Archive for the ‘El cronista accidental’ Category

Imágenes / 1944

Tuesday, May 8th, 2012

El cronista accidental se despide con esta imagen.

Por Juan Martini.

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La mujer está sentada en un banco del Parque Independencia, en Rosario. Es uno de esos bancos de piedra, sin respaldo, y la mujer está sentada casi en el medio del banco. Ella sostiene sobre la falda un bebé. Es un día cálido en el invierno de 1944. La mujer lleva un abrigo de color claro, desabrochado, con un par de grandes bolsillos plaqué; una camisa estampada sobre fondo oscuro, de mangas largas y con el cuello abierto sobre las solapas del abrigo; y una pollera de color negro que le cubre las rodillas. Los faldones del abrigo están abiertos y dejan ver su pollera. Ella ha cruzado una pierna detrás de la otra y el pie izquierdo asoma, entonces, a la altura del tobillo derecho. Sus zapatos brillan. Son zapatos de tacos altos, con plataforma, punteras abiertas, y un pequeño moño de tela coronando la boca del zapato. Dos palomas se mueven cerca de los pies de la mujer, una paloma gris y otra blanca. Hay un árbol a espaldas de la mujer, y más allá hierba y la sombra de ese árbol, y más allá un sendero o una calle, y más allá un bosque. Es imposible saber de qué árboles hablamos aunque alguno, un poco más cerca, sugiere la idea de un pino. La mujer sostiene al bebé sentado en su falda, una mano sobre el vientre del bebé y la otra en la cintura. El bebé lleva un abrigo blanco, de lana, tejido a mano, y un enterito. La cinta de uno de los escarpines está desatada, y es como una huella o una falla sobre la pollera negra. La mujer lleva dos anillos en el mismo dedo de la mano izquierda: una alianza y un cintillo. El bebé cierra los puños. Ella tiene un peinado con ondas asimétricas y el brillo propio del pelo sujeto con fijador. El bebé tiene el pelo muy corto, casi al ras. Hay una casa, o tal vez un depósito, atrás, lejos, en el fondo, entre los árboles del bosque. La mujer, con la cabeza ligeramente inclinada hacia la derecha, mira al frente. El bebé mira otra cosa.

Imágenes / Evita

Tuesday, May 1st, 2012

La segunda foto de la serie de Imágenes ilustra una leyenda.

Por Juan Martini.

eva peron

* Es una leyenda, y como casi todas las leyendas está basada en la realidad y en los puntos oscuros de la realidad. La leyenda cuenta en este caso que en el año 1945 Libertad Lamarque le dio una resonante cachetada a Evita mientras filmaban una escena de La cabalgata del circo dirigida por Mario Soffici en los Estudios San Miguel. Eva tenía 26 años, Libertad Lamarque 37, la película era una especie de comedia dramática salpicada con canciones y protagonizada por la troupe de un circo itinerante.

* Hacía un año y medio aproximadamente que Evita conocía a Perón. Él vivía en un departamento chico en Arenales y Coronel Díaz con María Cecilia Yarbel, una amante adolescente llamada la Piraña que estaba con Perón con el consentimiento de los padres. Pero rápidamente Evita se deshizo de la Piraña y consiguió que echaran también a los padres que eran empleados públicos en Mendoza. “La fleté”, le dijo a Perón. Y Perón se fue al mazo sin chistar.
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Imágenes / Patricia Highsmith

Tuesday, April 24th, 2012

Con este texto sobre la autora de Extraños en un tren el cronista accidental comienza Imágenes, una serie unitaria sobre fotos, libros, cine, artes & anexos.

Por Juan Martini.

* Casi todos los días para él laborables el periodista Guillermo Piro se despide, cuando termina de trabajar, subiendo alguna imagen a Twitter. A veces el link remite a su blog (El Diario de GuillermoPiro) y a veces a imágenes. Hace unos días me sorprendió el rescate de la imagen de una chica muy joven, con los brazos abiertos y desnuda de la cintura para arriba. Una foto en blanco y negro, con sombras fuertes, y el pelo de la chica cayendo sobre los ojos hacia su derecha, que es también ladirección de la mirada. La foto es del alemán Rolf Tietgens y fue tomada en Nueva York en 1942. La chica se llamaba todavía Pat Plangman y estaba enamorada de su retratista homosexual.

