
No, no es un sandwich de rúcula y jamón crudo. ¿Qué es? La respuesta en la librería.
Lo más vendido la semana pasada:

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Las reediciones de Sexo y traición en Roberto Arlt e Introducción a la lectura de Jacques Lacan, ambos de Oscar Masotta, fueron muy bien recibidas, tanto por el público, como por la prensa. Ayer, Ana Prieto entrevistó para Clarín a Leonora Djament, directora de nuestro sello editorial, que dejó ver la alegría que produce reeditar obras tan necesarias, injustamente olvidadas.
“Reeditar libros que han estado tanto tiempo lejos de la posibilidad de adquirirlos, es como desanquilosar una biblioteca o un pensamiento (…) Creemos que estas publicaciones son un sacudón a ciertos lugares comunes del presente. El texto gana con la lectura necesariamente distinta de hoy, y el presente gana la posibilidad de ampliar su comprensión. El libro sobre Arlt, por ejemplo, puede ayudar a pensar cuál es la relación entre literatura y sociedad y literatura y política en este principio de siglo.”
Además, sobre el final de la nota adelanta nuestra intención de reeditar a Jaime Rest en 2009: El laberinto del universo. Borges y el pensamiento nominalista.
Por P.
El de ayer fue un día hiperproductivo en cuanto a cantidad de lecturas, aunque no estoy muy seguro que lo haya sido en cuanto a su calidad. Fue uno de esos días en que me paseo por una gran cantidad de libros, enganchándome con algunos y no pudiendo leer más de 2 páginas con otros.
El día empezó con una relectura. Requena, de Alejandro García Schnetzer, de editorial Entropía, fue el elegido para comenzar. Un librito corto, sin mucho hilo, que se puede leer con restos de efluvios alcohólicos de una Nochebuena. Recuerdo que cuando lo leí a mitad de año, me pareció un libro distinto, por su forma personal de escribirlo, con un estilo despojado de actualidad.
El libro, escrito en forma de apostillas, está basado en la relación (casi de idolatría) que construyen un grupo de amigos con Requena, un tipo “raro” a quien conocieron en un bar de Palermo, en donde paraban a charlar de literatura, filosofía y otras yerbas. El Maestro, como llamaban a Requena, es una persona solitaria -de esos solitarios que siempre andan acompañados- y muy erudita, con un gran sentido de la ironía y el humor. Un libro para saborear. Recomiendo leer una reseña más elaborada en LLP.
Luego fue el turno de un manuscrito, que por razones obvias no puedo revelar su origen ni su autoría. Una novela corta que la leí en un rato, igual que un par de cuentos de otro manuscrito, del cual tampoco revelaré nada, excepto que me gustaron, al igual que la novela.
Luego, y más entrada la tarde, fue el momento de la confusión, la apatía lectora y mi ataque compulsivo de dejar lecturas al cabo de un ratito. Pasaron por mis manos -y mis ojos- 20 páginas de Palacio Quemado, de Edmundo Paz Soldán, 30 de La muerte de Artemio Cruz, de Carlos Fuentes, un cuento de Felisberto Hernández y otro de Mario Levrero.
Por P.D.
Seguimos sumando títulos para recomendarles a quienes se inician en la lectura. En mi caso, hay unos cuantos clásicos de la literatura argentina culpables de lo que hoy es una adicción literaria. El primer libro que leí “en serio” fue El túnel de Ernesto Sábato, una novela corta, atrapante, que combina perfectamente el amor y la locura, con un comienzo que aún hoy recuerdo (“Bastará decir que soy el hombre que mató a María Iribarne…”). Luego vinieron una sucesión de libros que me dejaron marcas indelebles en aquellos tiempos. Octaedro de Cortázar, que luego me parecería uno de los mejores libros de cuentos de Julio (y Rayuela, un imperdible); Amor brujo de Arlt, otra novela de amor, valiosa y no tan conocida como el resto de su obra; Ficciones de Borges, casi una imposición paterna, que comprendí cabalmente varios años después; 20 poemas para ser leídos en el tranvía y Espantapájaros de Oliverio Girondo, que me inició en la poesía y a su vez despertó mi interés por toda la polémica Boedo-Florida, y la movida intelectual de esa época.
Otros clásicos de la literatura extranjera que agradezco haber conocido en la adolescencia fueron los que me llenaron de misterio, suspenso, y casi fantasía. Entre ellos recuerdo a Edgar Allan Poe con sus Narraciones Extraordinarias, cuentos perfectos que sostienen la tensión hasta el final, para que ningún lector joven (y no tanto) intente escapar; Oscar Wilde con el Retrato de Dorian Grey, personaje paradigmático de la literatura; Dr Jekyll y Mr Hayde de Stevenson, una historia muy entretenida que muestra de alguna manera las dos caras que todos llevamos adentro; La metamorfosis de Kafka, que es una de las grandes obras de la literatura universal sobre el tema (además de hacer que uno, siendo chico, cada día despierte viendo si es el mismo o se ha convertido en otra cosa); Fahrenheit 451 de Bradbury, una gran historia de ciencia ficción; Hamlet y Romeo y Julieta de Shakespeare, ambas obras de teatro excelentes para iniciarse en el género, con tópicos afines a cualquier adolescente, como son la locura, el poder, y el amor imposible. Y por último, la Apología de Sócrates de Platón, uno de los mejores alegatos al respeto de los principios, la dignidad, los valores, y la justicia, a los que un ser humano puede aspirar.
La lista es mucho más larga….así que seguimos escuchando ofertas.
Por P.
Sumándonos a las recomendaciones para adolescentes, abrimos una lista de novelas policiales. Aquí, tal vez, los mejores del año:
Hacé que la noche venga,
de Leonardo Oyola
Leonardo Oyola es a mi criterio uno de los mejores escritores -sino el mejor- de policiales de nuestro país. Tuve la suerte este año de leer tres libros de él y, aunque con distintos matices, me cautivaron de principio a fin. De esos tres libros, sólo Hacé que la noche venga está publicado en Argentina, los otros dos, Chamamé y Gólgota, llegarán, eso espero, el año próximo.
Si quieren empezar a descubrir a un muy buen escritor argentino, Hacé…. es una lectura obligada para las vacaciones.
El Chino,
de Henning Mankell
Dice un duende que habita la librería -gran lector de policiales, y sobre todo de Mankell- que la última novela del sueco -ya sin el mítico Wallander- es la novela negra del año. De Mankell sólo leí Asesinos sin rostro y Los perros de Riga, que me encantaron, pero si Dr. Pakus lo dice, me animo a recomendar con los ojos cerrados El Chino.
El Secreto de Christine,
de Benjamin Black
John Banville, reconocido escritor irlandés, bajo el seudónimo de Benjamin Black, se despachó el año pasado con una novela negra, que se destaca por su escritura casi perfecta, en donde todas las palabras se saborean, además por supuesto de la trama. Este año llegó El otro nombre de Laura, que todavía no la recomiendo, pero sí se que la voy a leer en este verano. Después les cuento.
Por P.Z.
Antes que nada, quiero agradecer a quienes desde los comentarios de la primera nota fueron aumentando la lista. Estamos armando una suerte de red -¿no?- entre libreros y lectores. Mañana P. -y tal vez Dr. Pakus- se suman a recomendar más libros.
Ahora sí, seguimos:
Siddhartha, de Herman Hesse
Siddhartha fue el libro con el que abandoné la literatura infantil. Mis lecturas eran Buffalo Bill, Miguel Strogoff, algunos de la colección Robin Hood. Siddhartha fue un impacto, una revelación. Hace poco me enteré de una casualidad que, sin embargo, me enorgullece: el libro que “le cambió la vida” a Abelardo Castillo también fue uno de Hesse: El lobo estepario.
Siddharta es una novela épica, inspirada en la vida de Buda. Puede entenderse como el camino de un joven hacia la iluminación, pero también como la búsqueda de identidad, el deseo de libertad, el compromiso con uno mismo. (Todo esto lo entendí mucho después, claro, sin embargo en aquel momento fue todo un descubrimiento: había otros libros, otros mundos por leer. ¡Ah! y, por favor, no tiene nada que ver con Paulo Coelho).
Lo más vendido la semana pasada:

