Sonia Budassi entrevistó a Daniel Link para el diario Perfil del domingo pasado por la reciente edición del ensayo Fantasmas. Imaginación y Sociedad:
—¿Qué puntos de ruptura detectás entre “Leyenda”, tu último libro de ensayos, y “Fantasmas”?
—No he releído últimamente Leyenda, pero creo que no tiene demasiado que ver con Fantasmas. Leyenda es un libro que tematiza algunos aspectos sobre literatura argentina, exclusivamente, alrededor del cambio de milenio y las capas geológicas en las que ese recambio se asienta. Fantasmas es más bien como la continuación, o la reescritura (en todo caso, el ritornello), de Clases (2005). Clases y Fantasmas tienen la misma estructura laberíntica y monotemática al mismo tiempo. El primero participaba muy abiertamente de una teratología (una teoría sobre los monstruos), el segundo se inscribe más bien en una fantasmología. Pero es probable que entre monstruos y fantasmas no haya demasiada diferencia. Se trata, en un caso y en otro, de las cualidades, las formas de ser y las formas de vida. Clases interrogaba las formas de ser en relación con dispositivos de normalización. Fantasmas hace lo mismo, pero en relación con los gestos, los ademanes, las maneras, los adjetivos.
[La entrevista completa en Perfil]
—¿Qué puntos de ruptura detectás entre “Leyenda”, tu último libro de ensayos, y “Fantasmas”?

I

El diablo encarnado en un gato que se llama Poe. Una bruja de barrio que es capaz de curar por teléfono. Una visita nocturna al cementerio, en el momento en que lo monstruoso se adueña del tereno.


Diego Trelles Paz reúne a veinte escritores latinoamericanos nacidos entre 1970 y 1980 en una antología que no solo ofrece una panorámica de la producción literaria actual en la región, sino que da cuenta de una “forma de afrontar el acto de la escritura” de un grupo de autores nacidos poco después de mayo del 68, educados en su mayoría en el marco de dictaduras militares, testigos de sucesos como la caída del muro de Berlín, la represión militar, el derrumbe de las Torres Gemelas, las invasiones a Irak, la aparición de Internet… Inmersos en una suerte de disgregación germinal, alejados de la concepción de novela total, estos narradores no buscan ser fieles a la historia de un país o legitimar un origen que ya no resulta vital. Ni raíces ni tradiciones limitan el pacto con la ficción, dice Trelles Paz.