* Ocho años después, en 1950, Patricia Highsmith, ya con el apellido del segundo marido de su madre, publicó su primera novela y sin saberlo todavía la historia le estaba abriendo todas las puertas: Extraños en un tren no sólo tuvo un reconocimiento inmediato sino que además, sólo un año después, fue llevada al cine por Alfred Hitchcock con guión de Raymond Chandler. Más de veinte novelas y diez libros de cuentos armarían el legado de la dama de hierro de la novela policial. Con pausas en novelas de amor como la que cuenta con pseudónimo El precio de la sal, la pasión platónica de una chica por otra, y atravesando toda su vida literaria la saga impecable del personaje llamado Tom Ripley, publicada entre 1955 y 1991.
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Videla

Tuesday, April 17th, 2012

Para el autor de la nota la confesión de Videla debería quedar grabada a fuego en la historia argentina.

Por Juan Martini.

jorge rafael videla

* Es un hecho histórico, cultural y político.

* Es un acontecimiento extraordinario.

* Es, por fin, la confesión.

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Lo fugaz

Tuesday, April 10th, 2012

Sobre lo ligero, lo liviano, lo fugaz.

Por Juan Martini.

* Hoy domingo tengo que escribir esta columna que subirá al blog el martes. No es una obligación. La escribo porque me gusta hacerlo. La escribo porque es una herramienta para ordenar recuerdos, reflexiones y notas sobre los temas más diversos. La escribo porque tengo la ilusión de que cuando decida que ya no hay nada más para escribir estas crónicas seguirán en pie. Ayer tenía resuelto el tema de la columna que escribiría hoy. Pero hoy, mientras desayuno en el bar de todos los días y hojeo el diario, el tema se me cae. Somos muy pocos en el bar, a las ocho y media de la mañana, quizás porque es el último feriado de la semana santa cristiana, y sobran los diarios. Conozco a los dos hombres que desayunan y leen en un par de mesas no demasiado lejanas. Nos conocemos de ahí, de ese bar, de muchas mañanas en las que coincidimos casi siempre a la misma hora y cada cual elige el diario que quiere hojear mientras tomamos nuestro café con leche acompañado por las medialunas de rigor. La relación que nos une, podría decirse, es aleatoria y fugaz.

 

* Después me voy a caminar. Salgo del bar, cruzo Santa Fe, enfilo hacia la vereda del Botánico, sigo por Sarmiento, paso por el costado del Zoológico, hay un cartonero durmiendo en su carro casi vacío y escucho los jadeos de los animales que tienen sexo: vacunos, por un lado, y chivos, por el otro. Los toros mugen con espasmos y se calman en seguida. Los chivos insisten, se pelean, chocan sus cuernos, gimen. No hay una sola nube en el cielo de Buenos Aires y el día es perfecto. Cruzo Sarmiento y espero la conjunción de semáforos que me permitirá cruzar Libertador sin sobresaltos. El sexo en los animales, se cree, es instintivo y no tiene nada que ver con el deseo, o por lo menos con el deseo que nos mueve a nosotros, los autodenominados seres humanos. Nuestro deseo, nos gusta imaginar, está estructurado por la conciencia que tenemos de nosotros mismos y de la finitud de la vida. En este sentido el deseo humano sería, tal vez, memorable y no fugaz como el deseo animal. De hecho, uno puede recordar con cuánto deseo tuvo sexo alguna vez y también el día más o menos exacto en que engendró a sus hijos.

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Mi vida en Twitter

Tuesday, April 3rd, 2012

El cronista accidental se pregunta por su identidad tuitera.

Por Juan Martini.

* ¿Quién soy en Twitter? ¿Yo? ¿El otro? ¿Un tercero? ¿Yo y el otro y un tercero? Es probable que la última respuesta sea la que mejor se ajuste a mí caso. Hasta principios de octubre del año pasado no sabía qué era Twitter. Tampoco Facebook aun cuando me hacía una idea más clara. Las redes sociales no me habían llamado suficientemente la atención como para intentar conocerlas por dentro. Pesaban en ese desinterés las teorías acerca del aislamiento progresivo que produce Internet, la desjerarquización de todas las cosas (personas, obras, ideas, valores, etcétera) y algunos prejuicios. Pero resultó que hace casi exactamente seis meses tuve que programar una operación de mi ojo izquierdo. Se me había producido un agujero macular y había posibilidad de solucionarlo con una cirugía que se fijó para el 25 de octubre. Por diversas razones el tema me produjo angustia y ansiedad. Entonces un amigo me sugirió que abriera una cuenta en Twitter con la certeza de que eso me serviría de distracción. Así que lo hice.
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De Mujercitas a Borges

Tuesday, March 27th, 2012

La colección Robin Hood, adaptaciones de Shakespeare y Poe, poemas de Bécquer, los clásicos de Stevenson y Julio Verne: las lecturas de un adolescente que ya escribía.

