Leila Guerriero es una de las cronistas más importantes de la Argentina. Este año ha publicado Frutos extraños (Aguilar), una recopilación de crónicas realizadas entre 2001 y 2008. En esta entrevista, además de hablar del libro, señala la función del cronista, la sensibilidad que debe tener, la importancia de la renuncia durante una entrevista. “Una entrevista es como sexo en el callejón”, dice.
Por P.Z.
Fuerte. Incluso mientras curiosea entre los estantes de poesía de la librería, da esa imagen de mujer resoluta, templada, segura: fuerte. Cómo, si no fuera así, habría podido acompañar a Samid en campaña por La Matanza, al Gigante González en Formosa, a Yiya Murano por los cafés de La Boca, a Romina Tejerina en la cárcel de Salta. Cómo, si no fuera así, habría pensado siquiera en rehacer un viaje por la Patagonia yerma –un viaje a “la concha de la lora”- un año después de haber sido atravesada por la realidad suicida de Las Heras.

“Vamos a decirlo sin rodeos: acaba de aparecer uno de los libros del año”: así saludaba Maximiliano Tomas la publicación de Frutos extraños, el libro en el que Leila Guerriero reúne dieciséis crónicas, junto con un puñado de ensayos, todos escritos entre 2001 y 2008. El libro se expande más allá de las 400 páginas que lo contienen.
– Este libro –dice Guerriero– es una recopilación muy específica de crónicas que me llevaron mucho tiempo, pero no es que a cada una de mis notas le dedico tres meses. ¡Haría tres por año!
– ¿Cómo es la experiencia de ver todas tus crónicas reunidas?
– Está bueno. Son crónicas publicadas en España, en México, en Colombia, en Chile, en Uruguay, acá. Hacer de toda esa dispersión un solo libro estuvo bueno. También da un poco de vértigo porque son 25 textos entre 2001 y 2008: no son tantos textos y son un montón de años. ¡Dios mío, qué poco laburo para tanto tiempo! Pero si comparo los dos libros, después de Los suicidas del fin del mundo, pensé que nunca más iba a escribir un libro porque no me había pasado nada tan horroroso. Era una tortura.
– ¿Horroroso escribir el libro?
– A mí no me gusta escribir.
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