exagerados, pero es un costo que pago feliz. Me quedo un rato con ellos. Juego a hacer una vida que no aguantaría más de cinco horas. Los surfers se ríen de nada. Señalan el horizonte. Crecen cuando miran la lejanía. Hace poco me presentaron una mujer. Era mayor que yo. Con la piel endurecida por el agua salada. No era despreocupada como sus amigos. Parecía pensar cada movimiento antes de hacerlo. Por ejemplo, levantar un brazo. O quitarse la arena de un pie. La invité a cenar. La vi venir desde lejos con un largo vestido verde. Tenía la piel morena. Muy brillosa. Tomamos de más. Me acompañó al hotel y nos dormimos en la misma cama. La noche pasó como un rayo. A la mañana siguiente la vi desnuda. Tenía tatuadas estrellas en la ingle. Pero no eran agradables a la vista. Estaban enrojecidas. Cada trazo, una erosión. Una raja de tinta y pus. Me dijo que no podía controlar las heridas. Não posso controlar minhas feridas. Cada marca de su cuerpo era una infección. Apoyó el índice en un pliegue del muslo, encima de un dibujo. Lo mojó con sangre aguada. Extendió la mano. Puso cerca de mis ojos la evidencia. Era su testimonio. De esa forma, a través del despojo, esa mujer se justificaba.

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Huellas

Friday, March 15th, 2013

Se llamaba Jonathan Hodges, lo vi dos veces en la vida.

Por Jorge Consiglio.

escaleras de palermo

El andar de las multitudes siempre deja huella. Es cuestión de tiempo –y de paciencia– para que su brecha, que es como la identidad de todos, se dibuje en la piedra más sólida. A lo largo de los años, la fricción de miles de pies erosiona sin proponérselo. Es la gente; el transcurso de la gente. Los mapas de miles de destinos, que terminan siendo el mismo, labrados en la materia dura que comparte, a regañadientes, su fugaz eternidad.

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Inacción

Friday, February 15th, 2013

El mejor estado es el del no deseo.

Por Jorge Consiglio.

alexandre le bienheureux

A la memoria de Franca

Tengo una imagen: mi gata acostada en un sillón que hay al lado de una ventana que da a un árbol. Está con las patas estiradas. Disfruta de un sueño profundo. Nada de este mundo la puede alterar. Hace más de un día que no se mueve. En ese tiempo, no tuvo urgencias. Ni siquiera la biología alteró su descanso. Está hundida en un estado cuya raíz se asienta en un equilibrio demasiado profundo para nuestro entendimiento. Durante esas horas, mi gata es puro ejercicio de indolencia. Materia en abandono. Apatía absoluta. Franca, que tiene una mancha blanca en el hocico igual a un corazón invertido, puede hacer esto porque es dueña de su ser. Ella, simplemente, es. No necesita esforzarse: ninguna acción, ni rutina ni eventual legitimación le sumará entidad, ni siquiera el alimento indispensable para el sustento. Desde la ontología, está completa. El concepto de realización  -mejor dicho, la sensación que de este concepto deriva- le es ajeno. Franca es: cada célula de su organismo respalda esta sentencia.

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Caminantes

Thursday, January 31st, 2013

“La sintaxis del que camina cuenta con la disciplina de la pausa, con la disposición del que respira con sosiego, por eso se lleva bien con la introspección”.

Por Jorge Consiglio.

caminates

Cuando se va la luz, todos los seres vivos hacen algún ruido. El verano pasado, pasé dos meses en Lobos. Alquilé una casa chica con un jardín adelante. Me había organizado una rutina. A las siete de la tarde, iba hasta la laguna. Un personaje de Canetti dice que los atardeceres en soledad son el mejor antídoto contra el desencanto. La laguna parece infinita. Me tiraba debajo de una higuera. Miraba el agua un buen rato. El crepúsculo avanzaba lento. Y esa transición era de los animales. Producían un sonido insólito. Los imaginaba, en la oscuridad, ocupados en crujir. Fritos en la espesura acústica. Laboriosos. Organizados con la noche.

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Repeticiones

Thursday, January 24th, 2013

Efectos de desvelarse con la repetición.

Por Jorge Consiglio.

paloHay una casa en Diamante, Entre Ríos, construida a siete metros del río. Allí vive un poeta de ochenta y cuatro años de apellido húngaro. Es igual a Gastón Bachelard. Tiene barba de patriarca y unos ojos tan vivos y negros que parecen grillos. Le dicen Palo. Lo siguen siempre dos perros. Escribió doce libros que permanecen inéditos. Me pasó el último. Lo cierra con un poema glorioso. Cito algunos versos: «Apenas un traspié/ vuelvo/ la fe o el azar/ por accidente, vuelvo/ encandilado por la fluidez de lo mismo/soy carne de monotonía/ la tarea infinita de contar los latidos/ las veces que me miro las manos/ las arrugas de mi cara/ la respiración/ la fe o el azar».