Por Juan Martini.

* Cuando entré en la adolescencia, pongamos a los 12 años, mis autores favoritos eran Emilio Salgari, Mark Twain, Louisa May Alcott y Charles Dickens. En la biblioteca de mi madrina, en Rosario, había un ejemplar de Mujercitas en la colección Robin Hood y uno de David Copperfield editado por Peuser. Los leí por primera vez, creo, a los 11 años. Y junto con ellos descubrí esas editoriales. Antes había pasado por versiones adaptadas de Shakespeare y de Poe. Después, tipo 13, me atreví con La piel, una novela polémica del comunista italiano Curzio Malaparte. Era una mezcla rara esa biblioteca, con libros para grandes y chicos; con novelas y ensayos políticos circunstaciales como el libraco ¿Pertenece el futuro a Hitler?; con autores compactos como Conrad y escritoras pedagógicas cristianas como Harriet Beecher Stowe (La cabaña del tío Tom).

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Aprender a leer

Tuesday, March 20th, 2012

Historietas, tiras de humor y enciclopedias infantiles y juveniles: las lecturas de la infancia.

Por Juan Martini.

* Cuando empecé a leer mis padres eran muy jóvenes y estaban distraídos en sus propias vidas. Tenían 30 años y yo 6. Mi madre era huérfana y nunca pudo desenredarse del todo de la nostalgia por mi abuelo. Mi padre era hijo de calabreses analfabetos y trabajaba en la Secretaría de Trabajo y Previsión del gobierno de Perón. En el departamento de la calle Pozos 272 no había, me parece, ni un solo libro.

 

* A mi madre la crió una tía, en Rosario, que después fue mi madrina. Mi madre se escapó de esa casa a los 18 años y se vino a Buenos Aires. Pero el vínculo no estaba roto y ella fue y volvió muchas veces y yo aprendí a pasar los veranos allá. En la casa de Tina, mi madrina, había una biblioteca, uno de esos muebles cerrados con puertas de vidrio y lleno de libros… Esa biblioteca era algo así como lo que no podía faltar en un escritorio aun cuando nadie leía, tampoco, en la casa de la calle Rioja 2824.

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Kafka

Tuesday, March 13th, 2012

El cronista accidental y los destinos kafkianos.

Por Juan Martini.

 

La obra de Kafka es el gran oráculo de los siglos XX y XXI, la premonición más certera, la intuición estremecedora, la percepción inteligente de las tendencias de una época que conducía a otra más opaca, fulminante y cruel. La literatura contemporánea no tiene otro escritor que haya advertido los signos de las transformaciones que se avecinaban y que los haya interpretado y expuesto con lucidez, horror, ironía y, a veces, hasta con un sentido del humor propio de los que desfilan hacia el propio Calvario. En Kafka están los campos de concentración nazis y los tatuajes o números que identificarían a las personas entrevistos por lo menos veinte años antes (En la colonia penitenciaria, publicado en 1914); en Kafka está el distanciamiento absoluto del poder y de sus súbditos, la enajenación desesperante de una realidad aparentemente conocida, y la disolución o desmaterialización del sujeto en sociedades alienadas donde el único orden y la única justicia se ejercen con claves inaccesibles para sus rehenes.

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El fin de un sueño personal

Tuesday, March 6th, 2012

Un recuerdo de Anita Ekberg, la rubia colosal de La dolce vita.

Por Juan Martini.

Es una leyenda. Marilyn Monroe, el mito erótico más fuerte que dio Hollywod y que gobernó la década de los años ’50 en el siglo pasado, se suicidaría en 1962. Brigitte Bardot, una especie de dulce Barbie de boca inolvidable, se proyectó también a lo largo de los ’60. Anita Ekberg, sensual, básica, naturalmente muy rubia y dueña de medidas colosales (1.70 de estatura y 100-56-91) se consagró en 1960, a los 29 años, de la mano de Federico Fellini en La dolce vita, como una mujer sin censura y sin límites: ella y lo natural eran una sola cosa. La sensualidad y Anita Ekberg no tenían límites. Y así, todavía, se la recuerda.

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La desnudez / 2

Tuesday, September 27th, 2011

Después de la primera parte de La desnudez, en la que se detuvo en la exhibición de lo invisible, el cronista observa una foto, una escultura y un cuadro en los que se percibe la desnudez y su visibilidad.

Por Juan Martini.