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La redacción de la Revista Ñ confeccionó una lista con los mejores libros del año. Entre ellos destacó tres de los nuestros. Una distinción que nos llena de orgullo. Los libros elegidos son:
Narrativa Argentina:
Cuarteto para autos viejos
Miguel Vitagliano
Una novela en la que se desarrollan cuatro historias que se complementan entre sí, o mejor aún, como en una partitura, anotan una serie de variaciones sobre una música recurrente. El autor deja entrever el derrumbe personal.
Ensayo literario:
Sexo y Traición en Roberto Arlt
Oscar Masotta
Editado originalmente en los años setenta, este libro de Masotta es una obra fundamental de la crítica literaria argentina. Desde una visión sartreana en la que atraviesa el psicoanálisis, analiza la obra del autor de Los siete locos.
Cuentos:
Recorre los campos azules
Claire Keegan
Historias de abuso familiar. Matrimonios sin esperanza y celibatos rotos. Los cuentos pintan una Irlanda rural y profunda. Los relatos son tensos, de una lírica embriagadora. Parece que no ocurre nada. Pero ocurre.
Nada más y nada menos. Estamos felices y orgullosos. Empezamos siendo una librería, hoy además somos una editorial. Y sentimos que somos algo más. Que somos parte de un mundo, el mundo de la literatura que tanto amamos. Y seguiremos siéndolo por mucho tiempo más. Es nuestro mayor deseo.
Aprovechamos para desearles un buen fin de año y un mejor comienzo de 2009. ¡Salud!
Por P.Z.
Con P. habíamos pensado en hacer una lista para Navidad, qué recomendaría el librero cuando un cliente entra en la librería y no sabe qué llevar. Libros para chicos, libros para adolescentes, libros para leer en vacaciones. Y como yo quiero pensar que todavía tengo un corazón adolescente, quise comenzar por ahí: qué le recomendaría a alguien que busca un libro para un chico de catorce, quince años.
Uno ya no se acuerda, pero los catorce, los quince, los dieciséis pueden llegar a ser decisivos. Se está formando la personalidad. Los buenos libros que se leen a esa edad quedan resonando por muchísimos años. Después de todo lo que leí, todavía sé qué hacía, qué edad tenía cuando leí, por ejemplo, El cazador oculto. Por eso, mi primera recomendación es:
El guardián entre el centeno, de J. D. Salinger
(El guardián entre el centeno es otra traducción de El cazador oculto).
Lo leí a los dieciséis. El profesor de Literatura de cuarto año nos lo dio como lectura obligatoria. Lo fantástico, casi milagroso, fue que lo leyó todo el curso, incluso aquel que se llevaba todo a marzo. Nos impactó la aventura de Holden, queríamos que Phoebe fuera nuestra hermana. Lo conversábamos en el recreo, parecíamos un grupo de tragas que no dejábamos de leer. Fue como una psicosis colectiva, una enfermedad preciosa que nos entusiasmó a todos.
Mi ejemplar tenía en la tapa tenía un tiro al blanco con dos balazos. Nunca supe por qué la historia de un alumno que se escapa el fin de semana del colegio para ir a visitar a su hermanita tenía semejante portada. Como si el que el ilustrador nunca hubiera leído la novela. Ese libro fue uno de los pocos que presté, y que finalmente perdí. Más tarde compré la edición española: El guardián entre el centeno. La traducción es más dura para nuestros oídos, pero sigue siendo mágico.
Y esa pregunta “¿hacia dónde van los patos en invierno?”. Cómo golpea todo el tiempo. Veo crecer a mis hijos y pienso en eso. Hacia dónde volarán mis patitos.
Dicen que Mark Chapman tenía un ejemplar de El cazador oculto en el bolsillo cuando mató a Lennon. Dicen, pero no sé si fue así.
El cazador oculto es un número puesto para regalar.
Ayer un cliente nos vino a devolver un ejemplar de La Novela Luminosa que tenía un error de impresión (que por un momento temimos que pudiera haber sido más grave): la última palabra de la página 15 es “inevita-”, la página 16 continúa con “para postergar…..” cuando debería seguir con la palabra “blemente…”