Igual que Freud y que Deleuze, Palo se desvela con la repetición. Hace más de una década, yo trabajaba dos mañanas a la semana en el Hospital Durand. Me tomaba el 55 antes de las ocho. Dos cuadras después de Corrientes, subía un muchacho con trastornos mentales. Hablaba solo. A los gritos. Sus temas eran siempre los mismos: un choque y su propia discapacidad. Cuando se refería al accidente, decía: “En la ruta 205 chocaron un auto con un camión cisssterna, un auto con un camión cisssterna.” Y repetía la palabra alargando la consonante. Lo mismo sucedía las veces que se ocupaba del otro asunto: “Soy un dissscapacitado; un dissscapacitado.” Bajaba en Parque Centenario. Los que viajábamos con él, lo escuchábamos durante quince minutos. Cada tanto, guardaba unos segundos de silencio y recomenzaba. Estoy seguro que toda conducta obsesiva supone un tormento para quien la padece; sin embargo, en el tono con el que aquel muchacho expresaba su idea fija parecía distinguirse cierto placer. Era como si paladeara las palabras. En alguna medida, esas oraciones idénticas funcionaban como salvaguardia frente a una realidad entendida como perpetuo fluir. La fe o el azar, anota Palo en su poema. Escrito, si lugar a dudas, frente al río.

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Círculos

Thursday, January 3rd, 2013

En la búsqueda de un refugio como espacio de serenidad y equilibrio, aparece la figura fantasmática del protagonista de Pequeñas intenciones.

Por Jorge Consiglio.

árboles en círculo

Existen círculos perfectos. Son escasos y fortuitos. Por lo general, pasan desapercibidos. En su interior, es dato conocido, se produce la alquimia ideal: los noventa y dos elementos del mundo se combinan en un bienestar perpetuo. Asimismo, replican este estado en los cuerpos vecinos a sus límites. Los idealistas, que siempre saben de lo que hablan, aseguran que estos círculos, en virtud de su abstracción, trascienden la idea inmediata de la geometría. Son el ejercicio cabal de la utopía. Su concreción.

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Las herramientas en la caja

Friday, December 28th, 2012

Las columnas de Jorge Consiglio.

jorge consiglio
Foto: Vito Rivelli

De qué se compone una novela. Cómo se nutre un escritor de la realidad. Desde hace dos años, el escritor Jorge Consiglio explora en las columnas para el blog de Eterna Cadencia esos personajes que luego engrosan su caja de herramientas narrativa.

  • Memoria: Sobre el origen de los recuerdos.
  • Detalles: el detalle frente a la totalidad.
  • Literatura: un principio al que responden los textos literarios.
  • Grito: Un viaje cruel del dolor a la música.
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Bloc II

Friday, December 21st, 2012

Tres poemas de Buzzati prefiguran El desierto de los tártaros.

Por Jorge Consiglio.

el desierto de los tártaros

Noche de 1938. Dino Buzzati está completamente desnudo: el calor es insoportable. Un ventilador de techo gira en la altura: sus aspas son la única bendición del verano. La ciudad se aprieta contra el escritorio. Buzzatti está desesperado. Hace dos días que no puede escribir nada. Desde que está en el hotel se distrae con cualquier cosa.

Ayer compró opio a buen precio. Después comió en un sótano. Se durmió temprano. Sus sueños fueron mostruosos y absurdos. Enemigos sin cara lo atacaban con un pica. Lo despertó su propio llanto.

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Trampas

Friday, December 7th, 2012

En busca de espacios de amparo.

Por Jorge Consiglio.

mandala del tibet

Cuando habla, mueve las manos. Acompaña las palabras con gestos que suman atmósfera. No refuerza la historia con lo no verbal; más bien, la desafía, hasta cierto punto le quita crédito. Como si dijera: yo te estoy contando esto, pero ojo: en realidad no tiene ninguna importancia. Con esta estrategia logra una escucha atenta, como si sonara una verdad indiscutible. No sé como lo logra. Es un capo. Sin embargo, el viernes pasado, mientras le prestaba atención, logré conservar mi diálogo interno. Corigliano narraba su historia. Yo le daba forma a una idea. Pensaba que el espíritu es oficio de la imaginación, un oficio bien fundado de la imaginación. No sé si es un buen juicio, pero a mí me hizo sentir tranquilo.