* ¿Cuándo y de qué manera la representación de la desnudez se aproxima a la desnudez original, a la desnudez tal como se la ve en la vida real? No en la representación literaria. Pero sí en la fotografía, en la pintura o en la escultura. Es decir, en las imágenes de la desnudez, que incluyen el cine y la televisión. Son las imágenes las que hacen posible la contemplación de la desnudez más allá de la desnudez original y las que constituyen al observador en sujeto. La desnudez de la sexualidad es, esencialmente, lo que hace visible en el arte la desnudez propia de la vida real. Pero sólo son imágenes, formas, representación, y no la cosa.

Frank Guitty, Jane Birkin, (Lui, 1974)

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La desnudez /1

Tuesday, September 20th, 2011

Un mito, una fábula moral y una escultura de mármol sobre la exhibición de lo invisible.

Por Juan Martini.

John Collier, Lady Godiva (1898)

* ¿Si yo hubiera estado en Coventry hace mil años habría espiado el paso de Lady Godiva para verla desnuda?

Solidaria con su pueblo, la mujer de Leofric, conde de Chester y de Mercia y señor de Coventry, le pidió a su marido que rebajara los impuestos que estaban asfixiando a sus vasallos. Leofric accedió pero a condición de que ella se paseara desnuda, a caballo, por el pueblo. Ella aceptó el reto y le pidió a la gente que se encerrara en sus casas para que no la vieran pasar en esa condición.

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La desnudez / 1

Tuesday, September 13th, 2011

Un mito, una fábula moral y una escultura de mármol sobre la exhibición de lo invisible.

Por Juan Martini.

John Collier, Lady Godiva (1898)

* ¿Si yo hubiera estado en Coventry hace mil años habría espiado el paso de Lady Godiva para verla desnuda?

Solidaria con su pueblo, la mujer de Leofric, conde de Chester y de Mercia y señor de Coventry, le pidió a su marido que rebajara los impuestos que estaban asfixiando a sus vasallos. Leofric accedió pero a condición de que ella se paseara desnuda, a caballo, por el pueblo. Ella aceptó el reto y le pidió a la gente que se encerrara en sus casas para que no la vieran pasar en esa condición.

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Bar & Librería

Tuesday, August 30th, 2011

El punto de intersección privilegiado del café con la literatura.

Por Juan Martini.

Eterna Cadencia

Me gusta ir a los bares. Me gusta ir a desayunar y a leer el diario a los bares. Me gusta mirar a la gente, escuchar los comentarios, oler el olor a café de las máquinas express. Después me voy, camino, me olvido de los bares. No escribo, en los bares, ni el cuento ni la novela que estoy escribiendo. Pero a veces voy a los bares y tomo notas para esta columna, o la pienso, o le busco las imágenes con la que subirá el martes siguiente al blog de Eterna Cadencia. Y a veces, muchas veces, los bares aparecen en mis libros.

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La biblioteca

Tuesday, August 23rd, 2011

¿Por qué guardamos, juntamos, alineamos y pensamos un orden para los libros?

Por Juan Martini.

Una parte de mi biblioteca

En Roland Barthes por Roland Barthes, un libro arrogante y de una inteligencia implacable publicado en París en 1975, Barthes decía que a diferencia del científico o del intelectual, el escritor no tiene lecturas obligatorias. Lejos de promover un analfabetismo ambulatorio Barthes quiere decir o dice, por el contrario, que un escritor lee lo que le hace falta para escribir o para aprender a escribir y poco importa si además ha leído, digamos, a Vladímir Propp, a Mijaíl Bajtín o a Tzvetan Todorov. Tampoco interesa demasiado si Dante, Shakespeare o Flaubert han pasado por sus manos.

Simple, claro y liviano. Uno podría conseguir los libros que necesita leer para escribir cada uno de sus libros, y los libros que lee sólo por el placer de leer, y después deshacerse de ellos, dejarlos por ahí, olvidarlos. Si alguno de esos libros necesarios fue Madame Bovary o Cumbres borrascosas, por ejemplo, y en algún momento uno vuelve a necesitarlos o desea releerlos seguro los encontrará en casi todas las librerías y en diversas ediciones, desde las más baratas hasta las más caras. Sin contar con el recurso de las bibliotecas públicas. Pero uno es un sentimental. Y bajo la sombra de un atavismo hemos guardado desde el primero hasta el último de los libros que compramos o nos regalaron. Así que hoy tenemos una cantidad desproporcionada: no nos queda tiempo para releerlos a todos, no nos queda tiempo ni siquiera para leer todos los libros que compramos y nunca leímos, y no nos queda tiempo para volver a regocijarnos con los libros que a lo mejor no nos enseñaron casi nada pero nos dieron placer.

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