Adriana Hidalgo Editora recoge en Los poemas salvajes la obra poética reunida de Marosa di Giorgio (1932-2004). A modo de prólogo/presentación, este volumen se inicia con Señales mías, un texto autobiográfico que Marosa escribió en 1959 para la primera edición de Druida.
Señales mías
Vine a la luz en este florido y espejeante Salto del Uruguay, hace un siglo, o ayer mismo, o mismo ahora, porque a cada instante estoy naciendo. Era por junio y por domingo y a mitad del día. Imagino el rostro pálido de mi madre, y más allá a los campos con la escarcha crecida –como mármol levísimo, lúcido, adecuado sólo para construir estatuas de ángeles– y con las telarañas cargadas de perlas, y las naranjas como bombas de oro, olvidado ya el azaharero origen. Y del campo hablo, porque a él partí, apenas vividos ocho días. La casa de mis abuelos era larga, oscura y baja, y su edad, de cien años, y apropiada sólo para que la morasen fantasmas, o algunas gentes extrañas y hermosísimas, o un animal blanco y poderosamente milagroso. En su torno todas las flores se ceñían y todas las bestias y las sombras todas y los destellos. Yo partí de ella sólo para ir a la escuela; pero, la escuela quedaba apenas más allá y también bajo las flores; borroneó mi caligrafía primera el polvo amarillo de la garganta de las amapolas.
Los seres que vivieron conmigo aquellos años –digo abuelos, padres, tía, prima, hermana, algunos ya muertos, pero, no muertos– se me mostraron siempre silenciosos e irisados. Me amaban entrañablemente y les amé –o les amo– con locura. Y recuerdo también a los animales que colaboraron con nuestras vidas, que abrían cerca de nosotros, sus caras santas, sus ojos bonísimos, y aunque de ellos no resten ni los huesos, segura soy de reencontrarlos alguna vez.
(more…)