Corigliano fue mi preceptor de tercer año. Lo conocí en Villa del Parque hace una pila de años. En esa época, él estudiaba Teología en un caserón por Flores. Después lo perdí de vista. Hoy me entero que pasó por Letras, un magisterio, hizo algunas materias de periodismo y se recibió de Licenciado en Filosofía. Me mandó un mail hace dos semanas. Me propuso un encuentro. Quedamos en Varela Varelita. Está cerca de mi casa. Ese lugar es un útero: funciona como un espacio de amparo. Detecté varios úteros en Buenos Aires. Son cafés, plazas, ciertas veredas, boliches. Los úteros son siempre transitorios, por eso el término se adapta a los lugares públicos. Una casa jamás podría considerarse así; en el mejor de los casos, podría funcionar como nido.

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Bloc

Friday, November 23rd, 2012

Entre los personajes de la Caja de herramientas, una mujer con cara de pájaro, un tal Ölsak más que blanco, transparente y Emily, una chica “convencida de que existían seres de otros planetas, absolutamente angélicos, que habían desarrollado una teoría de la deconstrucción. Igual que Jacques Derrida”.

Por Jorge Consiglio. Dibujo: Natalia Consiglio.

n consiglio

Hace poco me mudé a un contrafrente. Queda a dos cuadras de Puente Pacífico. La mujer que me lo alquila habla demasiado. Tiene cara de pájaro: ojos chicos, cuerpo sin incertidumbre. Cuenta que su madre sufrió una apoplejía. Quedó con dificultades motrices. También la enfermedad le despertó un sadismo increíble. Cuando la hija se queda a cuidarla, la vuelve loca con demandas. Exige que la lleve al baño cada quince minutos. La tarea implica fuerza física y de espíritu. Me explica paso a paso en qué consiste. Sin inmutarse, revela detalles íntimos a un desconocido. Yo estoy sentado frente a una ventana. La miro. Ella habla. Mueve las manos como si espantara un bicho. Dice que el sedentarismo obligado hizo que su madre aumentara de peso. Cuando la carga para ponerla sobre el inodoro, lo siente. Me da una cifra: 67 kilos. La pronuncia: en su cara hay un insólito gesto de alivio.
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Tute Cabrero

Friday, November 9th, 2012

Sobre experiencias que se convierten en “un fuego calmo y sostenido que trabaja las fibras de los vínculos hasta calcinarlas”.

Por Jorge Consiglio.

y tu mamá también

La mañana está fresca. Es por el viento del Este, que también trae olor a bosque. Además, se distingue la tensión del agua en el aire: la presencia del Po se filtra hasta en el pensamiento. El pasado marzo, Francisca cumplió cincuenta y dos años. Parece mayor de lo que es. Se debe al sobrepeso. Y al color que eligió para teñirse el pelo. Debajo de los ojos tiene bolsas que se tensan cuando sonríe. Trabaja como portera en un edificio de la Vía Gottardo. Es una construcción antigua de varios pisos.
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Trenes

Friday, October 26th, 2012

Sobre los testimonios de lo remoto.

Por Jorge Consiglio.

trenes

Hay momentos que ponen a prueba la idea de transcurso; momentos en los que el destino es un trazo inmediato, un ejercicio de autosuficiencia. Estas vivencias son siempre a instancias de lo quieto, de la pausa, del azar. Una vez viví en un quinto piso sobre la avenida Nazca, casi esquina Simbrón. Era un departamento contrafrente. Tenía un balcón corrido que daba a un gran baldío. Era a finales de los setenta. Aquellos inviernos, me pasaba la tarde entera metido en mi pieza. Leía durante horas acostado en una cama de pino. Cada tanto miraba hacia la derecha: se abría una ventana que ocupaba media pared. Veía el progreso del día en el cielo estriado. Si me asomaba, distinguía el desorden de las plantas en el terreno. También la basura que la gente tiraba y algunos pocos pájaros. A las seis y media, ya era noche cerrada. Yo encendía una lámpara. Seguía con la lectura un rato más: estaba enganchado con las novelas de Simenon. Cuando largaba el libro, me quedaba un rato más acostado con los ojos cerrados, descansando, esperando a que mi vieja me llamara para comer. En ese momento, escuchaba la bocina del tren, casi una sirena, que salía de la estación Villa del Parque hacia José C. Paz. Y ese sonido, que tenía la temperatura de la lejanía, fue moldeando de a poco mi ánimo. El pulso de aquel silencio me reveló que la noción de destino, entendido como objetivo de llegada, implicaba un absurdo. En la sustancia de esa bocina del San Martín, el concepto de meta se diluía. Su lugar lo ocupaba el mapa abstracto de la distancia. Aquella contenida voluptuosidad quedó anclada en algún lugar de mi cerebro que no sé si llamar memoria. Los trenes, con su dispositivo de rutinas, con su manera de estar siempre yéndose, me la enseñaron.
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