Chequeamos en la edición anticipada que Mondadori nos envió generosamente y el error se debe a la omisión de un renglón. Como Eterna Cadencia también es servicio, transcribimos el texto ausente:
“blemente sufrir esa operación, primero discutí con el cirujano”.
Eso es todo.
Llamamos a Mondadori para avisarles, y nos dijeron que ya lo sabían, que la errata ya estaba en producción y que en estos días la estaban enviando a las librerías.
Y ya que estamos, recordamos que hoy se presenta en la librería la novela de Levrero con una charla abierta entre Luis Chitarroni y Damián Tabarovsky:

Por P.
Las lecturas para el verano suelen ser, por lo menos en mi caso, las más importantes del año. De hecho, yo me hice lector -lamentablemente en forma tardía- en un verano, y por casualidad.
Me iba a la playa por unos días y para impresionar a las chicas, compré un libro de Kafka, una edición de Andres Bello, con la Metamorfosis, El Castillo y El Proceso. Al único que impresioné fue a mí mismo, recuerdo que volví deprimido de mis vacaciones, sin poder salir de ese mundo kafkiano.

De más está decir que ese verano terminé más solo que Hitler en el día del amigo, en Israel.
Pero bueno, ese es tema para otro post. Decía que las lecturas de vacaciones son las más importantes del año para mí, y creo que es porque leo de manera más sistemática y menos fragmentaria. Leo mucho mejor. Sin apuros, sin voracidad, aunque por momentos soy una máquina de leer en vacaciones.
Por P.

Quintín y Guebel
Ayer se produjo un hecho bastante particular, algo que me llamó la atención recién en la presentación: Daniel Guebel presentó 2 libros. Sí: dos, y ninguno era una reedición ni nada que se le parezca. Dos libros nuevos, hechos y derechos. Uno de teatro, Tres obras para desesperar, de Ladosur Ediciones, y nuestro querido Los padres de Sherezade (nunca me sale bien escribirlo o pronunciarlo, si no lo pienso), un libro de cuentos realmente hermoso.
Diciembre es una especie de maratón eventística en la que uno termina con la lengua afuera, ya no sabe más a quien vió, de que habló, cuánto y dónde se divertió. Encima, uno tiene que ir de una punta a la otra de la ciudad soportando a la gente que anda más loca que el resto del año, con un concierto permanente de bocinas, una puteada en cada esquina como decoración.

Daniel, el padre de Sherezade
Pero a pesar de la fecha, unas 40 o 50 personas se acercaron a saludar a Daniel en el nacimiento de estos 2 libros que se suman a la ya extensa cantidad de “hijos literarios” que Guebel ha parido a lo largo de 20 años.
Lo más vendido la semana pasada:

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