La curaduría de poemas del mes de marzo estará a cargo de una figura fundamental en la edición de poesía en castellano, Jesús García Sánchez, más conocido como “Chus”, de la insoslayable editorial Visor de España.

Seleccionado por Jesús García Sánchez:
Con motivo del centenario de la muerte de Mariano José de Larra, en 1937, un poeta que bien pudiera haber sido su alma gemela si se hubieran conocido, le recuerda en un poema memorable. Si Larra había conocido de cerca el desarrollo de las Guerras Carlistas que asolaban España, Cernuda participa activamente desde la sierra de Madrid en aquella guerra incivil (como la denominó Miguel de Unamuno) que devastaba España. Nada mejor que ofrecer violetas, símbolo de la muerte y de la belleza, a su apreciado precursor en tantas cosas y casi todas tan lamentables. Los dos adoptaron actitudes de irritación y contrariedad ante lo que soportaban de forma tan irremediable, y los dos actúan de manera muy semejante ante el desastre. “Escribir en España es llorar”, dice Larra; “Escribir en España no es llorar, es morir” le corrige Cernuda. En toda esta elegía que le dedica, el poeta se deslumbra por la tranquilidad que trae la muerte (“La muerte apacigua”), el descanso (“Curado de la vida”), la serenidad (“por una vez sonríe”), la placidez y el sosiego (“libre y tranquilo quedaste…”). Como es habitual en sus poemas, el destinatario de sus poemas no suele ser el lector, sino el mismo Cernuda, son monólogos consigo mismo, o palabras directas para el difunto. La escasa estima que tenía a los lectores era evidente y aún más claro lo dejaría escrito: “¿Para qué dejas tus versos, / Por muy poco que valgan, / A gente que vale menos?”. La desesperanza en la gente, la tristeza más amarga, y una soberbia adornada de genio siempre le acompañaron, pero nunca lo disimuló. La verdad y una marchita esperanza eran sus banderas que casi siempre tuvo que llevar plegadas y muy poco al viento, más que en su poesía. Hacía pocos meses que Cernuda había publicado el poema “Elegía española”, cuando la Guerra Civil estaba comenzando, y en aquel entonces a España la llamaba “madre”, con su desprecio justiciero y su vanidad siempre altanera; en este “A Larra con unas violetas” la llama “nuestra gran madrastra”, marcando una distancia arrogante, y unos meses después en el poema “Díptico español”, ya escrito en el exilio en Londres, endurece sus opiniones: “Es lástima que fuera mi tierra”. Es de justicia reconocer que Cernuda tuvo sus razones. Cuando consideraba que España era su madre era un joven compañero de viaje del Partido Comunista, que se presentó en la sierra para combatir contra el fascismo, y que aunque en ningún momento se pudo adaptar a las consignas del populismo imperante, sintió un tremendo golpe moral cuando pudo comprobar que la censura se cebaba en su condición de homosexual. Wenceslao Roces, máximo representante del PCE, en un alarde de pacatería, suprimió los versos con estas alusiones en “Poema a un poeta muerto” dedicado a F.G. Lorca. El individualismo le encierra y la amargura le domina (“La tierra ha sido medida por los hombres, / Con caras estrechas y matrimonios sólidos, / Su venenosa opinión pública…”. Nunca pudo olvidar este suceso, que más le pareció una afrenta personal. No creo que haya muchos poetas que hayan escrito más a los cementerios, a temas funerarios en general, que Luis Cernuda, allí encuentra ese lugar aislado de preocupaciones, el refugio en la muerte contra el olvido voluntario, el fiel y último encanto de estar solo…, el marchar victorioso de la muerte. La distancia con unos y con otros, y una extrema soledad es lo que más desea. Su distancia con lo humano es consecuencia de la realidad que le ha tocado vivir, ruda y excluyente. Una España que sintió traicionera, timorata, inculta, triste y áspera. “Lo real para ti no es esa España obscena y deprimente / En la que regenta hoy la canalla, / Sino esta España viva y siempre noble / Que Galdós en sus libros ha creado. / De aquella nos consuela y cura ésta”. Este poema a Larra, dentro de la extraordinaria producción de Cernuda, es de los más significativos porque en él encontramos casi todas sus bestias negras, su clarividencia y su dignidad humana.
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