Sobre Batán, primera novela de Débora Mundani (Bajo la luna).
Por Laura Galarza.
«Mi viejo se hundió el mismo día que el Belgrano». La primera novela de Débora Mundani se sostiene hasta el final con la fuerza de ese arranque. No se la puede soltar hasta cerrar el libro. Entonces uno queda ahí, todavía escuchando a Zitarrosa, con el estómago apretado. Tardan en irse las imágenes de Batán. La primera, a principios de los 80: una familia de clase media del barrio de Belgrano, es domingo, el padre amasa sobre la mesa del comedor, harina, huevos, un poco de agua y sal. La madre prepara la salsa. La última: ya De la Rúa levantó vuelo de la Casa Rosada y la hermana visita a su hermano mayor en la cárcel de Batán. Pasan veinte años entre una escena y otra contados en primera persona por Paula, la única mujer de tres hermanos. “La mentira”, “la vergüenza y el miedo”, y “la soledad”, son las partes en que se divide el libro, inspirados en la letra de Zitarrosa del epígrafe.







1. Según el prestigioso crítico literario Harold Bloom (con quien todos tenemos una relación compleja y sinuosa), William Shakespeare delineó, configuró, le dio forma, al modo en el que se viven las pasiones en esta parte del mundo: en Occidente. Su visión es que muchos de los lugares comunes mas arraigados en nuestra médula (la dinámica familiar, los amores pasionales y destructivos pero irrefrenables, el ansia de poder y un largo etcétera) proviene de los libretos, los guiones y la profusa imaginación de Shakespeare. Es discutible. Pero, lo mas inquietante, es muy probable. 

Lo más esperable, cuando uno se encuentra con un libro llamado Nuevo museo del chisme, es tener en las manos un anecdotario; y que estas anécdotas se refieran a ambientes culturales. Si acaso uno abriera el libro y mirase la disposición gráfica —es decir, ojearlo—, algo que tendemos a hacer todos, ya no tendría dudas. Y estaría en lo cierto. El Nuevo museo del chisme —su cualidad de “nuevo” refiere a que el anterior, de 2005, publicado por Emecé, se encuentra inhallable y que este fue ampliado en relación con aquel volumen—, de Edgardo Cozarinsky, recientemente publicado por La Bestia Equilátera, es, efectivamente, una larga compilación de anécdotas referidas casi en su totalidad a ambientes culturales.
1. David Vann pertenece a esa clase de autores norteamericanos (casi un lugar común) con una biografía interesante: suicidio del padre, nativo de una zona misteriosa (Alaska), trabajos extraños, vocación tardía, rechazo de infinidad de editoriales. Finalmente, una novela- en este caso fue Sukkvan Island- les da reconocimiento y consagración en un panteón de los elegidos. Lo que también lleva a comparaciones innecesarias y falaces (algunos ubican a Vann en la misma mesa que Faulkner y Melville, y lo cierto es que deberían sacar esos cubiertos porque todavía la mesa de los monstruos le queda grande.). Pero sí hay que decir que se ha mencionado al enorme Cormac McCarthy cuando se refiere ciertos aromas que se desprenden de las historias de este autor.